Fere
25-06 2007, 11:08 AM
Erika es una chica linda de escasos 23 años, su estatura es media y la conozco desde hace varios años. Estudiamos juntos la preparatoria y con el tiempo hemos llegado a ser muy buenos amigos. Es hermosa, pero lo que más nos ha atraído siempre a todos sus amigos, es un trasero enorme y redondo, que oscila de acá para allá cuando ella camina. Además de eso, está su carita de inocente y su forma de ser, lo que hace más morbosa aún la idea de poder tirársela y probar las mieles de ese hermoso par de nalgas.
Una tarde recibí un llamado de ella solicitando mi compañía para asistir a una fiesta organizada por sus compañeros de salón. No dudé en aceptar pensando en que habría mucho alcohol. La posibilidad de hacerla caer en mis turbios planes surgió de pronto. Ella casi nunca bebía y esa era una oportunidad perfecta para mí. La fiesta empezó a las 9:00 de la noche y yo llegué puntual a su casa para después irnos juntos al lugar del evento. Bailamos mucho rato y con el pretexto del calor, el ejercicio y después de varios ruegos, logré que se tomara una cerveza, después otra y otra hasta llegar a cinco. No resistió más y ya bastante mareada, me pidió que la llevará a casa. Yo acepté con la malvada idea de desnudarla, clavada en la mente.
En el coche se quedó dormida mientras llegábamos, al grado de que casi tuve que cargarla para llevarla a su departamento. La deposité en su cama y con toda la calma del mundo me puse a observarla detalladamente. No había duda, tenía un trasero de campeonato que casi hacía reventar sus jeans. Me llegué a preguntar cómo le hacía para meterse en esos ajustados pantalones. Mi misión era averiguarlo. Con mucho cuidado fui desabotonando su blusa hasta dejarla con un pequeño top que me permitía ver sus senos medianos y bien firmes. Desabroché luego su pantalón y bajé su cierre temiendo que pudiera despertar. No fue así, estaba dormida como una roca. Empecé a tirar de su pantalón hasta lograr sacarlo de sus hermosas nalgas; una hermosa y diminuta tanga blanca de seda quedó ante mis ojos y eso puso mi tranca al límite. Me deshice totalmente de su pantalón y me puse a masajear aquellas nalgas de campeonato, mientras me deshacía de mi pantalón y mi boxer.
Mi tranca estaba destilando deseo y más dura que una macana. Hice a un lado su tanguita y pude ver su depilada panocha limpia y rosadita. No pude contenerme y me abalancé a chuparla y a dedearla, su sabor era inigualable y el conacto de mi lengua con sus labios vaginales me estremecía. Ella se movió ligeramente pero no despertó y supuse entnces, que no despertaría en toda la noche. Acerqué mi miembro a su panochita y lentamente lo fui introduciendo, haciendo a un lado su tanga, de la cual me aferré como un naúfrago. Con la verga a más no poder, inicié mis entradas y salidas, sintiendo la calidez de aquella riquísima cueva que me albergaba sin recelo y me apretaba ligeramente. Me la estuve bombeando como media hora hasta que no pude más y terminé abundantemente dentro de ella.
Sin embargo, mi verga seguía todavía rígida y deseosa de seguir su labor, por lo que la volteé ligeramente y me puse a explorar su rico culito, su agujerito era también rosado y estaba muy bien lubricado por los jugos emanados de su panocha y de mi verga. Inicié mi labor, escarbando con mi lengua en su cavidad y lubricando su culito con sus propios jugos, despues continué restregando y azotando mi verga en sus nalgas y finalmente con suma paciencia y lentamente, fui introduciendo mi trozo de carne en su rico culito. Minutos después, el ritmo aumentó y la cogida era tan veloz, que sus nalgas se azotaban contra mis piernas. Terminé dos veces y aún seguí un rato más cogiéndomela por el culo.
