azucena
14-05 2007, 10:14 AM
Con mi amiga Débora alquilamos una casa frente a la playa, habíamos trabajado tanto ese año que realmente necesitábamos unas buenas vacaciones. Unos días antes de partir, mi sobrina Ale, me había telefoneado, para decirme que se uniría a nosotras en este tan ansiado descanso. Partimos en mi auto y en cinco horas estuvimos en esa playa tan serena de arenas blancas.
Desempacamos y directamente nos alistamos para ir rumbo al mar, aunque eran las cinco de la tarde, no nos importaba que no fuera la hora ideal para tostarnos, solo queríamos sentir la arena debajo de nuestros pies descalzos. Realmente la casa tenía una playa privada de ensueños, comenzamos las tres a caminar y sentíamos que los pulmones se nos hinchaban de aire puro. Luego de un rato, volvimos a la casa, nos bañamos, cenamos y nos fuimos a dormir cada una a su habitación, estábamos cansadas por el viaje. Así como apoyé la cabeza en la almohada, me desmayé de sueño. Al rato, sentí unas risitas que me despertaron, me levanté sin hacer ruido, fui hasta la habitación de Débora, no la encontré, luego a la de Ale, la puerta estaba entreabierta y lo que vi me sorprendió pero a la vez despertó sensaciones extremadamente excitantes en mi cuerpo.
Ale, mi sobrina de 22 años, estaba chupándole las enormes tetas de mi amiga Débora que a sus 45 años, las tenía bien erguidas. Luego Débora comenzó a recorrer el cuerpo de Ale, su lengua era veloz y precisa, mi sobrina gemía como una condenada, hasta que penetró con ella su conchita recién depilada, creí morir de placer al ver esa escena, la besaba, dibujaba figuras en su clítoris, con sus manos apretaba los pezones rosados y duros de mi sobrina, quien tenía unos pechos suaves y turgentes.
Quería participar con ellas y que ellas me hicieran lo que quisieran, solamente bastó que Ale se diera cuenta que estaba allí espiándolas, no hubo palabras, solamente me deslicé entre ellas. Me hicieron sentir la locura dentro de mi cuerpo. Mientras mi sobrina chupaba mis tetas desaforadamente, mi amiga jugueteaba con su lengua en mi clítoris, mientras chupaba mi concha, Ale me besaba mordiéndome los labios suavemente e introduciendo su lengua en mi boca, respondí, acaricié sus tetas de piel suave. Débora dijo: “quiero que se sigan tocando y chupándose, vengo enseguida”. Volvió al instante con crema de leche y bananas que había colocado en el freezer, imaginé y solamente abrí mis piernas, mi sobrina hizo lo mismo, nos introdujo bananas congeladas en nuestras conchas y nosotras hicimos un 69 espectacular, nos comimos y chupamos mutuamente esas bananas hasta deshacerlas y llegar con nuestras lenguas hasta el fondo de nuestras conchas. Tuvimos varios orgasmos múltiples.
Débora, parecía una perra en celos, la atamos a la cama, la untamos con crema. Mientras mi sobrina le chupaba la concha llena de crema, me monté encima de Débora, me agarré del respaldo de la cama y froté mi clítoris sobre sus pechos llenos de crema, luego se los limpié con mi lengua, ¡que pechos!, se los mordisqueé suavemente, cómo gemíamos todas, terminamos exhaustas. Al día siguiente nos levantamos, todas estábamos muy conforme con lo que habíamos hecho. Débora introdujo nuevas experiencias en este trío, que al día de hoy conservamos, les contaré en otro relato las excitantes experiencias que tenemos entre las tres.
Desempacamos y directamente nos alistamos para ir rumbo al mar, aunque eran las cinco de la tarde, no nos importaba que no fuera la hora ideal para tostarnos, solo queríamos sentir la arena debajo de nuestros pies descalzos. Realmente la casa tenía una playa privada de ensueños, comenzamos las tres a caminar y sentíamos que los pulmones se nos hinchaban de aire puro. Luego de un rato, volvimos a la casa, nos bañamos, cenamos y nos fuimos a dormir cada una a su habitación, estábamos cansadas por el viaje. Así como apoyé la cabeza en la almohada, me desmayé de sueño. Al rato, sentí unas risitas que me despertaron, me levanté sin hacer ruido, fui hasta la habitación de Débora, no la encontré, luego a la de Ale, la puerta estaba entreabierta y lo que vi me sorprendió pero a la vez despertó sensaciones extremadamente excitantes en mi cuerpo.
Ale, mi sobrina de 22 años, estaba chupándole las enormes tetas de mi amiga Débora que a sus 45 años, las tenía bien erguidas. Luego Débora comenzó a recorrer el cuerpo de Ale, su lengua era veloz y precisa, mi sobrina gemía como una condenada, hasta que penetró con ella su conchita recién depilada, creí morir de placer al ver esa escena, la besaba, dibujaba figuras en su clítoris, con sus manos apretaba los pezones rosados y duros de mi sobrina, quien tenía unos pechos suaves y turgentes.
Quería participar con ellas y que ellas me hicieran lo que quisieran, solamente bastó que Ale se diera cuenta que estaba allí espiándolas, no hubo palabras, solamente me deslicé entre ellas. Me hicieron sentir la locura dentro de mi cuerpo. Mientras mi sobrina chupaba mis tetas desaforadamente, mi amiga jugueteaba con su lengua en mi clítoris, mientras chupaba mi concha, Ale me besaba mordiéndome los labios suavemente e introduciendo su lengua en mi boca, respondí, acaricié sus tetas de piel suave. Débora dijo: “quiero que se sigan tocando y chupándose, vengo enseguida”. Volvió al instante con crema de leche y bananas que había colocado en el freezer, imaginé y solamente abrí mis piernas, mi sobrina hizo lo mismo, nos introdujo bananas congeladas en nuestras conchas y nosotras hicimos un 69 espectacular, nos comimos y chupamos mutuamente esas bananas hasta deshacerlas y llegar con nuestras lenguas hasta el fondo de nuestras conchas. Tuvimos varios orgasmos múltiples.
Débora, parecía una perra en celos, la atamos a la cama, la untamos con crema. Mientras mi sobrina le chupaba la concha llena de crema, me monté encima de Débora, me agarré del respaldo de la cama y froté mi clítoris sobre sus pechos llenos de crema, luego se los limpié con mi lengua, ¡que pechos!, se los mordisqueé suavemente, cómo gemíamos todas, terminamos exhaustas. Al día siguiente nos levantamos, todas estábamos muy conforme con lo que habíamos hecho. Débora introdujo nuevas experiencias en este trío, que al día de hoy conservamos, les contaré en otro relato las excitantes experiencias que tenemos entre las tres.