sexygordita
10-07 2007, 10:42 AM
Alejandro:
Hoy, cuando recibas esta carta, estaré muy lejos, tanto que no encontraras forma de hallarme. Lo que sucedió, no puede volver a repetirse, no debió pasar siquiera por nuestras mentes, pero la vida es así, nos juega cada momento, que no queda más que vivirlo, no podía decírtelo a la cara, porque implicaría callar ciertas cosas y dejarme llevar por otras. Esto que nos une es tan fuerte… que terminaría destruyendo nuestras vidas, lo que se quedó colgado en el momento ya no puede ser. Cuántas veces, creyéndome dormida, besaste mis labios diciéndome al oído que darías hasta lo que no tuvieras por hacerme tuya. Pensabas que dormía, pero no. Cómo dormir, percibiendo tu respiración, sintiendo tus caricias por mi cuerpo… Cuántas veces me tuve que contener para no besarte desesperadamente, para no tocarte y que mi hicieras tuya de la forma que sea, sin embargo, no quedaba más que fingir. No darnos cuenta que todo este fuego que llevaba dentro, lo aplacaba con otro pensando en ti. Qué más daba, total, sólo yo lo sabía, te amaba en silencio. Nuestros padres jamás sospecharon nada. Aún recuerdo la primera vez que me senté en tus rodillas, palideciste, me cogiste de la cintura y yo ingenua enseñándote una herida que me hice en la rodilla, fue cuando con mucha dulzura, besaste mi herida de una “forma” que demostraste no ser el hermano sino el hombre frente una mujer, la duda quedó clavada...
Ahora pues, me tocaba a mí seguir con este juego callado. Empecé a vestirme con menos ropa, usaba ropa muy sexy ¿recuerdas?, eso te molestaba mucho. Un día me encontraste en la azotea haciendo topless, fue cuando te pedí echarme bloqueador en la espalda, voltee dejándote ver mi trasero apenas cubierto por un hilo dental; estabas muy nervioso pero no te rehusaste, tampoco perdiste el tiempo; tus masajes, más que eso, eran caricias que me excitaban. Me abría de piernas y te pedí que quitaras mi hilo para que no dejara huella del mismo, “¡estas loca!”, me decías al mismo tiempo que obedecías acariciando mis nalgas, sentía tus dedos hundirse en mi raja que desesperaba por tener algo dentro. “Date vuelta”, me dijiste y obediente no puede más que dejarme llevar; ahora tus caricias eran para mis pezones, no sólo untabas el bloqueador sino que antes pasabas tu lengua sobre ellos haciendo que se erectaran. ¡Ufffff! mi piel solamente quería recibir, no importaba cuanto, pero recibir tus caricias, tus besos, tu lengua por todo mi cuerpo.
Soy una mujer muy ardiente y eso lo sabias de sobra, siempre fuiste mi confidente, primero por complicidad, después por puro morbo y ganas, así que de cierta forma sabias lo que andaba buscando. Te pedí que te quitaras la camisa, el día estaba muy lindo, con un sol maravilloso. “No hay nadie casa vamos a tomar sol desnudos” te dije, y en un momento ya estabas listo, no era la primera vez que te veía desnudo, puesto que siempre hasta cierta edad, nos bañaban juntos, pero de allí hasta ese día, habías cambiado mucho… jajaja, fue cuando cogí el bloqueador y te dije para echártelo en el cuerpo. Tenías, mejor dicho, tienes un cuerpo maravilloso, así que propuse juntar nuestros cuerpos, para que la crema se esparciera mejor, a manera de abrazarnos.
Qué delicia era sentir tus manos sobre mi cuerpo abrazándome con fuerza, mientras más fuerte nos cogíamos, como que la crema resbalaba y nos excitaba; allí parados, te di la espalda recostando mi culo sobre tu miembro que se encontraba listo para el ataque, y así, de esa forma, me acariciabas los muslos entremetiendo tus manos un poco hacia mi pubis; me encontraba muy excitada. Tú no decías ni media palabra, pero por la fuerza que ejercías sobre mi cuerpo y por tu respiración, me hubieras hecho tuya. Sintiéndome dueña de ti, te provocaba de todas las formas: pasando mi lengua por tu falo a punto de explotar, metiéndomelo en la boca primero suave, luego más fuerte, lamiendo tu glande, succionando cada bola provocándote un éxtasis que acariciando tu perineo termina tensándote… ¡Ay hermanito! si supieras como estaba yo, mojada de tantas ganas de ser poseída, de que me tomaras o me hincaras perdiendo el control y haciéndome tuya, mi vagina no solo estaba mojada, quería acción.
Mientras metías tu verga en mi boca, yo hacia con mis dedos lo mismo, te pedía que me tomaras, pero no lo hiciste… ¿por qué? En ese momento no me importaba nada, solo quería tu verga, tu cuerpo. Dejé de chupártela y me levantaste en brazos, mis tetas eran tuyas, te hiciste un festín con ellas, ahogándote, me las dejaste marcadas. Me acomodaste en la colchoneta, me abriste las piernas y tu boca se apoderó de mi interior, qué bien lo hacías… me costaba creer que tú eras parte de mí. Tu lengua encontró fácilmente mi clítoris, experta en el asunto, buscaba que me llevaras al éxtasis, que me hicieras venir, tenía muchas ganas de ti, juntaba mis piernas presionando despacio tu cabeza, sentía placer, mucho placer, entonces paraste y dijiste: “¡ESTO NO PUEDE SER! Somos hermanos. ¿Qué estamos haciendo?” Me dejaste así, en medio de todo y nada a la vez. ¿Cuántos años teníamos en ese entonces?, yo apenas si contaba con 18 y tú 20. Sin embargo, no tenías mucha experiencia en el asunto y el miedo, junto al respeto, hicieron que ese gran momento desapareciera.
No tienes idea de cómo te odié, juré vengarme porque ningún hombre me había despreciado como tú, porque si bien somos hermanos de nombre, nunca lo fuimos de sangre, solo que tu conciencia reprochaba tu conducta hacia mí. Mi padre te trajo cuando era muy pequeña, no recuerdo a qué edad, eras lo que él siempre soñó, el hijo que tanto anhelaba, haciéndome a un lado con tu llegada, te odié por eso, porque desde ese momento, tú fuiste primero para todo; te mimaron tanto mi querido Traski… Renegué de ti, de tus padres, ellos tenían la culpa por morirse en aquel accidente y a tu querido padrino se le partió el alma verte solo y decidió cuidarte y criarte como a un hijo. Yo al principio no podía ni verte, sin embargo, poco a poco simpatizamos y nos hicimos inseparables; siempre pendiente de mi, no dejabas que nadie me molestara y siempre limpiabas mis ojos de lágrimas; ¡te adoraba!, no podía vivir sin ti. Fuimos creciendo y pues, mis amigas siempre te echaban el ojo, me decían lo guapo que eras. Yo ni cuenta, sólo te veía como mi hermano celoso, nada más. Siempre que te contaba de mis amoríos te molestabas, pero siempre escuchabas y aconsejabas, hasta que pasó lo de la herida en mi pierna y todo cambió entre nosotros. ¿Pero hasta qué punto cambió?, hasta el punto de huir de mi... irte del país, según tú para trabajar y ayudar a la familia... ¿Cuándo necesitamos de dinero?
Demás está decir que la carta no la terminé, puesto que decidiste por los dos... Nunca nos faltó nada, sólo fue tu excusa para alejarte de mí, sin importarte el dolor que causabas a nuestros padres, sobre todo a papá; después de tu partida quedó inconsolable, nuestra madre dijo que era mejor así. Ella se había dado perfecta cuenta de lo que sucedía y me lo dijo. Yo no sabía qué decir, sólo le dije que no me iba a quedar a llorarte y que también me iría. Ver tu espacio vació en casa me mataba y decidí irme a Miami, en fin, allá todo es hermoso, no hay pena que no se supere, así que en menos de lo que me acostumbraba a tu ausencia, me fui. No eras el único que huía de si mismo, ya éramos dos. Siempre tenia comunicación con mi madre por teléfono, dos veces al mes y decía que tú la llamabas semanalmente, que como siempre, eras quién estaba pendiente de todo aún desde tan lejos... España, tan lejos... ¿tantas millas tuviste que poner de por medio? Pero en fin, así es la vida...
