azucena
27-05 2007, 01:29 PM
Si han seguido esta pequeña historia de tres capítulos, en este último les contaré lo que pasó realmente con nuestra vecinita fisgona. Como ya había dicho anteriormente, cuando descubrimos que nos espiaba por la ventana de su casa, nosotras decidimos hacerles algunas demostraciones para que muera de deseo y cuando lo consideráramos oportuno, la incorporaríamos en nuestro trío tan especial. Un día antes de volvernos de nuestras vacaciones, acordamos que nuestra vecina no se olvidaría de nosotras.
Al levantarnos esa mañana, estaba nublado, así que decidimos quedamos a disfrutar de un rico desayuno, mientras lo hacíamos, observamos que la vecinita asomaba el rostro por su ventana, entonces acordamos empezar la función. Débora, totalmente desnuda, se paró frente a la ventana de la cocina y comenzó a meterse los dedos en la concha, de allí se los llevaba a la boca, se los chupaba, volvía a introducírselos en la conchita y con los jugos en los dedos, dibujaba un corazón en el vidrio. Ale estaba parada detrás de ella, y procedía a besarle y morderle suavemente el cuello y a sobar con sus manos esas enormes tetas. Por mi parte, también introducía mis dedos en la conchita de Ale y se los llevaba a la boca de Débora, luego los introducía en mi concha y húmedos, los pasaba entre las tetas de Débora.
Mientras lo hacíamos, observábamos a la vecina, y sin darnos cuenta, en un momento, la vecina estaba parada frente a nuestra ventana, del lado de afuera. Era una madura morena, de pechos sugerentes, alta, con unos muslos bastante bien formados y con un buen culo. Estaba insinuantemente vestida; una minifalda de jean y una blusita verde clara, algo transparente. Ale, apoyó sus tetas en el vidrio y le decía que se las chupara, las tres hicimos lo mismo. Ella, desesperada de deseo, las lamía a través del vidrio. Estaba tan excitada que se podía ver cómo sus pezones estaban duros a través de la blusa, comenzó a toquetearse las tetas y llevarse los dedos dentro de su boca y de allí hacia su conchita. Le pedimos que se desvistiera y comenzara a masturbarse.
Acto seguido, la vecinita apoyó una pierna en una silla de la galería, abrió su concha y empezó a satisfacerse, nosotras mirábamos ese espectáculo, al tiempo que cada una se llevaba a la boca un consolador; lo chupábamos, lo sacudíamos dentro de nuestras bocas, le pasábamos nuestras lenguas, los intercambiábamos con nuestras bocas… y pudimos observar a esa perrita caliente que gemía y pedía que la ayudáramos. La hicimos desear y le decíamos que era un putita fisgona, que acabara de masturbarse y luego la haríamos entrar a la casa. Terminó gritando de placer.
Ale salió a recibirla, la tomó de los pelos, la echó hacia atrás y le dio un beso de lengua, tan profundo que casi se ahogan. Luego la tomó de la mano y la hizo pasar, no hubo palabras entre nosotras, no hacía falta, ya sabíamos que era lo que queríamos. La arrastramos hasta el dormitorio, la tiramos a la cama y le preguntamos si quería sentir lo que nosotras hacíamos. Como respuesta comenzó a chuparme las tetas, estaba desesperada, me las mordía y gritaba que la cojan. Procedí a colocarme un vibrador con su arnés, lo lubriqué y se lo metí con todo; el vibrador era un modelito nuevo, tenía tres velocidades, rotaba por dentro y tenía estimulador de clítoris. La perra putita pedía más y más. Acto seguido, yo quedé boca arriba y ella encima de mí con el vibrador dentro de esa concha caliente. Ale se colocó por detrás y comenzó a lamerle la espalda y a chupar esas deliciosas tetas morenas con unos pezones oscuritos, hermosos. Débora acariciaba mis pechos y hundía su lengua dentro de mi boca. La perra montada encima del vibrador no dejaba de jadear. Ale la jaló de sus cabellos y la obligó a chupar esa enorme verga de látex, la volvía a jalar de los pelos y le besaba la boca y luego la dirigía hacia la verga maravillosa.
Débora trajo unas pequeñas bolitas de hielo y se las introducía en el culo, luego eso chorreaba y Débora se lo bebía. Después de estar chupando la verga de látex, Ale y ella penetraron con sus lenguas en lo más profundo de mi concha, hicieron que acabara locamente. Lo mismo hicieron con Débora y luego Débora y yo hicimos lo mismo con cada una. Estábamos tan mojadas, que procedimos a embardunarnos las tetas con nuestros jugos y a chuparlas a la vez. La vecina por fin pudo decir palabra, dijo que se llamaba Cris, que cuando nos veía follar delante de la ventana, ella se masturbaba hasta morir. Nos besamos largamente entre todas, entrelazando las lenguas, fregando nuestras tetas, y seguimos toda la noche jodiendo sin parar. Ese vibrador es sensacional, teníamos rojas y ardidas nuestras conchas de tanto coger con ese aparatito maravilloso.
