norma20000
23-12 2007, 01:10 AM
La lencería... una fina arma de seducción
¡No te lo puedes creer! ¡Parece que esta noche vas a triunfar! ¡Justo hoy que te has vestido precipitadamente con ese conjunto interior tan poco sugerente que te regaló la abuelita para tu santo! Sin duda este chico va a quedar tristemente impresionado cuando debajo de tu imponente vestido aparezca ese conjuntillo de algodón raído. Pero... ¿quién te iba a decir a ti hoy era noche de fuegos artificiales?
La lencería se ha considerado desde siempre como una de las armas de seducción más eficaces. Los hombres se pirran por la lencería fina. O al menos eso es lo que afirma esos conocimientos populares de los que todas hemos aprendido (y que en ocasiones nos ha desviado tanto del auténtico camino de la sabiduría). Y nosotras no podemos hacer más que complacernos. Porque, en realidad, la lencería también nos seduce a nosotras. Ellas y ellos se rinden al encanto de las más sofisticadas prendas interiores.
Lencería con encanto
Sin duda, nada tiene que ver la ropa que vistes rutinariamente con la ropa que usas para las noches de placer mayúsculo. En el primer caso prima la comodidad; en el segundo, la seducción.
Según el tejido: hay quien afirma rotundamente que el algodón es un auténtico freno para la pasión. Pero no te engañes: el algodón también tiene sus encantos. Hay quien puede encenderse inmediatamente ante un cándido e inmaculado dos piezas de algodón. El raso y el satín son otros de los materiales más elogiados por su capacidad de seducción. Pero si se tuviera que escoger un tejido universalmente sexy, éste sería en encaje.
Según la forma: tampoco en este sentido hay unanimidad. ¿Cuál es la prenda más sexy? Un cubriente body, un minúsculo tanga, un sujetador sugerente, un liguero sujeto con unas insinuantes medias... los gustos determinan cuál es la ropa con mayor encanto. El abanico es amplísimo: tú sólo tienes que seleccionar, probar y elegir aquello que realmente te favorece.
Según el color: una vez más, elegir el color es cuestión de gustos. El negro y el rojo se han convertido en los dos tonos fetiches de la sensualidad. Pero no existen juicios firmes. Puedes optar por los chirriantes tonos brillantes que últimamente han invadido las pasarelas (rosas, verdes, azules, lilas, naranjas...) o recurrir a los clásicos (blanco, negro, granate, rojo... ) O, simplemente, puedes reservar un tono para cada día.
Ponérsela y... quitársela
La ropa puede tener su encanto pero, en realidad, la gracia la pones tú. Las puntillas y las blondas multiplican su efecto seductor con una música envolvente y unos movimientos sensuales. Si quieres puedes aprender de las grandes maestras del striptease, aunque lo mejor es que improvises al ritmo de la música.
¿Cuál es la clave del éxito? Aunque te parezca extraño el éxito radica en la naturalidad. Seguramente no es algo que hagas a diario (aunque si le coges el gustillo podrás aficionarte peligrosamente) pero obsequiar a tu pareja con un sensual baile mientras te desnudas te llenará de placer. Para obtener resultados espectaculares debes sentirte cómoda y relajada. Déjate llevar por el momento y no se te ocurra pensar en lo que él debe estar pensando. Lo único verdaderamente importante es que lo estáis pasando divinamente.
¿Y para ellos?
Ellos disfrutan mirando, tocando, poniendo y quitando. Pero... ¿dónde está nuestro placer? No te conformes con ser el objeto de deseo de tu pareja. Pídele que participe en este juego de seducción. Cariño... ¿sabes que la lencería masculina también se ha renovado? Pónselo fácil: acércale algún catálogo que le muestre lo sugerentes y sexys que están esos muchachitos con esas mínimas ropitas. ¡Uummmm! Dile que tu imaginación se desborda cuando piensas en él con esos conjuntillos y pídele que se compre uno inmediatamente. Y si aún no se da por enterado, facilítale el acceso mucho más: cómpralo tú misma y déjaselo sobre la almohada. ¡No se resistirá!
Me gustas mucho tú... y tú, y tú...
¡No tienes remedio! Giras la vista a la izquierda y... aparece un fantástico adonis de belleza arrebatadora que te cautiva. Tuerces a la derecha y... allí está ese hombretón atlético y seductor que te mira apasionadamente. ¡Vista al frente! Y, ¡no me lo puedo creer!... aparece un soberbio poeta que te conquista con sus versos de amor.
