Adrianrojas
12-06 2007, 03:45 AM
Voy a contar algo que desde mucho tiempo tenía guardado en mi mente, pues creo que es hora de compartirlo con ustedes y espero escriban sus comentarios.
Mi mejor amigo fue Francisco, vive en el mismo pueblo de donde soy oriundo, le llevo como 3 o 4 años pero eso nunca fue impedimento para que fuéramos grandes amigos. Digo fue, porque ya muchas cosas han pasado, de las cuales les contaré esta y que han influido negativamente en nuestra buena amistad.
Resulta que sé manejar desde muy joven y mi padre me prestaba su auto apenas cumplí la edad reglamentaria para tener permiso de conducir y Francisco siempre me acompañaba a fiestas, eventos, etc. Nunca imaginé que también fuese bisex como yo, eso lo tenía bien escondidito al igual que yo lo mío. Casi siempre salíamos los jueves a dar unas vueltas por la capital de nuestra provincia, comprábamos cervezas y así la pasábamos mejor, llegábamos a lugares turísticos como playas, miradores, etc. En fin, la pasábamos súper los dos. No niego que de vez en cuando nos molestábamos con juegos un poco más fuertes de lo común como por ejemplo, la tocadera de culo, de bulto… claro, eso acá entre los amigos es algo normal, pero hasta ahí, no pasaba de ser un simple toma de tiempo.
Una de esas noches de jueves divertidos, teníamos un par de cervezas en la cabeza pero no tantas como para no saber lo que hacíamos, al tratar de sentarse en el auto, le coloqué mi mano en el sillón que ocuparía él y se sentó encima de la misma, lo que resultó con una exaltación que Francisco quedó de pie de inmediato y me indicó con voz algo seria: “¡epa! me la debes compadre, después no se queje”, a lo que le respondí con una carcajada. Llegamos a la playa que casi siempre íbamos y en el malecón me hizo lo mismo y él se reía. Lo tomé como relajo y lo agarré con una llave tipo lucha libre por el cuello, “la dormilona” creo es así como se le conoce y claro, somos casi de la misma estatura, es más, dicen que nos parecemos, así que mi pene quedó a la altura de su culo el cual no será el más voluptuoso, pero tiene lo suyo y bien apretadito. En el forcejeo lo rozaba con mi pene cosa que le incomodaba, pero nunca lo solté, no sé si sería la brisa del mar, el momento o las cervezas pero tuve una pequeña erección, a lo que opté por soltarlo y sin pasar un segundo, estaba yo delante de él y él detrás aplicándome la misma llave y en este caso no disimuló, pues casi me traspasa con su miembro (literalmente hablando) a lo que le digo: ¡epa, me estas apoyando!, él me responde: “tu me hiciste lo mismo así que ahora te toca a ti”, me solté como pude e hicimos las pases.
Decidimos retirarnos pero de mi mente no se iba el recuerdo de aquellos momentos de lucha libre que tuvimos y ambas erecciones. Porque a Francisco se le notó el bulto entre sus piernas. Él iba manejando ya que sabía manejar también, así que nos dirigimos al apartamento que mis padres tienen en la capital, pues tengo llave del mismo, nadie lo habita a menos que sea días festivos, citas médicas, mi escuela etc. Entramos a dormir ya que por es noche quedaríamos a descansar para el de 2 horas de regreso a mi pueblo. Le dije a Francisco que durmiera en la otra habitación y yo en la principal, él guardó silencio, no sé, pero como que no le agradó la idea, me dice que el extraña cada vez que duerme o pasa la noche fuera de su casa, le dije que dormiría en la otra cama en la misma habitación.
Al estar en la habitación, nos tomábamos la última cerveza, hablamos un rato y me le lancé arriba a continuar con la lucha, esa vez lo tomé frente a frente y reíamos, no había ninguna malicia, ni nada morboso pero después de un rato, noté en mi una erección, cosa que a él le llamó la atención empujándome de encima suyo, y le pregunté qué le pasaba y me responde que no deseaba que yo lo babeara. Se rió y noté que se empezó a pajear por debajo del bóxer, a esto continué yo en lo mismo, masturbándome, pero yo sí me quité la ropa interior y le dije que hiciera lo mismo, cosa que no hizo hasta que me le abalancé y en pleno forcejeo le quite la suya. Allí quedamos, yo encima de él y pene con pene tocándose, él con miedo, nervios y pena. Su corazón quería salirse y el mío no se quedaba atrás, le pregunté que si alguna vez había hecho eso, me respondió que no, también le pregunté si había estado con algún chico, no respondió pero me hizo una pregunta a mi: "¿y tu has estado con uno?" Le repondí que sí pero nunca me habían penetrado, después él me dijo sin detalles que también pero sólo penetró en ciertas ocasiones.
