hugomartinezq
12-05 2007, 12:27 PM
Aquel día sábado en la noche, estaba un poco aburrido en mi departamento y pensé en invitar a Katy a cenar. A ella la conocí en mi trabajo, es practicante en la compañía y es muy guapa y muy joven, la llamé y gustosamente me dijo que pasara por ella a su casa. Tomé mi auto y me fui a buscarla, cuando llegué me dijo que entrara y esperara mientras se terminaba de arreglar, yo sabía que sentíamos atracción, que las miradas eran pícaras y sus comentarios a veces picantes y ella me demostraba su lujuria con los ojos. Cuando salió de arreglarse, ¡Oh sorpresa! Traía puesta una mini muy muy linda y apretada, esto me confirmaba una vez más su interés por mí, no había nadie en la casa y su afán por terminar de maquillarse y acicalarse no nos daba tiempo para tan siquiera una mirada.
Me pidió que me sentara en la sala y yo, entre cada pasar de ella frente a mí, de un lado a otro para conseguir sus utensilios, le miraba sus lindas piernas y sus senos moderados que se dejaban ver gracias al top que había elegido. Pensaba para mis adentros que su cintura, sus piernas, su armonía… era lo máximo, su color de piel moreno y su mirada profunda siempre me han puesto caliente. Apenas terminó, llego ante mí y me preguntó cómo estaba y sin dudar un segundo y con los ojos paseando por todo su contorno, le dije lo linda que estaba. “Ahora vamos, ¿ya sabes donde ir?, preguntó; le respondí que sí y que había hecho reservaciones en un restaurante cercano. En el camino, mis ojos no pararon de degustar sus hermosas piernas, me enloquecían, la miraba con mucho disimulo pero eran muy provocativas.
Llegamos y sin más tomamos silla -es un restaurante de esos que son muy estilo cabaña- sentados ya y ordenando la entrada y un vino para calentar la noche, dialogamos de todo; inicialmente conversaciones aburridas de trabajo, pero poco a poco pasamos a contarnos uno del otro, gustos, amores y una buena introducción de nuestras vidas, era nuestra primera cita pero estaba en medio nuestra relación ya de tres meses en la parte laboral. En el restaurante había una pista de baile con música suave, “vamos a bailar un poco”, dijo ella mientras tomándome de la mano me llevó a la pista y pausadamente, tomando posición, con su mirada profunda en mis ojos, comenzamos el baile que iba acercando mágicamente nuestros cuerpos como si el destino lo propusiera. Bailando suavemente y con voz susurrante me preguntó por qué la había invitado, lo que me puso un poco nervioso, “qué pregunta pensé”.
-La verdad Katy, me pareces agradable y bonita.
-Si, ¿y como agradable?
”Uff me mató, ahora si...” pensé.
-Mucho, mucho –dije
-¿Y como bonita?
-Muy, muy, muy bonita.
-¿Qué es lo que más te gusta de mí?
-Claro está que hasta ahora nos estamos conociendo y mi calificación se basa en belleza física –contesté.
-Entonces dime qué es lo que más te gusta de mi físico –dijo con sonrisa coqueta y pausando el baile.
-Tienes una figura espectacular y hoy me has descubierto tus lindas piernas que me han dejado atónito, tu boca, tu mirada, tu cintura, tu cola...
-Quééé, ¿que te gusta de mi cola?
-Que la tienes muy bonita, redondita, paradita, en su punto -creo que mi voz aquí ya tambaleaba.
-¿Y qué más? ¿Te gustan mis senos?
-Si, mucho. Se ven perfectos, bien delineados, bien ri... grgrgr… -y sonreímos con picardía los dos.
-Bueno, ¿y tu que piensas de mi?
Katy hace una pausa y luego me dice que soy lindo físicamente, alto, con un lindo cuerpo, mirada profunda y mi cola… no dice nada y lanza una risa.
