migatita
13-07 2007, 02:39 PM
Aquí les dejo la tercera parte, espero la disfruten y de nuevo les agradezco sus bellos comentarios a los anteriores, ¡besitos!
Entré a la oficina más calmada, ahí estaba Rebeca aún limpiándose las lágrimas de los ojos. Cuando me vio, se levantó de la silla y me preguntó qué había sucedido: “nada linda, sólo me llamo la atención”, respondí colocando mi mano sobre su hombro para tranquilizarla, “no te preocupes, tu trabajo no peligra, únicamente me preguntó por qué no había sido sincera con mi orientación sexual y me reprendió por demostrarlo en horas de oficina”, continué diciendo y tratando de calmarla. Rebe era un mar de nervios y el día transcurrió sin novedad. Cristina no volvió a por la oficina y esto hizo que Rebe estuviera más relajada.
Al final del día, Rebe y yo salimos de la oficina y ella aún estaba muy nerviosa, “¿quieres pasar a mi casa a tomar algo para tus nervios?”, le pregunté; “no sé si deba”, respondió Rebeca, “anda… vamos a casa, esta cerca de aquí, así no llegas a tu casa con esa cara pálida que cargas”, le dije y ella asintió con la cabeza. Pedimos un taxi y enfilamos a mi casa; vivo sola en un pequeño departamento, así que no había problemas si llevaba a Rebeca allá. Llegamos, la encaminé a la entrada y cerré la puerta. “Siéntate donde encuentres un sitio”, le dije riendo; mi depa parecía haber sido victima de un huracán, no había tenido tiempo de arreglarlo.
“Qué lindo departamento tienes”, me dijo Rebeca sonriendo, talvez por el reguero que había; “qué lindo verte sonreír de nuevo”, le dije mientras me acercaba a ella, lo hice despacio, no quería que se asustara, estaba aún muy reciente el altercado. “¿Qué te dijo Cristina?”, me pregunto Rebeca, “mmmm, nada, solamente la convencí de que lo que hacíamos no era nada malo”, le respondí acariciando su bello rostro. Me acerqué y la besé, Rebeca sólo cerro los ojos dejando que mis labios y mi lengua acariciaran los suyos. Estuvimos así bastante tiempo, lentamente la fui llevando a mi cama, la acosté en ella, le arranque sus zapatos, falda y tanga de una manera impulsiva, la acosté de lado sobre la cama, tenia su conchita y su ano para mí, quería deleitarme en ellos, ella se recostó y cerró sus ojos mientras que mi boca recorría su sexo.
Mis labios apretaban sus labios vaginales, lamía su clítoris, mis lenguetazos llegaban hasta su ano, en el cual hacia círculos con mi lengua, y luego regresaba a su conchita mojada. Qué delicia tenerla así para mí, mi primera vez con esta hermosa mujer… Chupé dos dedos de mi mano y los introduje muy despacio en su vagina, Rebeca daba pequeños grititos de placer, con su mano acariciaba su nalga, mi cabello… no podía articular palabra. Mientras que con mis dedos la cogia, mi boca chupaba su clítoris, lo lamía; saqué los dedos y comencé a lamer su culito, cada lamida era más fuerte, y había más saliva, echaba tanta como podía y la recogía de nuevo con mi lengua.
Con mi dedo medio le hacia círculos en la superficie de su ano, Rebeca disfrutaba cada momento mágico, olvidando por completo el altercado de la tarde. Lentamente hice círculos en su ensalivado ano, e introduje un dedo suavemente, Rebeca exhaló un suspiro muy sonoro, prueba de que estaba disfrutando al máximo la sesión. Mi lengua comenzó a hacer figuras en su sexo mientras mi dedo entraba y salía de su ahora dilatado ano, qué delicia sentía tener a esta mujer hermosa a mi entera disposición… El tiempo se detuvo mientras mi dedo hacía delicias en el ano de Rebeca, podía sentir sus contracciones mientras entraba y salía, mi concentración mayor ahora fue hacia clítoris abultado, el cual chupaba como si fuera una golosina. Su vagina emanaba gran cantidad de jugos que se mezclaban con mi saliva, los que yo disfrutaba, los recogía con mi lengua y los depositaba en su clítoris, para seguir chupando.
