bubu
03-07 2007, 03:46 PM
…cerramos el bar. Subimos a su auto y en ese momento por mi cabeza rondaban un montón de pensamientos… Lo que había sucedido era increíble… un momento lleno de sentimientos y emociones por un lado… El contraste de nuestro trabajo, ella me había regañado sobre mi forma de trabajar, pero ese regaño en realidad era una muestra de los celos que sentía ella al saber que yo saldría con un muchacho que había conocido; el momento de los “insultos”… mi furia e impotencia al ver que ella me trataba así… su furia y enojo al ver que yo le decía pelotuda… la cachetada que ella me dio… mi dolor… su arrepentimiento… y finalmente aquel beso que las dos anhelábamos desde tiempos anteriores.
Estábamos en su auto dirigiéndonos a no sé dónde. Ella mantenía un misterio que me desesperaba y en su mirada notaba una picardía que encendía mi interior. Llevábamos un trayecto largo de viaje, ella había tomado el camino de siempre, el que nos dejaba a sólo unas cuadras de distancia (si no recuerdan… ella vive a dos cuadras de mi casa) Yo no sabía cuáles eran sus intenciones, en realidad no estaba segura de qué estaba pensando sobre lo que pasó en la calle. En un momento ella rompe aquel silencio incómodo y me dice: “¿a dónde querés que vayamos?” Yo, inmersa en mis pensamientos, pensé en voz alta y le dije: “a las estrellas” Ella sonrió y me acaricio la cara diciendo: “allá vamos… pero tenemos que partir desde algún lugar” En mi departamento está la Belu le dije (Belu es la chica con la que comparto el departamento donde vivo) “Bueno, entonces vamos a mi casa” me contestó.
Llegamos, bajamos y entramos a su casa Allí estaba la pileta que con sus luces iluminaba el patio hermoso lleno de plantas y flores. Aquella pileta con la que soñaba desde aquel día que vi a Lucía en bikini. Entramos, su casa es perfecta, con un ambiente rústico, velas… todo de madera. Decorada con imágenes y símbolos Mayas e Incas. A la derecha, como en una especie de desnivel, está el living con una mesa llena de velas y adornos, unos cómodo sillones y el hogar… A la izquierda, una barra que divide la cocina-comedor donde se ven unas botellas de licor y algunos vinos añejos. Lucía se dirige hacia la barra y me muestra un vino diciendo: “cabernet sauvignon, el que te gusta ¿no?”, “si, exactamente” le contesto. Busca el descorchador y pelea un poco con él, en ese momento voy a ayudarla y le tomo las manos descorchando el vino las dos al mismo tiempo. Ella sonríe y dándome un beso al costado de mis labios dice: “gracias cielo” Esa ternura me encantaba, a su vez ella no beso mis labios completamente porque quería jugar, dejar lo mejor para el último.
Nos vamos afuera, a una especie de galería donde tiene una hamaca paraguaya. Nos sentamos las dos ahí y disfrutamos de ese vino que era realmente un elixir. la noche estaba perfecta, un cielo estrellado, ni una gota de viento y el sonido de los grillos. Las dos disfrutábamos del vino en silencio, por dentro moría por decirle que la amo, que desde el primer día que la vi sueño con ella… pero no me animaba, no sabía si arriesgarme a decirle todo eso. No sabía si ella sentía lo mismo o si sólo quería jugar un poco conmigo. De repente ella empieza a hablar… “¿sabes Bubu? No sé qué tenés… qué me hiciste… pero la verdad es siempre sentí unas ganas terribles de besarte. Al principio era sólo eso, más que todo deseo… pero con el tiempo descubrí en vos a una persona espectacular, capaz de alegrarme el día con una sonrisa, de sacarme la mala onda con un chiste y de tranquilizarme con un abrazo. Ese día que murió mi abuela… todo el mundo me abrazaba y me consolaba, vos me viste al día siguiente y sólo tu abrazo hizo que ese suspiro de dolor contenido, saliera de mi interior y pude llorar tranquila… en tus brazos. A partir de ese día supe que te quiero… demasiado.”