Terminada la canción, tomamos nuevamente rumbo a la mesa y muy amablemente, tomé la silla y sin perder de vista sus movimientos la vi sentarse muy lenta y sensualmente, ya me había dado cuenta que más de un hombre de las mesas cercanas, la miraban a ella con disimulo de sus parejas. Una vez los dos sentados, tomamos un sorbo de vino y le dije: “ah… y se me ha olvidado decirte que tu mirada me excita”, me miró coquetamente, a los ojos, moviendo su cara suavemente como si me estuviera seduciendo y luego cambiando la mirada a su copa. “Tu mirada también me excita” repetí, “si ¿y cuanto?” me preguntó cada vez más coqueta. “Mucho mucho, y ahora estas excitada”, le dije y me contestó con otra pregunta: “¿tu qué crees?”; “No sé… me imagino que estas muy muy excitada” contesté y le pedí que me mostrara. Entonces, un poco irrumpiendo y con asombro, ella me pregunto: “¿y cómo?, pausadamente y con una gran seriedad le dije: “dame tus interiores”, eso la sonrojo mucho pero lo pensó y dijo: “OK, voy a ir al baño”. Inmediatamente, y en tono de orden le dije: “No. Te los quitas aquí”; se rió pero cuando terminó y mirando para todos los lados para asegurarse de que nadie nos miraba, se deslizo un poco en la silla, pasó sus manos por debajo de la mesa, se sacó la tanga tratando de cubrirse con el mantel y disimulando sus movimientos que sin embargo eran evidentes, escondió la tanga entre las dos manos y me la dio. Por mi parte, las miré con frescura y las observé para poder comprobar lo húmedas que estaban, estoy seguro que más de uno se dio cuenta y con asombro y disimulo miraban hacia mi mesa, eso calentaba aún más nuestro juego.
Ya en confianza, le dije: “tu olor vaginal me gusta mucho” al tiempo que tiraba su tanga debajo de la mesa para que fuera el rastro de nuestro desenfreno y casual juego. Ella me miraba como queriendo comerme ahí mismo, notaba su respiración intensa y en aumento. Para poner el juego más caliente, le pedí ver sus senos, “ups”, reclamó, ¿¿aquí??, preguntó con asombro. Yo, muy en control de la situación, le di mi afirmación, entonces ella, con mucho más disimulo y tratando de cubrirse con los brazos de la mirada periférica, tomó su escote y lo bajó junto con su brasier hasta que dejó ver un delicioso pezón, creo que mucha gente lo vio por más que quiso ocultar, eso me puso a mil.
Katy respiraba profundamente y sólo me miraba a los ojos como si no existiera nadie más, subió su escote y me preguntó: “¿te gustó?”, a lo cual afirmé totalmente: “se ven exquisitos”. Llegó el mesero con la orden, un poco inocente de la situación, acomodó la comida y se retiró, comenzamos a comer con mucha elegancia y el primer bocado estuvo en nuestra mirada coqueta, tomando el alimento con los dientes y mirándonos fijamente como si fuera nuestros sexos los que habíamos ingerido, terminando de engullir su bocado me dijo: “estoy muy, muy caliente, creo que voy a explotar, nunca me habían hecho una cosa tan excitante…”, por mi parte, llevando la mirada a mi plato pregunté: “¿quieres que te haga el amor?, ella rió y me dijo un rotundo: “Ya”
Procedí a limpiar mis labios con la servilleta y tomándola de la mano, me levanté y la llevé al salón de baile que con una luz tenue pero visible, nos trataría de ocultar nuestra aventura. Comenzamos el baile muy lentamente y llevando nuestras caras el uno al otro sin perder la mirada, la fui tomando de sus labios para entrar en un beso profundo, delicioso, exquisito… nuestro primer beso. De sólo pensar, el beso tenía el olor de su sexo exquisito en mi mente. Nos acercamos y ella logró aprisionarme con sus piernas desnudas en su minifalda sexy, sólo nos besábamos, me tomaba de la nuca y yo apretaba su cuerpo, nos fuimos hacia la esquina, sólo pensaba en la locura más rica, nos ubicamos de lado a la pared para que disimulara la vista y escondiendo mi mano, bajé hasta tocar la piel de su pierna, la acariciaba mientras mi lengua paseaba por toda su boca y jugueteaba sensualmente con ella, Katy, con los ojos cerrados, se dejaba llevar.
