osito26
21-09 2007, 12:12 PM
Mi historia, a algunos los puede erotizar y a otros les puede desagradar. Les cuento más o menos el marco de la misma:
Era una noche de un terrible y caluroso enero en Rosario, donde vivo desde hace muchos años y yo salía de mi trabajo a las 12 de la noche. Ese día, que era miércoles, no había nada interesante para hacer a la noche, así que decidí a matar un poco el tiempo caminando de regreso a casa, la cual quedaba a aproximadamente a 15 cuadras. En ese entonces tenía 23 años. Soy una persona a la que muchas personas encuentran atractiva: mi cara es muy conocida por una famosa propaganda de Nextel, pelo negro, piel blanca (a esa altura ya bronceada levemente), mi cuerpo era de una contextura normal, esculpido por un poco de gym, pero sin dudas lo que más se destacaba en mí, y lo que todos siempre alabaron, es mi culo. Ya de familia somos caderones. Mi cola es ligeramente grande, con las nalgas bien paradas, definidas y perfectamente redondeadas, ofreciendo mis 95 cm. de caderas al mejor postor.
Esa noche ya había caminado algunas cuadras, el calor me azotaba y había comenzado a transpirar. Recordé que necesitaba dinero para el día siguiente, así que me metí en un banco que estaba a mi paso dispuesto a retirar plata del cajero automático. Al momento de entrar, noto que enfrente del banco había dos sujetos perdidos en las penumbras de la entrada de lo que parecía ser una vieja pensión, y si bien no pude distinguir sus caras, noté que me estaban poniendo atención. Sin darle mucha importancia, me metí en el cajero, retiré plata y me disponía a salir. En el momento en que abro la puerta del banco, los dos sujetos me embisten furiosamente y obviamente la intención era asaltarme. Yo había cobrado hacía muy poquito por lo que tenía mucho dinero en el banco, aumentado por el aguinaldo.
La situación fue muy confusa en un principio y no recuerdo bien cuales fueron sus palabras, lo primero que sentí fue a los tipos uno a cada lado de mí con un arma en cada una de sus manos, pidiéndome la plata. Era una situación de mierda, pero me habían asaltado antes y sabía que no debía ponerme nervioso. Hasta ese momento no había visto bien a los tipos debido al susto, pero cuando empecé a cooperar y la situación se relajó un poco, pude verlos bien. Uno de ellos era un hombre de piel muy oscura, brillante por el sudor, más alto que yo, de pelo largo, negro, atado por una colita. Tenía rasgos bien fuertes y mandíbulas bien definidas. Vestía una camiseta de Rosario Central, unos pantalones deportivos de una tela muy liviana negra que le llegaban hasta la rodilla y zapatillas casi nuevas, Nike Air. El otro era más bajito y robusto. Pelo cortito casi rapado. También de piel bastante oscura, con una pancita prominente y vestido casi de manera similar a su compañero. Si bien la situación era súper incomoda, no pude dejar de notar los prominentes bultos que se les marcaban a causa de ese tipo de tela del pantalón.
