Frankarrieta
26-06 2007, 05:11 PM
Cuando salí del colegio me fui a vivir a un apartamento con un amigo, pues la universidad a la cual iríamos los dos estaba lejos. Mi amigo Guillermo siempre me había atraído, aunque yo era un poco más alto que él (soy alto, trigueño ojos verdes), él es un poco más bajo que yo (delgado y blanco), pero tenia algo que me gustaba.
Nos instalamos en nuestro apartamento, el cual sólo contaba con una cama individual en la cual tendríamos que dormir los dos. Guillermo siempre se las ha dado de seductor de chicas y de ligarse a quien se le ponga; mientras que yo, siempre tenía mis lances con las chicas pero sentía algo más por los chicos (aunque no había tenido nada aún con ninguno).
Cuando estábamos en el colegio en clases de Educación Física, siempre veía a mis compañeros cambiándose. Me fascinaba ver, especialmente a los que utilizaban calzoncillos; pero de igual manera no perdía de vista a los de bóxer. Guillermo es uno de esos que utiliza calzoncillos; después de verlos, siempre me la jalaba pues me imaginaba a esos chicos mamándolos uno por uno.
La primera noche que Guillermo y yo dormimos en la misma cama en nuestro apartamento, casi no puede dormir de imaginarlo cerca de mí, pero él se durmió y ya no paso nada; aunque yo me acercaba siempre a él para que su paquete se rosara contra mi culito. Pero sin logar nada en él.
Guillermo y yo siempre nos cambiamos juntos de ropa, uno enfrente del otro pero sin quedarnos desnudos; él únicamente con su calzoncillo y yo con mi bóxer, y cada vez que nos cambiamos no perdía la oportunidad de ver ese paquete que se veía delicioso.
Un par de días después renté una película porno con la intención de verla, y que se nos antojara masturbarnos mientras la veíamos, y por que no algo más. Pero todo fue en vano, la vimos juntos pero nada; yo veía su paquete que crecía pero hasta ahí, él no hizo señas de querer nada, por lo que después de ese día fui perdiendo toda esperanza con Guillermo.
Otro día que renté otra película (con la misma intención anterior), noté que al final de la misma Guillermo se levantó y se fue para el baño; obviamente a jalársela mientras yo lo hice también, pero imaginándome a él jalándosela.
Desde ese día busqué la forma de poder verlo mientras se duchaba o iba al baño, pero mis intentos eran fallidos; pues el baño era totalmente cerrado, solo con una pequeña ventana un poco alta, que si me asomaba me vería.
Hasta que un día con un cuchillo hice un pequeño hueco en la puerta del baño, que me permitiría verlo cuando salía de la ducha; y fue así como pude ver al fin lo que siempre quería tener conmigo. Su pene flácido pero delicioso, se veía riquísimo; deseaba tenerlo en mi boca. Desde ese día cada vez que se duchaba yo lo admiraba por el pequeño hueco de la puerta.
Un día, cuando él entró al baño a ducharse; yo ya estaba en la puerta listo para verlo pero al no escuchar que se abriera la ducha miré, y lo vi sentado en posición contraria al sanitario, pero sólo lo podía ver muy poco; sólo veía su espalda, no sabia que hacia hasta que pude darme cuenta que se estaba masturbando. En ese momento hice lo posible por verlo, pero no pude puesto que el hueco en la puerta era muy pequeño y daba únicamente a la regadera.
Cuando él salió rumbo a sus clases hice otro hueco que diera directamente al sanitario, para poder verlo cuando se masturbaba; e inmediatamente después me fui a rentar una película porno, para que cuando llegara la viéramos y le dieran ganas de masturbarse, así yo lo podría ver; ya no me importaba tanto si durante la película se me insinuaba o algo, lo único que me interesaba era que se masturbara.
Y así fue, al terminar de ver la cinta corrió hacia el baño y detrás iba yo; cuando lo veo que se sienta en el sanitario y se empieza a masturbar, yo estaba realizado y a mil al ver su pene flácido como iba creciendo en sus manos y como él se acariciaba al mismo tiempo sus tetillas. Era una maravilla, yo me masturbaba viendo aquel espectáculo, cuando lo vi contraerse y largar un chorro de rico semen que deseé cayera sobre mí; e igual que él termine yo también por venirme, fue una sensación estupenda. Después de eso él salió del baño, se dirigió a la cama, se acostó a mi lado y se durmió; yo estaba feliz, poco complacido pues quería algo más, pero feliz.
