elser
06-07 2007, 06:20 PM
Nuevamente Elser con otra anécdota verídica.
A esta amiga, llamada Paty, la conocí cuando entre a la Universidad, quedamos en el mismo grupo, yo tenía 18 años y ella acababa de cumplir 23, era lo que se llamaba un culazo.
Paty, en aquel entonces, era un poco llenita, aunque de buen cuerpo, caderona, culona, bustona y muy agradable, siempre iba vestida con pantalones porque, decía ella, saliendo de su trabajo pasaba a su casa a ponerse ropa más cómoda.
Mis pantalones preferidos eran de color amarillo y de color blanco, con ellos se le notaba perfectamente la división de las nalgas y el monte de venus que lo tenía algo prominente. Siempre acaparaba las miradas de los compañeros.
Nos hicimos buenos amigos, le ayudaba a estudiar, le hacía algunos trabajos.
En algunas ocasiones, los sábados nos veíamos en su casa para preparar los exámenes, esos días usaba shorts de licra porque había salido a correr, era una delicia ver sus piernas y su culo moviéndose por toda la sala mientras repasábamos los temas.
Varias veces le pedí que fuera mi novia pero siempre me rechazó, decía que estábamos mejor como amigos.
Terminamos la carrera y nunca pasó nada.
Cada quien hizo su vida, me casé a los dos años de acabar la carrera y no volví a saber de ella.
Justo en la fiesta del XV aniversario de mi generación volví a verla. Había bajado mucho de peso, aunque conservaba las formas, se veía mucho mejor que cuando nos conocimos, madura, elegante y soltera.
Estuvimos durante la fiesta hablando de todo, de nuestras vidas, de mi hijo, de lo que habíamos hecho. Cuando terminó la fiesta me ofrecí a llevarla a su casa, eran cerca de las dos de la mañana, la seguí en su auto hasta su casa, me dijo que la dejara guardar su coche y esperé afuera en el mío.
Cuando terminó cerró el garaje y me dijo que la esperara un momento.
Salió y me dijo que la invitara a tomar una copa, francamente yo había perdido la práctica de la parranda y no sabía a donde ir, así que ella me sugirió un lugar y a ese fuimos. Era un piano bar, muy tranquilo, solo había parejas. Fui al baño y llamé a mi esposa para avisarle que había seguido la parranda con unos amigos y que llegaría bastante tarde, me creyó.
Seguimos hablando y llegamos al tema, le dije que algo que nunca iba a perdonarle es que nunca hubiera aceptado tener algo conmigo.
Me dijo que no era adecuado en ese momento, que me quería mucho como su amigo, pero que la vida cambiaba. Le contesté que yo estaba casado y que quería mucho a mi esposa y a mi hijo.
- ¿Y quién te dijo que quiero casarme contigo?
- ¿Entonces?
- Bueno, ya somos maduros. Yo por lo menos no tengo que darle cuentas a nadie.
- Eso quiere decir que...
- Si, eso quiere decir que si tú quieres podemos hacer lo que nunca hicimos.
Nos besamos, pedí la cuenta y salimos.
Nuevamente en el auto, no sabía a donde ir y ella me sugirió un motel cerca de ahí.
Llegamos al motel y al entrar al cuarto, la verdad es que no sabía como empezar, me sentía turbado, un poco tímido, no podía creerlo.
Nos besamos en la entrada y poco a poco fuimos subiendo el tono de las caricias.
Al fin pude sentir la dimensión de sus nalgas en mis manos, la redondez de sus pechos.
Levanté su falda para acariciarle las piernas y fui subiendo las manos poco a poco hasta sentir sus nalgas desnudas, pase los dedos en medio de sus nalgas hasta sentir los vellos de su vagina que salían de su calzón.
Poco a poco fui sintiendo su humedad en mis dedos, abría las piernas para que pudiera pasear mis dedos de su culo a su vagina.