Me hicieron sacar toda la plata que tenía en el cajero y se las di. Tenía 2.108 pesos restantes en el cajero, y les di a ellos 2.100, ya que el cajero solo da múltiplos de 10. "Ehh, loco, ahí quedan 8 mangos... dame todo te dije...", me gritó el más alto. ”Sólo puedo sacar mínimo 10 pesos" -le dije- "Te estás llevando 2.100 mangos de arriba, nene, ¿qué más querés?..., ¿que te la chupe también?” Ambos se largaron a reír terriblemente y la situación ya era distinta. El más bajito me preguntó: “¿qué?, ¿vos te la comés? ¿Te gusta la verga? Le respondí que no venía al caso una respuesta y si me podía ir, aunque internamente el orto me latía por probar esas pijas salvajes. El más alto también preguntó ya más interesado: "che, ¿en serio te va comerte una verga?, porque el mono (en referencia a su amigo) tiene un pedazo enorme...", a lo que "el Mono" respondió riendo: "callate, salame, si vos sos el que te coges a todas las minitas del barrio”
A esa altura, las armas no me apuntaban, ambos estaban riéndose y cargándose mutuamente y yo estaba empezando a calentarme sobre manera con esa conversación. En un momento, el alto me dice que estaba re caliente y que hacía como una semana que no la ponía. "Buscate una concha entonces", le respondí para hacerlo entrar en el juego, a lo que "el Mono" respondió: "O nos podemos romper un lindo culo... vos tenés un orto enorme y seguro que eso se ha comido sus buenas vergas..." Yo esbocé una sonrisa y les dije que en mi culo no entraba cualquier cosa y acto seguido el alto se animó: "si te dejás coger y te tomás la lechita, te devolvemos la mitad de la guita...", El Mono puso cara como que no estaba muy de acuerdo con el alto pero de todas maneras no dijo ni mu. Mi única palabra fue: “OK”
Ya habían guardado las armas y estábamos saliendo del lugar cuando el alto me agarra el orto y me dice: "No sabés cómo te va quedar el culo, puto", y yo lo desafié sin inmutarme: "hay que ver si te la bancás..." Ambos se largaron a reír y a golpearse divertidamente. ”Putito, te vas a comer dos vergas juntas”, “putito no te hagas el delicado" Eran frases que escuché hasta llegar sólo a unos metros, a la pensión, donde ambos estaban parando provisoriamente porque según ellos, los buscaban "los cañetes" (policía) El lugar daba mucho que desear en cuanto a limpieza. Era un pasillo largo, sucio, lleno de gatos y la habitación de ellos estaba en un altillo separada de las demás. Era una habitación chiquita, con ventana a la calle clausurada por unas maderas, dos camas chiquitas y el baño en suite que distaba mucho de la higiene.
No alcanzamos a entrar y cerrar la puerta que ya tenía al más alto atrás mío restregándome la verga por el culo, evidentemente el negro estaba re caliente porque se le puso dura al toque, mientras el otro se estaba desvistiendo y poniendo totalmente en pelotas. A pesar de tener al alto detrás lamiéndome la oreja y tocando mi ojete completamente mojado por el sudor y la calentura, no podía despegar la vista del Mono. Si bien no tenía un cuerpo tan marcado como el otro, ya estaba prácticamente en pelotas, usando unos slip verde clarito muy viejos, con el elástico gastado, pero el bulto que se marcaba en ellos era enormemente delicioso. No tardó más de dos segundos en sacarse los lienzos y descubrir ese vergón grueso, venoso, con una cabeza brillante en pleno esplendor y unos huevos pequeños y achicharrados, acaudalados en pendejos largos y negros.
El mono se dirigió directamente hacia mí, mientras el Alto se estaba desvistiendo también sin nunca retirar los dedos de mi agujero y bajándome el pantalón hasta las rodillas. "Cométela toda… hasta el tronco, putita...” me dijo el Mono poniéndome de rodillas, agarrándome por la nuca y metiéndome esos 22 cm. de verga hinchada hasta la garganta. Confieso que tengo una gran capacidad para albergar pedazos en mi boca, pero ese pijón me sacó lágrimas. Aparte tenía un gusto extraño, a suciedad... y me éxito más. Me cogía la boca violentamente, mientras el alto, cuya pija no se quedaba atrás en largor, me estaba apoyando la cabeza en mi agujero que ya estaba a punto de ceder ante ese pedazo durísimo de carne.
Yo todavía estaba con los pantalones medio bajos, de rodillas, con mi remera puesta, mi bolso colgando alrededor de mi cuello, una pija clavadísima en la boca, tragándome todos sus quesos y lamiendo sus huevos sudados y malolientes, y uno atrás queriéndome clavar. "Chupame el orto", le ordené al alto" “Sí, mamita.." fue su respuesta y en un abrir y cerrar de ojos tenía al negro con unas manos enormes abriéndome los cachetes del orto y violándome con la lengua, mordiéndome el esfínter. Era medio tosco, me hacía doler a veces, pero era tanto lo que me calentaban esos chorros, olorosos, sucios, con vergas enormes, haciéndome lo que yo les pida, sin asco a nada, y yo tenía el orto hambriento de vergas.
