TAVITO
01-06 2007, 10:02 PM
Después de que fue desvirgado por mis primos, cuando regresé con mi padre a casa (el campo), me quedé con ese sabor del sexo, me había gustado todo lo que mis primos a sus 17 años me hicieron y yo como niño le agarré gusto, pero ahora que estaba en mi casa, a mis amigos no les diría nada porque ahí en el campo todo eso del sexo es pecado y peor a una corta edad, pero yo no sabia como volver hacerlo o con quién, porque me había gustado toda esa primera experiencia.
Yo solo en mi cama en las noches me pajeaba pensando en esa noche, y me imaginaba siendo penetrado por los dos, me metía mis dedos en mi anito ya abierto y así me entretenía solo en mi casa porque sentía miedo intentar hacerlo con alguien de mi barrio y que descubrieran que soy gay a mi corta edad.
Me excitaba y me quedaba dormido pensando en querer repetirlo, que alguien me metiera su pinga, me alucinaba siendo penetrado por alguien. En el colegio miraba a los chicos mayores que yo y alucinaba con ellos; una vez fui al baño siguiendo a uno del 5to de secundaria y llegué a ver su pene, me dio vergüenza y nunca más lo hice por miedo a que me descubrieran.
Hasta que un día mi padre me pidió que le llevara un encargo a un señor que estaba trabajando en el terreno de mi papá, y al pasar por un riachuelo vi a un amigo del barrio, de unos 22 años. Jorge. Él recién hacia unas semanas había llegado del ejercito, era blanco de buen cuerpo y unas buenas piernas, pero para mi sorpresa él se estaba bañando desnudo, me quedé sorprendido con el tamaño de su verga dormida.
Lo miré y él se dio cuenta y me preguntó a donde iba, pero no le importó que le viera su pene; me habló y no le hice caso. Me quedé mirando su pija y cuando reaccioné me puse colorado de vergüenza, Jorge de rio.
-¿A dónde vas?
-A mi huerta
-Pero tu papá se acaba de ir.
-Le llevo un encargo al señor que se ha quedado ahí.
Jorge se tocaba su pinga pero me dio miedo y seguí mi camino, pero caminaba volteando para verlo a él. Caminaba pero mi mente estaba en esa hermosa pinga blanca con una cabeza gorda, pero estaba dormida.
Dejé el encargo y me regresé por el mismo camino y él estaba ya en su huerta. Me llamó y yo fui a verlo con un poco de vergüenza, pero con ganas de decirle que parara su pene para verlo. Pero el miedo y la vergüenza me invadían; así fui y conversé con él de amigos y del colegio, era un chico bien amigable y alegre, pero me sonroje cuando me dijo:
-¿Qué te pareció mi verga?
-No sé por qué me preguntas
-Es que te quedaste mirándola- Me puse rojo, entonces él me abrazó y me dice
-No te preocupes, a tu edad eso pasa. Y ya te pajeas?
-¡Claro!
-¿Y ya te sale la leche?
-No todavía- Entonces me dijo algo que me dejo pensando.
-¿Ya has cogido?- Me lo dijo riéndose -¿o te han cogido?
-Estás loco nada de eso.
Pero yo le miré su entrepierna y se le había puesto dura su verga, me moría de ganas de decirle que la sacara, pero la vergüenza no me dejó, él lo entendió porque se dio cuenta que lo mire.
-¿Quieres verla?- No le respondí pero voltee la cara a otro lado, Jorge lo entendió –ya, para que la mires bien parada la saco.
Y se la sacó. Me quedé lelo viendo esa verga. ¡Dios santo! dije entre mí, esa pinga mas o menos media unos 20 cm.
-¿Nunca has visto una así no?- lo miré y solo con mi cabeza le dije que no –cuando seas grande también te puede crecer así o más grande.
Él me hablaba pero yo miraba esa pinga y quería tocarlo pero me detuve. Jorge me pidió que entrara a una casita que tenía su papá en su huerta para guardar sus herramientas. Lo seguí, me siento y me jala la mano y me hace agarrarle su pene. Estaba que hervía de excitación, él lo notó al ver que de mi short se levantó mi pequeño pene.
-Ya ves si te gusta, porque te has excitado- me dice.
-Si pero no sé- le dije.
-Tócalo nomas, nadie nos ve, nadie lo sabrá, te lo prometo.
Cuando me dijo eso sentí un tremendo alivio que con mis dos manos tome esa gran pinga, su cabeza era más grande y ancha.
-¿Y esto le has metido a alguien?
-Claro ya tengo 20 años, ya tengo que coger, ¿tu todavía nada no?
-No nada. ¿Y a quién le has metido toda esa cosota?
-Eso no te lo digo, así como no le voy a decir a nadie lo que estamos haciendo ahorita. ¿O te gustaría que le diga a tus amigos que me has agarrado la pinga?
-No, claro que no.
-Y si deseas puedes meterlo a la boca para que lo sientas mejor.
Lo miré pero no le dije nada y eso fue como decirle que si, porque me tomo de mi cabeza y me puso su verga en la boca. Solo abrí y entró la mitad, no me gustó tanto. Me sacó mi short y me quedé desnudo y él me miraba las nalgas.