No pude resistir más y abrí el cierre de su falda dejándola caer al piso, desabotoné su blusa y se la quité, me alejé un poco de ella para verla completa. Estaba de pie, con las medias puestas, un pequeño calzón que dejaba salir sus vellos por los lados y un brasier que apenas contenía dos pechos redondos y duros.
Me quité la ropa rápidamente dejándola en cualquier lugar, hasta quedar desnudo.
La verga completamente erecta, no puedo presumir que es muy grande, más bien bastante normal, pero la sentía inmensa.
Me acerqué a ella y volví a besarla, sentí que tomaba la verga con una mano tibia y me estremecí.
La llevé cerca de la cama y me senté, le besé el estomago y bajé hasta llegar a la panocha, sin quitarle el calzón, pasé varias veces mi lengua por encima, empujando a través de la tela, sintiendo como temblaba ella ante esas caricias.
Abrí el calzón y pase mi lengua por toda su panocha, sorbiendo su jugo, ella abrió las piernas y subió una de ella en la orilla de la cama.
Le mamé la panocha, mordisqueando su clítoris hasta que se vino en mi boca.
La tomé de la cintura y la acosté encima de mí, acariciándole las nalgas, nos acomodamos a lo largo de la cama.
Me pidió que le quitara toda la ropa para sentirme.
Le quité el brasier y procedí a mamar cada uno de sus pezones.
Le quité el calzón y luego cada una de las medias, besando la parte interior de sus muslos, pasando la lengua hasta llegar a la panocha, en que jugaba con mi lengua su clítoris.
Nuevamente excitada me puse encima de ella, levanté sus piernas por mis hombros y acomodé la punta de la verga en la entrada de su panocha, sin meterla, sólo recorriéndola de arriba a abajo, sintiendo como se humedecía más.
Sin poder resistir más, metí la verga poco a poco, ella empezó a jadear y ya no pude parar, fui metiéndola y sacándola cada vez más fuerte, hasta que conseguí que se viniera, mojando la cama, sentía en mis piernas su líquido.
No dejé de moverme y continué hasta venirme dentro de ella.
Me quedé dentro de ella hasta que nos recuperamos del esfuerzo.
Me acosté a su lado, pasándole un brazo por abajo de su cuello y así nos quedamos un buen rato sin hablar.
A poco rato ella tomó la verga con una mano, jugando con ella hasta que se volvió a parar.
Me entretuve jugando con su vello que me excitaba mucho, desenredándolo y acicalándolo sucesivamente.
Se montó encima de mi y se metió mi verga lentamente, mientras yo le acariciaba el clítoris, poco a poco fue aumentando el ritmo y se recostó encima de mi, con las caderas un poco levantadas, invitándome a moverme para continuar.
La tome de la cintura y comencé el movimiento hacia arriba y hacia abajo cada vez más fuerte, la verga entraba y salía completa en cada empujón, ella empezó a jadear como ya lo había hecho, con su cabeza puesta sobre mi hombro.
Sentí como se estremeció, dejo de moverse y yo continué haciéndola venir de una manera que parecía que nunca iba a acabar.
Cuando terminó se acostó encima de mi con la verga adentro que aún seguía parada.
Sin poderme mover completamente solo movía la verga dentro de ella, como si actuara sola, mientras le pasaba las manos por las nalgas, concentrándome en la entrada de su culo, sentía como se abría y se cerraba como un capullo.
Poco a poco fue respondiendo al movimiento de mi verga y empezó a moverse muy despacio, en cada movimiento metía más y más el dedo en su culo hasta tenerlo todo adentro.
Le pedí que cambiáramos de posición y la coloqué hincada en la cama, yo hice lo mismo y ahora se la metí por detrás, ella puso la cabeza y los hombros en la cama dejando arriba la cadera con la panocha bien abierta y el culito palpitando.
Le metí la verga por la panocha sin dejar de mirar como se abría y se cerraba su culo, puse el dedo pulgar en la entrada de ese culo y empecé a meterlo hasta tenerlo todo adentro, volvió a jadear hasta venirse.
Yo seguía metiendo y sacando la verga de esa panocha bien húmeda, hasta que pensé que estaba lista para meterla por el culo.