"Chupá más fuerte puto que te voy a llenar la boca de leche" decía el Mono, "Caco (recién ahí supe el nombre del Alto), abrile bien el orto al puto que se lo voy a llenar de verga y leche" "Ya está abierto como una flor este culo, creo que le voy a entrar yo" dijo Caco. Yo no podía ni hablar ni gemir porque tenía la garganta totalmente atravesada por la verga del Mono que entraba y salía sin darme respiro alguno. Fue ahí cuando sentí morirme. Sentí las manos del Caco sobre mi cintura y al segundo siguiente me clavó la verga hasta el fondo sin el mínimo resguardo, sentí que el culo se me abría terriblemente, me dolía pero me la dejó clavada un ratito haciendo presión como queriendo ponérmela cada vez más adentro y mi culo se acostumbró al toque a ese vergón. El Caco empezó a bombear despacio sacando su pija casi por entero fuera de mi culo, dejando la cabeza dentro y acto seguido clavándomela entera dentro de mi culo.
El Mono se empezó a calentar cada vez más, sentía su verga hincharse cada vez más dentro de mi boca y con sus manos abría mis nalgas para ver como me entraba hasta el tronco la pija del Caco. "Qué culo hermoso que tiene este puto... que lo quiero coger ya...” dijo el Mono. Esas fueron las últimas palabras que intercambiamos, estábamos todos re calientes, se respiraba sexo en el aire con olor humedad de la habitación. Sólo nos mirábamos y yo obedecía a sus movimientos. Era la negrita puta del barrio. Me calentaba ese papel. Me erotizaba totalmente estar con dos machos sucios, vagos, drogadictos, chorros, con pijas llenas de queso y yo oliendo todavía a L´au de Issey de Issey Miyaki... Era todo muy bizarro pero me hacía poner la pija dura como roca y el orto dilatado a más no poder.
Logré sacarme la pija del Mono por unos momentos de la boca. Estaba totalmente dura, hermosa, gruesa, a punto de reventar de leche. Pude sacarme el bolso, la remera y el pantalón con el calzoncillo, mientras el Caco no dejaba de cogerme el culo fuertemente, jadeando como un perro alzado y el Mono se pajeaba sin cesar. La pija de Caco se sentía terrible dentro de mi orto y entraba y salía con una facilidad impresionante. En un momento, el Mono me levanta del piso y la pija del Caco se me salió abruptamente del orto provocándome una sensación de vació terrible. El Mono me tiró sobre una de las camas y me puso boca arriba tirando mis dos piernas para atrás agarrando y sosteniendo mis tobillos con una mano y con la otra inspeccionando mi orto que a esa altura podía contener una mano entera dentro.
El Caco acercaba su pija a mi boca para que se la chupara. Tenía la pija sudorosa, brillante por el acido de mi culo y con algunos restos de mierda, no me importó, limpié su verga con mi lengua comiéndomela enterita hasta huevos y dándole un leve masaje en las nalgas. Casi muerdo la verga del Caco cuando el Mono puso todos sus 22 x 6 cm. de verga dentro de mi culo de un sopetón. Me estaba cogiendo como a una putita, me cogía tan rápido como un conejo y el golpeteo de su vergon ejercía una presión terrible en mi próstata haciendo salir liquido preseminal de mi pija totalmente erecta Estábamos a full, se podía escuchar de fondo la cumbia "la colorada" y nuestros gemidos al compás.
Al rato de haber estado en esa posición, el Mono me da vuelta y me acomoda en posición perrito. Sabía que esa posición les encantaba a todos los tipos que estaban conmigo porque tengo el culo grande y mi cintura es muy chiquita por lo que se cogen mi culo desesperadamente. Con cada bombeo en mi castigado culo, me enterraba la verga del Caco en mi garganta y presentía que en cualquier momento me iba a llenar la boca de leche agria, ácida y espesa como me gusta a mí. Después de mucho tiempo de silencio, el más callado de los dos, al Caco, acota: "vamo a ponerle las dos vergas en el culo al puto así se le abre bien...” No hizo falta asentimiento del Mono porque al toque yo empecé a acomodarme y a ellos para recibir esas dos vergas.
