cheneque
09-05 2007, 12:47 PM
Son las 12 del medio día, estoy a las puertas de un cine para adultos, (que según dijeron, la función empieza a las 12:00) Me siento muy nervioso, pues la gente que pasa nos mira a la media docena que estamos en la fila para entrar, con curiosidad. Intento hacerme lo más invisible que pueda, no resulta, claro; en eso escucho una voz: “en la primera función es ‘dos x uno’, ¿te parece que nos juntemos y así pagamos la mitad?” Contesté con un “desde luego” al tiempo que miraba a mi interlocutor, una persona de unos 40 años y de aspecto ordinario, le di mi dinero y la fila empezó a caminar, al llegar a la taquilla, él compra el boleto y nos dirigimos a la puerta de entrada, donde me cedió el paso poniéndome su brazo en la espalda baja y dándome un pequeño empujón. Le di las gracias por su cortesía y entré.
La entrada a la sala, es un pasillo de unos 3 metros de largo, por 2 de ancho. El sitio estaba más oscuro que una tumba y ya sabrán, viniendo de la luz del día y entrar ahí… no se veía nada en medio metro a la redonda, así que me quedé parado ahí mientras me acostumbraba a la oscuridad. Miré la pantalla, la escena era muy sugestiva, claro, pues es una película porno. Estaba ahí parado cuando alguien chocó conmigo por la espalda, "perdón" –dijo- “es que no se ve nada” Pero la repegada que me dio con su parte inguinal fue muy sugestiva. Ya podía ver mejor y caminé pegado a la pared, rodeando la sala, quedando justo del lado contrario por el que entré, vi una butaca desocupada, así que me puse cómodo… (ustedes saben, semi acostado, con los pies estirados, cómodo pues)
Al mirar la pantalla, ¡ay caramba! Que me empieza a subir la temperatura, sentí el deseo de tocar mis tetillas, pero antes miré a mi alrededor, el cine estaba casi solo, seriamos la misma media docena así que empecé a juguetear con mis tetillas. Con la palma de la mano hacia movimientos circulares, que me producían mucho placer. Total la película se termino, se encendió la luz y caramba, justo detrás de mí estaba una persona, “¿cuánto tendría ahí? ¿habría visto cuando me acariciaba el pecho y el pene (que en algún momento quiso descargar su leche)?” La luz se apagó de nuevo y empezó la función, yo me levanté y caminé a la salida, busqué los baños y al sacar mi pene para orinar, me di cuenta de que estaba muy mojado producto de mis caricias y la calentura por lo que estaba viendo.
Regresé a la sala y me paré para buscar un lugar que me permitiera acariciarme a solas, cuando ciento dos manos que me sujetan del pecho, por instinto me quise retirar inmediatamente, pero la persona que me sujetaba por detrás, me dijo: “espérate papacito, yo te acaricio tus tetillas y todo lo que quieras” “No, nos van a ver…”, le dije. “Tranquilo, aquí nadie se fija en nada”, me dijo al tiempo que con sus dedos jugueteaba en mi pecho, lo cual me obligaba a gemir de placer, su parte inguinal la tenía pegada a mis nalgas y sentía un pene con tremenda erección. El miedo pasó al notar que en el cine había muchas "parejitas", luego, en algún momento y por la parte de mi baja espalda, intentó meter una mano en mis nalgas; obvio, no pudo y me dijo: "desabrochate el pantalón " “No…, me da miedo que nos vean”, le dije.
Él bajó sus manos para desabrochar mi pantalón, yo intente evitarlo, pero queriendo que lo hiciera. Cuando safó el cinturón y desabotonó el pantalón, metió una mano a mis nalgas, al tiempo que yo sostenía mi pantalón para evitar que se cayera. ¡Ah, qué placer!, mientras me besaba en la nuca y en la boca cuando yo volteaba la cabeza, con una mano jugueteaba con mis tetillas y la otra la tenía acariciando mis nalgas. ¡Qué delicia! Ya no me importaba nada ni nadie, sentí que sacaba la mano de mis nalgas, lo cual me no me gustó, pero fue para ponerse saliva en la mano y la llevó otra vez a mis nalgas que la esperaban con ansias. Con la saliva lubrico mi agujerito y empezó a introducirme un dedo, yo gemía y me contorsionaba por el placer que todo eso me causaba. Luego retiro sus manos y me dijo: “vente, sígueme”
Yo me dejé guiar pues ya no me importaba nada, me llevó a la parte donde terminan las butacas y me empujó contra la pared y así, de frente, me empezó a besar en la boca con unos besos tan lujuriosos… Nuestras lenguas se entrelazaban al tiempo que él apretaba mis tetillas mientras que yo lo tenía sujeto por su pene que lo sentía, por encima del pantalón, tan erecto, tan rico. No era muy grande, sino un tanto largo. Los besos no paraban, de pronto me dijo: “te la voy a meter…” “No… Sin protección no”, protesté. “¿Tienes un condón?, me preguntó. “Si…”, atiné a contestar. Empecé a buscar mi billetera, que es donde los guardo, y estaba batallando, pues con una mano me detenía el pantalón y con la otra intentaba sacar el tan necesitado condón. Lo que sucedió fue un tanto cómico, al sacar la billetera, se me soltó el pantalón que cayó hasta las rodillas, la billetera se me cayó también y me di cuenta de que otra persona se dirigía en dirección a donde estábamos. “La policía”, dije agachado aún queriendo levantar mi billetera que no encontraba por tener la mirada en la persona que venia.