No, ¡no tienes remedio! Eres de las que se dicen enamoradizas. Te encandilan con una suave caída de ojos, una medio sonrisa, una voz aterciopelada... Te impresiona un físico imponente y un intelecto desmesurado. No tienes un criterio único. Y, desde luego, tampoco eres excesivamente selectiva: ¡te gustan todos!
Amor fantástico
En realidad, podría decirse que más que de las personas en sí, estás enamorada del amor. Te encanta amar y sentirte amada. Es un sentimiento tan... ¡especial! Ya sabes: el corazón palpita agitadamente, los suspiros se encadenan, el apetito desaparece... ¡aaahhh!
Estos inocentes amores que se encadenan minuto a minuto no le hacen daño a nadie. Y tu imaginación derrocha fantasías e historias. ¡No pasa nada! Claro que tienes que saber imponer un límite. En la mayoría de los casos no resulta difícil distinguir la realidad de la fantasía... pero, en ocasiones, la mente puede extralimitarse.
En realidad estos enamoramientos pasajeros y espontáneos no tienen nada que ver con el amor con mayúsculas. Se trata de caprichitos que normalmente nos concedemos para alegrar la vista y el espíritu. Un sutil coqueteo, un jueguecito de miradas y unas sonrisitas que, efectivamente, no conducirán a ningún resultado ni físico ni psicológico. Es fantasía pura.
Sí, sí... muy bonito, muy romántico, muy de película... pero ¿cuántas de todas estas aventuras ficticias que comienzan en tu mente llegan a materializarse? Quizá este amor tuyo ideal es... irreal. ¡Aterriza! Vale la pena que, de vez en cuando, dejes de vivir en este mundo de fantasía y vivas una aventura real.
Temor y vergüenza: ¡supéralos!
Las relaciones entre hombres y mujeres han pasado por el tamiz de la educación y la socialización. Y el resultado no es siempre satisfactorio. De una educación excesivamente contenida nace la vergüenza, los prejuicios y la represión sexual. Y con este panorama... ¿quién puede disfrutar del sexo?
A pesar de la abundante información, a pesar de los esfuerzos por normalizar la sexualidad y convertirla en una fuente de placer, a pesar de la ardua tarea de erradicar la asociación entre sexo y pecado... los sentimientos de rechazo hacia ciertas actitudes y comportamientos sexuales perduran.
Y... ¿qué sucede si la única opción válida para una pareja es el sexo más clásico? Si creéis en la virginidad antes del matrimonio, si apostáis continuamente por la postura del misionero, si rechazáis cualquier opción sexual que no tenga como finalidad la procreación... ¿qué sucede? Si ésta es vuestra opción meditada y a ambos os convence y os satisface, no existe ningún problema. El remordimiento no debe acompañar jamás al sexo. Evidentemente, las cosas cambian si la decisión de ahuyentar la imaginación y la innovación de vuestra vida sexual es consecuencia de una educación que os ha cortado las alas.
Existen muchas personas a las que todavía avergüenza el sexo. Si eres de las que están limitadas por una educación represiva, tienes varias opciones:
• Intentar derrumbar tus prejuicios... pero no lo hagas para satisfacer a los demás, sino para sentirte a gusto contigo misma. Analiza los tabúes con los que has vivido hasta hoy y atrévete a fulminarlos.
• Elimina tus sentimientos de culpabilidad. Nada de lo que hagas voluntaria y conscientemente debe suponerte un problema. Hay libertad total, siempre que exista consentimiento y aceptación libre por ambas partes.
• Tómate tu tiempo. No quieras erradicar en un instante lo que tu mente ha almacenado durante años. La educación es un proceso largo y los cambios que se quieren introducir en las conductas sedimentadas son lentos. Ten paciencia y, sobre todo, ¡exige paciencia!
• Pide ayuda. Si los temores y los prejuicios que te asaltan y te hacen infeliz están tan arraigados que crees imposible deshacerte de ellos, recurre a un profesional. No debes avergonzarte si necesitas recurrir a un psicólogo o a un s.e.x.ólogo para solventar tus dudas.
• Necesitas la cooperación de tu pareja. Él o ella deben comprenderte y respetar tus miedos. Pídeles que te ayuden a superarlos, pero no dejes que los demás impongan su ritmo.
Juega con la mente y con el cuerpo...