Saqué la verga y tomando de su líquido con una mano empecé a lubricar su culo, metiendo un dedo y luego otro, a pesar de eso no conseguía lubricarlo lo suficiente.
Me incliné y le puse la lengua en el culo, se estremeció y lo abrió más, le llené de saliva la entrada del culo y me levanté, poniéndome atrás de ella todavía hincado.
Le bajé las caderas para quedar a la misma altura y traté de meterlo sin lograrlo, me puse de pie y la halé a la orilla de la cama, le levanté las caderas y volví a colocar la verga en la entrada del culo.
Me costó trabajo que entrara la cabeza, su culo era muy estrecho, ella ahora pujaba con algo de dolor pero no me decía nada.
Volví a empujar más y más metiéndola con mucho esfuerzo y con dolor de parte de ella.
Cuando estuvo toda adentro, esperé un momento para no lastimarla y comencé a mover muy despacio para abrirle más el culito, pasé una mano abajo de ella para acariciar su panocha y volver a excitarla.
En poco tiempo estaba húmeda de nuevo y empecé a mover más fuerte, hasta que de plano sacaba y metía la verga completamente.
No se cuanto tiempo duramos así, sentí varias veces sus líquido en mi mano y escuché su jadeo que me indicaba que se había venido.
Fue en su última venida que no soporte más y me vine dentro de ella.
Cuando me separé sentí que de su culo salía el semen que le había dejado.
Nos acostamos y nos dormimos abrazados.
Despertamos hasta las 6 de la mañana y aunque yo estaba preocupado por la hora, volvimos a coger en la cama, logrando venirnos los dos.
Ella se metió a bañar, yo solo me lavé la verga, no quería llegar a mi casa bañado.
La llevé a su casa y le saqué la promesa de que volveríamos a vernos.
A pesar de que hablábamos por teléfono muy seguido, ya no volvimos a encontrarnos hasta ahora.
Ahora tengo la duda de si así hubiéramos cogido en la fecha en que nos conocimos.
A esta amiga, llamada Paty, la conocí cuando entre a la Universidad, quedamos en el mismo grupo, yo tenía 18 años y ella acababa de cumplir 23, era lo que se llamaba un culazo.
Paty, en aquel entonces, era un poco llenita, aunque de buen cuerpo, caderona, culona, bustona y muy agradable, siempre iba vestida con pantalones porque, decía ella, saliendo de su trabajo pasaba a su casa a ponerse ropa más cómoda.
Mis pantalones preferidos eran de color amarillo y de color blanco, con ellos se le notaba perfectamente la división de las nalgas y el monte de venus que lo tenía algo prominente. Siempre acaparaba las miradas de los compañeros.
Nos hicimos buenos amigos, le ayudaba a estudiar, le hacía algunos trabajos.
En algunas ocasiones, los sábados nos veíamos en su casa para preparar los exámenes, esos días usaba shorts de licra porque había salido a correr, era una delicia ver sus piernas y su culo moviéndose por toda la sala mientras repasábamos los temas.
Varias veces le pedí que fuera mi novia pero siempre me rechazó, decía que estábamos mejor como amigos.
Terminamos la carrera y nunca pasó nada.
Cada quien hizo su vida, me casé a los dos años de acabar la carrera y no volví a saber de ella.
Justo en la fiesta del XV aniversario de mi generación volví a verla. Había bajado mucho de peso, aunque conservaba las formas, se veía mucho mejor que cuando nos conocimos, madura, elegante y soltera.
Estuvimos durante la fiesta hablando de todo, de nuestras vidas, de mi hijo, de lo que habíamos hecho. Cuando terminó la fiesta me ofrecí a llevarla a su casa, eran cerca de las dos de la mañana, la seguí en su auto hasta su casa, me dijo que la dejara guardar su coche y esperé afuera en el mío.
Cuando terminó cerró el garaje y me dijo que la esperara un momento.