Con la yema de mis dedos acaricié su pierna subiendo por entre la minifalda y forzando a levantarla levemente. Locura es palabra, solo quería acercarme a su sexo aunque su minifalda no me lo permitía por su firmeza, eso me enloquecía lo cual resultó rápidamente en una erección notable. Ella lo sabía y me dijo: “quisiera que desaparecieran mis ropas para sentir tu pene dentro de mí”. Uff… ahí no había pena, no había vergüenza, creo que hasta mi ética se acababa, mi moral se iba, subí su minifalda como pude para acariciar su sexo, miré a mis lados y todo nuestro entorno, en forma casual o ya sorprendidos, nos miraban y algunos comentaban con desprecio, pero yo sabía que el espectáculo era delicioso y eso me arrechaba mucho, me calentaba ver cómo todos le miraban la minifalda subida a mi pareja que, borracha, sólo me besaba y se acomodaba mejor para que su sexo fuera desvirgado con mis dedos.
El mesero se acercó y nos pidió no muy decentemente “que ahí no”. Eso nos detuvo, pero sin más preámbulos, Katy salió sin mirar a nadie y sabiendo que iba a ser comida, llegó al puesto, tomó su bolso, dejé el dinero suficiente para pagar la cuenta, y nos fuimos al auto. En el estacionamiento, sin dejarme entrar al auto, y ya en la oscuridad pero a sabiendas que nos podían ver fácilmente, se volteó, subió su falda, me bajó el cierre, los pantalones y bóxer al mismo tiempo, como si deseara una penetración inmediata, me acercó a ella para que la penetrara sin decirme nada más que “solo hazlo”.
Ella había tomado el mando, me tomó de las nalgas y cuadró su vagina suavemente lo cual me dejó penetrarla rápidamente, “esto es delicioso” –dijo- “es lo máximo”. Comenzamos un movimiento que permitía su masturbación con mi pene, saciándose de mi sexo, la tomé por la cintura y mirándola fijamente, subí su top y su brasier, ella levantó los brazos dándome permiso y se los saqué de un sólo jalón. Ahí estaban mis deseados pezones, rosaditos, paraditos, puntuditos, tomé sus senos con mis manos en un masaje suave, sensual, subiendo desde la base hasta tomar los pezones con mis yemas y sin dejar de empujar mi verga violentamente, entré en su vagina. Con movimientos pausados, subiendo la mirada, combinando la mirada profunda, mis movimientos, sus senos en mis manos, mi pene totalmente erecto dentro de ella, su minifalda en la cintura, la locura desenfrenada y con el pensamiento de nuestro juego, ella tuvo su primer orgasmo.
La tomé de la cara y la besé con violencia mientras violaba su sexo con los jugos fluyendo, la retiré y la volteé para penetrarla otra vez por la vagina ya que una penetración anal no sería posible por la falta de lubricante, la vi tratando de agarrarse de los bordes de la ventanilla del auto para agacharse lo más que podía y así, sin más, la penetré como un diablo. Casi que movíamos en vehiculo, testigo de nuestra inmoralidad, tuvimos un orgasmo compartido, supremo, con sus caderas aprisionadas contra mí, su minifalda enrollada, nuestros sexos unidos, yo viendo su espalda, ufff qué rico… Saqué mi pene y derramé mis últimas gotas sobre su ano. “Te las dejo aquí para más tarde” –pensé- “para que te exciten toda la noche, para que me recuerdes como una loca, para que sea una experiencia inolvidable…”
Nos repusimos después de un minuto de pleno silencio, luego, entre las arrancadas de vehículos en el estacionamiento, ella se agachó con pena, tomó su ropa, subió al auto acomodando su minifalda y vistiendo su lindo cuerpo con prisa. Yo subí mis bóxer y pantalones, di la vuelta, también subí al auto y arrancando no fuimos sin palabra. En el semáforo de la cuadra nos dimos otro beso apasionado y me pidió que pasara por una droguería, perfecto, paramos en la siguiente cuadra y adivinen qué compró… ¡Qué sorpresa!, era un gel lubricante, cuando subió al auto me lo mostró y me dijo textualmente: “vamos a mi casa que quiero que me culees toda la noche” Ufff…
Pero eso es para otra historia, espero la hayan disfrutado.
