lunanegra
19-10 2007, 01:23 PM
Era tarde y mientras afuera llovía, en la oficina terminábamos el último informe para presidencia. Trataba de concentrarme en la redacción final, tenía que revisar que todo estuviera perfecto, que la información fuera clara y que estuviese bien indicada. Me dedico a la comunicación organizacional y este trabajo era sumamente importante, de él dependían muchas cosas y estaban en juego varios empleos.
Nunca me ha gustado las tormentas eléctricas, la verdad es que soy muy miedosa a ellas. Pero por otro lado debo confesar que la lluvia me excita, es un conflicto interno, pero a veces vale la pena.
Mis compañeros comenzaron a irse y mi miedo crecía, parecía que la tormenta reventaría los cristales, no podía más, los nervios me invadían. Mi mente se aterró y no comprendía lo que escribía. Decidí levantarme e ir al baño a mojarme la cara, trataba de distraer mi cabeza y no escuchar más los fuertes truenos. Tomé mi reproductor de música y camine entre los pasillos semioscuros, de verdad que esto se compara con una película de terror, pensé.
Mientras esperaba que algún monstruo brincara en mi cara caminé despacio. Entré en el sanitario y me agaché para mojar mi nuca. Mientras tronaba afuera y la tormenta arreciaba no me percaté cuando ella entró. Mi blusa se mojó a la altura del pecho y decidí quitármela para ponerla bajo el secador de manos.
Seguía contoneándome con una música sexy que escuchaba y al verme al espejo comencé a jugar un poco.
- Al fin que no hay nadie - pensé.
Un poco nerviosa aun, sentí una fuerte mirada sobre mí, pero no le dí importancia. De pronto una mano tibia tocó mi espalda, en ese momento brinqué y al quitarme los audífonos sólo pude oír su caliente voz:
- Que rico te mueves.
Era ella, la mujer más atractiva que había visto. Desde que ingresé el verano pasado, la admiraba. Era hermosa, sus ojos negros me hechizaban y sus labios carnosos provocaban a cualquiera.
No supe que decir, es más, no pude reaccionar. Se acercó a mi y comenzó a lamer mi espalda, el calor que sentí fué indescriptible.
La zona más caliente y vulnerable en mi era la espalda, parecía que ella lo sabía…
Nunca me ha gustado las tormentas eléctricas, la verdad es que soy muy miedosa a ellas. Pero por otro lado debo confesar que la lluvia me excita, es un conflicto interno, pero a veces vale la pena.
Mis compañeros comenzaron a irse y mi miedo crecía, parecía que la tormenta reventaría los cristales, no podía más, los nervios me invadían. Mi mente se aterró y no comprendía lo que escribía. Decidí levantarme e ir al baño a mojarme la cara, trataba de distraer mi cabeza y no escuchar más los fuertes truenos. Tomé mi reproductor de música y camine entre los pasillos semioscuros, de verdad que esto se compara con una película de terror, pensé.
Mientras esperaba que algún monstruo brincara en mi cara caminé despacio. Entré en el sanitario y me agaché para mojar mi nuca. Mientras tronaba afuera y la tormenta arreciaba no me percaté cuando ella entró. Mi blusa se mojó a la altura del pecho y decidí quitármela para ponerla bajo el secador de manos.
Seguía contoneándome con una música sexy que escuchaba y al verme al espejo comencé a jugar un poco.
- Al fin que no hay nadie - pensé.
Un poco nerviosa aun, sentí una fuerte mirada sobre mí, pero no le dí importancia. De pronto una mano tibia tocó mi espalda, en ese momento brinqué y al quitarme los audífonos sólo pude oír su caliente voz:
- Que rico te mueves.
Era ella, la mujer más atractiva que había visto. Desde que ingresé el verano pasado, la admiraba. Era hermosa, sus ojos negros me hechizaban y sus labios carnosos provocaban a cualquiera.
No supe que decir, es más, no pude reaccionar. Se acercó a mi y comenzó a lamer mi espalda, el calor que sentí fué indescriptible.
La zona más caliente y vulnerable en mi era la espalda, parecía que ella lo sabía…