Salió y me dijo que la invitara a tomar una copa, francamente yo había perdido la práctica de la parranda y no sabía a donde ir, así que ella me sugirió un lugar y a ese fuimos. Era un piano bar, muy tranquilo, solo había parejas. Fui al baño y llamé a mi esposa para avisarle que había seguido la parranda con unos amigos y que llegaría bastante tarde, me creyó.
Seguimos hablando y llegamos al tema, le dije que algo que nunca iba a perdonarle es que nunca hubiera aceptado tener algo conmigo.
Me dijo que no era adecuado en ese momento, que me quería mucho como su amigo, pero que la vida cambiaba. Le contesté que yo estaba casado y que quería mucho a mi esposa y a mi hijo.
- ¿Y quién te dijo que quiero casarme contigo?
- ¿Entonces?
- Bueno, ya somos maduros. Yo por lo menos no tengo que darle cuentas a nadie.
- Eso quiere decir que...
- Si, eso quiere decir que si tú quieres podemos hacer lo que nunca hicimos.
Nos besamos, pedí la cuenta y salimos.
Nuevamente en el auto, no sabía a donde ir y ella me sugirió un motel cerca de ahí.
Llegamos al motel y al entrar al cuarto, la verdad es que no sabía como empezar, me sentía turbado, un poco tímido, no podía creerlo.
Nos besamos en la entrada y poco a poco fuimos subiendo el tono de las caricias.
Al fin pude sentir la dimensión de sus nalgas en mis manos, la redondez de sus pechos.
Levanté su falda para acariciarle las piernas y fui subiendo las manos poco a poco hasta sentir sus nalgas desnudas, pase los dedos en medio de sus nalgas hasta sentir los vellos de su vagina que salían de su calzón.
Poco a poco fui sintiendo su humedad en mis dedos, abría las piernas para que pudiera pasear mis dedos de su culo a su vagina.
No pude resistir más y abrí el cierre de su falda dejándola caer al piso, desabotoné su blusa y se la quité, me alejé un poco de ella para verla completa. Estaba de pie, con las medias puestas, un pequeño calzón que dejaba salir sus vellos por los lados y un brasier que apenas contenía dos pechos redondos y duros.
Me quité la ropa rápidamente dejándola en cualquier lugar, hasta quedar desnudo.
La verga completamente erecta, no puedo presumir que es muy grande, más bien bastante normal, pero la sentía inmensa.
Me acerqué a ella y volví a besarla, sentí que tomaba la verga con una mano tibia y me estremecí.
La llevé cerca de la cama y me senté, le besé el estomago y bajé hasta llegar a la panocha, sin quitarle el calzón, pasé varias veces mi lengua por encima, empujando a través de la tela, sintiendo como temblaba ella ante esas caricias.
Abrí el calzón y pase mi lengua por toda su panocha, sorbiendo su jugo, ella abrió las piernas y subió una de ella en la orilla de la cama.
Le mamé la panocha, mordisqueando su clítoris hasta que se vino en mi boca.
La tomé de la cintura y la acosté encima de mí, acariciándole las nalgas, nos acomodamos a lo largo de la cama.
Me pidió que le quitara toda la ropa para sentirme.
Le quité el brasier y procedí a mamar cada uno de sus pezones.
Le quité el calzón y luego cada una de las medias, besando la parte interior de sus muslos, pasando la lengua hasta llegar a la panocha, en que jugaba con mi lengua su clítoris.
Nuevamente excitada me puse encima de ella, levanté sus piernas por mis hombros y acomodé la punta de la verga en la entrada de su panocha, sin meterla, sólo recorriéndola de arriba a abajo, sintiendo como se humedecía más.
Sin poder resistir más, metí la verga poco a poco, ella empezó a jadear y ya no pude parar, fui metiéndola y sacándola cada vez más fuerte, hasta que conseguí que se viniera, mojando la cama, sentía en mis piernas su líquido.
No dejé de moverme y continué hasta venirme dentro de ella.
Me quedé dentro de ella hasta que nos recuperamos del esfuerzo.
