Getaway
30-08 2007, 07:54 PM
Hace unos meses me inscribí en un gimnasio, comencé a ir regularmente después del trabajo y fui haciendo conocidos con las demás personas que iban a la misma hora. Yo trataba de concentrarme en mi ejercicio porque nunca pensé que ahí pudiera ligar, sin embargo, era inevitable admirar a algunos de mis compañeros.
Por ejemplo, un par de señores de unos 40 años con cuerpos muy grandes. Ambos eran guapos y altos, con unos brazos como troncos, sus pechos fuertes y redondeados, su espalda enorme y una cintura pequeña, abdomen marcado, nalgas fuertes y piernas muy musculosas. Se notaba que gustaban de mostrar sus cuerpos a los demás porque vestían con ropa pequeña y ajustada que dejaba muy poco a la imaginación. Utilizaban playeras sin mangas, shorts pequeños o ajustados, tanto que a veces se podía ver incluso que uno de ellos tenía circuncisión y el otro no. Siempre hacían ejercicio en pareja y se ayudaban a cargar los aparatos, a veces también se tocaban o abrazaban para cargar el peso de una forma que me parecía súper erótica y me invitaba a mirarlos con morbo. Siempre imaginé que eran amantes, aunque ambos eran casados. La forma en que se miraban y tocaban delataba que se gustaban mucho y que les costaba trabajo mantener la manos fuera el uno del otro.
La semana pasada estaba yo admirando a este par cuando apareció un joven que no había visto antes. Tenía unos 23 años y se notaba que ya hacía ejercicio, no sólo por su cuerpo atlético, sino porque comenzó a utilizar los aparatos con naturalidad y sin ayuda del instructor. No pude evitar notarlo por su hermosa cara, muy varonil de facciones fuertes y con unos ojos preciosos de niño que hacen difícil adivinar su edad, su piel blanca y su estatura de aproximadamente 1.75 metros.
Yo lo veía disimuladamente mientras hacía mis ejercicios, era todo un espectáculo verlo flexionando sus músculos y levantando las pesas. Su cuerpo era delgado y atlético, con los hombros fuertes, su espalda era ancha y se iba haciendo estrecha hacia su pequeña cintura, su abdomen marcado, luego sus nalgas redondas, duras y paraditas, terminando en sus piernas marcadas y largas. El complemento perfecto era su hermoso rostro haciendo muecas de esfuerzo; casi podía imaginármelo haciendo las mismas caras mientras hacía el amor.
Terminó de hacer su ejercicio antes que yo, tomó sus cosas y salió caminando empapado en sudor y con la ropa pegada al cuerpo por la humedad. Así fue toda la semana que aproveché para contemplarlo con diferentes cambios de ropa. Había momentos en que yo también lo notaba viéndome disimuladamente e incluso intercambiábamos miradas; eso me excitaba un poco y me levantaba el ánimo.
Llegó el fin de semana y aproveché para ir por la mañana al gimnasio, el sábado era el único día que el lugar estaba casi vacío y algunas veces solamente iba yo a esa hora. Terminé de hacer mi ejercicio y me metí a bañar. De pronto escuché que alguien entraba al baño y me asomé por una abertura en la cortina, para mi sorpresa era este joven que se estaba desvistiendo. Imediatamente no pude evitar quedarme observando la escena desde la regadera.
Pensé que sólo se cambiaría de ropa, pero no. Se quitó toda la ropa y pude observar su bien construido cuerpo, todo un espectáculo. Yo me hubiera conformado con eso pero aún había más. Sacó una maquina de rasurar y comenzó a afeitarse la barba en el lavabo frente al espejo. Noté que él había comenzado a tener una erección y su pene se veía bastante grande para estar a media fuerza, colgaba con una gran cabeza rosa sin circuncisión y su grueso era considerable.
Inmediatamente comencé a tener una erección yo también. Luego el comenzó a voltear como para estar seguro de que nadie lo estaba viendo y yo me escondí detrás de la cortina para que no me notara espiándolo. Cuando pensó que estaba seguro comenzó a quitarse los vellos de las axilas, luego del abdomen y siguió hasta quitarse totalmente el vello púbico, siguió con sus piernas y después de un rato se flexionó para quitarse también los pelos del culo. Para mí era demasiado lo que estaba observando, mi verga estaba a estallar y lubricaba como nunca por la excitación.
Sin pensarlo tomé el jabón y lo utilicé para comenzar a masturbarme. Volvía a asomarme por la cortina y lo miré que seguía en frente del espejo buscando si había quedado algún rastro de vello sobre su cuerpo para eliminarlo con la maquinita. Guardó su rasuradora y comenzó a masturbarse en frente del espejo. Su verga creció de una forma descomunal, podía tomársela con las dos manos y todavía le sobraba un poco, su cabeza sobresalía redonda y aplanada, y el grueso de su verga también era increíble.
Sin saber por qué, como por reflejo, utilicé un poco de jabón para meterme un dedo por el culo al mismo tiempo que me masturbaba con la otra mano. Yo estaba en la gloria imaginando que no eran mis manos, sino que era el joven al que estaba observando. No tardé mucho en sentir los espasmos del orgasmo y salieron grandes chorros blancos de semen que salpicaron por sobre mi pecho y abdomen hasta una pared de la regadera, incluso no pude evitar gemir un poco. Tenía mucho tiempo que no sacaba tanta leche y sobre todo que lo disfrutaba tanto.
Me limpié con un poco de jabón y agua y cuando volvía a asomarme el joven ya no estaba, así que me sequé y vestí normal. Salí caminando del baño hacia el gimnasio y vi que el joven estaba a penas comenzando su ejercicio. Me miró fijamente a los ojos y sonrió complacido, ahí supe que él lo había hecho todo a propósito y que también disfrutó dándome su espectáculo.