Hay quien afirma que la sexualidad es un instinto animal que responde a la necesidad biológica de perpetuar la especie. Pero... en este innato y biológico proceso ¿cuál es el papel de los juegos eróticos? La sexualidad y el erotismo no tienen nada que ver desde el punto de vista biológico, pero a nivel cultural...
¡Todo cambia! El sexo es un ámbito condicionado socialmente. Cada cultura impone un determinado comportamiento sexual. Una mujer pasiva y un hombre activo: este ha sido el canon habitual en las relaciones de pareja. Y para alterarlo en infinidad de ocasiones hombres y mujeres han recurrido a la imaginación. En la actualidad, los roles sexuales se han difuminado muchísimo y, sin embargo, las fantasías siguen. ¿Por qué? Las fantasías son un estímulo para la sexualidad.
Al principio...
Acabas de conocer a alguien que te ha seducido a primera vista... y, en principio, parece que la novedad debería ser suficiente. Pero... las fantasías surgen inmediatamente. Si realmente has quedado prendada no dejas de imaginar qué podéis hacer juntos y cómo. Sin limites. Sin vergüenza. Sin censuras. Quizá jamás llegarás a intimar con él, pero tu imaginación ya se ha puesto a trabajar.
Para romper con la rutina...
La pasión ha florecido y las fantasías no tienen porqué cesar. Nada impide que las aventuras reales se complementen con las historias ficticias. Cuando la pareja ha llegado ya a acomodarse en una cierta rutina... la fantasía se convierte en el mejor estímulo para la innovación. Recurrir a los más calientes recovecos que propone nuestra mente puede ser un sencillo y práctico método para lograr que no decaiga el ímpetu del amor. ¿Con qué sueñas, amor? Deja de soñar y... ¡vívelo! Cuando la confianza ya ha fraguado completamente es el momento de liberar completamente todos los impulsos sexuales; siempre que sea un juego en el que ambos participen voluntariamente. Y siempre que el placer sea mutuo.
Con un desconocido...
Puede que tu mente elucubre y trajine con las personas que conoces pero ¡nadie puede ponerle límites! Un desconocido que se cruza contigo en la calle, el cartero, tu actor favorito, tu profesor... cualquiera puede convertirse en el protagonista absoluto de aventura imaginaria.
http://www.personal.able.es/cm.perez...onfemenina.htm
¡No te lo puedes creer! ¡Parece que esta noche vas a triunfar! ¡Justo hoy que te has vestido precipitadamente con ese conjunto interior tan poco sugerente que te regaló la abuelita para tu santo! Sin duda este chico va a quedar tristemente impresionado cuando debajo de tu imponente vestido aparezca ese conjuntillo de algodón raído. Pero... ¿quién te iba a decir a ti hoy era noche de fuegos artificiales?
La lencería se ha considerado desde siempre como una de las armas de seducción más eficaces. Los hombres se pirran por la lencería fina. O al menos eso es lo que afirma esos conocimientos populares de los que todas hemos aprendido (y que en ocasiones nos ha desviado tanto del auténtico camino de la sabiduría). Y nosotras no podemos hacer más que complacernos. Porque, en realidad, la lencería también nos seduce a nosotras. Ellas y ellos se rinden al encanto de las más sofisticadas prendas interiores.
Lencería con encanto
Sin duda, nada tiene que ver la ropa que vistes rutinariamente con la ropa que usas para las noches de placer mayúsculo. En el primer caso prima la comodidad; en el segundo, la seducción.
Según el tejido: hay quien afirma rotundamente que el algodón es un auténtico freno para la pasión. Pero no te engañes: el algodón también tiene sus encantos. Hay quien puede encenderse inmediatamente ante un cándido e inmaculado dos piezas de algodón. El raso y el satín son otros de los materiales más elogiados por su capacidad de seducción. Pero si se tuviera que escoger un tejido universalmente sexy, éste sería en encaje.
Según la forma: tampoco en este sentido hay unanimidad. ¿Cuál es la prenda más sexy? Un cubriente body, un minúsculo tanga, un sujetador sugerente, un liguero sujeto con unas insinuantes medias... los gustos determinan cuál es la ropa con mayor encanto. El abanico es amplísimo: tú sólo tienes que seleccionar, probar y elegir aquello que realmente te favorece.
Según el color: una vez más, elegir el color es cuestión de gustos. El negro y el rojo se han convertido en los dos tonos fetiches de la sensualidad. Pero no existen juicios firmes. Puedes optar por los chirriantes tonos brillantes que últimamente han invadido las pasarelas (rosas, verdes, azules, lilas, naranjas...) o recurrir a los clásicos (blanco, negro, granate, rojo... ) O, simplemente, puedes reservar un tono para cada día.
