Cock_Collector(25)
13-12 2007, 04:03 PM
Mi deseo por tener una aventura era prácticamente irracional, mi cuerpo y mi mente sugerían la necesidad de hacer algo diferente e inolvidable. No había ninguna idea “prefabricada”, simplemente un interés desesperado por nuevas sensaciones.
Era temprano cuando entré a una sala de Chat y pasé varios minutos sin recibir ningún comentario por mi mensaje de “chico complaciente y discreto, dispuesta a TODO, busca aventura”. Cuando estaba por abandonar la sala, alguien con el nickname “MASTER 40” me pregunta: “¿De verdad estás dispuesto a todo?”… unas pocas preguntas más sobre la edad, ubicación y parámetros de seguridad bastaron para llenarme de una euforia desconocida hasta ese momento en que me dirigí al sitio acordado para que pasaran por mí. Estaba a punto de cruzar la calle para llegar al estacionamiento, cuando vi pasar una camioneta con las descripciones exactas que me habían dado, sentí un hormigueo en mi estómago y en segundos pensé si de verdad estaba dispuesto a TODO con un extraño, me convencí de continuar. Crucé la calle y la camioneta se detuvo tal cual lo acordado, abrí la puerta y abordé. Un hombre de poco más o poco menos de cuarenta años conducía; vestía ropa de hacer ejercicios y zapatillas; me saludó amablemente y acarició mi rostro diciendo que me veía tal cual me imaginaba, que era el chico que había estado buscando. Simplemente sonreí y procuré relajarme. La aventura estaba a punto de iniciar.
En sólo unos diez minutos llegamos a una casa y entramos. La computadora y el televisor estaban encendidos. En la computadora había varios mensajes privados de la sala de Chat y en el televisor una pareja de hombres tenía una intensa sesión de sexo sobre un sofá. Sin decir nada, MASTER se desnudó y empezó a masajear su verga que sin demora se hizo mucho más gruesa de lo que se veía aún sin que la tocara. Tampoco dije nada y me acerqué. Él me dio un beso en la boca y dirigió luego mi cabeza hacia abajo, me arrodillé y empecé a mamar su verga que entraba completa en mi boca; no es demasiado larga, pero su grosor me hacía sentir una especie de calambre en los labios y comisuras que nunca antes había sentido al meterme una verga en la boca, nunca antes había mamado una de ese grueso.
MASTER se sentó en el sofá y subió el audio de la televisión, yo no dejé de mamarlo ni un instante, no quise ni pensar en lo que sentiría cuando ese hombre quisiera meterme aquella gruesa verga en el culo. Yo había aceptado hacer TODO, no sabía que sucedería, pero no dejé de mamarle la verga y sus enormes bolas hasta que me dijo que me fuera al baño y me quitara todo rastro de perfume, talco y desodorante que llevara puesto. Me desnudé frente a él, que pareció no estar interesado en verme, luego entré a la ducha y lo vi alejarse con mi ropa mientras decía que no saliera de allí hasta que él regresara. Obedecí sus órdenes, no sabía quién era, pero algo en el ambiente me hacía confiar en él, me sentía seguro. Regresó como cinco minutos después, vestido con la misma ropa y una toalla con la que me secó y verificó que mi cuerpo no oliera a nada; después me volvió a poner bajo la ducha y empapó mi cabello. Luego puso la toalla sobre mis hombros y me dijo que lo siguiera.
Salimos al patio en donde pude ver una piscina y varias bancas para tomar el sol. Unos cuantos árboles bien ubicados evitaban que los vecinos tuvieran acceso visual, por eso me sentí más tranquilo al saberme desnudo en el exterior de la casa. Master caminó más allá de la piscina, yo lo seguía, llegó al extremo de la casa y empezó a caminar por un estrecho pasillo que nos llevó frente a la casa. Podía escuchar los autos afuera, no veía a nadie y nadie podía verme, pero me sentí sumamente expuesto. Abrió la parte trasera de la camioneta y me pidió subir. Me paralicé hasta que sus palabras volvieron a obrar el milagro de hacerme confiar en él. Subí completamente desnudo; no quería que me pusiera la toalla alrededor de la cintura, su lugar era sobre mis hombros. Salimos en la camioneta hacia alguna parte, el aire acondicionado dentro del auto me hizo sentir frío. MASTER lo notó y me aseguró que pronto estaría en un lugar más cálido. Entramos al estacionamiento de un gran centro comercial, él bajó y me dijo que esperara tranquilo. Casi media hora después vino para mover el auto hasta la plataforma de carga de una de las tiendas.