-Tienes un culito bien rico. Me gustaría verte tu huequito.
Pero él me tocaba la puerta de mi anito, y eso me hizo suspirar y eso fue para que él me hiciera que me acostara en el suelo boca abajo, me besó mi anito y me dijo:
-Está como algo lastimado, ¿por qué, ah?- yo un día antes me metí mis dos dedos pero no quiera decirle, él insistió -ya pues dime ¿Ya te han cogido?
-No nada, ni nadie. Estás loco
-Quizás has estado estreñido y por eso esta así- yo solo moví mi cabeza afirmando -¿quieres que te haga algo?
-¿Qué cosa?- pero en si quería que me la metiera toda pero el miedo me ganó
-Te meto mi dedo, ponte en perrito levantando el culo.
Él me enseña como hacerlo y así me pongo.
-Que rico como se ve tú huequito, rosadito- y en eso siento su lengua. Me hizo suspirar el se dio cuenta y me dice. -¿quieres que te meta mi dedo?
-Ya pero despacio- cierro los ojos y siento su dedo que me entraba previa ensalivada
-¿Te gusta?
Yo estaba en las nubes de excitado. Con mi cabeza le digo que si y él comenzó con el mete y saca, me había metido el dedo índice y yo me movia.
-Te gusta
-¡Si!
-Dime que te gusta que te meta mi dedo.
-¡Me gusta que me metas tu dedo!
-Que rico como te calientas, pídeme más.
-Sí, méteme más tu dedo. Mételo todo Jorge.
-¿Quieres que te penetre?- volteo, lo miro y le digo
-Pero eso no me va entrar, es muy grande y grueso.
-Si entra pero con vaselina. Pero ahora no lo tengo acá.
-¿Y con saliva no entrará?- Estaba ya en el cielo, quería que me la metiera y no me importaba el dolor.
-No, te rompo y si te sale sangre, mejor es con vaselina.
-¿Cuánto mide tu pene?
-Acá tengo una medida, vamos a medirlo- Oh sorpresa, su pene media 22 cm. -Ya ves, así con saliva no te entra, mejor otro día con vaselina y así lo intentamos.
-Ya pues, ¿qué día?
-¿Estás ansioso por qué te rompa ese culo?
-Si, pero por favor no le vayas decir a nadie.
-No te preocupes, pero te dejarás meterla toda.
-Si.
-Mira vienes mañana en la tarde y traigo la vaselina, y ahí te rompo ese culito.
Así quedamos para el siguiente día. Me retiré a mi casa pero mi cabeza estaba hirviendo de lujuria y en mi mente estaba la imagen de esa verga de 22cm. Quedamos en que él, al pasar por mi casa a su huerta me iba a hacer señas para seguirlo. Así quedamos…
Yo solo en mi cama en las noches me pajeaba pensando en esa noche, y me imaginaba siendo penetrado por los dos, me metía mis dedos en mi anito ya abierto y así me entretenía solo en mi casa porque sentía miedo intentar hacerlo con alguien de mi barrio y que descubrieran que soy gay a mi corta edad.
Me excitaba y me quedaba dormido pensando en querer repetirlo, que alguien me metiera su pinga, me alucinaba siendo penetrado por alguien. En el colegio miraba a los chicos mayores que yo y alucinaba con ellos; una vez fui al baño siguiendo a uno del 5to de secundaria y llegué a ver su pene, me dio vergüenza y nunca más lo hice por miedo a que me descubrieran.
Hasta que un día mi padre me pidió que le llevara un encargo a un señor que estaba trabajando en el terreno de mi papá, y al pasar por un riachuelo vi a un amigo del barrio, de unos 22 años. Jorge. Él recién hacia unas semanas había llegado del ejercito, era blanco de buen cuerpo y unas buenas piernas, pero para mi sorpresa él se estaba bañando desnudo, me quedé sorprendido con el tamaño de su verga dormida.
Lo miré y él se dio cuenta y me preguntó a donde iba, pero no le importó que le viera su pene; me habló y no le hice caso. Me quedé mirando su pija y cuando reaccioné me puse colorado de vergüenza, Jorge de rio.
-¿A dónde vas?
-A mi huerta
-Pero tu papá se acaba de ir.
-Le llevo un encargo al señor que se ha quedado ahí.
Jorge se tocaba su pinga pero me dio miedo y seguí mi camino, pero caminaba volteando para verlo a él. Caminaba pero mi mente estaba en esa hermosa pinga blanca con una cabeza gorda, pero estaba dormida.
Dejé el encargo y me regresé por el mismo camino y él estaba ya en su huerta. Me llamó y yo fui a verlo con un poco de vergüenza, pero con ganas de decirle que parara su pene para verlo. Pero el miedo y la vergüenza me invadían; así fui y conversé con él de amigos y del colegio, era un chico bien amigable y alegre, pero me sonroje cuando me dijo:
-¿Qué te pareció mi verga?
-No sé por qué me preguntas
-Es que te quedaste mirándola- Me puse rojo, entonces él me abrazó y me dice
-No te preocupes, a tu edad eso pasa. Y ya te pajeas?