Lucía suspira largamente y me mira directamente a los ojos, en ese momento la hubiese tomado de la mano y le hubiese dicho que la amo y que quería irme a donde sea sola con ella… Yo simplemente contuve esas ganas y me concentré en su mirada… Sus ojos verdes eran transparentes y podía ver que estaba siendo sincera. Mi corazón latía fuerte… como queriendo salirse, como si estuviese gritando, ahí es cuando le dije: “desde el primer día que te vi que sueño con vos. Igual que vos… primero era deseo de besarte y hacerte mía… pero ahora tengo la necesidad de verte, de escucharte y te quiero mucho más que demasiado… te amo” Lucia sonríe y se sonroja un poco, saca de mi mano la copa de vino, la deja sobre la mesa y me toma de la mano guiándome hacia adentro de la casa, mientras caminábamos me decía: “viniste varias veces a casa, pero nunca te mostré mi habitación… supongo que porque siempre tuve la esperanza de que este momento llegara…”
Se para delate de una puerta y la abre despacio sonriendo y guiñándome un ojo. Al entrar se ve el somier de dos plazas y media en el medio de la habitación, al frente de ella, un mueble con un espejo sobre él y a los costados de la cama dos mesitas de luz con velas. En la habitación estaba su perfume… era Lucía convertida en cuatro paredes y un par de muebles. Me toma de las manos y las lleva hacia su cintura… acaricia mi rostro y me susurra al oído: “yo también te amo bebe” y me da el beso mas hermoso que recibí en mi vida…
Besa despacito mis labios, después roza con su lengua el labio superior y sigue por el inferior. Luego sube empezando por el inferior… tocando el de arriba y mete su lengua en mi boca que ya estaba rendida… nuestras lenguas se acariciaban formando círculos por arriba y por abajo, yo bajé mis manos a sus caderas y la traje hacia mí tomándola por la espalda y bajando a acariciarle la cola… esa manzana del pecado, perfecta. Ella suspira y me empieza a desabrochar la camisa mientras con su lengua explora mi cuello y mi oreja, yo comienzo a retirar los costados de su musculosa y a besar sus hombros pasándole mi lengua. Lucía levanta los brazos dejándome sacar su musculosa y observar con la tenue luz, su bello y esbelto cuerpo. Termina de sacarme la camisa y sin perder tiempo, pero con una lentitud que me hacia agonizar, desprende mi corpiño y comienza a acariciarme los senos, casi sin tocarlos, muy por encima… De a poco empieza a acariciarlos y a dibujar círculos en ellos bordeando mis pezones mientras con su lengua, sigue explorando cada rincón de mi boca. Yo desprendo su corpiño y observo sus pequeños pero redondos y paraditos senos excitados y empiezo a jugar con ellos y las dos nos fundimos en un beso exquisito, acariciando simultáneamente nuestros senos y haciendo que la excitación siga creciendo.
Nos tiramos en la cama, Lucia debajo de mí, era mi sueño tenerla para mí y hacerla mía. Casi con incredulidad, deposité mi lengua sobre sus senos, se estremeció con un suspiro y comenzó a moverse suavemente debajo de mi boca. Recorrí sus pechos y jugué con sus pezones entre mis dientes. Lucia hundía sus manos en mis cabellos, mientras balanceaba el cuerpo para disfrutar y hacer más intensas las caricias de mi boca. Comencé a acariciar su sexo por encima del pantalón que sin dudarlo comencé a desprender. No podía soltar sus pezones sonrosados, duros, deliciosos, mientras ella, con su voz ronca y ahogada de éxtasis, me pedía que la besara más en la boca.