Por mi parte, encontré un buen trabajo que abarcaba todo mi tiempo, me dediqué a viajar por todo Estados Unidos representando a la empresa, en poco tiempo alcancé un equilibrio económico, que me permitía vivir muy bien; la empresa pasó a tener negociaciones con medio Europa, parte de Asia, y quien se encargaba de los negocios en el exterior, era yo. Para esto ya habían pasado cinco años y siempre me daban tus señas, sabía de memoria donde vivías, te mudaste a Barcelona hace dos años, sabía tu dirección, tu teléfono, tu correo electrónico… todo, absolutamente todo, hasta que tuviste amoríos y finalmente, para mi pena y sufrimiento, que te casaste y que tienes un hijo hermoso.
Al igual que yo, tú también sabías todo de mí y nunca me llamaste, no volví a escuchar tu voz, eras un recuerdo triste en mi vida, lo que no se dio, sin embargo aparentaba ser feliz. Nunca faltaba a las fiestas, puesto que los negocios requerían de ellas; justamente en una conocí a un hombre maravilloso, que poco a poco logró sacarte de mi corazón y él se instaló allí para nunca más salir. Con él no hubo sexo, ni siquiera duró mucho el estar juntos. Sus viajes de negocios eran constantes y la sede de sus negocios era España, venia frecuentemente a Miami pero... la vida me lo arrancó de la forma más cruel, dejándome sola, más sola que nunca, pero con los recuerdos más bellos, y pude aprender que no se necesita de sexo para amar. No pude llorarlo en su tumba... pero su amor, pensar en él, me hizo más fuerte y todo lo que vino después, pude superarlo fácilmente.
Luego vino lo de la muerte de nuestro padre. Lamentablemente, no pude estar en su entierro, pero en cuanto pude, viajé a Lima a consolar a nuestra madre, pero no pude quedarme mucho tiempo, los negocios no esperan y pues, tenía que estar al frente de todo y prepararme para un largo viaje, la empresa me enviaba a Tokio, dentro de dos semanas tenía que estar allá. Días antes de partir, llamaron a casa, al contestar enmudeciste, apenas si salió un “¿Tú?”, enseguida le pasé el auricular a mi madre, escuchar tu voz me quebró, algo dentro de mí cambió, me sentía insegura, nerviosa, y hasta me puse de mal humor. Antes de mi partida, prometí a nuestra madre llevarla conmigo en un lapso muy corto de tiempo, todo era cuestión de adaptarme al nuevo cambio, pero ella dijo que no, que no huiría como nosotros lo hicimos, que se quedaría en su casa a afrontar la vida sin el hombre que tantos años estuvo a su lado, que la pena era grande, muy grande, pero el amor y los buenos recuerdos, la ayudarían a salir adelante... Qué gran lección me dio.
Sólo me dijo que lamentaba mucho todo lo que me había tocado vivir, que a pesar de verme feliz, sabía perfectamente que no lo era. Siempre, siempre tiene la razón, siempre da en el punto para hacerme llorar, pero bueno, así es ella, qué le vamos a hacer. Decidí perderme por un buen tiempo, casi no la llamaba, fue duro acostumbrarme a este lugar. Tardé más de un año en aprender el idioma, sólo hablaba inglés, pero no me servia de mucho. Poco a poco encontré mi espacio, salía con uno que otro hombre, pero sólo por diversión, no volví a enamorarme.
Tú seguías en lo mismo, supongo. Para entonces, mi jefe llama diciendo que un alto ejecutivo de una de las empresas socias de él, llegaría y tendría que ir a recibirlo y servirle de guía puesto que no hablaba ni pizca de japonés, cuando supe su nombre... Jamás imaginé que se trataría de ti, me quedé sin palabras, le dije a Rubén sino podía ir la traductora a recibirte, y me dijo que no se vería bien, puesto que la idea era hacerte sentir como en casa, le dije que iría yo. “Ok... entonces llama a España a confirmarlo todo; no olvides dar tu nombre para que él sepa quién lo espera”
¡Caramba! otro lío, pensé, pero mandé a mi secretaria a que se encargará de todo y dijera que Sofía Márquez lo esperaría a la salida del aeropuerto. El día señalado había llegado. Tantos años sin verte, casi diez, no sabía si me reconocerías. Estuve en al aeropuerto desde muy temprano, casi desde el medio día y tu vuelo llegaba como a las 5:00pm; llevaba tu nombre escrito en una cartulina para que me ubicaras más fácil. Esperando en la puerta con la cartulina tapando casi todo mi rostro... escucho un “sorry”, mis piernas me temblaban, quería llorar de miedo, cuando en eso, retiras la cartulina y me miras, sorprendido. No podías creerlo, estábamos uno en frente del otro, todos los recuerdos se nos vinieron encima, finalmente nos abrazamos, nos besamos, me abrazabas fuerte, tan fuerte como la primera vez, después lloramos por la muerte de nuestro padre.
Nos dirigimos al Hilton Tokyo Hotel, en Shinjuku; el aeropuerto de Narita está muy retirado de la ciudad, así que en auto nos quedaba a varias horas y pues la ciudad misma es un caos, a pesar de ser muy ordenado todo, la cantidad de autos que circulan es impresionante. Tranquilamente pude haberle ofrecido mi casa pero tenia la certeza de que no aceptaría. Además, su esposa sabía los números del hotel en donde se hospedaría, no había vuelta que dar, nos alojaríamos en el hotel. Por fin llegamos, después de acomodarnos cada quien en su habitación, decidimos salir a cenar y conversar todo lo acontecido en nuestras vidas. Al igual que yo, había ascendido en su empresa rápidamente a tal punto que no se tomaba ninguna decisión sin su consentimiento, finalmente quedó al frente de las empresas que eran de uno de sus grandes amigos, debido a que había fallecido; en su vida personal todo andaba bien, fue un matrimonio arreglado para que pudiera regularizar su situación en España y poder obtener la residencia. No había amor, lo confesó, pero si mucho cariño, y producto de eso nació su hijo Franco, que es su vida y por esa razón seguía manteniendo su matrimonio con sus altas y bajas.
Yo le conté de mi vida, también del gran amor que pasó a ocupar su lugar... y cuál no seria nuestra sorpresa, ¡su amigo y mi gran amor eran la misma persona!, es que la vida siempre me jugaría mal; no podía creerlo, el solo saber que él lo conoció, que fue su amigo, que le confiaba todo... y que fue él quien estuvo hasta el último momento, no hizo más que hacerme llorar. A pesar del tiempo, esa pena la llevaba siempre sobre mi pecho. “¿Cómo es que se amaron tanto si apenas se veían?”, me preguntó. “Por el Chat, nos comunicábamos, nos decíamos todo, quizás por eso… -le dije- porque sólo conocí su lado bueno, porque sólo vi lo mejor de él, porque su lado malo nunca me lo mostró”
Reía, verlo reír me produjo un gran alivio. “Ni te lo imaginas -me dijo- era un jodido completo, con un gran corazón pero implacable con quien le fallaba. Tenia mucho poder, pero no era feliz... hasta que te conoció”; mi hermanito no paraba de hablar y su mirada cambió, me dio las gracias por haberle devuelto la sonrisa a su amigo; después me contó lo que finalmente sucedió y prometió que cuidaría de mí, tal como se lo había prometido a su amigo, solo que en ese entonces no sabia quién era la “famosa” novia... Prometimos no llorar porque lo mejor era recordarlo con alegría, siguiendo pa’ adelante con el mejor de los recuerdos... y así fue.
Pasaron varios días hasta que le fue cogiendo el ritmo a los horarios, lo llevé a conocer las empresas de las que ahora era socio; firmamos los contratos, uno que otro documento legal que faltaba y listo, finalmente nuestras empresas eran socias para tres megaproyectos en esta ciudad; no quedaba más que celebrar dicho acontecimiento. Sinceramente, no pensé que pasaría nada, ya había perdido las esperanzas no sé desde cuando; pero esa noche sería la mejor de mi vida. Empecé a vestirme, quedamos que pasaría a mi habitación como a las 7:00pm, era verano, hacia mucho calor así que decidí ponerme algo muy ligero, un enterizo rojo sin mangas con un escote muy pronunciado y que apenas si me podía agachar de lo cortito que era, no llevaba sujetador, lo que hacia que mis pezones se pegaran a la tela y de vez en cuando, las puntitas se dejaban ver muy sugerentes. La idea era seducirlo sin decírselo, que él se diera cuenta y siguiera el juego, de lo contrario, acá no pasa nada y punto, asunto olvidado.
