Astroman
19-05 2007, 02:44 AM
Nota: Todos los involucrados son mayores de edad.
Algunas veces, cuando llegan las temporadas de exámenes y mis alumnos preguntan de qué manera pueden "negociar" la calificación, no puedo evitar pensar en una sola cosa: a todos en una fila, con la verga por fuera dispuestos a dármela, algunos de ellos incluso dispuestos a darme sus nalgas o algo más, dependiendo de los grados a obtener.
Y es entonces cuando me imagino por ejemplo a Miguel, el primero en la lista, el rockero del salón; 1.70mt, delgado, de piel bronceada, su pelo alborotado con gel dándole un look salvaje, con un extraño pearcing en los labios en forma de flecha; de esos que emanan sexo con sólo mirarlo, como si sus feromonas me dijeran “si, yo también lo deseo”. No puedo evitar mirarle su pequeño trasero, querer acariciarlo y apretarlo hasta saciar mi deseo y poder absorber todo el olor de su colonia. Tiene una verga normal, de 14cm, de un grosor medio, el vello púbico recortado; emana un olor muy masculino que sacia cualquier otra carencia. A pesar de todo, Miguel es al que quisiera en la cama para llenarlo de besos toda la noche en todo el cuerpo.
Luego está José Julián, el más joven del salón, un poco más alto que Miguel, como de unos 1.72, pelo negro, pero tez blanco; se ve limpio, quizá sus vellos púbicos sean casi inexistentes o recortaditos, un ano rosa igual que sus testículos; su actitud deja ver la falta de experiencia, pero es precisamente ésto lo que lo hace más atractivo, es delgado igualmente, tiene unos ojos hermosos, pero lo que más me llama la atención, es el paquete que se forma con sus pantalones de mezclilla a media cadera; puedo pensar que por su apariencia, sus genitales deben oler a gloria y que su verga es de buen tamaño, más larga que gruesa y que con su sonrisa pícara, estaría dispuesto a soltármela para que pueda jugarla un rato. A José Julian le haría un rimming delicioso hasta que la lengua aguante.
Luego está Román y su look rapero, pelo envaselinado, negro, tez blanca, ojos grandes y labios carnosos pidiendo a gritos “bésame”. Camisas muy grandes, pantalón bajo las nalgas y que de vez en cuando, estira o juega con su camisa y pareciera que me quiere provocar. Román es el chistoso del salón, alguien con quien me gustaría jugar en la cama, tal véz no tenga la verga muy grande, pero debe ser gruesa, el mide como 1.72 también y algunas veces cuando se alza lo suficiente su camisa puedo ver lo buen torneado de sus nalgas que son más prominentes que las del resto y que parecieran decirme “juégalas, son tuyas”. A Román es al que me gustaría tener encima para cogérmelo hasta que se canse.
Finalmente y para no alargar la lista (ya que son 36) se encuentra Rubén, mal hablado hasta decir basta, alguna vez lo empecé a fastidiar para que se callara en clase y eso dio pie a que naciera una extraña confianza entre los dos, permitiéndome tocarlo más que a sus compañeros. Rubén es de otro estado, tiene un cuerpo más parecido al de un hombre de mayor edad, tiene un delicioso abdomen prominente que invita a acariciarlo o besarlo. Es de tez clara, cabello café crespo y aunque podría pensar lo contrario, he podido constatar que es lampiño. Sus nalgas invitan a cualquier a tocarlas, ya que sus jeans se las acomodan perfectamente. Además de todo, Rubén siempre huele bien, pero es su actitud lo que me obliga a pensar en él, me lo imagino teniendo sexo conmigo de una manera brusca y apaleándome con su verga, que además de todo, me la imagino quizá no más grande, pero si alguien la tiene más gruesa que la de sus compañeros es él.
Yo sentado en mi silla delante del escritorio y ellos en fila frente a mi, veo como uno a uno se van abriendo el cierre esperando su turno, algunos con más lujuria, algunos ya se empezaron a masturbar logrando una erección; otros esperando para obligarme a que sea yo el que logre la exitación con mis labios al chupárselas; pero todos dispuestos a mejorar la calificación. Me veo atragantándome con sus miembros, saboreándo sus testículos y manoseando sus nalgas y quizá algunos hasta me dejan meterles un dedo. Es ahí cuando empiezo a ver cómo me rodean y me obligan a mamarlas todas a la vez, empiezan a acariciarme y no falta quien me saqué la verga y la empiece a masturbar o hasta chupar, conviertendo mi fantasía en una orgía fantástica.