Mi culo necesitaba más, lo tenía tan abierto que ya podía poner cualquier cosa ahí adentro. Acto seguido me senté en la verga del Caco mirando directamente a la cara, sintiendo sus huevos apoyándome en el esfínter. Sin dudarlo comencé a besarlo, a lo que él respondió dándome chupones muy toscamente, devorando mi boca. Comencé a moverme un poco clavándome la verga del Caco cada vez más adentro. El Mono se pajeaba esperando el momento justo para azotarme el orto con su verga durísima en proporciones impensadas.
Cuando sentí que mi culo estaba preparado, le hice señas al Mono para que comenzara a poner su vergon en mi culo inundado por la pija del Caco. Debo confesar que a pesar de ser dos personas totalmente toscas, nunca me hicieron daño y el Mono primero intentó poner su gran cabeza en la parte alta de mi esfínter tratando de abrirse lugar entre mi culo y la verga del Caco. Fue inútil. No la pudo meter. Le sugerí que empezara con un dedo o dos a abrírmelo y después tratar de poner la cabeza. Siguió mi consejo y a los 5 minutos pudo colocar el glande de su pija dentro de mi culo. ¡Dios! Me sentía colmado de pija.
Yo gemía como una perra al oído del Caco y éste me abría las nalgas para que el Mono me taladre sin piedad. Mi presión creo que bajó sublimemente cuando tuve casi toda la verga del Mono enterrada dentro de mi orto junto con la pija del Caco. Es espesor de mi ojete en ese momento debe haber sido de unos 10 cm. Sentía desfondarme. Comenzaron a moverse los dos en vaivenes contrarios y yo sentía literalmente partirme en dos, pero me la bancaba porque esos dos negros chorros me calentaban mal y los quería a los dos para mí.
Podía sentir la respiración agitada de los dos a más no dar y no me aguanté más. Me acabé la vida sobre el pecho del Caco. Nunca había acabado así. Me sentía en el paraíso. El Caco agarraba mi leche de su pecho con sus dedos y me la ponía en la boca haciéndomela tragar toda mientras sentía que sus pijas estaban a punto de erupcionar. Mi culo contraído por mi acabada, hacía que esas pijas se sientan cada vez más ajustadas dentro de mí.
En un momento siento la pija del Mono saliendo de mi culo de repente y sentí que me cagaba encima. Se puso al costado de la cama, me tomó por la nuca y puso su pija llena de restos de mi mierda en mi boca y me dijo: "tragatela toda, putito... todaaaa... siiii" Me llenó la boca de una leche sumamente caliente y disparando en mi paladar como una metralleta. Rápidamente la sentí corriendo por mi esófago, era exquisita... Seguí mamando su verga un rato más hasta que siento el gran gemido del Caco y al instante su leche espesa corriendo por mis intestinos, era tanta la cantidad que me chorreaba por las piernas.
Me saqué la pija del Caco del culo quien se incorporó y se paró junto al Mono al costado de la cama, mientras yo los miraba cual puta de película y abrí mi culo e hice fuerzas como para hacer caca y de esa manera toda la leche del Caco salió de mi culo expulsada hacia mi mano para luego terminar en mi boca. Me calentaba ver a esos machos negros, parados así desnudos, con las pijas al palo todavía y yo haciéndome la puta en la cama. "Qué buena cogida, boludo..." dijo el Mono y después nos higienizamos un poco en ese baño oloriento de ahí.
Sé que fue un poco arriesgado el no usar forro ni nada, pero me quería coger a esos machos hermosos y toscos y quería recuperar mi plata. No hace falta decir que me la devolvieron toda, sólo con la condición de que los invitara a tomar unas cervezas. Y así fue. Fuimos con cuatro amigos de ellos, con cuerpos fibrosos y vergas olorosas, apetitosas, y mi culo todavía quería más.
Pero lo de las seis pijas juntas lo dejo para otra historia... Afirmo que esto es completamente cierto y no es ficción. Si queres compartir tus historias o si te gustó esta, escribime...