Espero a ver qué pasará el lunes cuando nos volvamos a encontrar en el gimnasio...
Por ejemplo, un par de señores de unos 40 años con cuerpos muy grandes. Ambos eran guapos y altos, con unos brazos como troncos, sus pechos fuertes y redondeados, su espalda enorme y una cintura pequeña, abdomen marcado, nalgas fuertes y piernas muy musculosas. Se notaba que gustaban de mostrar sus cuerpos a los demás porque vestían con ropa pequeña y ajustada que dejaba muy poco a la imaginación. Utilizaban playeras sin mangas, shorts pequeños o ajustados, tanto que a veces se podía ver incluso que uno de ellos tenía circuncisión y el otro no. Siempre hacían ejercicio en pareja y se ayudaban a cargar los aparatos, a veces también se tocaban o abrazaban para cargar el peso de una forma que me parecía súper erótica y me invitaba a mirarlos con morbo. Siempre imaginé que eran amantes, aunque ambos eran casados. La forma en que se miraban y tocaban delataba que se gustaban mucho y que les costaba trabajo mantener la manos fuera el uno del otro.
La semana pasada estaba yo admirando a este par cuando apareció un joven que no había visto antes. Tenía unos 23 años y se notaba que ya hacía ejercicio, no sólo por su cuerpo atlético, sino porque comenzó a utilizar los aparatos con naturalidad y sin ayuda del instructor. No pude evitar notarlo por su hermosa cara, muy varonil de facciones fuertes y con unos ojos preciosos de niño que hacen difícil adivinar su edad, su piel blanca y su estatura de aproximadamente 1.75 metros.
Yo lo veía disimuladamente mientras hacía mis ejercicios, era todo un espectáculo verlo flexionando sus músculos y levantando las pesas. Su cuerpo era delgado y atlético, con los hombros fuertes, su espalda era ancha y se iba haciendo estrecha hacia su pequeña cintura, su abdomen marcado, luego sus nalgas redondas, duras y paraditas, terminando en sus piernas marcadas y largas. El complemento perfecto era su hermoso rostro haciendo muecas de esfuerzo; casi podía imaginármelo haciendo las mismas caras mientras hacía el amor.
Terminó de hacer su ejercicio antes que yo, tomó sus cosas y salió caminando empapado en sudor y con la ropa pegada al cuerpo por la humedad. Así fue toda la semana que aproveché para contemplarlo con diferentes cambios de ropa. Había momentos en que yo también lo notaba viéndome disimuladamente e incluso intercambiábamos miradas; eso me excitaba un poco y me levantaba el ánimo.
Llegó el fin de semana y aproveché para ir por la mañana al gimnasio, el sábado era el único día que el lugar estaba casi vacío y algunas veces solamente iba yo a esa hora. Terminé de hacer mi ejercicio y me metí a bañar. De pronto escuché que alguien entraba al baño y me asomé por una abertura en la cortina, para mi sorpresa era este joven que se estaba desvistiendo. Imediatamente no pude evitar quedarme observando la escena desde la regadera.
Pensé que sólo se cambiaría de ropa, pero no. Se quitó toda la ropa y pude observar su bien construido cuerpo, todo un espectáculo. Yo me hubiera conformado con eso pero aún había más. Sacó una maquina de rasurar y comenzó a afeitarse la barba en el lavabo frente al espejo. Noté que él había comenzado a tener una erección y su pene se veía bastante grande para estar a media fuerza, colgaba con una gran cabeza rosa sin circuncisión y su grueso era considerable.
Inmediatamente comencé a tener una erección yo también. Luego el comenzó a voltear como para estar seguro de que nadie lo estaba viendo y yo me escondí detrás de la cortina para que no me notara espiándolo. Cuando pensó que estaba seguro comenzó a quitarse los vellos de las axilas, luego del abdomen y siguió hasta quitarse totalmente el vello púbico, siguió con sus piernas y después de un rato se flexionó para quitarse también los pelos del culo. Para mí era demasiado lo que estaba observando, mi verga estaba a estallar y lubricaba como nunca por la excitación.
Sin pensarlo tomé el jabón y lo utilicé para comenzar a masturbarme. Volvía a asomarme por la cortina y lo miré que seguía en frente del espejo buscando si había quedado algún rastro de vello sobre su cuerpo para eliminarlo con la maquinita. Guardó su rasuradora y comenzó a masturbarse en frente del espejo. Su verga creció de una forma descomunal, podía tomársela con las dos manos y todavía le sobraba un poco, su cabeza sobresalía redonda y aplanada, y el grueso de su verga también era increíble.
Sin saber por qué, como por reflejo, utilicé un poco de jabón para meterme un dedo por el culo al mismo tiempo que me masturbaba con la otra mano. Yo estaba en la gloria imaginando que no eran mis manos, sino que era el joven al que estaba observando. No tardé mucho en sentir los espasmos del orgasmo y salieron grandes chorros blancos de semen que salpicaron por sobre mi pecho y abdomen hasta una pared de la regadera, incluso no pude evitar gemir un poco. Tenía mucho tiempo que no sacaba tanta leche y sobre todo que lo disfrutaba tanto.
Me limpié con un poco de jabón y agua y cuando volvía a asomarme el joven ya no estaba, así que me sequé y vestí normal. Salí caminando del baño hacia el gimnasio y vi que el joven estaba a penas comenzando su ejercicio. Me miró fijamente a los ojos y sonrió complacido, ahí supe que él lo había hecho todo a propósito y que también disfrutó dándome su espectáculo.
Espero a ver qué pasará el lunes cuando nos volvamos a encontrar en el gimnasio...