MASTER y otro hombre, este un poco más joven, abrieron la puerta trasera de la camioneta y me observaron como si fuese parte de algún equipaje o mercancía de encargo. Bajé del auto y fui minuciosamente inspeccionado; palparon, observaron y olieron mi boca, mis axilas, genitales, manos, pies, torso, ombligo y culo. De verdad querían algo muy particular y parecía que yo era ese algo. Sentí nervios, pero también un placer increíble ante toda esa parsimonia irreal. El hombre entró al depósito y regresó con una bolsa plástica. Iba a sacar algo, pero MASTER lo detuvo. “Antes deja que te chupe”. El tipo sonrió y bajó el cierre de su pantalón, MASTER metió la mano y sacó una verga blanca y tentadora. La acarició un poco y sucedió lo que tenía que suceder: se puso dura (era más larga que la de MASTER, pero menos gruesa) y yo me incliné para mamarla unos minutos.
Un par de veces la empujó forzándola hasta el fondo de mi garganta; procuré evitarlo, pero MASTER me recordó que yo aceptaría TODO. Por suerte me acostumbré a sentir como entraba completa esa larga verga en mi boca, los vellos pubicos del tipo quedaban aplastados justo en mi nariz, respiré su aroma, un olor a limpio y virilidad. Cuando el hombre anunció que estaba por correrse, MASTER me ordenó detenerme, pero sin sacar lo que tenía dentro de mi boca, le dijo que se aguantara un poco y le dio un beso a su amigo. Me pidió ponerme de pie y con la toalla limpió la saliva que me hacía brillar los labios y parte de la barbilla. Entonces salieron los primeros objetos de la bolsa.
Primero creí que era un simple calzoncillo negro, pero no; era un suspensorio de aquellos que dejan al descubierto todo el culo, uno de esos accesorios que siempre había soñado modelar para alguna perversa relación. Era todo negro, el elástico en la cintura era algo grueso, estaba hecho de una tela suave que cubrió mi verga y mis bolas. Lo segundo en aparecer fue un collar todavía más grueso que el elástico del suspensorio; era de cuero, pero la parte que se ajustaba a mi cuello era suave. Después salieron cuatro correas pequeñas del mismo material y que fueron ajustadas a mis muñecas y tobillos. Estaba siendo preparado para un acto de dominación.
Tuve miedo, pero inexplicablemente no me negué a nada y empecé a excitarme como nunca antes; mi verga empezó a ponerse dura, pero el suspensorio estaba tan ajustado que causó cierto dolor al impedir que se estirara y apretó mis bolas; aunque perdí la erección, aquel dolor me excitó más. “Listo” dijo el hombre al terminar de ponerme la última correa en el tobillo y se incorporó junto a MASTER para contemplarme. Puso la bolsa sobre el asiento trasero de la camioneta y cerró la cortina metálica del lugar de donde había salido y me pidieron subir nuevamente a la parte trasera del auto. No me decían nada personal: no me preguntaban que sentía ni me pedían permiso para tocarme o hacer algo, simplemente dictaban órdenes que yo obedecía tan fielmente como podía.
Ya dentro del auto, usaron cuerdas para ajustar las cuatro correas de algunos ganchos haciéndome quedar inmovilizado en una extraña y no muy cómoda posición. Lo más inquietante fue cuando MASTER vino hasta mi cara, me tomó de las mejillas con una de sus manos y me dio un beso vulgar; cargado de saliva mientras su lengua hurgaba por toda mi boca. Después me puso una máscara como de los gladiadores de la lucha libre que salen en televisión que como todo lo demás: era negra. Cubrió mi cabeza dejando apenas mi boca, nariz y ojos libres, pero luego me cubrió los ojos con un trapo negro. Escuché cerrar las puertas y empezamos a movernos, pero ahora sin tener idea de por dónde nos desplazábamos.