No sé qué me sucedió pero deseé tenerlo, penetrarlo, y porqué no él a mi, ya que los dos éramos vírgenes y éramos los mejores amigos del mundo, traté de ponerlo boca abajo a lo cual se resistió, me dijo enseguida que no deseaba eso y menos entre nosotros, le pregunté el porqué si éramos casi hermanos, teníamos confianza y nuestras vergas estaban a todo motor, señal de que nos agradaba mutuamente nuestra compañía. El silencio se apoderó de la habitación, lo que aproveché para ponerme boca abajo y le dije: “inicia tu, pero suave que soy virgen” Se montó encima de mí pero nunca me midio el hoyito, sólo por encima de mis pompis. Abrí las piernas y sentí que se ensalivaba la punta de su miembro de unos 7 pulgadas, igual al mío pero más puntuda y más delgada que la mía, por lo que sentí cómo entró de una vez la cabecita y no pude más, no lo soporté. Me hice para adelante, él siguió frotando mis pompis, hasta que me tocaba el turno a mí. El se acostó boca abajo y se cubrió con la almohada, me unté mucha saliva tanto en mi pene como en su sulito que era rosadito, a la legua se veía virgen, inexperto, sin vello… delicioso, y unas nalgas blancas, apretadas, temerosas por lo que le iría a pasar.
Le puse mi pene con sumo cuidado pero no empujé de una vez dándole confianza a Francisco, cuando se relajó, inicié la penetración y sentí en el mete y saca que la cabecita había entrado, pero sus gritos me pusieron nervioso y se lo saqué de una vez. Noté que mi pene tenía hilitos de sangre, me asusté y me fui a lavar. No usamos preservativos, se que es malo eso pero éramos de suma confianza, aunque no lo aconsejo. Al regresar a la habitación, noto que Francisco aún estaba en la misma posición en que lo había dejado, le pregunté qué le sucedía, me indicó con la mano y diciéndome que le dolía le abrí las nalgas y la sangre era de su culo, había lastimado a mi mejor amigo, cosa que no me lo perdonaba ese momento, es más, me asusté y busque papel de baño y le limpié la sangre pero note un leve desgarrito, nada grave, de allí en vista de que nuestros penes estaban dormidos, lo mismo hicimos los dos.
A la mañana siguiente me despertó y ninguno de los dos tocó el tema ni lo ha vuelto a tocar.
Somos aun vírgenes por el culo, ¿qué opinan ustedes?
Mi mejor amigo fue Francisco, vive en el mismo pueblo de donde soy oriundo, le llevo como 3 o 4 años pero eso nunca fue impedimento para que fuéramos grandes amigos. Digo fue, porque ya muchas cosas han pasado, de las cuales les contaré esta y que han influido negativamente en nuestra buena amistad.
Resulta que sé manejar desde muy joven y mi padre me prestaba su auto apenas cumplí la edad reglamentaria para tener permiso de conducir y Francisco siempre me acompañaba a fiestas, eventos, etc. Nunca imaginé que también fuese bisex como yo, eso lo tenía bien escondidito al igual que yo lo mío. Casi siempre salíamos los jueves a dar unas vueltas por la capital de nuestra provincia, comprábamos cervezas y así la pasábamos mejor, llegábamos a lugares turísticos como playas, miradores, etc. En fin, la pasábamos súper los dos. No niego que de vez en cuando nos molestábamos con juegos un poco más fuertes de lo común como por ejemplo, la tocadera de culo, de bulto… claro, eso acá entre los amigos es algo normal, pero hasta ahí, no pasaba de ser un simple toma de tiempo.
Una de esas noches de jueves divertidos, teníamos un par de cervezas en la cabeza pero no tantas como para no saber lo que hacíamos, al tratar de sentarse en el auto, le coloqué mi mano en el sillón que ocuparía él y se sentó encima de la misma, lo que resultó con una exaltación que Francisco quedó de pie de inmediato y me indicó con voz algo seria: “¡epa! me la debes compadre, después no se queje”, a lo que le respondí con una carcajada. Llegamos a la playa que casi siempre íbamos y en el malecón me hizo lo mismo y él se reía. Lo tomé como relajo y lo agarré con una llave tipo lucha libre por el cuello, “la dormilona” creo es así como se le conoce y claro, somos casi de la misma estatura, es más, dicen que nos parecemos, así que mi pene quedó a la altura de su culo el cual no será el más voluptuoso, pero tiene lo suyo y bien apretadito. En el forcejeo lo rozaba con mi pene cosa que le incomodaba, pero nunca lo solté, no sé si sería la brisa del mar, el momento o las cervezas pero tuve una pequeña erección, a lo que opté por soltarlo y sin pasar un segundo, estaba yo delante de él y él detrás aplicándome la misma llave y en este caso no disimuló, pues casi me traspasa con su miembro (literalmente hablando) a lo que le digo: ¡epa, me estas apoyando!, él me responde: “tu me hiciste lo mismo así que ahora te toca a ti”, me solté como pude e hicimos las pases.
