Anonimo
26-05 2007, 02:26 PM
Era un día de clase, pero este era algo especial ya que iban a pasar diapositivas sobre los diferentes tipos de monumentos románicos, góticos y demás que existen por todo el país. María y yo, de 17 y 18 años respectivamente, siempre nos sentábamos al final de la clase ya que era la zona más oscura y donde podíamos hacer nuestras manitas.
El profesor era un hombre mayor, tenía barba y bigote ya muy canoso, llevaba gafas, era algo regordete y solía tener muy mala leche. María era alta y delgada, su piel canela hacía que muchos chicos se la quedasen mirando, al igual que las chicas, entre ellas yo. Por mi parte, he de decir que soy blanquita de piel, y anchita pero no gorda. El profesor empezó a apagar las luces de la clase, María y yo, como siempre, sentadas al final de la clase, mientras los demás compañeros, ocupaban los asientos delanteros.
Mientras nuestro profesor iba explicando el tema de los monumentos, empecé a notar una mano de María por mi pierna.
-María… Qué haces –susurré cerca de ella.
-Me estas poniendo muy cachonda, zorra –dijo, mientras su boca se acercaba a mi oreja y al terminar su frase, me empezó a lamer el lóbulo y su mano empezó a subir por mis piernas hasta llegar al exterior de mi tanga. Poco a poco fue apartando mi tanguita con su mano para poder acariciar mi clítoris que ya estaba empapado.
-Vaya zorra que estás hecha… ¿Te gusta lo que te hago? –me preguntó y empezó a besarme con desesperación, mientras sus dedos se introducían en mi coño para follarme. Su ritmo iba a más, y no paraba de besarme para así no poder hacer ruido mientras me follaba, hasta que tuve un orgasmo. Apartó sus dedos de mi coño, me miró con cara de viciosa y empezó a lamer sus dedos llenos de jugo de mi corrida, acto seguido, me empezó a besar y después se acerco a mi oído: “Zorra”, dijo y me miró sonriendo.
Durante la clase no pasó nada más, María se contuvo pero siempre se le escapaba alguna mirada hacia mí. Al final de la clase, todos ayudamos al profesor a recoger las cosas y éste recomendó que fuéramos un rato al patio para hacer lo que quisiéramos y se dirigió a nosotras: “María y Ana, ustedes dos se quedan un momento que les tengo que decir unas cosas sobre el tema que hemos estado realizando. Cuando salieron todos nuestros compañeros, el profesor fue hacia la puerta de la clase y la cerró con llave.
-¿Pasa algo profesor? –pregunté.
-¿Que si pasa algo?, claro que pasa, os he visto follando allí detrás –dijo señalando al final de la clase- ¡Pero en qué coño estabais pensando! –agregó enojado.
-Solo quería follármela –dijo María- Estaba cachonda y me la follé.
-Sentimos que no haya pillado follando pero… –dije.
-¡Pero nada! –gritó- ¡¿Habéis visto cómo me habéis puesto?! –al decir esto se baja la cremallera del pantalón y se saca la polla…
La polla del profe, estaba morcillona y muy erecta apuntando hacia el techo. Sin decir nada, María y yo nos arrodillamos delante de su polla y se la empezamos a mamar. La verdad es que estaba deliciosa para ser un hombre mayor, debería de tener unos 50 años. Las dos empezamos a pelearnos por saborear esa polla morcillota.
-Ven Maria… levántate –dijo el profesor y acto seguido la cogió de los pelos y la empezó a besar, mientras con la otra mano, introducía los dedos dentro de su coño y se la follaba. María no paraba de gemir y le quitaba la ropa al profesor.
-Te gusta que te follen, ¿verdad? –dijo el profe entre jadeos.
-Si profesor… ¡Joder, no pare de follarme! –gritaba María.
Mientras tanto, yo no paraba de mamarle la polla, me gustaba lamerla muy fuerte y de prisa, y de vez en cuando, le lamía los huevos que también estaban deliciosos.
-Muy bien Maria, ahora quiero que hagas una cosa. Apoyá tu pierna en el hombro de Ana porque ahora mi polla y yo te queremos joder como a una zorra –dijo el profesor muy entusiasmado.
María apoyó su pierna en mi hombro y él, de una sólo embestida, se la empezó a follar. Desde mi posición -estaba abajo- tenía una espectacular visión de la follada, y veía cómo el profesor le iba introduciendo la polla a gran velocidad.
-Joder Maria… ¡Cómo me gusta follarte! –exclamó el profesor.
-No pare de follarme… pidió maría entre jadeos.
-Ohhh… Cariño… ¡¡¡me corro !!! –gritó el profe y sacó la polla del coño de María para introducirla en mi boca y descargarse en ella.