Algunas veces, cuando llegan las temporadas de exámenes y mis alumnos preguntan de qué manera pueden "negociar" la calificación, no puedo evitar pensar en una sola cosa: a todos en una fila, con la verga por fuera dispuestos a dármela, algunos de ellos incluso dispuestos a darme sus nalgas o algo más, dependiendo de los grados a obtener.
Y es entonces cuando me imagino por ejemplo a Miguel, el primero en la lista, el rockero del salón; 1.70mt, delgado, de piel bronceada, su pelo alborotado con gel dándole un look salvaje, con un extraño pearcing en los labios en forma de flecha; de esos que emanan sexo con sólo mirarlo, como si sus feromonas me dijeran “si, yo también lo deseo”. No puedo evitar mirarle su pequeño trasero, querer acariciarlo y apretarlo hasta saciar mi deseo y poder absorber todo el olor de su colonia. Tiene una verga normal, de 14cm, de un grosor medio, el vello púbico recortado; emana un olor muy masculino que sacia cualquier otra carencia. A pesar de todo, Miguel es al que quisiera en la cama para llenarlo de besos toda la noche en todo el cuerpo.
Luego está José Julián, el más joven del salón, un poco más alto que Miguel, como de unos 1.72, pelo negro, pero tez blanco; se ve limpio, quizá sus vellos púbicos sean casi inexistentes o recortaditos, un ano rosa igual que sus testículos; su actitud deja ver la falta de experiencia, pero es precisamente ésto lo que lo hace más atractivo, es delgado igualmente, tiene unos ojos hermosos, pero lo que más me llama la atención, es el paquete que se forma con sus pantalones de mezclilla a media cadera; puedo pensar que por su apariencia, sus genitales deben oler a gloria y que su verga es de buen tamaño, más larga que gruesa y que con su sonrisa pícara, estaría dispuesto a soltármela para que pueda jugarla un rato. A José Julian le haría un rimming delicioso hasta que la lengua aguante.
Luego está Román y su look rapero, pelo envaselinado, negro, tez blanca, ojos grandes y labios carnosos pidiendo a gritos “bésame”. Camisas muy grandes, pantalón bajo las nalgas y que de vez en cuando, estira o juega con su camisa y pareciera que me quiere provocar. Román es el chistoso del salón, alguien con quien me gustaría jugar en la cama, tal véz no tenga la verga muy grande, pero debe ser gruesa, el mide como 1.72 también y algunas veces cuando se alza lo suficiente su camisa puedo ver lo buen torneado de sus nalgas que son más prominentes que las del resto y que parecieran decirme “juégalas, son tuyas”. A Román es al que me gustaría tener encima para cogérmelo hasta que se canse.
Finalmente y para no alargar la lista (ya que son 36) se encuentra Rubén, mal hablado hasta decir basta, alguna vez lo empecé a fastidiar para que se callara en clase y eso dio pie a que naciera una extraña confianza entre los dos, permitiéndome tocarlo más que a sus compañeros. Rubén es de otro estado, tiene un cuerpo más parecido al de un hombre de mayor edad, tiene un delicioso abdomen prominente que invita a acariciarlo o besarlo. Es de tez clara, cabello café crespo y aunque podría pensar lo contrario, he podido constatar que es lampiño. Sus nalgas invitan a cualquier a tocarlas, ya que sus jeans se las acomodan perfectamente. Además de todo, Rubén siempre huele bien, pero es su actitud lo que me obliga a pensar en él, me lo imagino teniendo sexo conmigo de una manera brusca y apaleándome con su verga, que además de todo, me la imagino quizá no más grande, pero si alguien la tiene más gruesa que la de sus compañeros es él.
Yo sentado en mi silla delante del escritorio y ellos en fila frente a mi, veo como uno a uno se van abriendo el cierre esperando su turno, algunos con más lujuria, algunos ya se empezaron a masturbar logrando una erección; otros esperando para obligarme a que sea yo el que logre la exitación con mis labios al chupárselas; pero todos dispuestos a mejorar la calificación. Me veo atragantándome con sus miembros, saboreándo sus testículos y manoseando sus nalgas y quizá algunos hasta me dejan meterles un dedo. Es ahí cuando empiezo a ver cómo me rodean y me obligan a mamarlas todas a la vez, empiezan a acariciarme y no falta quien me saqué la verga y la empiece a masturbar o hasta chupar, conviertendo mi fantasía en una orgía fantástica.