Siempre puntual, llegó a la 7:00pm. Abrí la puerta y allí estaba él, por Dios qué hombre más completo... guapo como siempre, tan elegante, llevaba una camisa de seda negra y pantalón color beige, con el porte que tiene, se veía realmente guapo y muy deseable; me dijo que estaba hermosa y no quitaba la vista de mis senos, mirándome con lujuria me besó en la boca; fue entonces donde toda nuestra pasión escondida por años salió a flote, con dificultad logré quitarte la camisa mostrándome su velludo pecho, fuerte y macizo, no necesitamos decir palabra alguna, sólo nos dejamos llevar por nuestros deseos, más que por otra cosa. Mi lengua trabaja sobre tus tetillas excitadas, escarapelando tu cuerpo, mientras con mis manos intento quitarte el cinto del pantalón, las suyas hacen presión sobre mi rostro queriendo hundirlo en tu pecho... ¡Uuhhmmm!
Dejo caer mi vestido quedando solo en braga, mi gran trasero hace que esa prenda se vea más diminuta aún, y mis senos quedan al aire siendo devorados por tus ojos primero, luego por tu boca; tu traviesa lengua me hacía delirar de placer, entonces me acomodé sobre la gran cama que nos esperaba dispuesta a resistir nuestra lucha; entonces, terminaste de quitarte el pantalón junto con tu bóxer, dejándome ver tu verga erecta, frondosa, muy de mi agrado. Cuando me dejaste con las ganas puestas, juré que esa verga algún día estaría a mi disposición. Me la acercaste a la cara como queriendo que te la coma, pero justo cuando me dispongo a hacerlo, me la retiras pasándomela por el contorno de mi rostro varias veces, hasta que con mis manos logro detenerla y llevarme a la boca tu glande húmedo.
Me provoca muchas cosas, empiezo a lamértela despacio, introduciéndomela lo más que puedo hasta el fondo de mi boca, haciéndote presión con la misma, luego la suelto un poco, dándote chance a que me la metas repetidamente, con una mano logro acariciar tus testículos suavemente, la parte en donde empieza tu culo, como si te la frotara despacio, arrancándote un gemido, tensando tus piernas. Luego mi boca te recibe a medias, eso me da espacio para acariciar tu ingle hasta la altura de tu vientre, eso te excita más... tu piel lo demuestra, no dices nada, pero sentirte es suficiente; entonces me recuesto sobre la cama y te dejo abrir mis piernas, dando paso a que tu herramienta me penetre, pero tu comienzas a masturbarte mirándome, sonriendo maliciosamente, provocando que yo haga lo mismo, pasándome los dedos por sobre mi húmeda vagina, que no sólo aguarda impaciente ser invadida por tu fuerza, sino ser sometida de todas las formas. Quise decirte cuanta falta me hiciste, pero callé. Cuánto habías cambiado, ahora no sólo te me hacías más interesante, sino que sospecho dejarás mas que tu piel sobre la mía.
Perdida en esos pensamientos, siento tu lengua ladear sobre mi sexo, ¡uhhmm! tus dedos me abren delicadamente encontrándome mojada, siento tu boca queriendo devorarme… ¡uffff! te acomodas mejor sobre la superficie de la cama, abro un poco más las piernas y comienzas a hurgarme con tu lengua rápidamente, lo que hace que estire mis piernas juntándolas por la excitación que me provocas (esa sensación de querer orinarme). Tus manos cogen mis nalgas frotándomelas, tu cabeza perdida en mi cueva con tu lengua explorándome sin piedad, me hicieron perder el control gritando muy fuerte “¡uhmmm!”. Me vine en tu boca, sin darme tiempo, tus labios se apoderan de los míos haciéndome saborear mis jugos, oliendo a mi sexo. En ese momento no quería más que ser penetrada, y tú, calladamente, deseabas lo mismo. Tu dura verga se hundió en mi fácilmente, me haces gozar con tus movimientos, una maliciosa idea cruza por mi mente, por el solo gusto de hacerte pagar las ganas que dejaste colgada hace diez años, cuando tu miedo pudo más que el deseo, no terminé de pensarlo cuando me estremeciste con tus movimientos, volviéndome a la realidad.
-¡Así hermanito… sigue!
Quedaste inmóvil.
-¿Qué te pasa hermanito?, no me digas que otra vez saldrás corriendo.
Y tus movimientos fueron más fuertes.
-Así, eso es lo que quiero, que mi hermano me coja sin piedad ni remordimientos, que me haga su mujer.
-¡Cállate! -fue tu respuesta sin dejar de poseerme.
-¡Así hermanito, sigue… me estas matando, pero eso es lo quiero!
Me coges del cabello mirándome a los ojos.
-¡Cállate puta! ¡Cállate!
-Si, si hermanito ¡soy una puta! No tienes idea de cuántos hombres me he cogido pensándote en todos estos años... de cuántos amantes he llamado con tu nombre.
-¡Cállate mujer!
Sus embestidas eran más fuertes, cerró sus ojos, sentía que en cualquier momento explotaría, eso me excitaba más, pasé mis brazos por debajo de los suyos abrazándolo, queriendo besarlo pero no se dejaba, estaba muy molesto, pero no dejaba de penetrarme.
-Dime que tú no me has hecho el amor en otras mujeres, ¡dímelo! Dime que cuando te fuiste huyendo de mí, lo primero que hiciste fue querer olvidarme en brazos de otra, buscar un motivo para sacarme de ti... ¡ahhhhh! ¡Dímelo hermanito! Dime que no has podido… ¡ufffffff!... ¡ahhhhh!... en todos estos años, olvidar mi cuerpo, mi olor, que en otros cuerpos buscabas lo que no quisiste de mi; ¡dímelo cabrón! ¡Dímelo!
Entonces sus gemidos se hicieron más intensos, sus manos se posaron sobre mis hombros. “¡Cállate…!” A duras penas retiró su pene a tiempo para no venirse dentro, eso me dolió, sabía muy bien que eso mataría mi ego y me dio donde más me dolía. ¡Bastardo! pensé. Agotado se hizo a un lado de la cama; visiblemente molesta le di la espalda, no quería que me viera llorar, quería vengarme y terminé por segunda vez con las ganas puestas. Permanecimos callados un buen rato; decidí darme un baño, al sentirme salir de la cama me preguntó suavemente: “¿A dónde vas?” A lo que respondí en un tono irónico… “¡A la mierda!”
El agua tibia del jacuzzi me relajó bastante, pude ordenar mis ideas y hasta pensé pedirle perdón. Pero mi otro yo me lo prohibió. Sólo hice lo que debía hacer y punto. En unos días se irá, total tiene una familia. Yo a mi manera también tengo mi vida hecha. No, nunca más me volveré a someter así de esta forma. Entonces, más reconfortada, terminé de darme el baño y salí. El dormía como si hubiera dado lo mejor de si, como si tuviera la conciencia tranquila, eso me enervó, pensé en despertarlo bruscamente y decirle que se fuera, que tenia cosas que hacer, pero no lo hice. Apagué la luz y me recosté en la cama, entonces siento su mano que me atrae hacia él con fuerza, acercando mi cabeza hacia su pecho, quise resistirme pero no me dejó, y con voz entrecortada me dijo:
-Todo este maldito tiempo no ha sido más que eso... ¡maldito!, desde el momento que salí de casa te añoré, pero entiende que no podía ser, tenia miedo, pena, respeto… y sobre todo, mucho agradecimiento con tu padre. ¿Cómo podía traicionar su cariño, su amor, su confianza?, tú sabes muy bien que lo que sentía por ti en ese tiempo, lo que siento por ti ahora, es muy fuerte y doloroso a la vez. Yo tuve una familia gracias a tu padre ¿entiendes?
-¿Y yo no te importaba? -le pregunté- ¿Acaso lo que sentíamos no era importante? ¿Acaso no valía lo suficiente para que arriesgaras todo por mí?