El único sonido que se oía en la habitación, era la entrecortada y fuerte respiración de Rebeca, sus movimientos me indicaban que el orgasmo era inminente, no podía respirar más que su aroma de mujer excitada, no deseaba parar, quería que su primer orgasmo con otra chica fuese inolvidable. Un grito rompió el silencio de la habitación, Rebeca, en un sonoro orgasmo, inundó mi cara de sus deliciosos jugos, los que deje correr por su entrepierna y lamí para limpiar. Con mi dedo aún en su ano, haciendo suaves movimientos, me incorporé hasta encontrar su rostro que tenia la mirada perdida. La besé frenéticamente, le di a beber sus propios jugos, pasé mi lengua por su rostro, su cuello, sus pechos… la quería comer, saborear. Ella me jaló del cabello para darme esta vez un beso inolvidable, su lengua entró de golpe en mi boca y jugó con la mía por increíbles minutos de pasión.
Rebeca estaba deseosa de más, podía verse en su mirada, en esos ojos que tenían una chispa de lujuria. Rebeca estaba en otro mundo, en el mundo del sexo, en el mundo de la pasión prohibida. Me dio vuelta en la cama, me puso en posición de perrito y lentamente bajó mi ropa interior dejando mi culo al aire; con sus manos abría mis nalgas para exponer ante ella mi sexo, mi culo… Me recosté en la almohada dejando mi cola al aire, y sentí una lengua tibia recorrer mi sexo. Su primera vez… torpemente lengüeteaba mi clítoris, sus manos masajeaban mis nalgas, su lengua subió por mi sexo hasta encontrar mi ano donde hundió su lengua caliente, yo mordí la almohada para apagar un grito al sentir su boca y su lengua recorrer mi sexo. Lamía de arriba hacia abajo y de regreso, saboreaba cada parte de mi sexo, volvía a lamer, sus manos no paraban de masajearme, su boca y su lengua no parecían cansarse; el castigo que sufría era el más delicioso.
Durante varios minutos enterró su cara en mi vagina y en mi ano, hasta que me fue imposible contener mi orgasmo, mis movimientos pélvicos lo anunciaban, sólo levanté la cabeza para gemir fuerte mientras mis jugos resbalaban por mis piernas y Rebeca, aún en mi ano, fue bajando para recogerlos de mis piernas y lamer mi espalda hasta llegar a mi cuello, el cual besó ardientemente hasta dejar una marca, la que no olvidare por mucho tiempo.
Estuvimos un momento recostadas, sin hablar, hasta que llegó el momento de su partida, mi cabeza aún daba vueltas… dos mujeres distintas el mismo día, “tengo que tenerlas juntas en mi cama”, pensó mi cabeza perversa, pero esa es otra historia…
Entré a la oficina más calmada, ahí estaba Rebeca aún limpiándose las lágrimas de los ojos. Cuando me vio, se levantó de la silla y me preguntó qué había sucedido: “nada linda, sólo me llamo la atención”, respondí colocando mi mano sobre su hombro para tranquilizarla, “no te preocupes, tu trabajo no peligra, únicamente me preguntó por qué no había sido sincera con mi orientación sexual y me reprendió por demostrarlo en horas de oficina”, continué diciendo y tratando de calmarla. Rebe era un mar de nervios y el día transcurrió sin novedad. Cristina no volvió a por la oficina y esto hizo que Rebe estuviera más relajada.
Al final del día, Rebe y yo salimos de la oficina y ella aún estaba muy nerviosa, “¿quieres pasar a mi casa a tomar algo para tus nervios?”, le pregunté; “no sé si deba”, respondió Rebeca, “anda… vamos a casa, esta cerca de aquí, así no llegas a tu casa con esa cara pálida que cargas”, le dije y ella asintió con la cabeza. Pedimos un taxi y enfilamos a mi casa; vivo sola en un pequeño departamento, así que no había problemas si llevaba a Rebeca allá. Llegamos, la encaminé a la entrada y cerré la puerta. “Siéntate donde encuentres un sitio”, le dije riendo; mi depa parecía haber sido victima de un huracán, no había tenido tiempo de arreglarlo.
“Qué lindo departamento tienes”, me dijo Rebeca sonriendo, talvez por el reguero que había; “qué lindo verte sonreír de nuevo”, le dije mientras me acercaba a ella, lo hice despacio, no quería que se asustara, estaba aún muy reciente el altercado. “¿Qué te dijo Cristina?”, me pregunto Rebeca, “mmmm, nada, solamente la convencí de que lo que hacíamos no era nada malo”, le respondí acariciando su bello rostro. Me acerqué y la besé, Rebeca sólo cerro los ojos dejando que mis labios y mi lengua acariciaran los suyos. Estuvimos así bastante tiempo, lentamente la fui llevando a mi cama, la acosté en ella, le arranque sus zapatos, falda y tanga de una manera impulsiva, la acosté de lado sobre la cama, tenia su conchita y su ano para mí, quería deleitarme en ellos, ella se recostó y cerró sus ojos mientras que mi boca recorría su sexo.