Ponérsela y... quitársela
La ropa puede tener su encanto pero, en realidad, la gracia la pones tú. Las puntillas y las blondas multiplican su efecto seductor con una música envolvente y unos movimientos sensuales. Si quieres puedes aprender de las grandes maestras del striptease, aunque lo mejor es que improvises al ritmo de la música.
¿Cuál es la clave del éxito? Aunque te parezca extraño el éxito radica en la naturalidad. Seguramente no es algo que hagas a diario (aunque si le coges el gustillo podrás aficionarte peligrosamente) pero obsequiar a tu pareja con un sensual baile mientras te desnudas te llenará de placer. Para obtener resultados espectaculares debes sentirte cómoda y relajada. Déjate llevar por el momento y no se te ocurra pensar en lo que él debe estar pensando. Lo único verdaderamente importante es que lo estáis pasando divinamente.
¿Y para ellos?
Ellos disfrutan mirando, tocando, poniendo y quitando. Pero... ¿dónde está nuestro placer? No te conformes con ser el objeto de deseo de tu pareja. Pídele que participe en este juego de seducción. Cariño... ¿sabes que la lencería masculina también se ha renovado? Pónselo fácil: acércale algún catálogo que le muestre lo sugerentes y sexys que están esos muchachitos con esas mínimas ropitas. ¡Uummmm! Dile que tu imaginación se desborda cuando piensas en él con esos conjuntillos y pídele que se compre uno inmediatamente. Y si aún no se da por enterado, facilítale el acceso mucho más: cómpralo tú misma y déjaselo sobre la almohada. ¡No se resistirá!
Me gustas mucho tú... y tú, y tú...
¡No tienes remedio! Giras la vista a la izquierda y... aparece un fantástico adonis de belleza arrebatadora que te cautiva. Tuerces a la derecha y... allí está ese hombretón atlético y seductor que te mira apasionadamente. ¡Vista al frente! Y, ¡no me lo puedo creer!... aparece un soberbio poeta que te conquista con sus versos de amor.
No, ¡no tienes remedio! Eres de las que se dicen enamoradizas. Te encandilan con una suave caída de ojos, una medio sonrisa, una voz aterciopelada... Te impresiona un físico imponente y un intelecto desmesurado. No tienes un criterio único. Y, desde luego, tampoco eres excesivamente selectiva: ¡te gustan todos!
Amor fantástico
En realidad, podría decirse que más que de las personas en sí, estás enamorada del amor. Te encanta amar y sentirte amada. Es un sentimiento tan... ¡especial! Ya sabes: el corazón palpita agitadamente, los suspiros se encadenan, el apetito desaparece... ¡aaahhh!
Estos inocentes amores que se encadenan minuto a minuto no le hacen daño a nadie. Y tu imaginación derrocha fantasías e historias. ¡No pasa nada! Claro que tienes que saber imponer un límite. En la mayoría de los casos no resulta difícil distinguir la realidad de la fantasía... pero, en ocasiones, la mente puede extralimitarse.
En realidad estos enamoramientos pasajeros y espontáneos no tienen nada que ver con el amor con mayúsculas. Se trata de caprichitos que normalmente nos concedemos para alegrar la vista y el espíritu. Un sutil coqueteo, un jueguecito de miradas y unas sonrisitas que, efectivamente, no conducirán a ningún resultado ni físico ni psicológico. Es fantasía pura.
Sí, sí... muy bonito, muy romántico, muy de película... pero ¿cuántas de todas estas aventuras ficticias que comienzan en tu mente llegan a materializarse? Quizá este amor tuyo ideal es... irreal. ¡Aterriza! Vale la pena que, de vez en cuando, dejes de vivir en este mundo de fantasía y vivas una aventura real.
Temor y vergüenza: ¡supéralos!
Las relaciones entre hombres y mujeres han pasado por el tamiz de la educación y la socialización. Y el resultado no es siempre satisfactorio. De una educación excesivamente contenida nace la vergüenza, los prejuicios y la represión sexual. Y con este panorama... ¿quién puede disfrutar del sexo?
A pesar de la abundante información, a pesar de los esfuerzos por normalizar la sexualidad y convertirla en una fuente de placer, a pesar de la ardua tarea de erradicar la asociación entre sexo y pecado... los sentimientos de rechazo hacia ciertas actitudes y comportamientos sexuales perduran.