-Lo sé, lo sé, solo que en ese momento no encontré mejor solución. Cuando llegué a España todo fue muy duro, tuve muchos ratos de soledad, te pensaba, te extrañaba, maldije día y noche mi suerte, pensé en mandar todo al diablo, afrontar todo y estar contigo; entonces tu madre llama por teléfono diciendo que te ibas a Miami, que no tenia idea de porqué habías tomado esa decisión, pero que si yo sabia algo te llamara y te hiciera entrar en razón; no pensé que te ibas por mi, al contrario, imaginé que buscabas realizarte profesionalmente en un lugar donde todo se presta para hacerte la vida mejor; entonces comprendí que no debía ser un obstáculo en tu vida y decidí alejarme para siempre, el resto de la historia ya la sabes.
-¡Tonto! -le dije-, mi madre lo sabia todo, si te llamó fue seguramente para que reaccionaras, pero bueno, eso ya pasó y nada ya tiene remedio...
Su cara se contrajo, con su mirada triste sobre la mía quise abrazarlo, sentirlo mío, le pedí perdón por mi actitud, me besó diciéndome que nada tenia que perdonarme, que estaba en mi derecho por no haber sido claro conmigo, por no haberme hecho suya aquella vez, que no tuvo paz durante mucho tiempo por eso, que las veces que hacia el amor con su mujer pensaba en mi… algo se desvaneció, toda esa amargura y rabia que me corroía el alma desapareció.
-Alejandro... si yo hubiera sabido todo esto, ten la seguridad que hubiera ido a buscarte.
-¡Lo sé, amor!, sé lo impetuosa que eres, la seguridad que tienes en ti misma, sé que lo hubieras hecho y que hubieras dado conmigo y ahorita no estaríamos así, pero cada uno siguió el camino que la vida nos puso.
Entonces me entraron unas ganas enormes de besarlo, dejarme llevar por sus caricias, de entregarme sin rabia, de hacerle entender que jamás otro hombre podrá hacerme sentir lo que él, no puede contenerme y lo besé apasionadamente buscando su lengua con la mía, su cuerpo buscó el mío, una de sus manos cogía mi rostro, mordisqueaba mi oreja erizando mi piel, diciéndome al oído cuanto me amaba, quería excitarme con sus caricias, quería extasiarme con sus palabras, con todo aquello que salía de su corazón. Me sentía completa, amada, protegida, ahora sus manos acariciaban mis senos, las mías recorrían su espalda, me entregaba sumida en el deseo de su cuerpo, de su aliento, de cada parte suya, nuestros cuerpos pegados, ahora a su compás. Notó claramente lo excitada que estaba, introdujo sus dedos, presionándolos suavemente en mi interior, acariciándome, robándome gemidos, sus labios jugaban con los míos, lo mordía… me dejaba hacerlo, eso lo excitaba.
Su hermoso miembro recorrió todo mi cuerpo, desde mi boca, lo pasó por mis senos, jactándose de lo que me haría más abajo, mientras, quedó atrapado entre mis tetas. Allí recibió el trato que se merecía, fue sostenido de inmediato, friccionándolo después despacio, humedeciéndolo con mi lengua, entonces se mueve entre ellas buscando cobijo, no se puede quejar, le hice una mamada que ni yo misma quería sacarla de la boca, me fascina un falo hinchado, y este anda muy bien dotado… ¡uhmm!. Hay cosas que me excitan, como darle de palmadas en su pene, ladeándolo se pone más duro; quedó listo para los más inesperados movimientos, entonces le pedí que rozara su pene sobre mi espalda, su verga me recorría completita, besaba mi nuca despacio, recorriendo mi columna, deseaba elevar un poco mi trasero, el cual besaba, pasaba su pene por mis nalgas colocándolo en medio hacia arriba, sobándose. Disfrutando le pedí me penetrara vaginalmente en esa posición, me acomodé lo mejor posible, introdujo su pene como se lo había pedido, lento, despacio, cogiéndome de las caderas comenzó a bombearme suave, de vez en cuando empujaba más fuerte, esos movimientos realmente me alocan. “¡Así mi amor! ¡Sigue… me estas matando de placer!”
Uffff, tuve un orgasmo intenso pero no lo suficiente como para quedarme quieta, así que me di vuelta y le pedí me penetrara de nuevo pero ahora mirándolo a la cara, quería verlo disfrutándome, gozándome. Me penetró nuevamente, cerré los ojos dejándome llevar por el momento, sentirlo sobre mí haciéndome suya, pasé mis brazos por su cuello, acercándolo a mí, besándolo, él correspondía a mis besos con otros más apasionados. De pronto, desprendiéndose cariñosamente, levanta una de mis piernas a la altura de su hombro, la penetración es más profunda, comenzó a moverse más rápido, con más fuerza, casi violentándome, haciéndome gritar de placer, parecía un lobo hambriento dispuesto a acabar con su presa, yo estaba al máximo de mi resistencia, no tardaría en tener otro orgasmo; bajo mi pierna para que él pueda inclinarse sobre mí, apreté mis piernas al tiempo que las estiraba, comenzó a llenarme de besos sobre mi cuello, no podía más, sentía morirme al escuchar sus gemidos mas fuertes, de pronto se tensó y sentí su miembro latiendo, levanté un poquito mi pelvis, como acercándome más ¡ufffff!; ese roce me llevó a un orgasmo que me dejó temblando por unos segundos.
Cuando logró retirarme su miembro, vi complacida que aún no perdía su encanto así que le di unas cuantas mamadas hasta volverlo a poner disponible y me monté en él; con lo mojada que estaba, su pene entró con mucha facilidad y comencé a moverme. Mientras con una mano le acariciaba sus bolas, la otra presionaba suavemente su vientre. Sus manos se apoderaron de mis tetas, las cogía para que se quedaran quietas -ya que mi cabalgada las sacudía- presionándolas fuertemente. Ahora él se movía, me hice hacia adelante, colocando mis manos, sobre la cabecera de la cama, nos movíamos al mismo ritmo, cada vez más aceleradamente, pellizcaba mis nalgas… alcancé a ponerle mis tetas en la boca, le pedí que me las mordiera, qué no hizo en ellas; lamió, mordió, chupeteó… mientras, su falo entraba y salía de mi gruta mojada. Estuvimos así varios minutos, de pronto, un poco más acelerado, me pidió venirse en mi culo, el cual le ofrecí descaradamente; por lo alto que es, tuvo que ponerse de pie, me coloqué al filo de la cama quedando lista para lo que él quería.
Me pasó la lengua sobre mi hoyo, ladeándola, luego sus dedos, los cuales estaban mojados con mis jugos vaginales. Introdujo un dedo, no mucho, solo un poco, luego el otro dedo a manera de cosquillas en la entrada, me excitaba. Ahora el dedo que tenia dentro lo metía más, más despacio, ahora lo retiraba. Así estuvo hasta que aceleró los movimientos, dilatándome un poco, en eso siento la punta de su verga; lentamente la va metiendo, mi interior se resiste un poco, pero a la vez desea ser sometido. “¡Así mi amor! ¡Dale, dale!”
“Voy a romperte ese culo”, alcanzó a decirme (tengo que reconocer que me gusta ser cogida con fuerza, que me demuestre lo macho que es). Comenzó a bombearme, me rodeó con sus brazos, con una mano alcanzaba a masturbarme por adelante, haciendo más fácil la penetración por detrás. “¡Ahhh! ¡Más fuerte Traski!, ¡más fuerte mi amor, más fuerte! ¡aaahhhhh!”
Las sábanas de esa cama quedaron tan mojadas como nuestros cuerpos, de tanto placer. Así, juntos, nos quedamos dormidos. Cuando desperté me estaba contemplando, me dio un beso, “te ves realmente hermosa cuando duermes”, me dijo; me reía de sus cumplidos. Le pregunté qué planes tenia para ese día, quería conocer los alrededores, ya le quedaban pocos días para luego no verlo hasta sabe cuando. Ninguno de los dos quiso hablar que seguiría a todo esto, habíamos dejado pasar mucho tiempo, por nuestros miedos y orgullo, no podíamos de la noche a la mañana, dar vuelta a la página, lo mejor era dejarlo al tiempo. Casi no sentiría su ausencia porque tenia que pasar temporada largas en esta su nueva empresa; así que lo vería más seguido y quién sabe si después, algún día, pudiéramos estar juntos, sin nada que ocultar y sobre todo, sin miedo a lo que piensen los demás...
Lo acompañé los días restantes, el día de su partida llegó, no quería dejarlo ir, me dio un beso, un te amo y un regresaré más pronto de lo que imaginas, y así fue.
¿Hasta cuando durará esto? no lo sé ni me importa, solo quiero vivir el presente, mañana… quién sabe.