Me pidió que me sentara en la sala y yo, entre cada pasar de ella frente a mí, de un lado a otro para conseguir sus utensilios, le miraba sus lindas piernas y sus senos moderados que se dejaban ver gracias al top que había elegido. Pensaba para mis adentros que su cintura, sus piernas, su armonía… era lo máximo, su color de piel moreno y su mirada profunda siempre me han puesto caliente. Apenas terminó, llego ante mí y me preguntó cómo estaba y sin dudar un segundo y con los ojos paseando por todo su contorno, le dije lo linda que estaba. “Ahora vamos, ¿ya sabes donde ir?, preguntó; le respondí que sí y que había hecho reservaciones en un restaurante cercano. En el camino, mis ojos no pararon de degustar sus hermosas piernas, me enloquecían, la miraba con mucho disimulo pero eran muy provocativas.
Llegamos y sin más tomamos silla -es un restaurante de esos que son muy estilo cabaña- sentados ya y ordenando la entrada y un vino para calentar la noche, dialogamos de todo; inicialmente conversaciones aburridas de trabajo, pero poco a poco pasamos a contarnos uno del otro, gustos, amores y una buena introducción de nuestras vidas, era nuestra primera cita pero estaba en medio nuestra relación ya de tres meses en la parte laboral. En el restaurante había una pista de baile con música suave, “vamos a bailar un poco”, dijo ella mientras tomándome de la mano me llevó a la pista y pausadamente, tomando posición, con su mirada profunda en mis ojos, comenzamos el baile que iba acercando mágicamente nuestros cuerpos como si el destino lo propusiera. Bailando suavemente y con voz susurrante me preguntó por qué la había invitado, lo que me puso un poco nervioso, “qué pregunta pensé”.
-La verdad Katy, me pareces agradable y bonita.
-Si, ¿y como agradable?
”Uff me mató, ahora si...” pensé.
-Mucho, mucho –dije
-¿Y como bonita?
-Muy, muy, muy bonita.
-¿Qué es lo que más te gusta de mí?
-Claro está que hasta ahora nos estamos conociendo y mi calificación se basa en belleza física –contesté.
-Entonces dime qué es lo que más te gusta de mi físico –dijo con sonrisa coqueta y pausando el baile.
-Tienes una figura espectacular y hoy me has descubierto tus lindas piernas que me han dejado atónito, tu boca, tu mirada, tu cintura, tu cola...
-Quééé, ¿que te gusta de mi cola?
-Que la tienes muy bonita, redondita, paradita, en su punto -creo que mi voz aquí ya tambaleaba.
-¿Y qué más? ¿Te gustan mis senos?
-Si, mucho. Se ven perfectos, bien delineados, bien ri... grgrgr… -y sonreímos con picardía los dos.
-Bueno, ¿y tu que piensas de mi?
Katy hace una pausa y luego me dice que soy lindo físicamente, alto, con un lindo cuerpo, mirada profunda y mi cola… no dice nada y lanza una risa.
