Getaway
31-08 2007, 07:59 PM
Ya tenía algo de experiencia mamando verga con mi hermano tres años mayor que yo. Él había sido mi maestro en todo lo que respecta al sexo y yo estaba totalmente complacido aprendiendo todo lo que él me enseñaba. Aprovechábamos las noches para meternos los dos en la misma cama para estarnos tocando, mamar verga y terminábamos viniéndonos de alguna manera. Yo me había vuelto casi adicto a tragarme su semen caliente, me encantaba esa sensación de hacerlo retorcerse y gemir de placer, sentir sus chorros entre salados y tibios entrando hasta el fondo de mi paladar y después dejarme su sabor en la garganta, junto con el cosquilleo de los labios por haber estado durante un largo rato chupando.
Después regresábamos cada quien a su cama y yo terminaba masturbándome y salpicándome gotas de semen caliente que caían sobre mi pecho y abdomen, algunas noches estaba tan excitado que manchaba la almohada con los primeros chorros que salpicaban por sobre mi cabeza.
Una noche no podía dormir, estaba súper excitado desnudo en la cama con la verga tan dura que casi me dolía. Me hacía el dormido y me quitaba las cobijas para mostrar mi cuerpo, esperando que mi hermano me estuviera espiando, se excitara y se metiera en mi cama para hacer lo de costumbre, pero esa noche parecía no darse cuenta. Después de un rato me desesperé, así que decidí tomar la iniciativa y levantarme para ir en busca de placer.
Estaba tan excitado que estaba temblando y sentía mi corazón que se iba a salir del pecho de tan fuerte que golpeaba. Estaba yo desnudo parado a un lado de su cama tratando de ver entre los rayos de luna que se colaban por las cortinas y con dificultad podía distinguir las formas de su cuerpo. Decidí comenzar a acariciarlo suavemente por sobre el cobertor, pero él parecía no darse por enterado, entonces metí la mano entre las cobijas y me excité aún más al darme cuenta de que él también estaba totalmente desnudo y no solamente eso, también se había rasurado el vello púbico.
La morbosidad se apoderó de mí y corrí a encender la luz para ver como se veía aquello. Mi hermano decidió dejar de hacerse el dormido, ya no valía más fingir con semejante erección que traía. Su verga se veía aún más grande y me parecía enorme. A esa edad su verga era como unos 3 cm más larga que la mía, así que sin vello se me hizo un magnífico espectáculo. Sin pensarlo dos veces comencé a chuparle el pito como si quisiera arrancarle el semen de un solo sorbo. Yo estaba totalmente dedicado a devorarme su verga cuando él me empujó suavemente para hacerse espacio y levantarse de la cama.
Sin hablar una sola palabra estábamos ahí parados uno en frente del otro en la habitación, era más de media noche y éramos dos jovencitos experimentando el sexo. Nuestros cuerpos estaban totalmente desnudos y excitados, el suyo rasurado y el mío dispuesto a todo. Él se me acercó y comenzó a chuparme el cuello, nunca antes lo había hecho. Yo sentía que me derretía de placer, para mí era tan delicioso como si estuviéramos teniendo sexo oral. Me jaló suavemente la cabeza hacia su hombro y como por reflejo también comencé a lamer y chupar su cuello.
El siguió lamiendo mi cuerpo y fue bajando hacia mi pecho. De pronto se prendió con su boca de uno de mis pezones y comenzó a chupar suavemente, hacía círculos con su lengua mientras mordisqueaba un poco. Yo estaba totalmente extasiado y perdido en el placer, eché mi cabeza hacia atrás con los ojos casi en blanco. Ya me había rendido totalmente y él podía hacer lo que quisiera conmigo.
De pronto comencé a tener un orgasmo, me sorprendió que nada ni nadie estaba tocando mi verga, así de pronto comencé a eyacular sin control y mis chorros de leche caliente cayeron encima del cuerpo de mi hermano hasta golpear su cara y algunas gotas se regaron por el suelo. Me quedé un poco espantado cuando me di cuenta lo que había sucedido y miré a mi hermano a los ojos, dejándome llevar por el momento comencé a lamer mi propio semen del cuerpo de mi hermano. Se notaba que él también estaba a punto de estallar porque no podía evitar gemir de vez en cuando y su cuerpo también temblaba de la excitación. Cuando terminé de comerme mi propia leche mi verga ya estaba totalmente dura de nuevo.
Mi hermano me jaló hacia su cama y comenzamos a hacer un 69, yo cerraba los ojos y me deleitaba de la sensación. Estaba totalmente entregado al placer, nos compenetrábamos tan bien que casi podía jurar que era como estar mamando mi propia verga, ambos hacíamos movimientos casi idénticos porque ya sabíamos lo que más nos excitaba. De pronto comencé a sentir de nuevo que iba a eyacular con tremendo orgasmo y sólo alcancé a murmurar: "me voy a venir".
Mi hermano jaló fuertemente mi cuerpo contra el suyo y la mamada se fue haciendo más eufórica entre los dos, teníamos nuestras vergas hasta el fondo chupando con fuerza. De pronto siento una gota salada de semen saliendo del pito de mi hermano directamente hacia mi garganta e inmediatamente estallé yo también dentro de su boca. Se me hizo eterna esa sensación de estarme viniendo con tremendo orgasmo al mismo tiempo que me tragaba la leche recién bombeada del sexo de mi hermano.