Mi compañero de pasión había aprovechado mi postura agachada para intentar meter su lengua en mi culo y me tenia sujeto de la cintura con sus dos manos muy firmes, el miedo no me permitía sentir el placer, la persona que venía se detuvo a un par de metros de done estábamos y se dedico a observar lo que hacíamos. Mi Romeo chupaba y lengüeteaba mi culo y yo con la billetera en la mano permanecía agachado, ¡ah… qué placer tan enorme! El estar en un sitio publico y con un espectador le agregaba a la acción una dosis de placer indescriptible, me incorporé y le dije: “ya encontré el condón” “Vamos a sentarnos”, me dijo mi compañero. Nos sentamos, él se desabrochó el pantalón dejando al descubierto su pene y me dijo: “mámamelo”
Así sentado, me agaché y empecé a disfrutar de este hermoso pene, lo primero y por el olor, me di cuenta de que era una persona limpia, así que metí este pene en mi boca, lamiéndolo de arriba a abajo hasta sus huevos. Ahora el de los gemidos era él, y de pronto, siento que me empiezan a acariciar las nalgas… Era el espectador, que se puso en cuclillas y empezó a besar mi culo, al tiempo de que con una mano me acariciaba un pecho… ¡qué verdadera sesión de placer mis amigos! Durante un rato todo fue mamadas de ano y de pene con gemidos al por mayor que se interrumpían de vez en cuando para observar si no nos habían descubierto. De pronto mi Romeo me dijo: “espera que casi termino”, le puse el condón y pregunté: “y ahora… ¿cómo le hacemos?” Él me dijo: “siéntate en mi verga”.
Me paré justo enfrente de él, dejé caer el pantalón hasta los tobillos y me senté en él, batallamos un poco hasta que su verga quedó justo en la entrada de mi culo y me fui sentando poco a poco hasta que lo tuve todo dentro de mi, con la ayuda de él, que tenia sus manos en mis nalgas, las que subía y yo bajaba, para un delicioso mete y saca. ¡Qué manera de coger! Cuando me sentaba en su pene, yo me habría las nalgas para abrir más el culo, y cuando me lo sacaba, apretaba las nalgas, todo esto en lentitud. Escuchaba a mi Romeo que estaba disfrutándolo enormemente, mientras el espectador y yo estábamos en una sesión de besos, los cuales interrumpía para chuparme las tetillas. De pronto mi Romeo me dijo: “levantémonos y vayamos a donde estábamos”
En el pasillo, mi Romeo se costó boca arriba y me dijo siéntate, así que me senté en su pene y empecé a hacer movimientos con mis nalgas de atrás hacia adelante, pues con esto sentía su pene bien adentro de mí y además, a mi Romeo le causaba un gran placer. El otro, el espectador, se paró delante de mí y me puso su pene en mi boca. ¡Qué bárbaro!, un tanto corta pero muy gruesa, enormemente gruesa, tanto que desee no tenerla en mi culo. Me costaba trabajo meterla en mi boca, besaba y chupaba ese enorme pene, mientras que mi Romeo me daba embestidas. De pronto el espectador se contrajo en aviso previo de su "venida", saqué su pene de mi boca y bastó un par de caricias para que empezara a lanzar chorros de leche, tanta, que creí que no terminaría nunca. Cuando terminó, simplemente se fue.
Seguimos mi Romeo y yo el cual me empujó hasta quedar de lado, acostados los dos y empezó a bombear mi culo con su hermosa verga, me lo metía con una fuerza que casi me lastimaba, pero no me importaba, quería gozar de esta cogida a lo máximo. Ya no me importaba si nos descubrían los espectadores o los encargados del cine, mi Romeo me seguía arremetiendo con furia mientras me agarraba con fuerza los pechos y en eso siento su inminente venida. Me encorvé lo más que pude para facilitarle las embestidas más profundas y de pronto, se empieza a contorsionar al tiempo que emitía sonidos guturales entre… “papacito, qué bueno estas…”, se corrió. Sentí cómo el condón dentro de mi culo se llenaba de su semen, empujó con fuerza algunas veces y termino rico y satisfecho.