Después de ese día, todos los días lo espiaba cuando se bañaba, cuando se masturbaba, cuando iba al baño y a cada momento.
Un día me dije que ya estaba cansado de desearlo tanto y no poder tocarlo, ni hacerle nada; quería ese rico pene en mí, y que esa lechita que veía salir siempre fuera para mí. Pero cómo, si tenía miedo de que sí me le declaraba, se enojara y se fuera de ahí.
Hasta que un día mientras el dormía me atreví a tocarlo por encima de la sabana sobre su paquete; lo tenia flácido pero se sentía delicioso, mi corazón latía a mil por el miedo de que se despertara y me descubriera; sin embargo, seguí tocándolo. Le quité la sabana y lo toqué sobre su calzoncillo, se lo apretaba; yo estaba maravillado, pero no conseguía que se le pusiera dura, además estaba el miedo de que despertara.
Como pude metí mi mano dentro de su calzoncillo, al fin tenia ese pene delicioso en mis manos; lo acariciaba, lo jalaba, pero no conseguí ponerlo duro. En un momento el se movió, saqué rápidamente mi mano y él abrió los ojos; a mi casi se me sale el corazón del susto, él me vuelve a ver y da media vuelta, se duerme y yo del puro miedo me quedé dormido.
Al otro día nos despertamos, él no comentó nada y yo mucho menos. Después de ése día, todos los días hacia lo mismo pero con la diferencia de que ya conseguía ponerlo duro, lo tocaba, lo jalaba; pero no me atrevía a chuparlo pues me daba miedo que despertara, pues en todo momento él nunca dio señas de estar despierto.
Hasta que un día se despierta mientras yo tenía su pene en la mano, tan duro que ya iba a reventarle, me ve y me dice.
-¡Ya me voy a venir! -como pude me metí su pene en la boca, al fin era mío.
Lo chupé de arriba a abajo y en eso él se vino, me tragué toda su lechita. No podía creerlo, lo que siempre había querido lo tenia al fin.
Él dio un grito de satisfacción, se acomodó en la cama y me dijo.
-Yo que pensaba que lo que me pasaba eran puros sueños, ahora se que eras tu –me agarró y me dio un beso delicioso.
Para eso ya me había venido también, pero pasó lo que nunca pensé que pasaría.
-Disculpa, lo que hice fue una estupidez. No me gustas, tengo novia y no sé por que lo hice. Discúlpame.
Él se quedó sorprendido e intento abrazarme, pero yo no me dejé; me levante y le dije.
-Te calmas o vamos a tener problemas –y me fui a dormir al sofá.
Después de todo lo que batallé por ese momento, no quería nada. No lo podía creer, pero lo que realmente paso es que sentí miedo de que después de esa noche nuestra amistad cambiara, pues nos llevábamos muy bien; ese era mi miedo.
Al otro día mientras desayunaba él se acerco me dijo al oído.
-Te quiero mucho –cosa que no me extrañó, pues siempre me lo decía, más cuando estaba un poco tomado; pero ésta vez su mano intentó tocar mi pene, de un salto me quite.
-Esto ésta mal y tenemos que ponerle; no podemos seguir así. Debes comprar una cama, pues no vamos a seguir durmiendo juntos –me bañé y me fui para la Universidad.
De camino suena mi celular, era él.
-Estoy muy enamorado de ti, te quiero mucho –un poco más tranquilo le respondí.
-No sé, nunca he tenido nada con un chico. Estoy muy confundido.
-Cuando regreses hablaremos.
Al volver estaba nervioso, Guillermo me esperaba en el cuarto. De camino hacia el apartamento había comprendido mi situación, no me gustaban los chicos; en cierta manera lo que me gustaba era verlos desnudos. Se lo dije a él, y él me contó de sus aventuras con otros chicos; yo no lo podía creerlo, tanto que jugaba a ser de macho y resultó ser marica. Después de ese día todo cambió; ya en cierto modo lo vi diferente, por lo que opté por vivir solo en otro apartamento, lo que sentía por la amistad de él cambió.