Su leche estaba deliciosa y calentita. Después, iba a lamerle el coño a María para poder saborear sus jugos, pero el profesor me lo impidió. “No zorrita… aún no he terminado, te tengo que follar, así que mientras María me la come de nuevo, para que mi polla vuelva a estar erecta… yo te empezaré a lamer tu chochito caliente”
El profesor me coge del brazo para llevarme a su escritorio, me hace sentarme, me abre de piernas y me quita la tanga. Mientras tanto, María se arrodilla delante de él para poder comerse otra vez esa polla flácida, pero antes que se la pueda llevar a la boca, nuestro profesor se la agarra y la frota en mi coño sin introducirla y haciendo pequeños toques en mi clítoris. Yo estaba muy cachonda y tenía muchas ganas que me follara de una vez, pero no fue así. Le devolvió la polla a María para que se la mamara y acto seguido empezó a lamer mi coño. Yo estaba en la gloria, sintiendo esa lengua dentro de mi y su barba y bigote me hacían cosquillas… eso me ponía a mil. Agarré con fuerza su cabeza para que no parase de lamer mi coño empapado hasta que al fin tuve un orgasmo y él lo notó.
-Vaya con la zorra, ya te has corrido –dijo el profesor, y mientras me hablaba me introducía sus dedos en el coño y empezaba a follarme.
–Muy bien María, tu sí que sabes mamar pollas, has conseguido que se ponga dura como un palo –siguió diciendo el profesor- Ahora, mientras yo me follo a Ana, quiero que ella te coma el coño.
Empezó a follarme y en tanto, María se ponía encima de mí con su coño en mi cara, se lo empecé a lamer y a introducir mi lengua dentro de ella, la quería toda para mí, sus jugos eran deliciosos, siempre lo eran, pero en ese momento sabían a gloria. “Cariño, no pares de follarme el coño, quiero tu lengua dentro de mí”, me imploraba María mientas mi profesor no paraba de follarme con grandes embestidas y siempre que podía, cogía de los pelos a María y la besaba ya que ella estaba de cara a él. Tuve otro orgasmo y acto seguido él sacó su polla de mi coño, agarró de la cabeza a María para que se la mamara y empezó a follársela por la boca y yo seguía comiéndome su coño, hasta que los dos se corrieron casi al mismo tiempo. María abrió más las nalgas para que yo saboreara todos sus jugos y ella dejaba nada en la polla de nuestro profesor. Después, nos miramos como picaros, nos vestimos y nos fuimos de la case como si nada hubiese ocurrido.
El profesor era un hombre mayor, tenía barba y bigote ya muy canoso, llevaba gafas, era algo regordete y solía tener muy mala leche. María era alta y delgada, su piel canela hacía que muchos chicos se la quedasen mirando, al igual que las chicas, entre ellas yo. Por mi parte, he de decir que soy blanquita de piel, y anchita pero no gorda. El profesor empezó a apagar las luces de la clase, María y yo, como siempre, sentadas al final de la clase, mientras los demás compañeros, ocupaban los asientos delanteros.
Mientras nuestro profesor iba explicando el tema de los monumentos, empecé a notar una mano de María por mi pierna.
-María… Qué haces –susurré cerca de ella.
-Me estas poniendo muy cachonda, zorra –dijo, mientras su boca se acercaba a mi oreja y al terminar su frase, me empezó a lamer el lóbulo y su mano empezó a subir por mis piernas hasta llegar al exterior de mi tanga. Poco a poco fue apartando mi tanguita con su mano para poder acariciar mi clítoris que ya estaba empapado.
-Vaya zorra que estás hecha… ¿Te gusta lo que te hago? –me preguntó y empezó a besarme con desesperación, mientras sus dedos se introducían en mi coño para follarme. Su ritmo iba a más, y no paraba de besarme para así no poder hacer ruido mientras me follaba, hasta que tuve un orgasmo. Apartó sus dedos de mi coño, me miró con cara de viciosa y empezó a lamer sus dedos llenos de jugo de mi corrida, acto seguido, me empezó a besar y después se acerco a mi oído: “Zorra”, dijo y me miró sonriendo.
Durante la clase no pasó nada más, María se contuvo pero siempre se le escapaba alguna mirada hacia mí. Al final de la clase, todos ayudamos al profesor a recoger las cosas y éste recomendó que fuéramos un rato al patio para hacer lo que quisiéramos y se dirigió a nosotras: “María y Ana, ustedes dos se quedan un momento que les tengo que decir unas cosas sobre el tema que hemos estado realizando. Cuando salieron todos nuestros compañeros, el profesor fue hacia la puerta de la clase y la cerró con llave.
-¿Pasa algo profesor? –pregunté.