Hoy, cuando recibas esta carta, estaré muy lejos, tanto que no encontraras forma de hallarme. Lo que sucedió, no puede volver a repetirse, no debió pasar siquiera por nuestras mentes, pero la vida es así, nos juega cada momento, que no queda más que vivirlo, no podía decírtelo a la cara, porque implicaría callar ciertas cosas y dejarme llevar por otras. Esto que nos une es tan fuerte… que terminaría destruyendo nuestras vidas, lo que se quedó colgado en el momento ya no puede ser. Cuántas veces, creyéndome dormida, besaste mis labios diciéndome al oído que darías hasta lo que no tuvieras por hacerme tuya. Pensabas que dormía, pero no. Cómo dormir, percibiendo tu respiración, sintiendo tus caricias por mi cuerpo… Cuántas veces me tuve que contener para no besarte desesperadamente, para no tocarte y que mi hicieras tuya de la forma que sea, sin embargo, no quedaba más que fingir. No darnos cuenta que todo este fuego que llevaba dentro, lo aplacaba con otro pensando en ti. Qué más daba, total, sólo yo lo sabía, te amaba en silencio. Nuestros padres jamás sospecharon nada. Aún recuerdo la primera vez que me senté en tus rodillas, palideciste, me cogiste de la cintura y yo ingenua enseñándote una herida que me hice en la rodilla, fue cuando con mucha dulzura, besaste mi herida de una “forma” que demostraste no ser el hermano sino el hombre frente una mujer, la duda quedó clavada...
Ahora pues, me tocaba a mí seguir con este juego callado. Empecé a vestirme con menos ropa, usaba ropa muy sexy ¿recuerdas?, eso te molestaba mucho. Un día me encontraste en la azotea haciendo topless, fue cuando te pedí echarme bloqueador en la espalda, voltee dejándote ver mi trasero apenas cubierto por un hilo dental; estabas muy nervioso pero no te rehusaste, tampoco perdiste el tiempo; tus masajes, más que eso, eran caricias que me excitaban. Me abría de piernas y te pedí que quitaras mi hilo para que no dejara huella del mismo, “¡estas loca!”, me decías al mismo tiempo que obedecías acariciando mis nalgas, sentía tus dedos hundirse en mi raja que desesperaba por tener algo dentro. “Date vuelta”, me dijiste y obediente no puede más que dejarme llevar; ahora tus caricias eran para mis pezones, no sólo untabas el bloqueador sino que antes pasabas tu lengua sobre ellos haciendo que se erectaran. ¡Ufffff! mi piel solamente quería recibir, no importaba cuanto, pero recibir tus caricias, tus besos, tu lengua por todo mi cuerpo.
Soy una mujer muy ardiente y eso lo sabias de sobra, siempre fuiste mi confidente, primero por complicidad, después por puro morbo y ganas, así que de cierta forma sabias lo que andaba buscando. Te pedí que te quitaras la camisa, el día estaba muy lindo, con un sol maravilloso. “No hay nadie casa vamos a tomar sol desnudos” te dije, y en un momento ya estabas listo, no era la primera vez que te veía desnudo, puesto que siempre hasta cierta edad, nos bañaban juntos, pero de allí hasta ese día, habías cambiado mucho… jajaja, fue cuando cogí el bloqueador y te dije para echártelo en el cuerpo. Tenías, mejor dicho, tienes un cuerpo maravilloso, así que propuse juntar nuestros cuerpos, para que la crema se esparciera mejor, a manera de abrazarnos.
Qué delicia era sentir tus manos sobre mi cuerpo abrazándome con fuerza, mientras más fuerte nos cogíamos, como que la crema resbalaba y nos excitaba; allí parados, te di la espalda recostando mi culo sobre tu miembro que se encontraba listo para el ataque, y así, de esa forma, me acariciabas los muslos entremetiendo tus manos un poco hacia mi pubis; me encontraba muy excitada. Tú no decías ni media palabra, pero por la fuerza que ejercías sobre mi cuerpo y por tu respiración, me hubieras hecho tuya. Sintiéndome dueña de ti, te provocaba de todas las formas: pasando mi lengua por tu falo a punto de explotar, metiéndomelo en la boca primero suave, luego más fuerte, lamiendo tu glande, succionando cada bola provocándote un éxtasis que acariciando tu perineo termina tensándote… ¡Ay hermanito! si supieras como estaba yo, mojada de tantas ganas de ser poseída, de que me tomaras o me hincaras perdiendo el control y haciéndome tuya, mi vagina no solo estaba mojada, quería acción.
Mientras metías tu verga en mi boca, yo hacia con mis dedos lo mismo, te pedía que me tomaras, pero no lo hiciste… ¿por qué? En ese momento no me importaba nada, solo quería tu verga, tu cuerpo. Dejé de chupártela y me levantaste en brazos, mis tetas eran tuyas, te hiciste un festín con ellas, ahogándote, me las dejaste marcadas. Me acomodaste en la colchoneta, me abriste las piernas y tu boca se apoderó de mi interior, qué bien lo hacías… me costaba creer que tú eras parte de mí. Tu lengua encontró fácilmente mi clítoris, experta en el asunto, buscaba que me llevaras al éxtasis, que me hicieras venir, tenía muchas ganas de ti, juntaba mis piernas presionando despacio tu cabeza, sentía placer, mucho placer, entonces paraste y dijiste: “¡ESTO NO PUEDE SER! Somos hermanos. ¿Qué estamos haciendo?” Me dejaste así, en medio de todo y nada a la vez. ¿Cuántos años teníamos en ese entonces?, yo apenas si contaba con 18 y tú 20. Sin embargo, no tenías mucha experiencia en el asunto y el miedo, junto al respeto, hicieron que ese gran momento desapareciera.
No tienes idea de cómo te odié, juré vengarme porque ningún hombre me había despreciado como tú, porque si bien somos hermanos de nombre, nunca lo fuimos de sangre, solo que tu conciencia reprochaba tu conducta hacia mí. Mi padre te trajo cuando era muy pequeña, no recuerdo a qué edad, eras lo que él siempre soñó, el hijo que tanto anhelaba, haciéndome a un lado con tu llegada, te odié por eso, porque desde ese momento, tú fuiste primero para todo; te mimaron tanto mi querido Traski… Renegué de ti, de tus padres, ellos tenían la culpa por morirse en aquel accidente y a tu querido padrino se le partió el alma verte solo y decidió cuidarte y criarte como a un hijo. Yo al principio no podía ni verte, sin embargo, poco a poco simpatizamos y nos hicimos inseparables; siempre pendiente de mi, no dejabas que nadie me molestara y siempre limpiabas mis ojos de lágrimas; ¡te adoraba!, no podía vivir sin ti. Fuimos creciendo y pues, mis amigas siempre te echaban el ojo, me decían lo guapo que eras. Yo ni cuenta, sólo te veía como mi hermano celoso, nada más. Siempre que te contaba de mis amoríos te molestabas, pero siempre escuchabas y aconsejabas, hasta que pasó lo de la herida en mi pierna y todo cambió entre nosotros. ¿Pero hasta qué punto cambió?, hasta el punto de huir de mi... irte del país, según tú para trabajar y ayudar a la familia... ¿Cuándo necesitamos de dinero?
Demás está decir que la carta no la terminé, puesto que decidiste por los dos... Nunca nos faltó nada, sólo fue tu excusa para alejarte de mí, sin importarte el dolor que causabas a nuestros padres, sobre todo a papá; después de tu partida quedó inconsolable, nuestra madre dijo que era mejor así. Ella se había dado perfecta cuenta de lo que sucedía y me lo dijo. Yo no sabía qué decir, sólo le dije que no me iba a quedar a llorarte y que también me iría. Ver tu espacio vació en casa me mataba y decidí irme a Miami, en fin, allá todo es hermoso, no hay pena que no se supere, así que en menos de lo que me acostumbraba a tu ausencia, me fui. No eras el único que huía de si mismo, ya éramos dos. Siempre tenia comunicación con mi madre por teléfono, dos veces al mes y decía que tú la llamabas semanalmente, que como siempre, eras quién estaba pendiente de todo aún desde tan lejos... España, tan lejos... ¿tantas millas tuviste que poner de por medio? Pero en fin, así es la vida...
