xorion69
24-05 2007, 02:30 PM
Soy un chico de 27 años, normalito, 1.79, 80Kg., moreno... lo más normal. El sexo me encanta y disfruto mucho y quizás lo que más destaca de mí, según mis ex novias, es que tengo una buena polla, sobre todo gorda. Lo que me pasó surgió a raíz de comprarme un perrito. Comencé a sacarlo a pasear por el gran parque que hay delante de mi casa, es impresionante la de gente que conoces con la excusa de saludar a tu perrito, y sobre todo tías... Tanto sacarlo todos los días, al final te vas fijando y siempre coincidís los mismos a las mismas horas cada uno con su perro.
El caso es que por la noche, a eso de las 8:00 o 9:00, siempre coincidía con una chica de unos 40 años paseando con su perro, pero simplemente nos saludábamos y ya esta, hasta que comenzó el buen tiempo y dejé de verla con la gabardina que se ponía todos los días para verla con un buen jersey escotado y lo más impresionante de ella, su enorme trasero. No sé cómo describírselos, para mi era perfecto. Me gustan los culos más bien tirando a grandes y este era genial, pero es que además ella se ponía una de esas mallas apretadas de hacer gimnasia y se le diferenciaban clarísimamente las dos enormes nalgas subiendo y bajando mientras andaba, además de notársele todo el hilo de la tanga. El primer día me quedé hipnotizado andando detrás de ella y desde aquel día la esperaba desde lejos para ponerme detrás y acabar con la polla a reventar y machacándomela en casa. El caso es que tras varios días así, nuestros perros hacían casi todo el camino juntos por lo que al final acabamos hablando, lo cual me fastidió un poco porque no podía contemplarla tanto, pero cogimos mucha confianza.
Pero voy al grano… La semana pasada comencé las vacaciones y decidí salir con mi perro mucho antes para subir al monte que comienza tras el parque, cuando ya regresaba para mi "empalmada" diaria, cruzando por los últimos árboles antes de entrar en el parque, se me cruzo el perro de mi "amiga" por lo que me puse a mirar a ver si la veía y cual fue mi sorpresa, cuando la vi de espaldas meando tras un árbol. No se imaginan lo que me pasó por el cuerpo, pero el caso es que me quedé hipnotizado contemplando la escena. Esas dos grandes nalgas al descubierto eran mejor de lo que me había imaginado. Se levantó, se subió los pantalones, giró y me vio... y yo ahí, seguía mirando como un árbol más. Tardé como cinco segundos en reaccionar y girarme diciendo: "perdón, perdón..."
- Te pusiste rojo como un tomate –dijo ella acercándose a mí.
- Lo siento. Yo no sabia… -dije medio abobado.
- ¿Cómo que lo sientes? ¿Acaso no te gustó lo que viste? –dijo para sorpresa mía.
- No… bueno si -dije sin levantar la mirada del suelo.
- Pues a tu entrepierna parece que sí le gusto –dijo.
Aquel día yo llevaba los típicos pantalones de deporte sin calzoncillos y mi polla ya apuntaba al infinito, yo seguía sin decir nada.
- No te avergüences, llevo varios días viendo cómo me miras el culo y no dejo de preguntarme qué es lo que haces cuando llegas a casa tan empalmado -me dijo.
- Pues... –intenté hablar.
- Seguro que te la machacas pensando en mí –dijo ella muy segura.
- Si –respondí rotundamente.
- Mmmm… lo sabia. Me encanta pensar que un joven como tú se la casque pensando en una mujer como yo. Y he de confesarte que yo también me he masturbado imaginándome en cómo te masturbas pensando en mi.
Yo iba a reventar y no sabía qué hacer, pero ella lo sabía muy bien.
- Pues a llegado el momento de avanzar y dejar de cascartela pensando en mí para cascartela conmigo –dijo muy decidida.
Se me acercó y me cogió la polla con las dos manos, yo casi exploto. Levanté la vista y vi que los pezones se le marcaban en el jersey, intuí que no llevaba sujetador, lo que me puso todavía más caliente.
- Ahora me vas a seguir y no vas a levantar los ojos de mi culo hasta que yo diga, ¿entendido? –dijo ella e hice un gesto afirmativo con la cabeza.
Ella comenzó a andar por el caminito que da al monte hasta llegar a un merendero en un alto en el que se ve el camino que sube desde el parque, por lo que podíamos ver si subía alguien, yo no aparté los ojos de ese culo que ahora me parecía aún mejor. Me moría de ganas por tocarlo.
