Anonimo
23-06 2007, 07:04 PM
Era en una época en la que yo tenia depresión a causa de la ruptura con mi novia, ya que ella me había dejado por otra, y sin querer me estaba hundiendo. El doctor me recetaba antidepresivos, para poder salir del bache, al igual que me aconsejaba ir al psiquiatra para así poder sacar todo aquello que tenia dentro de mí. Me preocupaba que yo, siendo una chica tan joven, 21 años, pudiera ya tener depresiones y después pensaba en las cosas que pasaban en el mundo, y me daba cuenta que mi problema era una pequeñez.
Un día tuve que ir a por recetas así que salí de mi casa y me fui dirección a mi medico de cabecera. Al llegar, tuve que aguardar en la sala de espera, pero fue por poco tiempo. Al nombrarme, entré en la consulta del doctor, pero para mi sorpresa, aquel día él no estaba.
-Hola… buenas -dije- No esta el doctor que siempre me atiende…
-No. Lo siento, ha tenido un compromiso muy importante al que no podía faltar y en su lugar voy ha estar yo –dijo la persona alargando su mano. –Mi nombre es Laura y seré tu doctora en el día de hoy.
Aparentaba ser una mujer madura, de unos 35 o 40 años, tenía pelo castaño con algunas mechas rubias y la melena larga que le llegaba a los hombros. Era de constitución media y llevaba sólo la bata blanca que le llegaba hasta la rodilla. Las dos nos sentamos, ella detrás de la mesa y yo enfrente. Enseguida sus ojos me inoptizaron ya que eran oscuros, y aun más si iba algo maquillada.
Fui bajando mi mirada hasta toparme con sus pechos, que desde mi perspectiva, se podía ver el canalillo y se podía una imaginar, que sus pechos eran voluminosos.
-Bueno, ¿a que venia? -me preguntó.
-Bue…, bueno, venía a que me recetase mi medicación –no podía apartar mi mirada de sus pechos, eran hipnotizantes.
Hubo un momento de silencio hasta que…
-¿Es esto lo que miras? –dijo y se abrió más la parte de arriba dejando al descubierto sus pechos, que para más sorpresa, no llevaban sujetador.
-Vaya, perdón, no era mi intención… –le dije.
-¿Así que no te gustan?
-Oh, si, si…, son perfectos y hermosos –dije nerviosa. La verdad es que no sabía dónde meterme.
-¿Las quieres tocar?, te puedo asegurar que son naturales… -dijo la doctora levantándose y acercándose a mí.
-Oiga, lo siento, no era mi intención… -repetí yo nerviosa.
-Sí que era tu intención. He visto tus ojos que miraban a mis tetas y me he puesto cachonda, así que ven aquí y tócamelas –dijo ella tomándome de las muñecas y levantándome acercando mis manos a sus pechos.
Mi intención no era tocárselas, pero cuanto más cerca las sentía, más ganas tenía de tocarlas y la tentación pudo más que mi intención. Era una maravilla poder acariciar esos senos redondeados y tersos.
-¿Te gustan? –me preguntó.
-Si. Son perfectas, suaves y aterciopeladas.
-Hazme un favor y chúpamelas, hace tiempo que no me folla mi marido… -agregó.
Y así lo hice. Empecé a pasar mi lengua por el pezón del pecho izquierdo mientras que con mi mano derecha iba acariciando y pellizcando el otro. “Así, muy bien, no pares…”, decía la doctora casi en un gemido. Sabía que no llevaba nada debajo de la bata, así que fui bajando mi mano derecha por fuera hasta dar con el borde de la bata y fui introduciendo mi mano por dentro al tiempo que iba subiendo por la pierna, hasta llegar a su entrepierna. Para mi sorpresa, comprobé que tampoco llevaba bragas, así que metí mi mano en su coño y noté que esta empapada. Dejé de mordisquear sus tetas y me acerqué a su cara, la tomé de la cabellera y la empecé a besar introduciendo mi lengua hasta su garganta, la quería para mí y sólo para mí.
-Mira la putita…, resulta que no lleva bragas –dije introduciéndole los dedos en su coño, mientras admiraba la cara de cachonda que ponía la doctora. Tenía los ojos cerrados y no paraba de gemir, señal de que lo estaba disfrutando.
-Por favor…, no pares. Follame con tus dedos, me quiero correr en ellos –dijo suspirando.