Mis labios apretaban sus labios vaginales, lamía su clítoris, mis lenguetazos llegaban hasta su ano, en el cual hacia círculos con mi lengua, y luego regresaba a su conchita mojada. Qué delicia tenerla así para mí, mi primera vez con esta hermosa mujer… Chupé dos dedos de mi mano y los introduje muy despacio en su vagina, Rebeca daba pequeños grititos de placer, con su mano acariciaba su nalga, mi cabello… no podía articular palabra. Mientras que con mis dedos la cogia, mi boca chupaba su clítoris, lo lamía; saqué los dedos y comencé a lamer su culito, cada lamida era más fuerte, y había más saliva, echaba tanta como podía y la recogía de nuevo con mi lengua.
Con mi dedo medio le hacia círculos en la superficie de su ano, Rebeca disfrutaba cada momento mágico, olvidando por completo el altercado de la tarde. Lentamente hice círculos en su ensalivado ano, e introduje un dedo suavemente, Rebeca exhaló un suspiro muy sonoro, prueba de que estaba disfrutando al máximo la sesión. Mi lengua comenzó a hacer figuras en su sexo mientras mi dedo entraba y salía de su ahora dilatado ano, qué delicia sentía tener a esta mujer hermosa a mi entera disposición… El tiempo se detuvo mientras mi dedo hacía delicias en el ano de Rebeca, podía sentir sus contracciones mientras entraba y salía, mi concentración mayor ahora fue hacia clítoris abultado, el cual chupaba como si fuera una golosina. Su vagina emanaba gran cantidad de jugos que se mezclaban con mi saliva, los que yo disfrutaba, los recogía con mi lengua y los depositaba en su clítoris, para seguir chupando.
El único sonido que se oía en la habitación, era la entrecortada y fuerte respiración de Rebeca, sus movimientos me indicaban que el orgasmo era inminente, no podía respirar más que su aroma de mujer excitada, no deseaba parar, quería que su primer orgasmo con otra chica fuese inolvidable. Un grito rompió el silencio de la habitación, Rebeca, en un sonoro orgasmo, inundó mi cara de sus deliciosos jugos, los que deje correr por su entrepierna y lamí para limpiar. Con mi dedo aún en su ano, haciendo suaves movimientos, me incorporé hasta encontrar su rostro que tenia la mirada perdida. La besé frenéticamente, le di a beber sus propios jugos, pasé mi lengua por su rostro, su cuello, sus pechos… la quería comer, saborear. Ella me jaló del cabello para darme esta vez un beso inolvidable, su lengua entró de golpe en mi boca y jugó con la mía por increíbles minutos de pasión.
Rebeca estaba deseosa de más, podía verse en su mirada, en esos ojos que tenían una chispa de lujuria. Rebeca estaba en otro mundo, en el mundo del sexo, en el mundo de la pasión prohibida. Me dio vuelta en la cama, me puso en posición de perrito y lentamente bajó mi ropa interior dejando mi culo al aire; con sus manos abría mis nalgas para exponer ante ella mi sexo, mi culo… Me recosté en la almohada dejando mi cola al aire, y sentí una lengua tibia recorrer mi sexo. Su primera vez… torpemente lengüeteaba mi clítoris, sus manos masajeaban mis nalgas, su lengua subió por mi sexo hasta encontrar mi ano donde hundió su lengua caliente, yo mordí la almohada para apagar un grito al sentir su boca y su lengua recorrer mi sexo. Lamía de arriba hacia abajo y de regreso, saboreaba cada parte de mi sexo, volvía a lamer, sus manos no paraban de masajearme, su boca y su lengua no parecían cansarse; el castigo que sufría era el más delicioso.
Durante varios minutos enterró su cara en mi vagina y en mi ano, hasta que me fue imposible contener mi orgasmo, mis movimientos pélvicos lo anunciaban, sólo levanté la cabeza para gemir fuerte mientras mis jugos resbalaban por mis piernas y Rebeca, aún en mi ano, fue bajando para recogerlos de mis piernas y lamer mi espalda hasta llegar a mi cuello, el cual besó ardientemente hasta dejar una marca, la que no olvidare por mucho tiempo.
Estuvimos un momento recostadas, sin hablar, hasta que llegó el momento de su partida, mi cabeza aún daba vueltas… dos mujeres distintas el mismo día, “tengo que tenerlas juntas en mi cama”, pensó mi cabeza perversa, pero esa es otra historia…