Cuando tenemos vacaciones volvemos al mismo lugar y nos reencontramos con nuestra vecina. Hacemos unas buenas orgías entre nosotras y a veces, invitamos a un hombre que le guste masturbarse y ser sodomizado por cuatro mujeres.
Al levantarnos esa mañana, estaba nublado, así que decidimos quedamos a disfrutar de un rico desayuno, mientras lo hacíamos, observamos que la vecinita asomaba el rostro por su ventana, entonces acordamos empezar la función. Débora, totalmente desnuda, se paró frente a la ventana de la cocina y comenzó a meterse los dedos en la concha, de allí se los llevaba a la boca, se los chupaba, volvía a introducírselos en la conchita y con los jugos en los dedos, dibujaba un corazón en el vidrio. Ale estaba parada detrás de ella, y procedía a besarle y morderle suavemente el cuello y a sobar con sus manos esas enormes tetas. Por mi parte, también introducía mis dedos en la conchita de Ale y se los llevaba a la boca de Débora, luego los introducía en mi concha y húmedos, los pasaba entre las tetas de Débora.
Mientras lo hacíamos, observábamos a la vecina, y sin darnos cuenta, en un momento, la vecina estaba parada frente a nuestra ventana, del lado de afuera. Era una madura morena, de pechos sugerentes, alta, con unos muslos bastante bien formados y con un buen culo. Estaba insinuantemente vestida; una minifalda de jean y una blusita verde clara, algo transparente. Ale, apoyó sus tetas en el vidrio y le decía que se las chupara, las tres hicimos lo mismo. Ella, desesperada de deseo, las lamía a través del vidrio. Estaba tan excitada que se podía ver cómo sus pezones estaban duros a través de la blusa, comenzó a toquetearse las tetas y llevarse los dedos dentro de su boca y de allí hacia su conchita. Le pedimos que se desvistiera y comenzara a masturbarse.
Acto seguido, la vecinita apoyó una pierna en una silla de la galería, abrió su concha y empezó a satisfacerse, nosotras mirábamos ese espectáculo, al tiempo que cada una se llevaba a la boca un consolador; lo chupábamos, lo sacudíamos dentro de nuestras bocas, le pasábamos nuestras lenguas, los intercambiábamos con nuestras bocas… y pudimos observar a esa perrita caliente que gemía y pedía que la ayudáramos. La hicimos desear y le decíamos que era un putita fisgona, que acabara de masturbarse y luego la haríamos entrar a la casa. Terminó gritando de placer.
Ale salió a recibirla, la tomó de los pelos, la echó hacia atrás y le dio un beso de lengua, tan profundo que casi se ahogan. Luego la tomó de la mano y la hizo pasar, no hubo palabras entre nosotras, no hacía falta, ya sabíamos que era lo que queríamos. La arrastramos hasta el dormitorio, la tiramos a la cama y le preguntamos si quería sentir lo que nosotras hacíamos. Como respuesta comenzó a chuparme las tetas, estaba desesperada, me las mordía y gritaba que la cojan. Procedí a colocarme un vibrador con su arnés, lo lubriqué y se lo metí con todo; el vibrador era un modelito nuevo, tenía tres velocidades, rotaba por dentro y tenía estimulador de clítoris. La perra putita pedía más y más. Acto seguido, yo quedé boca arriba y ella encima de mí con el vibrador dentro de esa concha caliente. Ale se colocó por detrás y comenzó a lamerle la espalda y a chupar esas deliciosas tetas morenas con unos pezones oscuritos, hermosos. Débora acariciaba mis pechos y hundía su lengua dentro de mi boca. La perra montada encima del vibrador no dejaba de jadear. Ale la jaló de sus cabellos y la obligó a chupar esa enorme verga de látex, la volvía a jalar de los pelos y le besaba la boca y luego la dirigía hacia la verga maravillosa.
Débora trajo unas pequeñas bolitas de hielo y se las introducía en el culo, luego eso chorreaba y Débora se lo bebía. Después de estar chupando la verga de látex, Ale y ella penetraron con sus lenguas en lo más profundo de mi concha, hicieron que acabara locamente. Lo mismo hicieron con Débora y luego Débora y yo hicimos lo mismo con cada una. Estábamos tan mojadas, que procedimos a embardunarnos las tetas con nuestros jugos y a chuparlas a la vez. La vecina por fin pudo decir palabra, dijo que se llamaba Cris, que cuando nos veía follar delante de la ventana, ella se masturbaba hasta morir. Nos besamos largamente entre todas, entrelazando las lenguas, fregando nuestras tetas, y seguimos toda la noche jodiendo sin parar. Ese vibrador es sensacional, teníamos rojas y ardidas nuestras conchas de tanto coger con ese aparatito maravilloso.
Cuando tenemos vacaciones volvemos al mismo lugar y nos reencontramos con nuestra vecina. Hacemos unas buenas orgías entre nosotras y a veces, invitamos a un hombre que le guste masturbarse y ser sodomizado por cuatro mujeres.