No sé con exactitud cuánto tiempo pasó antes de detenernos, por lo menos una hora. Nos detuvimos y ellos bajaron dejándome sólo en el carro. Empecé a sudar mucho, la máscara me sofocaba. Finalmente escuché abrir la puerta trasera de la camioneta. La posición en la que me encontraba ofrecía mi culo descaradamente. Escuché la voz de MASTER decir: “Allí está ¿Qué les parece?”. Habló en plural ¿cuántos habían?, me pregunté. Varias voces respondieron con vulgares y excitantes frases que me convertían en un objeto a su merced.
Desataron las cuerdas y bajé, el sudor hacía brillar mi piel que pronto fue acariciada por quién sabe cuántas manos al mismo tiempo. Apretaron mis pezones y pellizcaron mis nalgas antes de poner nuevamente la cuerda, ahora en la correa que llevaba en mi cuello. MASTER me ordenó continuar obedeciendo, dijo que lo estaba haciendo muy bien y recibiría mi recompensa. Empezaron a caminar y tiraron de la cuerda, yo empecé a caminar como un perro obediente, el sol me empezaba a quemar, estaba prácticamente desnudo, las sensaciones eran increíbles. Al principio, por dos o tres minutos, avanzamos sobre hierba; después sobre un piso rústico por varios minutos más y finalmente llegamos a un área donde el piso se tornó más liso. Desde aquí escuchaba el mar, debíamos estar muy cerca de la playa.
Cuando quitaron el trapo de mis ojos, me encontraba de rodillas frente a seis hombres completamente desnudos. Las edades eran mixtas, calculo que entre los veinte y cincuenta. Todos con la verga dura y lista para satisfacer su deseo en mí. Uno por uno se acercó para que lo chupara. Logré relajarme y empecé a ser el sumiso más caliente que pude ser.
Era temprano cuando entré a una sala de Chat y pasé varios minutos sin recibir ningún comentario por mi mensaje de “chico complaciente y discreto, dispuesta a TODO, busca aventura”. Cuando estaba por abandonar la sala, alguien con el nickname “MASTER 40” me pregunta: “¿De verdad estás dispuesto a todo?”… unas pocas preguntas más sobre la edad, ubicación y parámetros de seguridad bastaron para llenarme de una euforia desconocida hasta ese momento en que me dirigí al sitio acordado para que pasaran por mí. Estaba a punto de cruzar la calle para llegar al estacionamiento, cuando vi pasar una camioneta con las descripciones exactas que me habían dado, sentí un hormigueo en mi estómago y en segundos pensé si de verdad estaba dispuesto a TODO con un extraño, me convencí de continuar. Crucé la calle y la camioneta se detuvo tal cual lo acordado, abrí la puerta y abordé. Un hombre de poco más o poco menos de cuarenta años conducía; vestía ropa de hacer ejercicios y zapatillas; me saludó amablemente y acarició mi rostro diciendo que me veía tal cual me imaginaba, que era el chico que había estado buscando. Simplemente sonreí y procuré relajarme. La aventura estaba a punto de iniciar.
En sólo unos diez minutos llegamos a una casa y entramos. La computadora y el televisor estaban encendidos. En la computadora había varios mensajes privados de la sala de Chat y en el televisor una pareja de hombres tenía una intensa sesión de sexo sobre un sofá. Sin decir nada, MASTER se desnudó y empezó a masajear su verga que sin demora se hizo mucho más gruesa de lo que se veía aún sin que la tocara. Tampoco dije nada y me acerqué. Él me dio un beso en la boca y dirigió luego mi cabeza hacia abajo, me arrodillé y empecé a mamar su verga que entraba completa en mi boca; no es demasiado larga, pero su grosor me hacía sentir una especie de calambre en los labios y comisuras que nunca antes había sentido al meterme una verga en la boca, nunca antes había mamado una de ese grueso.