Terminamos exhaustos y descansamos un rato, tardamos unos minutos así antes de apagar la luz y regresar a dormir a mi cama. Esa noche dormimos tranquilos y totalmente satisfechos.
Después regresábamos cada quien a su cama y yo terminaba masturbándome y salpicándome gotas de semen caliente que caían sobre mi pecho y abdomen, algunas noches estaba tan excitado que manchaba la almohada con los primeros chorros que salpicaban por sobre mi cabeza.
Una noche no podía dormir, estaba súper excitado desnudo en la cama con la verga tan dura que casi me dolía. Me hacía el dormido y me quitaba las cobijas para mostrar mi cuerpo, esperando que mi hermano me estuviera espiando, se excitara y se metiera en mi cama para hacer lo de costumbre, pero esa noche parecía no darse cuenta. Después de un rato me desesperé, así que decidí tomar la iniciativa y levantarme para ir en busca de placer.
Estaba tan excitado que estaba temblando y sentía mi corazón que se iba a salir del pecho de tan fuerte que golpeaba. Estaba yo desnudo parado a un lado de su cama tratando de ver entre los rayos de luna que se colaban por las cortinas y con dificultad podía distinguir las formas de su cuerpo. Decidí comenzar a acariciarlo suavemente por sobre el cobertor, pero él parecía no darse por enterado, entonces metí la mano entre las cobijas y me excité aún más al darme cuenta de que él también estaba totalmente desnudo y no solamente eso, también se había rasurado el vello púbico.
La morbosidad se apoderó de mí y corrí a encender la luz para ver como se veía aquello. Mi hermano decidió dejar de hacerse el dormido, ya no valía más fingir con semejante erección que traía. Su verga se veía aún más grande y me parecía enorme. A esa edad su verga era como unos 3 cm más larga que la mía, así que sin vello se me hizo un magnífico espectáculo. Sin pensarlo dos veces comencé a chuparle el pito como si quisiera arrancarle el semen de un solo sorbo. Yo estaba totalmente dedicado a devorarme su verga cuando él me empujó suavemente para hacerse espacio y levantarse de la cama.
Sin hablar una sola palabra estábamos ahí parados uno en frente del otro en la habitación, era más de media noche y éramos dos jovencitos experimentando el sexo. Nuestros cuerpos estaban totalmente desnudos y excitados, el suyo rasurado y el mío dispuesto a todo. Él se me acercó y comenzó a chuparme el cuello, nunca antes lo había hecho. Yo sentía que me derretía de placer, para mí era tan delicioso como si estuviéramos teniendo sexo oral. Me jaló suavemente la cabeza hacia su hombro y como por reflejo también comencé a lamer y chupar su cuello.
El siguió lamiendo mi cuerpo y fue bajando hacia mi pecho. De pronto se prendió con su boca de uno de mis pezones y comenzó a chupar suavemente, hacía círculos con su lengua mientras mordisqueaba un poco. Yo estaba totalmente extasiado y perdido en el placer, eché mi cabeza hacia atrás con los ojos casi en blanco. Ya me había rendido totalmente y él podía hacer lo que quisiera conmigo.
De pronto comencé a tener un orgasmo, me sorprendió que nada ni nadie estaba tocando mi verga, así de pronto comencé a eyacular sin control y mis chorros de leche caliente cayeron encima del cuerpo de mi hermano hasta golpear su cara y algunas gotas se regaron por el suelo. Me quedé un poco espantado cuando me di cuenta lo que había sucedido y miré a mi hermano a los ojos, dejándome llevar por el momento comencé a lamer mi propio semen del cuerpo de mi hermano. Se notaba que él también estaba a punto de estallar porque no podía evitar gemir de vez en cuando y su cuerpo también temblaba de la excitación. Cuando terminé de comerme mi propia leche mi verga ya estaba totalmente dura de nuevo.
Mi hermano me jaló hacia su cama y comenzamos a hacer un 69, yo cerraba los ojos y me deleitaba de la sensación. Estaba totalmente entregado al placer, nos compenetrábamos tan bien que casi podía jurar que era como estar mamando mi propia verga, ambos hacíamos movimientos casi idénticos porque ya sabíamos lo que más nos excitaba. De pronto comencé a sentir de nuevo que iba a eyacular con tremendo orgasmo y sólo alcancé a murmurar: "me voy a venir".
Mi hermano jaló fuertemente mi cuerpo contra el suyo y la mamada se fue haciendo más eufórica entre los dos, teníamos nuestras vergas hasta el fondo chupando con fuerza. De pronto siento una gota salada de semen saliendo del pito de mi hermano directamente hacia mi garganta e inmediatamente estallé yo también dentro de su boca. Se me hizo eterna esa sensación de estarme viniendo con tremendo orgasmo al mismo tiempo que me tragaba la leche recién bombeada del sexo de mi hermano.
Terminamos exhaustos y descansamos un rato, tardamos unos minutos así antes de apagar la luz y regresar a dormir a mi cama. Esa noche dormimos tranquilos y totalmente satisfechos.