Cel
Era una noche de un terrible y caluroso enero en Rosario, donde vivo desde hace muchos años y yo salía de mi trabajo a las 12 de la noche. Ese día, que era miércoles, no había nada interesante para hacer a la noche, así que decidí a matar un poco el tiempo caminando de regreso a casa, la cual quedaba a aproximadamente a 15 cuadras. En ese entonces tenía 23 años. Soy una persona a la que muchas personas encuentran atractiva: mi cara es muy conocida por una famosa propaganda de Nextel, pelo negro, piel blanca (a esa altura ya bronceada levemente), mi cuerpo era de una contextura normal, esculpido por un poco de gym, pero sin dudas lo que más se destacaba en mí, y lo que todos siempre alabaron, es mi culo. Ya de familia somos caderones. Mi cola es ligeramente grande, con las nalgas bien paradas, definidas y perfectamente redondeadas, ofreciendo mis 95 cm. de caderas al mejor postor.
Esa noche ya había caminado algunas cuadras, el calor me azotaba y había comenzado a transpirar. Recordé que necesitaba dinero para el día siguiente, así que me metí en un banco que estaba a mi paso dispuesto a retirar plata del cajero automático. Al momento de entrar, noto que enfrente del banco había dos sujetos perdidos en las penumbras de la entrada de lo que parecía ser una vieja pensión, y si bien no pude distinguir sus caras, noté que me estaban poniendo atención. Sin darle mucha importancia, me metí en el cajero, retiré plata y me disponía a salir. En el momento en que abro la puerta del banco, los dos sujetos me embisten furiosamente y obviamente la intención era asaltarme. Yo había cobrado hacía muy poquito por lo que tenía mucho dinero en el banco, aumentado por el aguinaldo.
La situación fue muy confusa en un principio y no recuerdo bien cuales fueron sus palabras, lo primero que sentí fue a los tipos uno a cada lado de mí con un arma en cada una de sus manos, pidiéndome la plata. Era una situación de mierda, pero me habían asaltado antes y sabía que no debía ponerme nervioso. Hasta ese momento no había visto bien a los tipos debido al susto, pero cuando empecé a cooperar y la situación se relajó un poco, pude verlos bien. Uno de ellos era un hombre de piel muy oscura, brillante por el sudor, más alto que yo, de pelo largo, negro, atado por una colita. Tenía rasgos bien fuertes y mandíbulas bien definidas. Vestía una camiseta de Rosario Central, unos pantalones deportivos de una tela muy liviana negra que le llegaban hasta la rodilla y zapatillas casi nuevas, Nike Air. El otro era más bajito y robusto. Pelo cortito casi rapado. También de piel bastante oscura, con una pancita prominente y vestido casi de manera similar a su compañero. Si bien la situación era súper incomoda, no pude dejar de notar los prominentes bultos que se les marcaban a causa de ese tipo de tela del pantalón.