Al fin, exhausto, terminé por última vez... pero verla allí y así, me llenó de lujuria y me permitió atacarla por el frente una vez más mientras me aferraba a sus senos redondos y deliciosos. Al fin, cansadísimo, la limpié como pude, la vestí nuevamente y me retiré con una sonrisa enorme en la cara y una satisfacción que no tenía medida.
Al día siguiente pasé a visitarla por la tarde, con el pretexto de saber cómo estaba, pues me preocupaba que la noche anterior la había dejado en estado inconveniente. Toqué el timbre de su departamento y ella salió para atenderme.
-¿Cómo estás? le dije- va todo bien contigo.
-Si-me dijo- todo bien, me duele un poco la cabeza por la cruda pero voy bien y tú -dime- ¿te has divertido conmigo anoche? ¿Te ha gustado meterme la verga en mi panocha y en mi culo? No creas que no me di cuenta, no estaba tan dormida como pensabas, y vi cómo gozabas dándome esa gran cogida.
Mi cerebro se congeló pesando en todas las posibilidades que surgían y lo que ella me podría hacer. No pude articular palabras, estaba perdido sin duda alguna.
-Pero no te pongas así… -me dijo- todo está bien, yo disfruté tanto como tú porque desde hace tiempo quería un encuentro así, anoche se presentó la oportunidad y no dudé en fingir demencia. Una de mis fantasías ha sido siempre que me den una santa cogida mientras duermo. No vaciles y recuerda que te espero más tarde para que sigamos lo que empezaste anoche… No creas que me he conformado con lo que hiciste, falta que yo saboreé esa rica verga que me clavaste por el culo. No seas ingenuo... ¿Crees que tengo este culazo por rezar rosarios todos los días? Tengo un historial de cogidas que te asustaría y quiero enseñarte unas cosillas más que me gustan que me hagan. Así que no faltes hoy por la noche…
Desde entonces, ella es más que mi amiga del alma y nos encontramos muy frecuentemente para prodigarnos placer. Incluso hemos iniciado a otras de sus amigas que también tienen lo suyo. He aprendido mucho con ella y no puedo negarme a compartirlo con las demás chicas.
En otros relatos les contaré nuestros encuentros furtivos en su casa de Cuernavaca.
Una tarde recibí un llamado de ella solicitando mi compañía para asistir a una fiesta organizada por sus compañeros de salón. No dudé en aceptar pensando en que habría mucho alcohol. La posibilidad de hacerla caer en mis turbios planes surgió de pronto. Ella casi nunca bebía y esa era una oportunidad perfecta para mí. La fiesta empezó a las 9:00 de la noche y yo llegué puntual a su casa para después irnos juntos al lugar del evento. Bailamos mucho rato y con el pretexto del calor, el ejercicio y después de varios ruegos, logré que se tomara una cerveza, después otra y otra hasta llegar a cinco. No resistió más y ya bastante mareada, me pidió que la llevará a casa. Yo acepté con la malvada idea de desnudarla, clavada en la mente.
En el coche se quedó dormida mientras llegábamos, al grado de que casi tuve que cargarla para llevarla a su departamento. La deposité en su cama y con toda la calma del mundo me puse a observarla detalladamente. No había duda, tenía un trasero de campeonato que casi hacía reventar sus jeans. Me llegué a preguntar cómo le hacía para meterse en esos ajustados pantalones. Mi misión era averiguarlo. Con mucho cuidado fui desabotonando su blusa hasta dejarla con un pequeño top que me permitía ver sus senos medianos y bien firmes. Desabroché luego su pantalón y bajé su cierre temiendo que pudiera despertar. No fue así, estaba dormida como una roca. Empecé a tirar de su pantalón hasta lograr sacarlo de sus hermosas nalgas; una hermosa y diminuta tanga blanca de seda quedó ante mis ojos y eso puso mi tranca al límite. Me deshice totalmente de su pantalón y me puse a masajear aquellas nalgas de campeonato, mientras me deshacía de mi pantalón y mi boxer.