Y... ¿qué sucede si la única opción válida para una pareja es el sexo más clásico? Si creéis en la virginidad antes del matrimonio, si apostáis continuamente por la postura del misionero, si rechazáis cualquier opción sexual que no tenga como finalidad la procreación... ¿qué sucede? Si ésta es vuestra opción meditada y a ambos os convence y os satisface, no existe ningún problema. El remordimiento no debe acompañar jamás al sexo. Evidentemente, las cosas cambian si la decisión de ahuyentar la imaginación y la innovación de vuestra vida sexual es consecuencia de una educación que os ha cortado las alas.
Existen muchas personas a las que todavía avergüenza el sexo. Si eres de las que están limitadas por una educación represiva, tienes varias opciones:
• Intentar derrumbar tus prejuicios... pero no lo hagas para satisfacer a los demás, sino para sentirte a gusto contigo misma. Analiza los tabúes con los que has vivido hasta hoy y atrévete a fulminarlos.
• Elimina tus sentimientos de culpabilidad. Nada de lo que hagas voluntaria y conscientemente debe suponerte un problema. Hay libertad total, siempre que exista consentimiento y aceptación libre por ambas partes.
• Tómate tu tiempo. No quieras erradicar en un instante lo que tu mente ha almacenado durante años. La educación es un proceso largo y los cambios que se quieren introducir en las conductas sedimentadas son lentos. Ten paciencia y, sobre todo, ¡exige paciencia!
• Pide ayuda. Si los temores y los prejuicios que te asaltan y te hacen infeliz están tan arraigados que crees imposible deshacerte de ellos, recurre a un profesional. No debes avergonzarte si necesitas recurrir a un psicólogo o a un s.e.x.ólogo para solventar tus dudas.
• Necesitas la cooperación de tu pareja. Él o ella deben comprenderte y respetar tus miedos. Pídeles que te ayuden a superarlos, pero no dejes que los demás impongan su ritmo.
Juega con la mente y con el cuerpo...
Hay quien afirma que la sexualidad es un instinto animal que responde a la necesidad biológica de perpetuar la especie. Pero... en este innato y biológico proceso ¿cuál es el papel de los juegos eróticos? La sexualidad y el erotismo no tienen nada que ver desde el punto de vista biológico, pero a nivel cultural...
¡Todo cambia! El sexo es un ámbito condicionado socialmente. Cada cultura impone un determinado comportamiento sexual. Una mujer pasiva y un hombre activo: este ha sido el canon habitual en las relaciones de pareja. Y para alterarlo en infinidad de ocasiones hombres y mujeres han recurrido a la imaginación. En la actualidad, los roles sexuales se han difuminado muchísimo y, sin embargo, las fantasías siguen. ¿Por qué? Las fantasías son un estímulo para la sexualidad.
Al principio...
Acabas de conocer a alguien que te ha seducido a primera vista... y, en principio, parece que la novedad debería ser suficiente. Pero... las fantasías surgen inmediatamente. Si realmente has quedado prendada no dejas de imaginar qué podéis hacer juntos y cómo. Sin limites. Sin vergüenza. Sin censuras. Quizá jamás llegarás a intimar con él, pero tu imaginación ya se ha puesto a trabajar.
Para romper con la rutina...
La pasión ha florecido y las fantasías no tienen porqué cesar. Nada impide que las aventuras reales se complementen con las historias ficticias. Cuando la pareja ha llegado ya a acomodarse en una cierta rutina... la fantasía se convierte en el mejor estímulo para la innovación. Recurrir a los más calientes recovecos que propone nuestra mente puede ser un sencillo y práctico método para lograr que no decaiga el ímpetu del amor. ¿Con qué sueñas, amor? Deja de soñar y... ¡vívelo! Cuando la confianza ya ha fraguado completamente es el momento de liberar completamente todos los impulsos sexuales; siempre que sea un juego en el que ambos participen voluntariamente. Y siempre que el placer sea mutuo.
Con un desconocido...
Puede que tu mente elucubre y trajine con las personas que conoces pero ¡nadie puede ponerle límites! Un desconocido que se cruza contigo en la calle, el cartero, tu actor favorito, tu profesor... cualquiera puede convertirse en el protagonista absoluto de aventura imaginaria.
http://www.personal.able.es/cm.perez...onfemenina.htm