Me acosté a su lado, pasándole un brazo por abajo de su cuello y así nos quedamos un buen rato sin hablar.
A poco rato ella tomó la verga con una mano, jugando con ella hasta que se volvió a parar.
Me entretuve jugando con su vello que me excitaba mucho, desenredándolo y acicalándolo sucesivamente.
Se montó encima de mi y se metió mi verga lentamente, mientras yo le acariciaba el clítoris, poco a poco fue aumentando el ritmo y se recostó encima de mi, con las caderas un poco levantadas, invitándome a moverme para continuar.
La tome de la cintura y comencé el movimiento hacia arriba y hacia abajo cada vez más fuerte, la verga entraba y salía completa en cada empujón, ella empezó a jadear como ya lo había hecho, con su cabeza puesta sobre mi hombro.
Sentí como se estremeció, dejo de moverse y yo continué haciéndola venir de una manera que parecía que nunca iba a acabar.
Cuando terminó se acostó encima de mi con la verga adentro que aún seguía parada.
Sin poderme mover completamente solo movía la verga dentro de ella, como si actuara sola, mientras le pasaba las manos por las nalgas, concentrándome en la entrada de su culo, sentía como se abría y se cerraba como un capullo.
Poco a poco fue respondiendo al movimiento de mi verga y empezó a moverse muy despacio, en cada movimiento metía más y más el dedo en su culo hasta tenerlo todo adentro.
Le pedí que cambiáramos de posición y la coloqué hincada en la cama, yo hice lo mismo y ahora se la metí por detrás, ella puso la cabeza y los hombros en la cama dejando arriba la cadera con la panocha bien abierta y el culito palpitando.
Le metí la verga por la panocha sin dejar de mirar como se abría y se cerraba su culo, puse el dedo pulgar en la entrada de ese culo y empecé a meterlo hasta tenerlo todo adentro, volvió a jadear hasta venirse.
Yo seguía metiendo y sacando la verga de esa panocha bien húmeda, hasta que pensé que estaba lista para meterla por el culo.
Saqué la verga y tomando de su líquido con una mano empecé a lubricar su culo, metiendo un dedo y luego otro, a pesar de eso no conseguía lubricarlo lo suficiente.
Me incliné y le puse la lengua en el culo, se estremeció y lo abrió más, le llené de saliva la entrada del culo y me levanté, poniéndome atrás de ella todavía hincado.
Le bajé las caderas para quedar a la misma altura y traté de meterlo sin lograrlo, me puse de pie y la halé a la orilla de la cama, le levanté las caderas y volví a colocar la verga en la entrada del culo.
Me costó trabajo que entrara la cabeza, su culo era muy estrecho, ella ahora pujaba con algo de dolor pero no me decía nada.
Volví a empujar más y más metiéndola con mucho esfuerzo y con dolor de parte de ella.
Cuando estuvo toda adentro, esperé un momento para no lastimarla y comencé a mover muy despacio para abrirle más el culito, pasé una mano abajo de ella para acariciar su panocha y volver a excitarla.
En poco tiempo estaba húmeda de nuevo y empecé a mover más fuerte, hasta que de plano sacaba y metía la verga completamente.
No se cuanto tiempo duramos así, sentí varias veces sus líquido en mi mano y escuché su jadeo que me indicaba que se había venido.
Fue en su última venida que no soporte más y me vine dentro de ella.
Cuando me separé sentí que de su culo salía el semen que le había dejado.
Nos acostamos y nos dormimos abrazados.
Despertamos hasta las 6 de la mañana y aunque yo estaba preocupado por la hora, volvimos a coger en la cama, logrando venirnos los dos.
Ella se metió a bañar, yo solo me lavé la verga, no quería llegar a mi casa bañado.
La llevé a su casa y le saqué la promesa de que volveríamos a vernos.
A pesar de que hablábamos por teléfono muy seguido, ya no volvimos a encontrarnos hasta ahora.
Ahora tengo la duda de si así hubiéramos cogido en la fecha en que nos conocimos.