Con timidez deslicé mi mano hasta su sexo de escaso vello. Sus gemidos me hacían delirar, con delicadeza empecé a introducir mis manos en su vagina húmeda… deslice todo el pantalón por sus piernas. Estaba tan mojada que los flujos se escurrían entre ellas. Levanté la mirada y contemplé sus bellísimos ojos, besé palmo a palmo su cuello, su barbilla, su ombligo, sus tetas divinas, que de excitadas me apuntaban erectas de pasión. El olor a hembra en celo me enloquecía. Abrió sus piernas para mí dejando libre el camino hacia su gruta. Con mi lengua hambrienta lamí el néctar que se derramaba caliente y denso, servido en copa sólo para mí y ella presionando sus pechos con desesperación, me suplicaba que lo hiciera más y más.
Qué estupenda sensación penetrar con mi lengua su tibia vagina resbalosa y fragante, sentir la tensión de su clítoris mojado por mis besos y lamerlo con frenesí. Un gritito ahogado, su mano aferrando mis cabellos y su sexo abierto al máximo, me indicaron que mi ladrona lengua robaba su primer orgasmo con una mujer. No imaginan qué espectáculo era ver su vagina contraerse y relajarse de placer, ver el crecimiento máximo de su clítoris, rojo y resbaloso de embriagantes fluidos. Me incliné para seguir bebiendo de esa fuente de placer hasta la última gota, hasta el último espasmo. Subo a encontrarme con su boca, ella susurró un “¡Te amo!” suavemente en mis oídos y me dijo: “ahora es mi turno de hacerte ver las estrellas, cielo”
Casi sin darme cuenta, ella posó un beso en mi pezón derecho, qué sensación tan extraña, era como sentir una caricia tan extraordinariamente suave, como si no existiera y sin embargo, su legua seguía allí y empezaba a recorrer todo mi pecho, notaba la suavidad de sus manos y el roce de sus uñas contra mi pezón, luego sentía la punta de su lengua golpetear la punta erecta de mis pezones que combinaba con enloquecedoras succiones, subió y sus labios armoniosos se hundieron en los míos en un beso femenino inolvidable. No hubo recodo que no explorara, nuestras lenguas se entrecruzaban y se lamían mutuamente, mordisqueaba sus labios y ella los míos. Fue un beso largo y profundo, apasionado, un beso de entrega. Yo muy pegadita a ella, presionando mis senos contra los suyos; mientras Lucía con sus manos acariciaba mis nalgas, con una caricia atrevida y retadora, mientras nos besábamos ella con sus dedos me adelantaba el placer en pleno sexo.
Suave, mojada, excitada, abrí las piernas para facilitar su entrada. Allí su dedo medio se deslizó sin obstáculos, lentamente y con deseos desatados. Luego fue su palma completa, atrapando toda mi vulva. Quise gritar de placer, sólo pude sentir un latigazo electrizante, mi boca se abría para tomar aire y sentía un torrente de placer que recorría nuevamente todo mi cuerpo, desde mi cabeza hasta los pies. Lucía comenzó a descender por mi cuerpo besando mi cuello, mis pechos, mi ombligo… Separa mis piernas y su lengua penetra con curiosidad casi infantil en mi vulva lamiendo por todos lados con su cabeza entre mis piernas, mientras yo tironeaba de sus cabellos. No podía más, el placer era irresistible, estaba a punto de explotar y acabar en un orgasmo, pero Lucía sabía qué hacer.
Empezó a lamer mi clítoris jugando con él, dándole pequeños mordiscos e introduciendo su lengua dentro, yo no podía más y entre gritos y gemidos acabé; mi cuerpo se tensó y ella siguió lamiendo mientras su boca se llenaba de mis jugos, era lo mejor que me había pasado en mi vida, era fantástico. Más no paró y siguió lamiendo y bebiendo mis flujos, metía su lengua, recorría toda mi vagina hasta llegar a mi ano, al cual besaba e introducía la lengua dejándome otra vez al borde del orgasmo. Un calor increíble recorrió mi cuerpo cuando introdujo el primer dedo, lo movía de forma circular y mi ano se acomodaba a su dedo, luego metió otro y empezó un movimiento de mete y saca que me hizo acabar otra vez pero en un orgasmo más intenso que el anterior. Entre gemidos de placer y un ronroneo de gata en celo, tensé mi cuerpo y quedé exhausta por el placer recibido.