- ¿Te gusta mi culo? -me preguntó.
- Si –dije convencido.
- ¿Y qué esperas para tocarlo?
Yo me acerqué y la abracé bajando mis manos hasta por fin tocar ese maravilloso culo, blandito pero firme, era genial. Se dio la vuelta y se inclinó para apoyarse en una valla. Allí las tenía a esas dos maravillosas nalgas a mi alcance. Seguía sobandolas sin cansarme. Poco a poco fui pasando un dedito por su raja hasta llegar al coño que incluso con el pantalón, noté mojado. Yo estaba como en un sueño pero totalmente entregado ya. Ella seguía mirando al camino mientas yo la sobaba. Comencé a bajarle un poquito el pantalón, lo justo para verle todo el culo y el comienzo del coño, la postura era genial ya que me permitía también sobarle las tetas con unos pezones durísimos. Mientras yo la sobaba, ella comenzó a tocarse por delante. Así, me cogió la mano por entre sus piernas y se introdujo uno de mis dedos en el húmedo coño, el gemido que soltó fue increíble.
Estuvimos así un rato, haciéndole yo un dedo hasta que me dijo: “¿no me vas a enseñar tu polla? Yo simplemente me bajé un poquito el pantalón para sacarla y ella me la agarró sin darse la vuelta y se la acercó a su coñoto empapado. “Hoy, por ser el primer día, no me la meterás, pero tranquilo… todo llegará”, dijo. Se frotó un ratito el coño con mi polla yo casi me corro pero me dijo que no me corriera todavía, que primero la hiciera gozar a ella. Le metí las manos por delante y le comencé a hacer un dedo mientras frotaba mi polla contra ese culo. Era alucinate. Tras pocos minutos me dijo que se corría, yo aceleré mis movimientos mientras le metía dos dedos en el coño y frotaba mi polla entre las nalgas.
Empezó a hacer unos movimientos geniales mientras susurraba: "me corro, me corro" y comencé a notar unos chorros de jugo por mis dedo, yo no aguanté más y sin tocarme la polla, sólo frotándomela con su culo, me corrí derramando toda mi leche en su rajita. Fue increíble, de sólo recordarlo me la tengo que volver a cascar. Desde aquel día más o menos una vez por semana, tenemos sexo en el mismo sitio. Cada vez avanzamos un poco más pero aún no me la follé. Pero… cómo la chupa, es alucinante. Y esto será para otra historia.
El caso es que por la noche, a eso de las 8:00 o 9:00, siempre coincidía con una chica de unos 40 años paseando con su perro, pero simplemente nos saludábamos y ya esta, hasta que comenzó el buen tiempo y dejé de verla con la gabardina que se ponía todos los días para verla con un buen jersey escotado y lo más impresionante de ella, su enorme trasero. No sé cómo describírselos, para mi era perfecto. Me gustan los culos más bien tirando a grandes y este era genial, pero es que además ella se ponía una de esas mallas apretadas de hacer gimnasia y se le diferenciaban clarísimamente las dos enormes nalgas subiendo y bajando mientras andaba, además de notársele todo el hilo de la tanga. El primer día me quedé hipnotizado andando detrás de ella y desde aquel día la esperaba desde lejos para ponerme detrás y acabar con la polla a reventar y machacándomela en casa. El caso es que tras varios días así, nuestros perros hacían casi todo el camino juntos por lo que al final acabamos hablando, lo cual me fastidió un poco porque no podía contemplarla tanto, pero cogimos mucha confianza.
Pero voy al grano… La semana pasada comencé las vacaciones y decidí salir con mi perro mucho antes para subir al monte que comienza tras el parque, cuando ya regresaba para mi "empalmada" diaria, cruzando por los últimos árboles antes de entrar en el parque, se me cruzo el perro de mi "amiga" por lo que me puse a mirar a ver si la veía y cual fue mi sorpresa, cuando la vi de espaldas meando tras un árbol. No se imaginan lo que me pasó por el cuerpo, pero el caso es que me quedé hipnotizado contemplando la escena. Esas dos grandes nalgas al descubierto eran mejor de lo que me había imaginado. Se levantó, se subió los pantalones, giró y me vio... y yo ahí, seguía mirando como un árbol más. Tardé como cinco segundos en reaccionar y girarme diciendo: "perdón, perdón..."