MASTER se sentó en el sofá y subió el audio de la televisión, yo no dejé de mamarlo ni un instante, no quise ni pensar en lo que sentiría cuando ese hombre quisiera meterme aquella gruesa verga en el culo. Yo había aceptado hacer TODO, no sabía que sucedería, pero no dejé de mamarle la verga y sus enormes bolas hasta que me dijo que me fuera al baño y me quitara todo rastro de perfume, talco y desodorante que llevara puesto. Me desnudé frente a él, que pareció no estar interesado en verme, luego entré a la ducha y lo vi alejarse con mi ropa mientras decía que no saliera de allí hasta que él regresara. Obedecí sus órdenes, no sabía quién era, pero algo en el ambiente me hacía confiar en él, me sentía seguro. Regresó como cinco minutos después, vestido con la misma ropa y una toalla con la que me secó y verificó que mi cuerpo no oliera a nada; después me volvió a poner bajo la ducha y empapó mi cabello. Luego puso la toalla sobre mis hombros y me dijo que lo siguiera.
Salimos al patio en donde pude ver una piscina y varias bancas para tomar el sol. Unos cuantos árboles bien ubicados evitaban que los vecinos tuvieran acceso visual, por eso me sentí más tranquilo al saberme desnudo en el exterior de la casa. Master caminó más allá de la piscina, yo lo seguía, llegó al extremo de la casa y empezó a caminar por un estrecho pasillo que nos llevó frente a la casa. Podía escuchar los autos afuera, no veía a nadie y nadie podía verme, pero me sentí sumamente expuesto. Abrió la parte trasera de la camioneta y me pidió subir. Me paralicé hasta que sus palabras volvieron a obrar el milagro de hacerme confiar en él. Subí completamente desnudo; no quería que me pusiera la toalla alrededor de la cintura, su lugar era sobre mis hombros. Salimos en la camioneta hacia alguna parte, el aire acondicionado dentro del auto me hizo sentir frío. MASTER lo notó y me aseguró que pronto estaría en un lugar más cálido. Entramos al estacionamiento de un gran centro comercial, él bajó y me dijo que esperara tranquilo. Casi media hora después vino para mover el auto hasta la plataforma de carga de una de las tiendas.
MASTER y otro hombre, este un poco más joven, abrieron la puerta trasera de la camioneta y me observaron como si fuese parte de algún equipaje o mercancía de encargo. Bajé del auto y fui minuciosamente inspeccionado; palparon, observaron y olieron mi boca, mis axilas, genitales, manos, pies, torso, ombligo y culo. De verdad querían algo muy particular y parecía que yo era ese algo. Sentí nervios, pero también un placer increíble ante toda esa parsimonia irreal. El hombre entró al depósito y regresó con una bolsa plástica. Iba a sacar algo, pero MASTER lo detuvo. “Antes deja que te chupe”. El tipo sonrió y bajó el cierre de su pantalón, MASTER metió la mano y sacó una verga blanca y tentadora. La acarició un poco y sucedió lo que tenía que suceder: se puso dura (era más larga que la de MASTER, pero menos gruesa) y yo me incliné para mamarla unos minutos.
Un par de veces la empujó forzándola hasta el fondo de mi garganta; procuré evitarlo, pero MASTER me recordó que yo aceptaría TODO. Por suerte me acostumbré a sentir como entraba completa esa larga verga en mi boca, los vellos pubicos del tipo quedaban aplastados justo en mi nariz, respiré su aroma, un olor a limpio y virilidad. Cuando el hombre anunció que estaba por correrse, MASTER me ordenó detenerme, pero sin sacar lo que tenía dentro de mi boca, le dijo que se aguantara un poco y le dio un beso a su amigo. Me pidió ponerme de pie y con la toalla limpió la saliva que me hacía brillar los labios y parte de la barbilla. Entonces salieron los primeros objetos de la bolsa.