Y la complací. Me la fui follando con los dedos y cada vez que los sacaba y metía, salía más líquido de su coño. Volví a besarla metiendo mi lengua hasta el fondo de su garganta, pero acto seguido apartó su cara de la mía. “Cómeme el coño… Quiero sentir tu lengua en mi chochito húmedo, quiero correrme en tu boca…”, pedía la doctora cada vez más excitada. La tomé de la cintura y la guié hacia la mesa de consulta, se sentó en ella, le abrí la bata y pude admirar su coño lleno de sus jugos vaginales. “Mira mi coñito”, me decía ella mientras se habría sus labios vaginales. Esta diciendo “cómeme”
La verdad es que tenia muy buena pinta, así que no la hice esperar. Me agaché e introduje mi lengua en su coño, estaba delicioso, húmedo, y sabía a dulce. Podía oír cómo ella gemía de placer. Iba succionando su clítoris, quería tragarme todos sus jugos, quería jugar con su coño, fallármela con mi legua y con mis dedos. Habría sus labios vaginales y así podía jugar con su clítoris e introducir mi lengua dentro de ella. “Cariño, qué bien lo haces… Por favor no pares, quiero tu luenga dentro de mí… ¡Fóllame así, joder! ¡Me corro cariño, me corro…! La agarré fuerte de sus nalgas y la atraje más hacia a mí, quería saborear todos sus jugos y no desperdiciar nada. Noté su corrida en mi boca y succioné gota a gota toda su corrida mientras ella no paraba de convulsionar.
-¿Te ha gustado? –le pregunté.
-Mucho y como recompensa por haberme follado…, ahora me toca follarte yo a ti.
Se levantó de la mesa para que yo me sentara en ella, pero antes, me desabrochó los pantalones y me los fue bajando hasta quitármelos del todo. Me hizo sentar en la mesa e hizo que apoyara mis pies en ella. Se agachó hasta quedar delante de mi coño, con sus manos fue apartando mi tanga hacia un lado y admiró mi coño. “Tiene muy buena pinta…, y te pienso follar”, me dijo.
Acercó su lengua a mi coño y empezó a acariciar mi clítoris, yo estaba en la gloria. Con sus dedos cogía mis labios vaginales para abrirlos más y así introducir su lengua dentro de mí, cogió mis nalgas acercándome hacia ella y empezó a succionar y a follarme con desesperación. “Joder no pares…, sigue así…”, gemía yo. Siguió así un rato hasta que notó que me corría en su cara. “No te dejas nada, quiero que tu lengua deje mi coño limpio”, le dije muy excitada. Cuando hubo terminado, se levantó y me empezó a besar haciendo llegar su lengua a mi garganta. “Creo que ya estas curada de tu depresión”, dijo guiñándome el ojo.
Un día tuve que ir a por recetas así que salí de mi casa y me fui dirección a mi medico de cabecera. Al llegar, tuve que aguardar en la sala de espera, pero fue por poco tiempo. Al nombrarme, entré en la consulta del doctor, pero para mi sorpresa, aquel día él no estaba.
-Hola… buenas -dije- No esta el doctor que siempre me atiende…
-No. Lo siento, ha tenido un compromiso muy importante al que no podía faltar y en su lugar voy ha estar yo –dijo la persona alargando su mano. –Mi nombre es Laura y seré tu doctora en el día de hoy.
Aparentaba ser una mujer madura, de unos 35 o 40 años, tenía pelo castaño con algunas mechas rubias y la melena larga que le llegaba a los hombros. Era de constitución media y llevaba sólo la bata blanca que le llegaba hasta la rodilla. Las dos nos sentamos, ella detrás de la mesa y yo enfrente. Enseguida sus ojos me inoptizaron ya que eran oscuros, y aun más si iba algo maquillada.
Fui bajando mi mirada hasta toparme con sus pechos, que desde mi perspectiva, se podía ver el canalillo y se podía una imaginar, que sus pechos eran voluminosos.
-Bueno, ¿a que venia? -me preguntó.
-Bue…, bueno, venía a que me recetase mi medicación –no podía apartar mi mirada de sus pechos, eran hipnotizantes.
Hubo un momento de silencio hasta que…
-¿Es esto lo que miras? –dijo y se abrió más la parte de arriba dejando al descubierto sus pechos, que para más sorpresa, no llevaban sujetador.
-Vaya, perdón, no era mi intención… –le dije.
-¿Así que no te gustan?
-Oh, si, si…, son perfectos y hermosos –dije nerviosa. La verdad es que no sabía dónde meterme.
-¿Las quieres tocar?, te puedo asegurar que son naturales… -dijo la doctora levantándose y acercándose a mí.
-Oiga, lo siento, no era mi intención… -repetí yo nerviosa.