Espero que les haya gustado… Desde ya gracias por sus comentarios. !Hasta pronto!
¡Te amo Lucía!
Estábamos en su auto dirigiéndonos a no sé dónde. Ella mantenía un misterio que me desesperaba y en su mirada notaba una picardía que encendía mi interior. Llevábamos un trayecto largo de viaje, ella había tomado el camino de siempre, el que nos dejaba a sólo unas cuadras de distancia (si no recuerdan… ella vive a dos cuadras de mi casa) Yo no sabía cuáles eran sus intenciones, en realidad no estaba segura de qué estaba pensando sobre lo que pasó en la calle. En un momento ella rompe aquel silencio incómodo y me dice: “¿a dónde querés que vayamos?” Yo, inmersa en mis pensamientos, pensé en voz alta y le dije: “a las estrellas” Ella sonrió y me acaricio la cara diciendo: “allá vamos… pero tenemos que partir desde algún lugar” En mi departamento está la Belu le dije (Belu es la chica con la que comparto el departamento donde vivo) “Bueno, entonces vamos a mi casa” me contestó.
Llegamos, bajamos y entramos a su casa Allí estaba la pileta que con sus luces iluminaba el patio hermoso lleno de plantas y flores. Aquella pileta con la que soñaba desde aquel día que vi a Lucía en bikini. Entramos, su casa es perfecta, con un ambiente rústico, velas… todo de madera. Decorada con imágenes y símbolos Mayas e Incas. A la derecha, como en una especie de desnivel, está el living con una mesa llena de velas y adornos, unos cómodo sillones y el hogar… A la izquierda, una barra que divide la cocina-comedor donde se ven unas botellas de licor y algunos vinos añejos. Lucía se dirige hacia la barra y me muestra un vino diciendo: “cabernet sauvignon, el que te gusta ¿no?”, “si, exactamente” le contesto. Busca el descorchador y pelea un poco con él, en ese momento voy a ayudarla y le tomo las manos descorchando el vino las dos al mismo tiempo. Ella sonríe y dándome un beso al costado de mis labios dice: “gracias cielo” Esa ternura me encantaba, a su vez ella no beso mis labios completamente porque quería jugar, dejar lo mejor para el último.
Nos vamos afuera, a una especie de galería donde tiene una hamaca paraguaya. Nos sentamos las dos ahí y disfrutamos de ese vino que era realmente un elixir. la noche estaba perfecta, un cielo estrellado, ni una gota de viento y el sonido de los grillos. Las dos disfrutábamos del vino en silencio, por dentro moría por decirle que la amo, que desde el primer día que la vi sueño con ella… pero no me animaba, no sabía si arriesgarme a decirle todo eso. No sabía si ella sentía lo mismo o si sólo quería jugar un poco conmigo. De repente ella empieza a hablar… “¿sabes Bubu? No sé qué tenés… qué me hiciste… pero la verdad es siempre sentí unas ganas terribles de besarte. Al principio era sólo eso, más que todo deseo… pero con el tiempo descubrí en vos a una persona espectacular, capaz de alegrarme el día con una sonrisa, de sacarme la mala onda con un chiste y de tranquilizarme con un abrazo. Ese día que murió mi abuela… todo el mundo me abrazaba y me consolaba, vos me viste al día siguiente y sólo tu abrazo hizo que ese suspiro de dolor contenido, saliera de mi interior y pude llorar tranquila… en tus brazos. A partir de ese día supe que te quiero… demasiado.”