Me hicieron sacar toda la plata que tenía en el cajero y se las di. Tenía 2.108 pesos restantes en el cajero, y les di a ellos 2.100, ya que el cajero solo da múltiplos de 10. "Ehh, loco, ahí quedan 8 mangos... dame todo te dije...", me gritó el más alto. ”Sólo puedo sacar mínimo 10 pesos" -le dije- "Te estás llevando 2.100 mangos de arriba, nene, ¿qué más querés?..., ¿que te la chupe también?” Ambos se largaron a reír terriblemente y la situación ya era distinta. El más bajito me preguntó: “¿qué?, ¿vos te la comés? ¿Te gusta la verga? Le respondí que no venía al caso una respuesta y si me podía ir, aunque internamente el orto me latía por probar esas pijas salvajes. El más alto también preguntó ya más interesado: "che, ¿en serio te va comerte una verga?, porque el mono (en referencia a su amigo) tiene un pedazo enorme...", a lo que "el Mono" respondió riendo: "callate, salame, si vos sos el que te coges a todas las minitas del barrio”
A esa altura, las armas no me apuntaban, ambos estaban riéndose y cargándose mutuamente y yo estaba empezando a calentarme sobre manera con esa conversación. En un momento, el alto me dice que estaba re caliente y que hacía como una semana que no la ponía. "Buscate una concha entonces", le respondí para hacerlo entrar en el juego, a lo que "el Mono" respondió: "O nos podemos romper un lindo culo... vos tenés un orto enorme y seguro que eso se ha comido sus buenas vergas..." Yo esbocé una sonrisa y les dije que en mi culo no entraba cualquier cosa y acto seguido el alto se animó: "si te dejás coger y te tomás la lechita, te devolvemos la mitad de la guita...", El Mono puso cara como que no estaba muy de acuerdo con el alto pero de todas maneras no dijo ni mu. Mi única palabra fue: “OK”
Ya habían guardado las armas y estábamos saliendo del lugar cuando el alto me agarra el orto y me dice: "No sabés cómo te va quedar el culo, puto", y yo lo desafié sin inmutarme: "hay que ver si te la bancás..." Ambos se largaron a reír y a golpearse divertidamente. ”Putito, te vas a comer dos vergas juntas”, “putito no te hagas el delicado" Eran frases que escuché hasta llegar sólo a unos metros, a la pensión, donde ambos estaban parando provisoriamente porque según ellos, los buscaban "los cañetes" (policía) El lugar daba mucho que desear en cuanto a limpieza. Era un pasillo largo, sucio, lleno de gatos y la habitación de ellos estaba en un altillo separada de las demás. Era una habitación chiquita, con ventana a la calle clausurada por unas maderas, dos camas chiquitas y el baño en suite que distaba mucho de la higiene.
No alcanzamos a entrar y cerrar la puerta que ya tenía al más alto atrás mío restregándome la verga por el culo, evidentemente el negro estaba re caliente porque se le puso dura al toque, mientras el otro se estaba desvistiendo y poniendo totalmente en pelotas. A pesar de tener al alto detrás lamiéndome la oreja y tocando mi ojete completamente mojado por el sudor y la calentura, no podía despegar la vista del Mono. Si bien no tenía un cuerpo tan marcado como el otro, ya estaba prácticamente en pelotas, usando unos slip verde clarito muy viejos, con el elástico gastado, pero el bulto que se marcaba en ellos era enormemente delicioso. No tardó más de dos segundos en sacarse los lienzos y descubrir ese vergón grueso, venoso, con una cabeza brillante en pleno esplendor y unos huevos pequeños y achicharrados, acaudalados en pendejos largos y negros.
El mono se dirigió directamente hacia mí, mientras el Alto se estaba desvistiendo también sin nunca retirar los dedos de mi agujero y bajándome el pantalón hasta las rodillas. "Cométela toda… hasta el tronco, putita...” me dijo el Mono poniéndome de rodillas, agarrándome por la nuca y metiéndome esos 22 cm. de verga hinchada hasta la garganta. Confieso que tengo una gran capacidad para albergar pedazos en mi boca, pero ese pijón me sacó lágrimas. Aparte tenía un gusto extraño, a suciedad... y me éxito más. Me cogía la boca violentamente, mientras el alto, cuya pija no se quedaba atrás en largor, me estaba apoyando la cabeza en mi agujero que ya estaba a punto de ceder ante ese pedazo durísimo de carne.
Yo todavía estaba con los pantalones medio bajos, de rodillas, con mi remera puesta, mi bolso colgando alrededor de mi cuello, una pija clavadísima en la boca, tragándome todos sus quesos y lamiendo sus huevos sudados y malolientes, y uno atrás queriéndome clavar. "Chupame el orto", le ordené al alto" “Sí, mamita.." fue su respuesta y en un abrir y cerrar de ojos tenía al negro con unas manos enormes abriéndome los cachetes del orto y violándome con la lengua, mordiéndome el esfínter. Era medio tosco, me hacía doler a veces, pero era tanto lo que me calentaban esos chorros, olorosos, sucios, con vergas enormes, haciéndome lo que yo les pida, sin asco a nada, y yo tenía el orto hambriento de vergas.