Dos años después estaba planeando mi Boda, fue una Boda muy grande con 650 invitados. Cuando entre la lista de invitados de mi futura esposa estaba el nombre de él, quedé atónito. Le reclamé y ella me dijo.
-Quiero que tú mismo vayas a invitarlo. No sé por qué se enojaron ustedes, pero ya es suficiente; ve y hablas con él.
Al principio me negué, pero la curiosidad de volverlo a ver me excitaba.
Dos días después fui a dejar la invitación, estaba en su casa y salió a recibirme con un short.
-¿Y eso, tú aquí?, pasa.
Entré, me ofreció una cerveza; yo estaba muy nervioso y le dije a que venía, le di la invitación e hice ademanes de irme, me levanté y él me agarró por detrás. Yo no sé que pasó, pero caí ante sus caricias y me dijo.
-Esto será tu despedida de soltero.
Me llevó a su cuarto, yo no decía palabra alguna. Él estaba igual de bueno que siempre; de un golpe me bajó el pantalón y el bóxer, empezó a mamármela de una forma que ninguna de las chicas con las que había estado me lo había hecho. Me besaba, yo le correspondía; yo se la mamé, tenia la misma verga de siempre, rica, rosadita.
Después me dijo que quería que lo penetrara; metí mi pene entre sus nalgas apretaditas, pero otra vez la confusión me invadió; lo empujé, tomé mi ropa, me despedí y le dije te espero en la Boda.
Me fui muy desconcertado, no sabía que había pasado. Él llegó a la boda, cuando lo vi en la iglesia deseaba desaparecerme; tenía miedo de que cuando el cura dijera si había alguien que se opusiera, él dijera algo. Gracias a Dios no fue así; paso la boda y después en la fiesta, él llegó a despedirse y a felicitarme, cuando lo hizo me apretó una nalga y me dijo.
-Tú me debes algo –y se fue.
De eso han pasado tres años y no lo he vuelto a ver. Ahora vivo en España, soy de Costa Rica; pero mi asombro fue hace un par de semanas cuando me llegó la invitación a la boda de una prima, casi me muero cuando vi el nombre del novio.
Nos instalamos en nuestro apartamento, el cual sólo contaba con una cama individual en la cual tendríamos que dormir los dos. Guillermo siempre se las ha dado de seductor de chicas y de ligarse a quien se le ponga; mientras que yo, siempre tenía mis lances con las chicas pero sentía algo más por los chicos (aunque no había tenido nada aún con ninguno).
Cuando estábamos en el colegio en clases de Educación Física, siempre veía a mis compañeros cambiándose. Me fascinaba ver, especialmente a los que utilizaban calzoncillos; pero de igual manera no perdía de vista a los de bóxer. Guillermo es uno de esos que utiliza calzoncillos; después de verlos, siempre me la jalaba pues me imaginaba a esos chicos mamándolos uno por uno.
La primera noche que Guillermo y yo dormimos en la misma cama en nuestro apartamento, casi no puede dormir de imaginarlo cerca de mí, pero él se durmió y ya no paso nada; aunque yo me acercaba siempre a él para que su paquete se rosara contra mi culito. Pero sin logar nada en él.
Guillermo y yo siempre nos cambiamos juntos de ropa, uno enfrente del otro pero sin quedarnos desnudos; él únicamente con su calzoncillo y yo con mi bóxer, y cada vez que nos cambiamos no perdía la oportunidad de ver ese paquete que se veía delicioso.
Un par de días después renté una película porno con la intención de verla, y que se nos antojara masturbarnos mientras la veíamos, y por que no algo más. Pero todo fue en vano, la vimos juntos pero nada; yo veía su paquete que crecía pero hasta ahí, él no hizo señas de querer nada, por lo que después de ese día fui perdiendo toda esperanza con Guillermo.
Otro día que renté otra película (con la misma intención anterior), noté que al final de la misma Guillermo se levantó y se fue para el baño; obviamente a jalársela mientras yo lo hice también, pero imaginándome a él jalándosela.