-¡Claro!
-¿Y ya te sale la leche?
-No todavía- Entonces me dijo algo que me dejo pensando.
-¿Ya has cogido?- Me lo dijo riéndose -¿o te han cogido?
-Estás loco nada de eso.
Pero yo le miré su entrepierna y se le había puesto dura su verga, me moría de ganas de decirle que la sacara, pero la vergüenza no me dejó, él lo entendió porque se dio cuenta que lo mire.
-¿Quieres verla?- No le respondí pero voltee la cara a otro lado, Jorge lo entendió –ya, para que la mires bien parada la saco.
Y se la sacó. Me quedé lelo viendo esa verga. ¡Dios santo! dije entre mí, esa pinga mas o menos media unos 20 cm.
-¿Nunca has visto una así no?- lo miré y solo con mi cabeza le dije que no –cuando seas grande también te puede crecer así o más grande.
Él me hablaba pero yo miraba esa pinga y quería tocarlo pero me detuve. Jorge me pidió que entrara a una casita que tenía su papá en su huerta para guardar sus herramientas. Lo seguí, me siento y me jala la mano y me hace agarrarle su pene. Estaba que hervía de excitación, él lo notó al ver que de mi short se levantó mi pequeño pene.
-Ya ves si te gusta, porque te has excitado- me dice.
-Si pero no sé- le dije.
-Tócalo nomas, nadie nos ve, nadie lo sabrá, te lo prometo.
Cuando me dijo eso sentí un tremendo alivio que con mis dos manos tome esa gran pinga, su cabeza era más grande y ancha.
-¿Y esto le has metido a alguien?
-Claro ya tengo 20 años, ya tengo que coger, ¿tu todavía nada no?
-No nada. ¿Y a quién le has metido toda esa cosota?
-Eso no te lo digo, así como no le voy a decir a nadie lo que estamos haciendo ahorita. ¿O te gustaría que le diga a tus amigos que me has agarrado la pinga?
-No, claro que no.
-Y si deseas puedes meterlo a la boca para que lo sientas mejor.
Lo miré pero no le dije nada y eso fue como decirle que si, porque me tomo de mi cabeza y me puso su verga en la boca. Solo abrí y entró la mitad, no me gustó tanto. Me sacó mi short y me quedé desnudo y él me miraba las nalgas.
-Tienes un culito bien rico. Me gustaría verte tu huequito.
Pero él me tocaba la puerta de mi anito, y eso me hizo suspirar y eso fue para que él me hiciera que me acostara en el suelo boca abajo, me besó mi anito y me dijo:
-Está como algo lastimado, ¿por qué, ah?- yo un día antes me metí mis dos dedos pero no quiera decirle, él insistió -ya pues dime ¿Ya te han cogido?
-No nada, ni nadie. Estás loco
-Quizás has estado estreñido y por eso esta así- yo solo moví mi cabeza afirmando -¿quieres que te haga algo?
-¿Qué cosa?- pero en si quería que me la metiera toda pero el miedo me ganó
-Te meto mi dedo, ponte en perrito levantando el culo.
Él me enseña como hacerlo y así me pongo.
-Que rico como se ve tú huequito, rosadito- y en eso siento su lengua. Me hizo suspirar el se dio cuenta y me dice. -¿quieres que te meta mi dedo?
-Ya pero despacio- cierro los ojos y siento su dedo que me entraba previa ensalivada
-¿Te gusta?
Yo estaba en las nubes de excitado. Con mi cabeza le digo que si y él comenzó con el mete y saca, me había metido el dedo índice y yo me movia.
-Te gusta
-¡Si!
-Dime que te gusta que te meta mi dedo.
-¡Me gusta que me metas tu dedo!
-Que rico como te calientas, pídeme más.
-Sí, méteme más tu dedo. Mételo todo Jorge.
-¿Quieres que te penetre?- volteo, lo miro y le digo
-Pero eso no me va entrar, es muy grande y grueso.
-Si entra pero con vaselina. Pero ahora no lo tengo acá.
-¿Y con saliva no entrará?- Estaba ya en el cielo, quería que me la metiera y no me importaba el dolor.
-No, te rompo y si te sale sangre, mejor es con vaselina.
-¿Cuánto mide tu pene?
-Acá tengo una medida, vamos a medirlo- Oh sorpresa, su pene media 22 cm. -Ya ves, así con saliva no te entra, mejor otro día con vaselina y así lo intentamos.
-Ya pues, ¿qué día?
-¿Estás ansioso por qué te rompa ese culo?
-Si, pero por favor no le vayas decir a nadie.
-No te preocupes, pero te dejarás meterla toda.
-Si.
-Mira vienes mañana en la tarde y traigo la vaselina, y ahí te rompo ese culito.
Así quedamos para el siguiente día. Me retiré a mi casa pero mi cabeza estaba hirviendo de lujuria y en mi mente estaba la imagen de esa verga de 22cm. Quedamos en que él, al pasar por mi casa a su huerta me iba a hacer señas para seguirlo. Así quedamos…