- Te pusiste rojo como un tomate –dijo ella acercándose a mí.
- Lo siento. Yo no sabia… -dije medio abobado.
- ¿Cómo que lo sientes? ¿Acaso no te gustó lo que viste? –dijo para sorpresa mía.
- No… bueno si -dije sin levantar la mirada del suelo.
- Pues a tu entrepierna parece que sí le gusto –dijo.
Aquel día yo llevaba los típicos pantalones de deporte sin calzoncillos y mi polla ya apuntaba al infinito, yo seguía sin decir nada.
- No te avergüences, llevo varios días viendo cómo me miras el culo y no dejo de preguntarme qué es lo que haces cuando llegas a casa tan empalmado -me dijo.
- Pues... –intenté hablar.
- Seguro que te la machacas pensando en mí –dijo ella muy segura.
- Si –respondí rotundamente.
- Mmmm… lo sabia. Me encanta pensar que un joven como tú se la casque pensando en una mujer como yo. Y he de confesarte que yo también me he masturbado imaginándome en cómo te masturbas pensando en mi.
Yo iba a reventar y no sabía qué hacer, pero ella lo sabía muy bien.
- Pues a llegado el momento de avanzar y dejar de cascartela pensando en mí para cascartela conmigo –dijo muy decidida.
Se me acercó y me cogió la polla con las dos manos, yo casi exploto. Levanté la vista y vi que los pezones se le marcaban en el jersey, intuí que no llevaba sujetador, lo que me puso todavía más caliente.
- Ahora me vas a seguir y no vas a levantar los ojos de mi culo hasta que yo diga, ¿entendido? –dijo ella e hice un gesto afirmativo con la cabeza.
Ella comenzó a andar por el caminito que da al monte hasta llegar a un merendero en un alto en el que se ve el camino que sube desde el parque, por lo que podíamos ver si subía alguien, yo no aparté los ojos de ese culo que ahora me parecía aún mejor. Me moría de ganas por tocarlo.
- ¿Te gusta mi culo? -me preguntó.
- Si –dije convencido.
- ¿Y qué esperas para tocarlo?
Yo me acerqué y la abracé bajando mis manos hasta por fin tocar ese maravilloso culo, blandito pero firme, era genial. Se dio la vuelta y se inclinó para apoyarse en una valla. Allí las tenía a esas dos maravillosas nalgas a mi alcance. Seguía sobandolas sin cansarme. Poco a poco fui pasando un dedito por su raja hasta llegar al coño que incluso con el pantalón, noté mojado. Yo estaba como en un sueño pero totalmente entregado ya. Ella seguía mirando al camino mientas yo la sobaba. Comencé a bajarle un poquito el pantalón, lo justo para verle todo el culo y el comienzo del coño, la postura era genial ya que me permitía también sobarle las tetas con unos pezones durísimos. Mientras yo la sobaba, ella comenzó a tocarse por delante. Así, me cogió la mano por entre sus piernas y se introdujo uno de mis dedos en el húmedo coño, el gemido que soltó fue increíble.
Estuvimos así un rato, haciéndole yo un dedo hasta que me dijo: “¿no me vas a enseñar tu polla? Yo simplemente me bajé un poquito el pantalón para sacarla y ella me la agarró sin darse la vuelta y se la acercó a su coñoto empapado. “Hoy, por ser el primer día, no me la meterás, pero tranquilo… todo llegará”, dijo. Se frotó un ratito el coño con mi polla yo casi me corro pero me dijo que no me corriera todavía, que primero la hiciera gozar a ella. Le metí las manos por delante y le comencé a hacer un dedo mientras frotaba mi polla contra ese culo. Era alucinate. Tras pocos minutos me dijo que se corría, yo aceleré mis movimientos mientras le metía dos dedos en el coño y frotaba mi polla entre las nalgas.
Empezó a hacer unos movimientos geniales mientras susurraba: "me corro, me corro" y comencé a notar unos chorros de jugo por mis dedo, yo no aguanté más y sin tocarme la polla, sólo frotándomela con su culo, me corrí derramando toda mi leche en su rajita. Fue increíble, de sólo recordarlo me la tengo que volver a cascar. Desde aquel día más o menos una vez por semana, tenemos sexo en el mismo sitio. Cada vez avanzamos un poco más pero aún no me la follé. Pero… cómo la chupa, es alucinante. Y esto será para otra historia.