Desde ese día busqué la forma de poder verlo mientras se duchaba o iba al baño, pero mis intentos eran fallidos; pues el baño era totalmente cerrado, solo con una pequeña ventana un poco alta, que si me asomaba me vería.
Hasta que un día con un cuchillo hice un pequeño hueco en la puerta del baño, que me permitiría verlo cuando salía de la ducha; y fue así como pude ver al fin lo que siempre quería tener conmigo. Su pene flácido pero delicioso, se veía riquísimo; deseaba tenerlo en mi boca. Desde ese día cada vez que se duchaba yo lo admiraba por el pequeño hueco de la puerta.
Un día, cuando él entró al baño a ducharse; yo ya estaba en la puerta listo para verlo pero al no escuchar que se abriera la ducha miré, y lo vi sentado en posición contraria al sanitario, pero sólo lo podía ver muy poco; sólo veía su espalda, no sabia que hacia hasta que pude darme cuenta que se estaba masturbando. En ese momento hice lo posible por verlo, pero no pude puesto que el hueco en la puerta era muy pequeño y daba únicamente a la regadera.
Cuando él salió rumbo a sus clases hice otro hueco que diera directamente al sanitario, para poder verlo cuando se masturbaba; e inmediatamente después me fui a rentar una película porno, para que cuando llegara la viéramos y le dieran ganas de masturbarse, así yo lo podría ver; ya no me importaba tanto si durante la película se me insinuaba o algo, lo único que me interesaba era que se masturbara.
Y así fue, al terminar de ver la cinta corrió hacia el baño y detrás iba yo; cuando lo veo que se sienta en el sanitario y se empieza a masturbar, yo estaba realizado y a mil al ver su pene flácido como iba creciendo en sus manos y como él se acariciaba al mismo tiempo sus tetillas. Era una maravilla, yo me masturbaba viendo aquel espectáculo, cuando lo vi contraerse y largar un chorro de rico semen que deseé cayera sobre mí; e igual que él termine yo también por venirme, fue una sensación estupenda. Después de eso él salió del baño, se dirigió a la cama, se acostó a mi lado y se durmió; yo estaba feliz, poco complacido pues quería algo más, pero feliz.
Después de ese día, todos los días lo espiaba cuando se bañaba, cuando se masturbaba, cuando iba al baño y a cada momento.
Un día me dije que ya estaba cansado de desearlo tanto y no poder tocarlo, ni hacerle nada; quería ese rico pene en mí, y que esa lechita que veía salir siempre fuera para mí. Pero cómo, si tenía miedo de que sí me le declaraba, se enojara y se fuera de ahí.
Hasta que un día mientras el dormía me atreví a tocarlo por encima de la sabana sobre su paquete; lo tenia flácido pero se sentía delicioso, mi corazón latía a mil por el miedo de que se despertara y me descubriera; sin embargo, seguí tocándolo. Le quité la sabana y lo toqué sobre su calzoncillo, se lo apretaba; yo estaba maravillado, pero no conseguía que se le pusiera dura, además estaba el miedo de que despertara.
Como pude metí mi mano dentro de su calzoncillo, al fin tenia ese pene delicioso en mis manos; lo acariciaba, lo jalaba, pero no conseguí ponerlo duro. En un momento el se movió, saqué rápidamente mi mano y él abrió los ojos; a mi casi se me sale el corazón del susto, él me vuelve a ver y da media vuelta, se duerme y yo del puro miedo me quedé dormido.
Al otro día nos despertamos, él no comentó nada y yo mucho menos. Después de ése día, todos los días hacia lo mismo pero con la diferencia de que ya conseguía ponerlo duro, lo tocaba, lo jalaba; pero no me atrevía a chuparlo pues me daba miedo que despertara, pues en todo momento él nunca dio señas de estar despierto.
Hasta que un día se despierta mientras yo tenía su pene en la mano, tan duro que ya iba a reventarle, me ve y me dice.
-¡Ya me voy a venir! -como pude me metí su pene en la boca, al fin era mío.
Lo chupé de arriba a abajo y en eso él se vino, me tragué toda su lechita. No podía creerlo, lo que siempre había querido lo tenia al fin.