Por mi parte, encontré un buen trabajo que abarcaba todo mi tiempo, me dediqué a viajar por todo Estados Unidos representando a la empresa, en poco tiempo alcancé un equilibrio económico, que me permitía vivir muy bien; la empresa pasó a tener negociaciones con medio Europa, parte de Asia, y quien se encargaba de los negocios en el exterior, era yo. Para esto ya habían pasado cinco años y siempre me daban tus señas, sabía de memoria donde vivías, te mudaste a Barcelona hace dos años, sabía tu dirección, tu teléfono, tu correo electrónico… todo, absolutamente todo, hasta que tuviste amoríos y finalmente, para mi pena y sufrimiento, que te casaste y que tienes un hijo hermoso.
Al igual que yo, tú también sabías todo de mí y nunca me llamaste, no volví a escuchar tu voz, eras un recuerdo triste en mi vida, lo que no se dio, sin embargo aparentaba ser feliz. Nunca faltaba a las fiestas, puesto que los negocios requerían de ellas; justamente en una conocí a un hombre maravilloso, que poco a poco logró sacarte de mi corazón y él se instaló allí para nunca más salir. Con él no hubo sexo, ni siquiera duró mucho el estar juntos. Sus viajes de negocios eran constantes y la sede de sus negocios era España, venia frecuentemente a Miami pero... la vida me lo arrancó de la forma más cruel, dejándome sola, más sola que nunca, pero con los recuerdos más bellos, y pude aprender que no se necesita de sexo para amar. No pude llorarlo en su tumba... pero su amor, pensar en él, me hizo más fuerte y todo lo que vino después, pude superarlo fácilmente.
Luego vino lo de la muerte de nuestro padre. Lamentablemente, no pude estar en su entierro, pero en cuanto pude, viajé a Lima a consolar a nuestra madre, pero no pude quedarme mucho tiempo, los negocios no esperan y pues, tenía que estar al frente de todo y prepararme para un largo viaje, la empresa me enviaba a Tokio, dentro de dos semanas tenía que estar allá. Días antes de partir, llamaron a casa, al contestar enmudeciste, apenas si salió un “¿Tú?”, enseguida le pasé el auricular a mi madre, escuchar tu voz me quebró, algo dentro de mí cambió, me sentía insegura, nerviosa, y hasta me puse de mal humor. Antes de mi partida, prometí a nuestra madre llevarla conmigo en un lapso muy corto de tiempo, todo era cuestión de adaptarme al nuevo cambio, pero ella dijo que no, que no huiría como nosotros lo hicimos, que se quedaría en su casa a afrontar la vida sin el hombre que tantos años estuvo a su lado, que la pena era grande, muy grande, pero el amor y los buenos recuerdos, la ayudarían a salir adelante... Qué gran lección me dio.
Sólo me dijo que lamentaba mucho todo lo que me había tocado vivir, que a pesar de verme feliz, sabía perfectamente que no lo era. Siempre, siempre tiene la razón, siempre da en el punto para hacerme llorar, pero bueno, así es ella, qué le vamos a hacer. Decidí perderme por un buen tiempo, casi no la llamaba, fue duro acostumbrarme a este lugar. Tardé más de un año en aprender el idioma, sólo hablaba inglés, pero no me servia de mucho. Poco a poco encontré mi espacio, salía con uno que otro hombre, pero sólo por diversión, no volví a enamorarme.
Tú seguías en lo mismo, supongo. Para entonces, mi jefe llama diciendo que un alto ejecutivo de una de las empresas socias de él, llegaría y tendría que ir a recibirlo y servirle de guía puesto que no hablaba ni pizca de japonés, cuando supe su nombre... Jamás imaginé que se trataría de ti, me quedé sin palabras, le dije a Rubén sino podía ir la traductora a recibirte, y me dijo que no se vería bien, puesto que la idea era hacerte sentir como en casa, le dije que iría yo. “Ok... entonces llama a España a confirmarlo todo; no olvides dar tu nombre para que él sepa quién lo espera”
¡Caramba! otro lío, pensé, pero mandé a mi secretaria a que se encargará de todo y dijera que Sofía Márquez lo esperaría a la salida del aeropuerto. El día señalado había llegado. Tantos años sin verte, casi diez, no sabía si me reconocerías. Estuve en al aeropuerto desde muy temprano, casi desde el medio día y tu vuelo llegaba como a las 5:00pm; llevaba tu nombre escrito en una cartulina para que me ubicaras más fácil. Esperando en la puerta con la cartulina tapando casi todo mi rostro... escucho un “sorry”, mis piernas me temblaban, quería llorar de miedo, cuando en eso, retiras la cartulina y me miras, sorprendido. No podías creerlo, estábamos uno en frente del otro, todos los recuerdos se nos vinieron encima, finalmente nos abrazamos, nos besamos, me abrazabas fuerte, tan fuerte como la primera vez, después lloramos por la muerte de nuestro padre.
Nos dirigimos al Hilton Tokyo Hotel, en Shinjuku; el aeropuerto de Narita está muy retirado de la ciudad, así que en auto nos quedaba a varias horas y pues la ciudad misma es un caos, a pesar de ser muy ordenado todo, la cantidad de autos que circulan es impresionante. Tranquilamente pude haberle ofrecido mi casa pero tenia la certeza de que no aceptaría. Además, su esposa sabía los números del hotel en donde se hospedaría, no había vuelta que dar, nos alojaríamos en el hotel. Por fin llegamos, después de acomodarnos cada quien en su habitación, decidimos salir a cenar y conversar todo lo acontecido en nuestras vidas. Al igual que yo, había ascendido en su empresa rápidamente a tal punto que no se tomaba ninguna decisión sin su consentimiento, finalmente quedó al frente de las empresas que eran de uno de sus grandes amigos, debido a que había fallecido; en su vida personal todo andaba bien, fue un matrimonio arreglado para que pudiera regularizar su situación en España y poder obtener la residencia. No había amor, lo confesó, pero si mucho cariño, y producto de eso nació su hijo Franco, que es su vida y por esa razón seguía manteniendo su matrimonio con sus altas y bajas.
Yo le conté de mi vida, también del gran amor que pasó a ocupar su lugar... y cuál no seria nuestra sorpresa, ¡su amigo y mi gran amor eran la misma persona!, es que la vida siempre me jugaría mal; no podía creerlo, el solo saber que él lo conoció, que fue su amigo, que le confiaba todo... y que fue él quien estuvo hasta el último momento, no hizo más que hacerme llorar. A pesar del tiempo, esa pena la llevaba siempre sobre mi pecho. “¿Cómo es que se amaron tanto si apenas se veían?”, me preguntó. “Por el Chat, nos comunicábamos, nos decíamos todo, quizás por eso… -le dije- porque sólo conocí su lado bueno, porque sólo vi lo mejor de él, porque su lado malo nunca me lo mostró”
Reía, verlo reír me produjo un gran alivio. “Ni te lo imaginas -me dijo- era un jodido completo, con un gran corazón pero implacable con quien le fallaba. Tenia mucho poder, pero no era feliz... hasta que te conoció”; mi hermanito no paraba de hablar y su mirada cambió, me dio las gracias por haberle devuelto la sonrisa a su amigo; después me contó lo que finalmente sucedió y prometió que cuidaría de mí, tal como se lo había prometido a su amigo, solo que en ese entonces no sabia quién era la “famosa” novia... Prometimos no llorar porque lo mejor era recordarlo con alegría, siguiendo pa’ adelante con el mejor de los recuerdos... y así fue.
Pasaron varios días hasta que le fue cogiendo el ritmo a los horarios, lo llevé a conocer las empresas de las que ahora era socio; firmamos los contratos, uno que otro documento legal que faltaba y listo, finalmente nuestras empresas eran socias para tres megaproyectos en esta ciudad; no quedaba más que celebrar dicho acontecimiento. Sinceramente, no pensé que pasaría nada, ya había perdido las esperanzas no sé desde cuando; pero esa noche sería la mejor de mi vida. Empecé a vestirme, quedamos que pasaría a mi habitación como a las 7:00pm, era verano, hacia mucho calor así que decidí ponerme algo muy ligero, un enterizo rojo sin mangas con un escote muy pronunciado y que apenas si me podía agachar de lo cortito que era, no llevaba sujetador, lo que hacia que mis pezones se pegaran a la tela y de vez en cuando, las puntitas se dejaban ver muy sugerentes. La idea era seducirlo sin decírselo, que él se diera cuenta y siguiera el juego, de lo contrario, acá no pasa nada y punto, asunto olvidado.