Primero creí que era un simple calzoncillo negro, pero no; era un suspensorio de aquellos que dejan al descubierto todo el culo, uno de esos accesorios que siempre había soñado modelar para alguna perversa relación. Era todo negro, el elástico en la cintura era algo grueso, estaba hecho de una tela suave que cubrió mi verga y mis bolas. Lo segundo en aparecer fue un collar todavía más grueso que el elástico del suspensorio; era de cuero, pero la parte que se ajustaba a mi cuello era suave. Después salieron cuatro correas pequeñas del mismo material y que fueron ajustadas a mis muñecas y tobillos. Estaba siendo preparado para un acto de dominación.
Tuve miedo, pero inexplicablemente no me negué a nada y empecé a excitarme como nunca antes; mi verga empezó a ponerse dura, pero el suspensorio estaba tan ajustado que causó cierto dolor al impedir que se estirara y apretó mis bolas; aunque perdí la erección, aquel dolor me excitó más. “Listo” dijo el hombre al terminar de ponerme la última correa en el tobillo y se incorporó junto a MASTER para contemplarme. Puso la bolsa sobre el asiento trasero de la camioneta y cerró la cortina metálica del lugar de donde había salido y me pidieron subir nuevamente a la parte trasera del auto. No me decían nada personal: no me preguntaban que sentía ni me pedían permiso para tocarme o hacer algo, simplemente dictaban órdenes que yo obedecía tan fielmente como podía.
Ya dentro del auto, usaron cuerdas para ajustar las cuatro correas de algunos ganchos haciéndome quedar inmovilizado en una extraña y no muy cómoda posición. Lo más inquietante fue cuando MASTER vino hasta mi cara, me tomó de las mejillas con una de sus manos y me dio un beso vulgar; cargado de saliva mientras su lengua hurgaba por toda mi boca. Después me puso una máscara como de los gladiadores de la lucha libre que salen en televisión que como todo lo demás: era negra. Cubrió mi cabeza dejando apenas mi boca, nariz y ojos libres, pero luego me cubrió los ojos con un trapo negro. Escuché cerrar las puertas y empezamos a movernos, pero ahora sin tener idea de por dónde nos desplazábamos.
No sé con exactitud cuánto tiempo pasó antes de detenernos, por lo menos una hora. Nos detuvimos y ellos bajaron dejándome sólo en el carro. Empecé a sudar mucho, la máscara me sofocaba. Finalmente escuché abrir la puerta trasera de la camioneta. La posición en la que me encontraba ofrecía mi culo descaradamente. Escuché la voz de MASTER decir: “Allí está ¿Qué les parece?”. Habló en plural ¿cuántos habían?, me pregunté. Varias voces respondieron con vulgares y excitantes frases que me convertían en un objeto a su merced.
Desataron las cuerdas y bajé, el sudor hacía brillar mi piel que pronto fue acariciada por quién sabe cuántas manos al mismo tiempo. Apretaron mis pezones y pellizcaron mis nalgas antes de poner nuevamente la cuerda, ahora en la correa que llevaba en mi cuello. MASTER me ordenó continuar obedeciendo, dijo que lo estaba haciendo muy bien y recibiría mi recompensa. Empezaron a caminar y tiraron de la cuerda, yo empecé a caminar como un perro obediente, el sol me empezaba a quemar, estaba prácticamente desnudo, las sensaciones eran increíbles. Al principio, por dos o tres minutos, avanzamos sobre hierba; después sobre un piso rústico por varios minutos más y finalmente llegamos a un área donde el piso se tornó más liso. Desde aquí escuchaba el mar, debíamos estar muy cerca de la playa.
Cuando quitaron el trapo de mis ojos, me encontraba de rodillas frente a seis hombres completamente desnudos. Las edades eran mixtas, calculo que entre los veinte y cincuenta. Todos con la verga dura y lista para satisfacer su deseo en mí. Uno por uno se acercó para que lo chupara. Logré relajarme y empecé a ser el sumiso más caliente que pude ser.