"Chupá más fuerte puto que te voy a llenar la boca de leche" decía el Mono, "Caco (recién ahí supe el nombre del Alto), abrile bien el orto al puto que se lo voy a llenar de verga y leche" "Ya está abierto como una flor este culo, creo que le voy a entrar yo" dijo Caco. Yo no podía ni hablar ni gemir porque tenía la garganta totalmente atravesada por la verga del Mono que entraba y salía sin darme respiro alguno. Fue ahí cuando sentí morirme. Sentí las manos del Caco sobre mi cintura y al segundo siguiente me clavó la verga hasta el fondo sin el mínimo resguardo, sentí que el culo se me abría terriblemente, me dolía pero me la dejó clavada un ratito haciendo presión como queriendo ponérmela cada vez más adentro y mi culo se acostumbró al toque a ese vergón. El Caco empezó a bombear despacio sacando su pija casi por entero fuera de mi culo, dejando la cabeza dentro y acto seguido clavándomela entera dentro de mi culo.
El Mono se empezó a calentar cada vez más, sentía su verga hincharse cada vez más dentro de mi boca y con sus manos abría mis nalgas para ver como me entraba hasta el tronco la pija del Caco. "Qué culo hermoso que tiene este puto... que lo quiero coger ya...” dijo el Mono. Esas fueron las últimas palabras que intercambiamos, estábamos todos re calientes, se respiraba sexo en el aire con olor humedad de la habitación. Sólo nos mirábamos y yo obedecía a sus movimientos. Era la negrita puta del barrio. Me calentaba ese papel. Me erotizaba totalmente estar con dos machos sucios, vagos, drogadictos, chorros, con pijas llenas de queso y yo oliendo todavía a L´au de Issey de Issey Miyaki... Era todo muy bizarro pero me hacía poner la pija dura como roca y el orto dilatado a más no poder.
Logré sacarme la pija del Mono por unos momentos de la boca. Estaba totalmente dura, hermosa, gruesa, a punto de reventar de leche. Pude sacarme el bolso, la remera y el pantalón con el calzoncillo, mientras el Caco no dejaba de cogerme el culo fuertemente, jadeando como un perro alzado y el Mono se pajeaba sin cesar. La pija de Caco se sentía terrible dentro de mi orto y entraba y salía con una facilidad impresionante. En un momento, el Mono me levanta del piso y la pija del Caco se me salió abruptamente del orto provocándome una sensación de vació terrible. El Mono me tiró sobre una de las camas y me puso boca arriba tirando mis dos piernas para atrás agarrando y sosteniendo mis tobillos con una mano y con la otra inspeccionando mi orto que a esa altura podía contener una mano entera dentro.
El Caco acercaba su pija a mi boca para que se la chupara. Tenía la pija sudorosa, brillante por el acido de mi culo y con algunos restos de mierda, no me importó, limpié su verga con mi lengua comiéndomela enterita hasta huevos y dándole un leve masaje en las nalgas. Casi muerdo la verga del Caco cuando el Mono puso todos sus 22 x 6 cm. de verga dentro de mi culo de un sopetón. Me estaba cogiendo como a una putita, me cogía tan rápido como un conejo y el golpeteo de su vergon ejercía una presión terrible en mi próstata haciendo salir liquido preseminal de mi pija totalmente erecta Estábamos a full, se podía escuchar de fondo la cumbia "la colorada" y nuestros gemidos al compás.
Al rato de haber estado en esa posición, el Mono me da vuelta y me acomoda en posición perrito. Sabía que esa posición les encantaba a todos los tipos que estaban conmigo porque tengo el culo grande y mi cintura es muy chiquita por lo que se cogen mi culo desesperadamente. Con cada bombeo en mi castigado culo, me enterraba la verga del Caco en mi garganta y presentía que en cualquier momento me iba a llenar la boca de leche agria, ácida y espesa como me gusta a mí. Después de mucho tiempo de silencio, el más callado de los dos, al Caco, acota: "vamo a ponerle las dos vergas en el culo al puto así se le abre bien...” No hizo falta asentimiento del Mono porque al toque yo empecé a acomodarme y a ellos para recibir esas dos vergas.