Decidimos retirarnos pero de mi mente no se iba el recuerdo de aquellos momentos de lucha libre que tuvimos y ambas erecciones. Porque a Francisco se le notó el bulto entre sus piernas. Él iba manejando ya que sabía manejar también, así que nos dirigimos al apartamento que mis padres tienen en la capital, pues tengo llave del mismo, nadie lo habita a menos que sea días festivos, citas médicas, mi escuela etc. Entramos a dormir ya que por es noche quedaríamos a descansar para el de 2 horas de regreso a mi pueblo. Le dije a Francisco que durmiera en la otra habitación y yo en la principal, él guardó silencio, no sé, pero como que no le agradó la idea, me dice que el extraña cada vez que duerme o pasa la noche fuera de su casa, le dije que dormiría en la otra cama en la misma habitación.
Al estar en la habitación, nos tomábamos la última cerveza, hablamos un rato y me le lancé arriba a continuar con la lucha, esa vez lo tomé frente a frente y reíamos, no había ninguna malicia, ni nada morboso pero después de un rato, noté en mi una erección, cosa que a él le llamó la atención empujándome de encima suyo, y le pregunté qué le pasaba y me responde que no deseaba que yo lo babeara. Se rió y noté que se empezó a pajear por debajo del bóxer, a esto continué yo en lo mismo, masturbándome, pero yo sí me quité la ropa interior y le dije que hiciera lo mismo, cosa que no hizo hasta que me le abalancé y en pleno forcejeo le quite la suya. Allí quedamos, yo encima de él y pene con pene tocándose, él con miedo, nervios y pena. Su corazón quería salirse y el mío no se quedaba atrás, le pregunté que si alguna vez había hecho eso, me respondió que no, también le pregunté si había estado con algún chico, no respondió pero me hizo una pregunta a mi: "¿y tu has estado con uno?" Le repondí que sí pero nunca me habían penetrado, después él me dijo sin detalles que también pero sólo penetró en ciertas ocasiones.
No sé qué me sucedió pero deseé tenerlo, penetrarlo, y porqué no él a mi, ya que los dos éramos vírgenes y éramos los mejores amigos del mundo, traté de ponerlo boca abajo a lo cual se resistió, me dijo enseguida que no deseaba eso y menos entre nosotros, le pregunté el porqué si éramos casi hermanos, teníamos confianza y nuestras vergas estaban a todo motor, señal de que nos agradaba mutuamente nuestra compañía. El silencio se apoderó de la habitación, lo que aproveché para ponerme boca abajo y le dije: “inicia tu, pero suave que soy virgen” Se montó encima de mí pero nunca me midio el hoyito, sólo por encima de mis pompis. Abrí las piernas y sentí que se ensalivaba la punta de su miembro de unos 7 pulgadas, igual al mío pero más puntuda y más delgada que la mía, por lo que sentí cómo entró de una vez la cabecita y no pude más, no lo soporté. Me hice para adelante, él siguió frotando mis pompis, hasta que me tocaba el turno a mí. El se acostó boca abajo y se cubrió con la almohada, me unté mucha saliva tanto en mi pene como en su sulito que era rosadito, a la legua se veía virgen, inexperto, sin vello… delicioso, y unas nalgas blancas, apretadas, temerosas por lo que le iría a pasar.
Le puse mi pene con sumo cuidado pero no empujé de una vez dándole confianza a Francisco, cuando se relajó, inicié la penetración y sentí en el mete y saca que la cabecita había entrado, pero sus gritos me pusieron nervioso y se lo saqué de una vez. Noté que mi pene tenía hilitos de sangre, me asusté y me fui a lavar. No usamos preservativos, se que es malo eso pero éramos de suma confianza, aunque no lo aconsejo. Al regresar a la habitación, noto que Francisco aún estaba en la misma posición en que lo había dejado, le pregunté qué le sucedía, me indicó con la mano y diciéndome que le dolía le abrí las nalgas y la sangre era de su culo, había lastimado a mi mejor amigo, cosa que no me lo perdonaba ese momento, es más, me asusté y busque papel de baño y le limpié la sangre pero note un leve desgarrito, nada grave, de allí en vista de que nuestros penes estaban dormidos, lo mismo hicimos los dos.
A la mañana siguiente me despertó y ninguno de los dos tocó el tema ni lo ha vuelto a tocar.
Somos aun vírgenes por el culo, ¿qué opinan ustedes?