-¿Que si pasa algo?, claro que pasa, os he visto follando allí detrás –dijo señalando al final de la clase- ¡Pero en qué coño estabais pensando! –agregó enojado.
-Solo quería follármela –dijo María- Estaba cachonda y me la follé.
-Sentimos que no haya pillado follando pero… –dije.
-¡Pero nada! –gritó- ¡¿Habéis visto cómo me habéis puesto?! –al decir esto se baja la cremallera del pantalón y se saca la polla…
La polla del profe, estaba morcillona y muy erecta apuntando hacia el techo. Sin decir nada, María y yo nos arrodillamos delante de su polla y se la empezamos a mamar. La verdad es que estaba deliciosa para ser un hombre mayor, debería de tener unos 50 años. Las dos empezamos a pelearnos por saborear esa polla morcillota.
-Ven Maria… levántate –dijo el profesor y acto seguido la cogió de los pelos y la empezó a besar, mientras con la otra mano, introducía los dedos dentro de su coño y se la follaba. María no paraba de gemir y le quitaba la ropa al profesor.
-Te gusta que te follen, ¿verdad? –dijo el profe entre jadeos.
-Si profesor… ¡Joder, no pare de follarme! –gritaba María.
Mientras tanto, yo no paraba de mamarle la polla, me gustaba lamerla muy fuerte y de prisa, y de vez en cuando, le lamía los huevos que también estaban deliciosos.
-Muy bien Maria, ahora quiero que hagas una cosa. Apoyá tu pierna en el hombro de Ana porque ahora mi polla y yo te queremos joder como a una zorra –dijo el profesor muy entusiasmado.
María apoyó su pierna en mi hombro y él, de una sólo embestida, se la empezó a follar. Desde mi posición -estaba abajo- tenía una espectacular visión de la follada, y veía cómo el profesor le iba introduciendo la polla a gran velocidad.
-Joder Maria… ¡Cómo me gusta follarte! –exclamó el profesor.
-No pare de follarme… pidió maría entre jadeos.
-Ohhh… Cariño… ¡¡¡me corro !!! –gritó el profe y sacó la polla del coño de María para introducirla en mi boca y descargarse en ella.
Su leche estaba deliciosa y calentita. Después, iba a lamerle el coño a María para poder saborear sus jugos, pero el profesor me lo impidió. “No zorrita… aún no he terminado, te tengo que follar, así que mientras María me la come de nuevo, para que mi polla vuelva a estar erecta… yo te empezaré a lamer tu chochito caliente”
El profesor me coge del brazo para llevarme a su escritorio, me hace sentarme, me abre de piernas y me quita la tanga. Mientras tanto, María se arrodilla delante de él para poder comerse otra vez esa polla flácida, pero antes que se la pueda llevar a la boca, nuestro profesor se la agarra y la frota en mi coño sin introducirla y haciendo pequeños toques en mi clítoris. Yo estaba muy cachonda y tenía muchas ganas que me follara de una vez, pero no fue así. Le devolvió la polla a María para que se la mamara y acto seguido empezó a lamer mi coño. Yo estaba en la gloria, sintiendo esa lengua dentro de mi y su barba y bigote me hacían cosquillas… eso me ponía a mil. Agarré con fuerza su cabeza para que no parase de lamer mi coño empapado hasta que al fin tuve un orgasmo y él lo notó.
-Vaya con la zorra, ya te has corrido –dijo el profesor, y mientras me hablaba me introducía sus dedos en el coño y empezaba a follarme.
–Muy bien María, tu sí que sabes mamar pollas, has conseguido que se ponga dura como un palo –siguió diciendo el profesor- Ahora, mientras yo me follo a Ana, quiero que ella te coma el coño.
Empezó a follarme y en tanto, María se ponía encima de mí con su coño en mi cara, se lo empecé a lamer y a introducir mi lengua dentro de ella, la quería toda para mí, sus jugos eran deliciosos, siempre lo eran, pero en ese momento sabían a gloria. “Cariño, no pares de follarme el coño, quiero tu lengua dentro de mí”, me imploraba María mientas mi profesor no paraba de follarme con grandes embestidas y siempre que podía, cogía de los pelos a María y la besaba ya que ella estaba de cara a él. Tuve otro orgasmo y acto seguido él sacó su polla de mi coño, agarró de la cabeza a María para que se la mamara y empezó a follársela por la boca y yo seguía comiéndome su coño, hasta que los dos se corrieron casi al mismo tiempo. María abrió más las nalgas para que yo saboreara todos sus jugos y ella dejaba nada en la polla de nuestro profesor. Después, nos miramos como picaros, nos vestimos y nos fuimos de la case como si nada hubiese ocurrido.