Mi culo necesitaba más, lo tenía tan abierto que ya podía poner cualquier cosa ahí adentro. Acto seguido me senté en la verga del Caco mirando directamente a la cara, sintiendo sus huevos apoyándome en el esfínter. Sin dudarlo comencé a besarlo, a lo que él respondió dándome chupones muy toscamente, devorando mi boca. Comencé a moverme un poco clavándome la verga del Caco cada vez más adentro. El Mono se pajeaba esperando el momento justo para azotarme el orto con su verga durísima en proporciones impensadas.
Cuando sentí que mi culo estaba preparado, le hice señas al Mono para que comenzara a poner su vergon en mi culo inundado por la pija del Caco. Debo confesar que a pesar de ser dos personas totalmente toscas, nunca me hicieron daño y el Mono primero intentó poner su gran cabeza en la parte alta de mi esfínter tratando de abrirse lugar entre mi culo y la verga del Caco. Fue inútil. No la pudo meter. Le sugerí que empezara con un dedo o dos a abrírmelo y después tratar de poner la cabeza. Siguió mi consejo y a los 5 minutos pudo colocar el glande de su pija dentro de mi culo. ¡Dios! Me sentía colmado de pija.
Yo gemía como una perra al oído del Caco y éste me abría las nalgas para que el Mono me taladre sin piedad. Mi presión creo que bajó sublimemente cuando tuve casi toda la verga del Mono enterrada dentro de mi orto junto con la pija del Caco. Es espesor de mi ojete en ese momento debe haber sido de unos 10 cm. Sentía desfondarme. Comenzaron a moverse los dos en vaivenes contrarios y yo sentía literalmente partirme en dos, pero me la bancaba porque esos dos negros chorros me calentaban mal y los quería a los dos para mí.
Podía sentir la respiración agitada de los dos a más no dar y no me aguanté más. Me acabé la vida sobre el pecho del Caco. Nunca había acabado así. Me sentía en el paraíso. El Caco agarraba mi leche de su pecho con sus dedos y me la ponía en la boca haciéndomela tragar toda mientras sentía que sus pijas estaban a punto de erupcionar. Mi culo contraído por mi acabada, hacía que esas pijas se sientan cada vez más ajustadas dentro de mí.
En un momento siento la pija del Mono saliendo de mi culo de repente y sentí que me cagaba encima. Se puso al costado de la cama, me tomó por la nuca y puso su pija llena de restos de mi mierda en mi boca y me dijo: "tragatela toda, putito... todaaaa... siiii" Me llenó la boca de una leche sumamente caliente y disparando en mi paladar como una metralleta. Rápidamente la sentí corriendo por mi esófago, era exquisita... Seguí mamando su verga un rato más hasta que siento el gran gemido del Caco y al instante su leche espesa corriendo por mis intestinos, era tanta la cantidad que me chorreaba por las piernas.
Me saqué la pija del Caco del culo quien se incorporó y se paró junto al Mono al costado de la cama, mientras yo los miraba cual puta de película y abrí mi culo e hice fuerzas como para hacer caca y de esa manera toda la leche del Caco salió de mi culo expulsada hacia mi mano para luego terminar en mi boca. Me calentaba ver a esos machos negros, parados así desnudos, con las pijas al palo todavía y yo haciéndome la puta en la cama. "Qué buena cogida, boludo..." dijo el Mono y después nos higienizamos un poco en ese baño oloriento de ahí.
Sé que fue un poco arriesgado el no usar forro ni nada, pero me quería coger a esos machos hermosos y toscos y quería recuperar mi plata. No hace falta decir que me la devolvieron toda, sólo con la condición de que los invitara a tomar unas cervezas. Y así fue. Fuimos con cuatro amigos de ellos, con cuerpos fibrosos y vergas olorosas, apetitosas, y mi culo todavía quería más.
Pero lo de las seis pijas juntas lo dejo para otra historia... Afirmo que esto es completamente cierto y no es ficción. Si queres compartir tus historias o si te gustó esta, escribime...
Cel