Terminada la canción, tomamos nuevamente rumbo a la mesa y muy amablemente, tomé la silla y sin perder de vista sus movimientos la vi sentarse muy lenta y sensualmente, ya me había dado cuenta que más de un hombre de las mesas cercanas, la miraban a ella con disimulo de sus parejas. Una vez los dos sentados, tomamos un sorbo de vino y le dije: “ah… y se me ha olvidado decirte que tu mirada me excita”, me miró coquetamente, a los ojos, moviendo su cara suavemente como si me estuviera seduciendo y luego cambiando la mirada a su copa. “Tu mirada también me excita” repetí, “si ¿y cuanto?” me preguntó cada vez más coqueta. “Mucho mucho, y ahora estas excitada”, le dije y me contestó con otra pregunta: “¿tu qué crees?”; “No sé… me imagino que estas muy muy excitada” contesté y le pedí que me mostrara. Entonces, un poco irrumpiendo y con asombro, ella me pregunto: “¿y cómo?, pausadamente y con una gran seriedad le dije: “dame tus interiores”, eso la sonrojo mucho pero lo pensó y dijo: “OK, voy a ir al baño”. Inmediatamente, y en tono de orden le dije: “No. Te los quitas aquí”; se rió pero cuando terminó y mirando para todos los lados para asegurarse de que nadie nos miraba, se deslizo un poco en la silla, pasó sus manos por debajo de la mesa, se sacó la tanga tratando de cubrirse con el mantel y disimulando sus movimientos que sin embargo eran evidentes, escondió la tanga entre las dos manos y me la dio. Por mi parte, las miré con frescura y las observé para poder comprobar lo húmedas que estaban, estoy seguro que más de uno se dio cuenta y con asombro y disimulo miraban hacia mi mesa, eso calentaba aún más nuestro juego.
Ya en confianza, le dije: “tu olor vaginal me gusta mucho” al tiempo que tiraba su tanga debajo de la mesa para que fuera el rastro de nuestro desenfreno y casual juego. Ella me miraba como queriendo comerme ahí mismo, notaba su respiración intensa y en aumento. Para poner el juego más caliente, le pedí ver sus senos, “ups”, reclamó, ¿¿aquí??, preguntó con asombro. Yo, muy en control de la situación, le di mi afirmación, entonces ella, con mucho más disimulo y tratando de cubrirse con los brazos de la mirada periférica, tomó su escote y lo bajó junto con su brasier hasta que dejó ver un delicioso pezón, creo que mucha gente lo vio por más que quiso ocultar, eso me puso a mil.
Katy respiraba profundamente y sólo me miraba a los ojos como si no existiera nadie más, subió su escote y me preguntó: “¿te gustó?”, a lo cual afirmé totalmente: “se ven exquisitos”. Llegó el mesero con la orden, un poco inocente de la situación, acomodó la comida y se retiró, comenzamos a comer con mucha elegancia y el primer bocado estuvo en nuestra mirada coqueta, tomando el alimento con los dientes y mirándonos fijamente como si fuera nuestros sexos los que habíamos ingerido, terminando de engullir su bocado me dijo: “estoy muy, muy caliente, creo que voy a explotar, nunca me habían hecho una cosa tan excitante…”, por mi parte, llevando la mirada a mi plato pregunté: “¿quieres que te haga el amor?, ella rió y me dijo un rotundo: “Ya”
Procedí a limpiar mis labios con la servilleta y tomándola de la mano, me levanté y la llevé al salón de baile que con una luz tenue pero visible, nos trataría de ocultar nuestra aventura. Comenzamos el baile muy lentamente y llevando nuestras caras el uno al otro sin perder la mirada, la fui tomando de sus labios para entrar en un beso profundo, delicioso, exquisito… nuestro primer beso. De sólo pensar, el beso tenía el olor de su sexo exquisito en mi mente. Nos acercamos y ella logró aprisionarme con sus piernas desnudas en su minifalda sexy, sólo nos besábamos, me tomaba de la nuca y yo apretaba su cuerpo, nos fuimos hacia la esquina, sólo pensaba en la locura más rica, nos ubicamos de lado a la pared para que disimulara la vista y escondiendo mi mano, bajé hasta tocar la piel de su pierna, la acariciaba mientras mi lengua paseaba por toda su boca y jugueteaba sensualmente con ella, Katy, con los ojos cerrados, se dejaba llevar.