Él dio un grito de satisfacción, se acomodó en la cama y me dijo.
-Yo que pensaba que lo que me pasaba eran puros sueños, ahora se que eras tu –me agarró y me dio un beso delicioso.
Para eso ya me había venido también, pero pasó lo que nunca pensé que pasaría.
-Disculpa, lo que hice fue una estupidez. No me gustas, tengo novia y no sé por que lo hice. Discúlpame.
Él se quedó sorprendido e intento abrazarme, pero yo no me dejé; me levante y le dije.
-Te calmas o vamos a tener problemas –y me fui a dormir al sofá.
Después de todo lo que batallé por ese momento, no quería nada. No lo podía creer, pero lo que realmente paso es que sentí miedo de que después de esa noche nuestra amistad cambiara, pues nos llevábamos muy bien; ese era mi miedo.
Al otro día mientras desayunaba él se acerco me dijo al oído.
-Te quiero mucho –cosa que no me extrañó, pues siempre me lo decía, más cuando estaba un poco tomado; pero ésta vez su mano intentó tocar mi pene, de un salto me quite.
-Esto ésta mal y tenemos que ponerle; no podemos seguir así. Debes comprar una cama, pues no vamos a seguir durmiendo juntos –me bañé y me fui para la Universidad.
De camino suena mi celular, era él.
-Estoy muy enamorado de ti, te quiero mucho –un poco más tranquilo le respondí.
-No sé, nunca he tenido nada con un chico. Estoy muy confundido.
-Cuando regreses hablaremos.
Al volver estaba nervioso, Guillermo me esperaba en el cuarto. De camino hacia el apartamento había comprendido mi situación, no me gustaban los chicos; en cierta manera lo que me gustaba era verlos desnudos. Se lo dije a él, y él me contó de sus aventuras con otros chicos; yo no lo podía creerlo, tanto que jugaba a ser de macho y resultó ser marica. Después de ese día todo cambió; ya en cierto modo lo vi diferente, por lo que opté por vivir solo en otro apartamento, lo que sentía por la amistad de él cambió.
Dos años después estaba planeando mi Boda, fue una Boda muy grande con 650 invitados. Cuando entre la lista de invitados de mi futura esposa estaba el nombre de él, quedé atónito. Le reclamé y ella me dijo.
-Quiero que tú mismo vayas a invitarlo. No sé por qué se enojaron ustedes, pero ya es suficiente; ve y hablas con él.
Al principio me negué, pero la curiosidad de volverlo a ver me excitaba.
Dos días después fui a dejar la invitación, estaba en su casa y salió a recibirme con un short.
-¿Y eso, tú aquí?, pasa.
Entré, me ofreció una cerveza; yo estaba muy nervioso y le dije a que venía, le di la invitación e hice ademanes de irme, me levanté y él me agarró por detrás. Yo no sé que pasó, pero caí ante sus caricias y me dijo.
-Esto será tu despedida de soltero.
Me llevó a su cuarto, yo no decía palabra alguna. Él estaba igual de bueno que siempre; de un golpe me bajó el pantalón y el bóxer, empezó a mamármela de una forma que ninguna de las chicas con las que había estado me lo había hecho. Me besaba, yo le correspondía; yo se la mamé, tenia la misma verga de siempre, rica, rosadita.
Después me dijo que quería que lo penetrara; metí mi pene entre sus nalgas apretaditas, pero otra vez la confusión me invadió; lo empujé, tomé mi ropa, me despedí y le dije te espero en la Boda.
Me fui muy desconcertado, no sabía que había pasado. Él llegó a la boda, cuando lo vi en la iglesia deseaba desaparecerme; tenía miedo de que cuando el cura dijera si había alguien que se opusiera, él dijera algo. Gracias a Dios no fue así; paso la boda y después en la fiesta, él llegó a despedirse y a felicitarme, cuando lo hizo me apretó una nalga y me dijo.
-Tú me debes algo –y se fue.
De eso han pasado tres años y no lo he vuelto a ver. Ahora vivo en España, soy de Costa Rica; pero mi asombro fue hace un par de semanas cuando me llegó la invitación a la boda de una prima, casi me muero cuando vi el nombre del novio.