-Sí que era tu intención. He visto tus ojos que miraban a mis tetas y me he puesto cachonda, así que ven aquí y tócamelas –dijo ella tomándome de las muñecas y levantándome acercando mis manos a sus pechos.
Mi intención no era tocárselas, pero cuanto más cerca las sentía, más ganas tenía de tocarlas y la tentación pudo más que mi intención. Era una maravilla poder acariciar esos senos redondeados y tersos.
-¿Te gustan? –me preguntó.
-Si. Son perfectas, suaves y aterciopeladas.
-Hazme un favor y chúpamelas, hace tiempo que no me folla mi marido… -agregó.
Y así lo hice. Empecé a pasar mi lengua por el pezón del pecho izquierdo mientras que con mi mano derecha iba acariciando y pellizcando el otro. “Así, muy bien, no pares…”, decía la doctora casi en un gemido. Sabía que no llevaba nada debajo de la bata, así que fui bajando mi mano derecha por fuera hasta dar con el borde de la bata y fui introduciendo mi mano por dentro al tiempo que iba subiendo por la pierna, hasta llegar a su entrepierna. Para mi sorpresa, comprobé que tampoco llevaba bragas, así que metí mi mano en su coño y noté que esta empapada. Dejé de mordisquear sus tetas y me acerqué a su cara, la tomé de la cabellera y la empecé a besar introduciendo mi lengua hasta su garganta, la quería para mí y sólo para mí.
-Mira la putita…, resulta que no lleva bragas –dije introduciéndole los dedos en su coño, mientras admiraba la cara de cachonda que ponía la doctora. Tenía los ojos cerrados y no paraba de gemir, señal de que lo estaba disfrutando.
-Por favor…, no pares. Follame con tus dedos, me quiero correr en ellos –dijo suspirando.
Y la complací. Me la fui follando con los dedos y cada vez que los sacaba y metía, salía más líquido de su coño. Volví a besarla metiendo mi lengua hasta el fondo de su garganta, pero acto seguido apartó su cara de la mía. “Cómeme el coño… Quiero sentir tu lengua en mi chochito húmedo, quiero correrme en tu boca…”, pedía la doctora cada vez más excitada. La tomé de la cintura y la guié hacia la mesa de consulta, se sentó en ella, le abrí la bata y pude admirar su coño lleno de sus jugos vaginales. “Mira mi coñito”, me decía ella mientras se habría sus labios vaginales. Esta diciendo “cómeme”
La verdad es que tenia muy buena pinta, así que no la hice esperar. Me agaché e introduje mi lengua en su coño, estaba delicioso, húmedo, y sabía a dulce. Podía oír cómo ella gemía de placer. Iba succionando su clítoris, quería tragarme todos sus jugos, quería jugar con su coño, fallármela con mi legua y con mis dedos. Habría sus labios vaginales y así podía jugar con su clítoris e introducir mi lengua dentro de ella. “Cariño, qué bien lo haces… Por favor no pares, quiero tu luenga dentro de mí… ¡Fóllame así, joder! ¡Me corro cariño, me corro…! La agarré fuerte de sus nalgas y la atraje más hacia a mí, quería saborear todos sus jugos y no desperdiciar nada. Noté su corrida en mi boca y succioné gota a gota toda su corrida mientras ella no paraba de convulsionar.
-¿Te ha gustado? –le pregunté.
-Mucho y como recompensa por haberme follado…, ahora me toca follarte yo a ti.
Se levantó de la mesa para que yo me sentara en ella, pero antes, me desabrochó los pantalones y me los fue bajando hasta quitármelos del todo. Me hizo sentar en la mesa e hizo que apoyara mis pies en ella. Se agachó hasta quedar delante de mi coño, con sus manos fue apartando mi tanga hacia un lado y admiró mi coño. “Tiene muy buena pinta…, y te pienso follar”, me dijo.
Acercó su lengua a mi coño y empezó a acariciar mi clítoris, yo estaba en la gloria. Con sus dedos cogía mis labios vaginales para abrirlos más y así introducir su lengua dentro de mí, cogió mis nalgas acercándome hacia ella y empezó a succionar y a follarme con desesperación. “Joder no pares…, sigue así…”, gemía yo. Siguió así un rato hasta que notó que me corría en su cara. “No te dejas nada, quiero que tu lengua deje mi coño limpio”, le dije muy excitada. Cuando hubo terminado, se levantó y me empezó a besar haciendo llegar su lengua a mi garganta. “Creo que ya estas curada de tu depresión”, dijo guiñándome el ojo.