Siempre puntual, llegó a la 7:00pm. Abrí la puerta y allí estaba él, por Dios qué hombre más completo... guapo como siempre, tan elegante, llevaba una camisa de seda negra y pantalón color beige, con el porte que tiene, se veía realmente guapo y muy deseable; me dijo que estaba hermosa y no quitaba la vista de mis senos, mirándome con lujuria me besó en la boca; fue entonces donde toda nuestra pasión escondida por años salió a flote, con dificultad logré quitarte la camisa mostrándome su velludo pecho, fuerte y macizo, no necesitamos decir palabra alguna, sólo nos dejamos llevar por nuestros deseos, más que por otra cosa. Mi lengua trabaja sobre tus tetillas excitadas, escarapelando tu cuerpo, mientras con mis manos intento quitarte el cinto del pantalón, las suyas hacen presión sobre mi rostro queriendo hundirlo en tu pecho... ¡Uuhhmmm!
Dejo caer mi vestido quedando solo en braga, mi gran trasero hace que esa prenda se vea más diminuta aún, y mis senos quedan al aire siendo devorados por tus ojos primero, luego por tu boca; tu traviesa lengua me hacía delirar de placer, entonces me acomodé sobre la gran cama que nos esperaba dispuesta a resistir nuestra lucha; entonces, terminaste de quitarte el pantalón junto con tu bóxer, dejándome ver tu verga erecta, frondosa, muy de mi agrado. Cuando me dejaste con las ganas puestas, juré que esa verga algún día estaría a mi disposición. Me la acercaste a la cara como queriendo que te la coma, pero justo cuando me dispongo a hacerlo, me la retiras pasándomela por el contorno de mi rostro varias veces, hasta que con mis manos logro detenerla y llevarme a la boca tu glande húmedo.
Me provoca muchas cosas, empiezo a lamértela despacio, introduciéndomela lo más que puedo hasta el fondo de mi boca, haciéndote presión con la misma, luego la suelto un poco, dándote chance a que me la metas repetidamente, con una mano logro acariciar tus testículos suavemente, la parte en donde empieza tu culo, como si te la frotara despacio, arrancándote un gemido, tensando tus piernas. Luego mi boca te recibe a medias, eso me da espacio para acariciar tu ingle hasta la altura de tu vientre, eso te excita más... tu piel lo demuestra, no dices nada, pero sentirte es suficiente; entonces me recuesto sobre la cama y te dejo abrir mis piernas, dando paso a que tu herramienta me penetre, pero tu comienzas a masturbarte mirándome, sonriendo maliciosamente, provocando que yo haga lo mismo, pasándome los dedos por sobre mi húmeda vagina, que no sólo aguarda impaciente ser invadida por tu fuerza, sino ser sometida de todas las formas. Quise decirte cuanta falta me hiciste, pero callé. Cuánto habías cambiado, ahora no sólo te me hacías más interesante, sino que sospecho dejarás mas que tu piel sobre la mía.
Perdida en esos pensamientos, siento tu lengua ladear sobre mi sexo, ¡uhhmm! tus dedos me abren delicadamente encontrándome mojada, siento tu boca queriendo devorarme… ¡uffff! te acomodas mejor sobre la superficie de la cama, abro un poco más las piernas y comienzas a hurgarme con tu lengua rápidamente, lo que hace que estire mis piernas juntándolas por la excitación que me provocas (esa sensación de querer orinarme). Tus manos cogen mis nalgas frotándomelas, tu cabeza perdida en mi cueva con tu lengua explorándome sin piedad, me hicieron perder el control gritando muy fuerte “¡uhmmm!”. Me vine en tu boca, sin darme tiempo, tus labios se apoderan de los míos haciéndome saborear mis jugos, oliendo a mi sexo. En ese momento no quería más que ser penetrada, y tú, calladamente, deseabas lo mismo. Tu dura verga se hundió en mi fácilmente, me haces gozar con tus movimientos, una maliciosa idea cruza por mi mente, por el solo gusto de hacerte pagar las ganas que dejaste colgada hace diez años, cuando tu miedo pudo más que el deseo, no terminé de pensarlo cuando me estremeciste con tus movimientos, volviéndome a la realidad.
-¡Así hermanito… sigue!
Quedaste inmóvil.
-¿Qué te pasa hermanito?, no me digas que otra vez saldrás corriendo.
Y tus movimientos fueron más fuertes.
-Así, eso es lo que quiero, que mi hermano me coja sin piedad ni remordimientos, que me haga su mujer.
-¡Cállate! -fue tu respuesta sin dejar de poseerme.
-¡Así hermanito, sigue… me estas matando, pero eso es lo quiero!
Me coges del cabello mirándome a los ojos.
-¡Cállate puta! ¡Cállate!
-Si, si hermanito ¡soy una puta! No tienes idea de cuántos hombres me he cogido pensándote en todos estos años... de cuántos amantes he llamado con tu nombre.
-¡Cállate mujer!
Sus embestidas eran más fuertes, cerró sus ojos, sentía que en cualquier momento explotaría, eso me excitaba más, pasé mis brazos por debajo de los suyos abrazándolo, queriendo besarlo pero no se dejaba, estaba muy molesto, pero no dejaba de penetrarme.
-Dime que tú no me has hecho el amor en otras mujeres, ¡dímelo! Dime que cuando te fuiste huyendo de mí, lo primero que hiciste fue querer olvidarme en brazos de otra, buscar un motivo para sacarme de ti... ¡ahhhhh! ¡Dímelo hermanito! Dime que no has podido… ¡ufffffff!... ¡ahhhhh!... en todos estos años, olvidar mi cuerpo, mi olor, que en otros cuerpos buscabas lo que no quisiste de mi; ¡dímelo cabrón! ¡Dímelo!
Entonces sus gemidos se hicieron más intensos, sus manos se posaron sobre mis hombros. “¡Cállate…!” A duras penas retiró su pene a tiempo para no venirse dentro, eso me dolió, sabía muy bien que eso mataría mi ego y me dio donde más me dolía. ¡Bastardo! pensé. Agotado se hizo a un lado de la cama; visiblemente molesta le di la espalda, no quería que me viera llorar, quería vengarme y terminé por segunda vez con las ganas puestas. Permanecimos callados un buen rato; decidí darme un baño, al sentirme salir de la cama me preguntó suavemente: “¿A dónde vas?” A lo que respondí en un tono irónico… “¡A la mierda!”
El agua tibia del jacuzzi me relajó bastante, pude ordenar mis ideas y hasta pensé pedirle perdón. Pero mi otro yo me lo prohibió. Sólo hice lo que debía hacer y punto. En unos días se irá, total tiene una familia. Yo a mi manera también tengo mi vida hecha. No, nunca más me volveré a someter así de esta forma. Entonces, más reconfortada, terminé de darme el baño y salí. El dormía como si hubiera dado lo mejor de si, como si tuviera la conciencia tranquila, eso me enervó, pensé en despertarlo bruscamente y decirle que se fuera, que tenia cosas que hacer, pero no lo hice. Apagué la luz y me recosté en la cama, entonces siento su mano que me atrae hacia él con fuerza, acercando mi cabeza hacia su pecho, quise resistirme pero no me dejó, y con voz entrecortada me dijo:
-Todo este maldito tiempo no ha sido más que eso... ¡maldito!, desde el momento que salí de casa te añoré, pero entiende que no podía ser, tenia miedo, pena, respeto… y sobre todo, mucho agradecimiento con tu padre. ¿Cómo podía traicionar su cariño, su amor, su confianza?, tú sabes muy bien que lo que sentía por ti en ese tiempo, lo que siento por ti ahora, es muy fuerte y doloroso a la vez. Yo tuve una familia gracias a tu padre ¿entiendes?
-¿Y yo no te importaba? -le pregunté- ¿Acaso lo que sentíamos no era importante? ¿Acaso no valía lo suficiente para que arriesgaras todo por mí?
-Lo sé, lo sé, solo que en ese momento no encontré mejor solución. Cuando llegué a España todo fue muy duro, tuve muchos ratos de soledad, te pensaba, te extrañaba, maldije día y noche mi suerte, pensé en mandar todo al diablo, afrontar todo y estar contigo; entonces tu madre llama por teléfono diciendo que te ibas a Miami, que no tenia idea de porqué habías tomado esa decisión, pero que si yo sabia algo te llamara y te hiciera entrar en razón; no pensé que te ibas por mi, al contrario, imaginé que buscabas realizarte profesionalmente en un lugar donde todo se presta para hacerte la vida mejor; entonces comprendí que no debía ser un obstáculo en tu vida y decidí alejarme para siempre, el resto de la historia ya la sabes.