Con la yema de mis dedos acaricié su pierna subiendo por entre la minifalda y forzando a levantarla levemente. Locura es palabra, solo quería acercarme a su sexo aunque su minifalda no me lo permitía por su firmeza, eso me enloquecía lo cual resultó rápidamente en una erección notable. Ella lo sabía y me dijo: “quisiera que desaparecieran mis ropas para sentir tu pene dentro de mí”. Uff… ahí no había pena, no había vergüenza, creo que hasta mi ética se acababa, mi moral se iba, subí su minifalda como pude para acariciar su sexo, miré a mis lados y todo nuestro entorno, en forma casual o ya sorprendidos, nos miraban y algunos comentaban con desprecio, pero yo sabía que el espectáculo era delicioso y eso me arrechaba mucho, me calentaba ver cómo todos le miraban la minifalda subida a mi pareja que, borracha, sólo me besaba y se acomodaba mejor para que su sexo fuera desvirgado con mis dedos.
El mesero se acercó y nos pidió no muy decentemente “que ahí no”. Eso nos detuvo, pero sin más preámbulos, Katy salió sin mirar a nadie y sabiendo que iba a ser comida, llegó al puesto, tomó su bolso, dejé el dinero suficiente para pagar la cuenta, y nos fuimos al auto. En el estacionamiento, sin dejarme entrar al auto, y ya en la oscuridad pero a sabiendas que nos podían ver fácilmente, se volteó, subió su falda, me bajó el cierre, los pantalones y bóxer al mismo tiempo, como si deseara una penetración inmediata, me acercó a ella para que la penetrara sin decirme nada más que “solo hazlo”.
Ella había tomado el mando, me tomó de las nalgas y cuadró su vagina suavemente lo cual me dejó penetrarla rápidamente, “esto es delicioso” –dijo- “es lo máximo”. Comenzamos un movimiento que permitía su masturbación con mi pene, saciándose de mi sexo, la tomé por la cintura y mirándola fijamente, subí su top y su brasier, ella levantó los brazos dándome permiso y se los saqué de un sólo jalón. Ahí estaban mis deseados pezones, rosaditos, paraditos, puntuditos, tomé sus senos con mis manos en un masaje suave, sensual, subiendo desde la base hasta tomar los pezones con mis yemas y sin dejar de empujar mi verga violentamente, entré en su vagina. Con movimientos pausados, subiendo la mirada, combinando la mirada profunda, mis movimientos, sus senos en mis manos, mi pene totalmente erecto dentro de ella, su minifalda en la cintura, la locura desenfrenada y con el pensamiento de nuestro juego, ella tuvo su primer orgasmo.
La tomé de la cara y la besé con violencia mientras violaba su sexo con los jugos fluyendo, la retiré y la volteé para penetrarla otra vez por la vagina ya que una penetración anal no sería posible por la falta de lubricante, la vi tratando de agarrarse de los bordes de la ventanilla del auto para agacharse lo más que podía y así, sin más, la penetré como un diablo. Casi que movíamos en vehiculo, testigo de nuestra inmoralidad, tuvimos un orgasmo compartido, supremo, con sus caderas aprisionadas contra mí, su minifalda enrollada, nuestros sexos unidos, yo viendo su espalda, ufff qué rico… Saqué mi pene y derramé mis últimas gotas sobre su ano. “Te las dejo aquí para más tarde” –pensé- “para que te exciten toda la noche, para que me recuerdes como una loca, para que sea una experiencia inolvidable…”
Nos repusimos después de un minuto de pleno silencio, luego, entre las arrancadas de vehículos en el estacionamiento, ella se agachó con pena, tomó su ropa, subió al auto acomodando su minifalda y vistiendo su lindo cuerpo con prisa. Yo subí mis bóxer y pantalones, di la vuelta, también subí al auto y arrancando no fuimos sin palabra. En el semáforo de la cuadra nos dimos otro beso apasionado y me pidió que pasara por una droguería, perfecto, paramos en la siguiente cuadra y adivinen qué compró… ¡Qué sorpresa!, era un gel lubricante, cuando subió al auto me lo mostró y me dijo textualmente: “vamos a mi casa que quiero que me culees toda la noche” Ufff…
Pero eso es para otra historia, espero la hayan disfrutado.