Lucía suspira largamente y me mira directamente a los ojos, en ese momento la hubiese tomado de la mano y le hubiese dicho que la amo y que quería irme a donde sea sola con ella… Yo simplemente contuve esas ganas y me concentré en su mirada… Sus ojos verdes eran transparentes y podía ver que estaba siendo sincera. Mi corazón latía fuerte… como queriendo salirse, como si estuviese gritando, ahí es cuando le dije: “desde el primer día que te vi que sueño con vos. Igual que vos… primero era deseo de besarte y hacerte mía… pero ahora tengo la necesidad de verte, de escucharte y te quiero mucho más que demasiado… te amo” Lucia sonríe y se sonroja un poco, saca de mi mano la copa de vino, la deja sobre la mesa y me toma de la mano guiándome hacia adentro de la casa, mientras caminábamos me decía: “viniste varias veces a casa, pero nunca te mostré mi habitación… supongo que porque siempre tuve la esperanza de que este momento llegara…”
Se para delate de una puerta y la abre despacio sonriendo y guiñándome un ojo. Al entrar se ve el somier de dos plazas y media en el medio de la habitación, al frente de ella, un mueble con un espejo sobre él y a los costados de la cama dos mesitas de luz con velas. En la habitación estaba su perfume… era Lucía convertida en cuatro paredes y un par de muebles. Me toma de las manos y las lleva hacia su cintura… acaricia mi rostro y me susurra al oído: “yo también te amo bebe” y me da el beso mas hermoso que recibí en mi vida…
Besa despacito mis labios, después roza con su lengua el labio superior y sigue por el inferior. Luego sube empezando por el inferior… tocando el de arriba y mete su lengua en mi boca que ya estaba rendida… nuestras lenguas se acariciaban formando círculos por arriba y por abajo, yo bajé mis manos a sus caderas y la traje hacia mí tomándola por la espalda y bajando a acariciarle la cola… esa manzana del pecado, perfecta. Ella suspira y me empieza a desabrochar la camisa mientras con su lengua explora mi cuello y mi oreja, yo comienzo a retirar los costados de su musculosa y a besar sus hombros pasándole mi lengua. Lucía levanta los brazos dejándome sacar su musculosa y observar con la tenue luz, su bello y esbelto cuerpo. Termina de sacarme la camisa y sin perder tiempo, pero con una lentitud que me hacia agonizar, desprende mi corpiño y comienza a acariciarme los senos, casi sin tocarlos, muy por encima… De a poco empieza a acariciarlos y a dibujar círculos en ellos bordeando mis pezones mientras con su lengua, sigue explorando cada rincón de mi boca. Yo desprendo su corpiño y observo sus pequeños pero redondos y paraditos senos excitados y empiezo a jugar con ellos y las dos nos fundimos en un beso exquisito, acariciando simultáneamente nuestros senos y haciendo que la excitación siga creciendo.
Nos tiramos en la cama, Lucia debajo de mí, era mi sueño tenerla para mí y hacerla mía. Casi con incredulidad, deposité mi lengua sobre sus senos, se estremeció con un suspiro y comenzó a moverse suavemente debajo de mi boca. Recorrí sus pechos y jugué con sus pezones entre mis dientes. Lucia hundía sus manos en mis cabellos, mientras balanceaba el cuerpo para disfrutar y hacer más intensas las caricias de mi boca. Comencé a acariciar su sexo por encima del pantalón que sin dudarlo comencé a desprender. No podía soltar sus pezones sonrosados, duros, deliciosos, mientras ella, con su voz ronca y ahogada de éxtasis, me pedía que la besara más en la boca.
Con timidez deslicé mi mano hasta su sexo de escaso vello. Sus gemidos me hacían delirar, con delicadeza empecé a introducir mis manos en su vagina húmeda… deslice todo el pantalón por sus piernas. Estaba tan mojada que los flujos se escurrían entre ellas. Levanté la mirada y contemplé sus bellísimos ojos, besé palmo a palmo su cuello, su barbilla, su ombligo, sus tetas divinas, que de excitadas me apuntaban erectas de pasión. El olor a hembra en celo me enloquecía. Abrió sus piernas para mí dejando libre el camino hacia su gruta. Con mi lengua hambrienta lamí el néctar que se derramaba caliente y denso, servido en copa sólo para mí y ella presionando sus pechos con desesperación, me suplicaba que lo hiciera más y más.