Mi tranca estaba destilando deseo y más dura que una macana. Hice a un lado su tanguita y pude ver su depilada panocha limpia y rosadita. No pude contenerme y me abalancé a chuparla y a dedearla, su sabor era inigualable y el conacto de mi lengua con sus labios vaginales me estremecía. Ella se movió ligeramente pero no despertó y supuse entnces, que no despertaría en toda la noche. Acerqué mi miembro a su panochita y lentamente lo fui introduciendo, haciendo a un lado su tanga, de la cual me aferré como un naúfrago. Con la verga a más no poder, inicié mis entradas y salidas, sintiendo la calidez de aquella riquísima cueva que me albergaba sin recelo y me apretaba ligeramente. Me la estuve bombeando como media hora hasta que no pude más y terminé abundantemente dentro de ella.
Sin embargo, mi verga seguía todavía rígida y deseosa de seguir su labor, por lo que la volteé ligeramente y me puse a explorar su rico culito, su agujerito era también rosado y estaba muy bien lubricado por los jugos emanados de su panocha y de mi verga. Inicié mi labor, escarbando con mi lengua en su cavidad y lubricando su culito con sus propios jugos, despues continué restregando y azotando mi verga en sus nalgas y finalmente con suma paciencia y lentamente, fui introduciendo mi trozo de carne en su rico culito. Minutos después, el ritmo aumentó y la cogida era tan veloz, que sus nalgas se azotaban contra mis piernas. Terminé dos veces y aún seguí un rato más cogiéndomela por el culo.
Al fin, exhausto, terminé por última vez... pero verla allí y así, me llenó de lujuria y me permitió atacarla por el frente una vez más mientras me aferraba a sus senos redondos y deliciosos. Al fin, cansadísimo, la limpié como pude, la vestí nuevamente y me retiré con una sonrisa enorme en la cara y una satisfacción que no tenía medida.
Al día siguiente pasé a visitarla por la tarde, con el pretexto de saber cómo estaba, pues me preocupaba que la noche anterior la había dejado en estado inconveniente. Toqué el timbre de su departamento y ella salió para atenderme.
-¿Cómo estás? le dije- va todo bien contigo.
-Si-me dijo- todo bien, me duele un poco la cabeza por la cruda pero voy bien y tú -dime- ¿te has divertido conmigo anoche? ¿Te ha gustado meterme la verga en mi panocha y en mi culo? No creas que no me di cuenta, no estaba tan dormida como pensabas, y vi cómo gozabas dándome esa gran cogida.
Mi cerebro se congeló pesando en todas las posibilidades que surgían y lo que ella me podría hacer. No pude articular palabras, estaba perdido sin duda alguna.
-Pero no te pongas así… -me dijo- todo está bien, yo disfruté tanto como tú porque desde hace tiempo quería un encuentro así, anoche se presentó la oportunidad y no dudé en fingir demencia. Una de mis fantasías ha sido siempre que me den una santa cogida mientras duermo. No vaciles y recuerda que te espero más tarde para que sigamos lo que empezaste anoche… No creas que me he conformado con lo que hiciste, falta que yo saboreé esa rica verga que me clavaste por el culo. No seas ingenuo... ¿Crees que tengo este culazo por rezar rosarios todos los días? Tengo un historial de cogidas que te asustaría y quiero enseñarte unas cosillas más que me gustan que me hagan. Así que no faltes hoy por la noche…
Desde entonces, ella es más que mi amiga del alma y nos encontramos muy frecuentemente para prodigarnos placer. Incluso hemos iniciado a otras de sus amigas que también tienen lo suyo. He aprendido mucho con ella y no puedo negarme a compartirlo con las demás chicas.
En otros relatos les contaré nuestros encuentros furtivos en su casa de Cuernavaca.