-¡Tonto! -le dije-, mi madre lo sabia todo, si te llamó fue seguramente para que reaccionaras, pero bueno, eso ya pasó y nada ya tiene remedio...
Su cara se contrajo, con su mirada triste sobre la mía quise abrazarlo, sentirlo mío, le pedí perdón por mi actitud, me besó diciéndome que nada tenia que perdonarme, que estaba en mi derecho por no haber sido claro conmigo, por no haberme hecho suya aquella vez, que no tuvo paz durante mucho tiempo por eso, que las veces que hacia el amor con su mujer pensaba en mi… algo se desvaneció, toda esa amargura y rabia que me corroía el alma desapareció.
-Alejandro... si yo hubiera sabido todo esto, ten la seguridad que hubiera ido a buscarte.
-¡Lo sé, amor!, sé lo impetuosa que eres, la seguridad que tienes en ti misma, sé que lo hubieras hecho y que hubieras dado conmigo y ahorita no estaríamos así, pero cada uno siguió el camino que la vida nos puso.
Entonces me entraron unas ganas enormes de besarlo, dejarme llevar por sus caricias, de entregarme sin rabia, de hacerle entender que jamás otro hombre podrá hacerme sentir lo que él, no puede contenerme y lo besé apasionadamente buscando su lengua con la mía, su cuerpo buscó el mío, una de sus manos cogía mi rostro, mordisqueaba mi oreja erizando mi piel, diciéndome al oído cuanto me amaba, quería excitarme con sus caricias, quería extasiarme con sus palabras, con todo aquello que salía de su corazón. Me sentía completa, amada, protegida, ahora sus manos acariciaban mis senos, las mías recorrían su espalda, me entregaba sumida en el deseo de su cuerpo, de su aliento, de cada parte suya, nuestros cuerpos pegados, ahora a su compás. Notó claramente lo excitada que estaba, introdujo sus dedos, presionándolos suavemente en mi interior, acariciándome, robándome gemidos, sus labios jugaban con los míos, lo mordía… me dejaba hacerlo, eso lo excitaba.
Su hermoso miembro recorrió todo mi cuerpo, desde mi boca, lo pasó por mis senos, jactándose de lo que me haría más abajo, mientras, quedó atrapado entre mis tetas. Allí recibió el trato que se merecía, fue sostenido de inmediato, friccionándolo después despacio, humedeciéndolo con mi lengua, entonces se mueve entre ellas buscando cobijo, no se puede quejar, le hice una mamada que ni yo misma quería sacarla de la boca, me fascina un falo hinchado, y este anda muy bien dotado… ¡uhmm!. Hay cosas que me excitan, como darle de palmadas en su pene, ladeándolo se pone más duro; quedó listo para los más inesperados movimientos, entonces le pedí que rozara su pene sobre mi espalda, su verga me recorría completita, besaba mi nuca despacio, recorriendo mi columna, deseaba elevar un poco mi trasero, el cual besaba, pasaba su pene por mis nalgas colocándolo en medio hacia arriba, sobándose. Disfrutando le pedí me penetrara vaginalmente en esa posición, me acomodé lo mejor posible, introdujo su pene como se lo había pedido, lento, despacio, cogiéndome de las caderas comenzó a bombearme suave, de vez en cuando empujaba más fuerte, esos movimientos realmente me alocan. “¡Así mi amor! ¡Sigue… me estas matando de placer!”
Uffff, tuve un orgasmo intenso pero no lo suficiente como para quedarme quieta, así que me di vuelta y le pedí me penetrara de nuevo pero ahora mirándolo a la cara, quería verlo disfrutándome, gozándome. Me penetró nuevamente, cerré los ojos dejándome llevar por el momento, sentirlo sobre mí haciéndome suya, pasé mis brazos por su cuello, acercándolo a mí, besándolo, él correspondía a mis besos con otros más apasionados. De pronto, desprendiéndose cariñosamente, levanta una de mis piernas a la altura de su hombro, la penetración es más profunda, comenzó a moverse más rápido, con más fuerza, casi violentándome, haciéndome gritar de placer, parecía un lobo hambriento dispuesto a acabar con su presa, yo estaba al máximo de mi resistencia, no tardaría en tener otro orgasmo; bajo mi pierna para que él pueda inclinarse sobre mí, apreté mis piernas al tiempo que las estiraba, comenzó a llenarme de besos sobre mi cuello, no podía más, sentía morirme al escuchar sus gemidos mas fuertes, de pronto se tensó y sentí su miembro latiendo, levanté un poquito mi pelvis, como acercándome más ¡ufffff!; ese roce me llevó a un orgasmo que me dejó temblando por unos segundos.
Cuando logró retirarme su miembro, vi complacida que aún no perdía su encanto así que le di unas cuantas mamadas hasta volverlo a poner disponible y me monté en él; con lo mojada que estaba, su pene entró con mucha facilidad y comencé a moverme. Mientras con una mano le acariciaba sus bolas, la otra presionaba suavemente su vientre. Sus manos se apoderaron de mis tetas, las cogía para que se quedaran quietas -ya que mi cabalgada las sacudía- presionándolas fuertemente. Ahora él se movía, me hice hacia adelante, colocando mis manos, sobre la cabecera de la cama, nos movíamos al mismo ritmo, cada vez más aceleradamente, pellizcaba mis nalgas… alcancé a ponerle mis tetas en la boca, le pedí que me las mordiera, qué no hizo en ellas; lamió, mordió, chupeteó… mientras, su falo entraba y salía de mi gruta mojada. Estuvimos así varios minutos, de pronto, un poco más acelerado, me pidió venirse en mi culo, el cual le ofrecí descaradamente; por lo alto que es, tuvo que ponerse de pie, me coloqué al filo de la cama quedando lista para lo que él quería.
Me pasó la lengua sobre mi hoyo, ladeándola, luego sus dedos, los cuales estaban mojados con mis jugos vaginales. Introdujo un dedo, no mucho, solo un poco, luego el otro dedo a manera de cosquillas en la entrada, me excitaba. Ahora el dedo que tenia dentro lo metía más, más despacio, ahora lo retiraba. Así estuvo hasta que aceleró los movimientos, dilatándome un poco, en eso siento la punta de su verga; lentamente la va metiendo, mi interior se resiste un poco, pero a la vez desea ser sometido. “¡Así mi amor! ¡Dale, dale!”
“Voy a romperte ese culo”, alcanzó a decirme (tengo que reconocer que me gusta ser cogida con fuerza, que me demuestre lo macho que es). Comenzó a bombearme, me rodeó con sus brazos, con una mano alcanzaba a masturbarme por adelante, haciendo más fácil la penetración por detrás. “¡Ahhh! ¡Más fuerte Traski!, ¡más fuerte mi amor, más fuerte! ¡aaahhhhh!”
Las sábanas de esa cama quedaron tan mojadas como nuestros cuerpos, de tanto placer. Así, juntos, nos quedamos dormidos. Cuando desperté me estaba contemplando, me dio un beso, “te ves realmente hermosa cuando duermes”, me dijo; me reía de sus cumplidos. Le pregunté qué planes tenia para ese día, quería conocer los alrededores, ya le quedaban pocos días para luego no verlo hasta sabe cuando. Ninguno de los dos quiso hablar que seguiría a todo esto, habíamos dejado pasar mucho tiempo, por nuestros miedos y orgullo, no podíamos de la noche a la mañana, dar vuelta a la página, lo mejor era dejarlo al tiempo. Casi no sentiría su ausencia porque tenia que pasar temporada largas en esta su nueva empresa; así que lo vería más seguido y quién sabe si después, algún día, pudiéramos estar juntos, sin nada que ocultar y sobre todo, sin miedo a lo que piensen los demás...
Lo acompañé los días restantes, el día de su partida llegó, no quería dejarlo ir, me dio un beso, un te amo y un regresaré más pronto de lo que imaginas, y así fue.
¿Hasta cuando durará esto? no lo sé ni me importa, solo quiero vivir el presente, mañana… quién sabe.