Qué estupenda sensación penetrar con mi lengua su tibia vagina resbalosa y fragante, sentir la tensión de su clítoris mojado por mis besos y lamerlo con frenesí. Un gritito ahogado, su mano aferrando mis cabellos y su sexo abierto al máximo, me indicaron que mi ladrona lengua robaba su primer orgasmo con una mujer. No imaginan qué espectáculo era ver su vagina contraerse y relajarse de placer, ver el crecimiento máximo de su clítoris, rojo y resbaloso de embriagantes fluidos. Me incliné para seguir bebiendo de esa fuente de placer hasta la última gota, hasta el último espasmo. Subo a encontrarme con su boca, ella susurró un “¡Te amo!” suavemente en mis oídos y me dijo: “ahora es mi turno de hacerte ver las estrellas, cielo”
Casi sin darme cuenta, ella posó un beso en mi pezón derecho, qué sensación tan extraña, era como sentir una caricia tan extraordinariamente suave, como si no existiera y sin embargo, su legua seguía allí y empezaba a recorrer todo mi pecho, notaba la suavidad de sus manos y el roce de sus uñas contra mi pezón, luego sentía la punta de su lengua golpetear la punta erecta de mis pezones que combinaba con enloquecedoras succiones, subió y sus labios armoniosos se hundieron en los míos en un beso femenino inolvidable. No hubo recodo que no explorara, nuestras lenguas se entrecruzaban y se lamían mutuamente, mordisqueaba sus labios y ella los míos. Fue un beso largo y profundo, apasionado, un beso de entrega. Yo muy pegadita a ella, presionando mis senos contra los suyos; mientras Lucía con sus manos acariciaba mis nalgas, con una caricia atrevida y retadora, mientras nos besábamos ella con sus dedos me adelantaba el placer en pleno sexo.
Suave, mojada, excitada, abrí las piernas para facilitar su entrada. Allí su dedo medio se deslizó sin obstáculos, lentamente y con deseos desatados. Luego fue su palma completa, atrapando toda mi vulva. Quise gritar de placer, sólo pude sentir un latigazo electrizante, mi boca se abría para tomar aire y sentía un torrente de placer que recorría nuevamente todo mi cuerpo, desde mi cabeza hasta los pies. Lucía comenzó a descender por mi cuerpo besando mi cuello, mis pechos, mi ombligo… Separa mis piernas y su lengua penetra con curiosidad casi infantil en mi vulva lamiendo por todos lados con su cabeza entre mis piernas, mientras yo tironeaba de sus cabellos. No podía más, el placer era irresistible, estaba a punto de explotar y acabar en un orgasmo, pero Lucía sabía qué hacer.
Empezó a lamer mi clítoris jugando con él, dándole pequeños mordiscos e introduciendo su lengua dentro, yo no podía más y entre gritos y gemidos acabé; mi cuerpo se tensó y ella siguió lamiendo mientras su boca se llenaba de mis jugos, era lo mejor que me había pasado en mi vida, era fantástico. Más no paró y siguió lamiendo y bebiendo mis flujos, metía su lengua, recorría toda mi vagina hasta llegar a mi ano, al cual besaba e introducía la lengua dejándome otra vez al borde del orgasmo. Un calor increíble recorrió mi cuerpo cuando introdujo el primer dedo, lo movía de forma circular y mi ano se acomodaba a su dedo, luego metió otro y empezó un movimiento de mete y saca que me hizo acabar otra vez pero en un orgasmo más intenso que el anterior. Entre gemidos de placer y un ronroneo de gata en celo, tensé mi cuerpo y quedé exhausta por el placer recibido.
Espero que les haya gustado… Desde ya gracias por sus comentarios. !Hasta pronto!
¡Te amo Lucía!