Luego me dijo algo que no he olvidado: "coges mejor que mi mujer", guardo esto como un gran cumplido. Mientras tanto, yo con mi pene erecto, el cual también quería terminar, así que le dije: “no me la saques mientras termino” Él, un tanto caballeroso, empezó un mete y saca con su ya flácido pene, mientras que con una mano me acariciaba las tetillas y me besaba la nuca. Me bastaron algunos movimientos para tener la mayor eyaculacion de la que tenga memoria, mi leche salio expulsada a gran distancia, ¡qué cogida tan rica…! Mi Romeo se acomodo su ropa y me dijo que me veía afuera.
Mientras, yo tenia un lío, el condón quedó dentro de mi culo, con todo, claro. Mi pene estaba lleno de mi esperma, con cierto trabajo me subí el pantalón, me levanté y me fui al baño queriendo parecer invisible, pero era obvio que muchas personas se dieron cuenta de mis fechorías. Total, llegué al baño y lo primero que hice fue limpiarme el pene y enseguida con un insano morbo y placer, fui sacando con gran lentitud el condón. Lo saqué y me di cuenta de que tenía una gran cantidad de semen, terminé de limpiarme, salí del baño y me dirigí a la salida del cine. Afuera, con grata sorpresa, mi Romeo me estaba esperando.
Nos despedimos quedando citados, así que si nos reunimos para otro encuentro sexual después les cuento.
Saludos
La entrada a la sala, es un pasillo de unos 3 metros de largo, por 2 de ancho. El sitio estaba más oscuro que una tumba y ya sabrán, viniendo de la luz del día y entrar ahí… no se veía nada en medio metro a la redonda, así que me quedé parado ahí mientras me acostumbraba a la oscuridad. Miré la pantalla, la escena era muy sugestiva, claro, pues es una película porno. Estaba ahí parado cuando alguien chocó conmigo por la espalda, "perdón" –dijo- “es que no se ve nada” Pero la repegada que me dio con su parte inguinal fue muy sugestiva. Ya podía ver mejor y caminé pegado a la pared, rodeando la sala, quedando justo del lado contrario por el que entré, vi una butaca desocupada, así que me puse cómodo… (ustedes saben, semi acostado, con los pies estirados, cómodo pues)
Al mirar la pantalla, ¡ay caramba! Que me empieza a subir la temperatura, sentí el deseo de tocar mis tetillas, pero antes miré a mi alrededor, el cine estaba casi solo, seriamos la misma media docena así que empecé a juguetear con mis tetillas. Con la palma de la mano hacia movimientos circulares, que me producían mucho placer. Total la película se termino, se encendió la luz y caramba, justo detrás de mí estaba una persona, “¿cuánto tendría ahí? ¿habría visto cuando me acariciaba el pecho y el pene (que en algún momento quiso descargar su leche)?” La luz se apagó de nuevo y empezó la función, yo me levanté y caminé a la salida, busqué los baños y al sacar mi pene para orinar, me di cuenta de que estaba muy mojado producto de mis caricias y la calentura por lo que estaba viendo.
Regresé a la sala y me paré para buscar un lugar que me permitiera acariciarme a solas, cuando ciento dos manos que me sujetan del pecho, por instinto me quise retirar inmediatamente, pero la persona que me sujetaba por detrás, me dijo: “espérate papacito, yo te acaricio tus tetillas y todo lo que quieras” “No, nos van a ver…”, le dije. “Tranquilo, aquí nadie se fija en nada”, me dijo al tiempo que con sus dedos jugueteaba en mi pecho, lo cual me obligaba a gemir de placer, su parte inguinal la tenía pegada a mis nalgas y sentía un pene con tremenda erección. El miedo pasó al notar que en el cine había muchas "parejitas", luego, en algún momento y por la parte de mi baja espalda, intentó meter una mano en mis nalgas; obvio, no pudo y me dijo: "desabrochate el pantalón " “No…, me da miedo que nos vean”, le dije.
Él bajó sus manos para desabrochar mi pantalón, yo intente evitarlo, pero queriendo que lo hiciera. Cuando safó el cinturón y desabotonó el pantalón, metió una mano a mis nalgas, al tiempo que yo sostenía mi pantalón para evitar que se cayera. ¡Ah, qué placer!, mientras me besaba en la nuca y en la boca cuando yo volteaba la cabeza, con una mano jugueteaba con mis tetillas y la otra la tenía acariciando mis nalgas. ¡Qué delicia! Ya no me importaba nada ni nadie, sentí que sacaba la mano de mis nalgas, lo cual me no me gustó, pero fue para ponerse saliva en la mano y la llevó otra vez a mis nalgas que la esperaban con ansias. Con la saliva lubrico mi agujerito y empezó a introducirme un dedo, yo gemía y me contorsionaba por el placer que todo eso me causaba. Luego retiro sus manos y me dijo: “vente, sígueme”
Yo me dejé guiar pues ya no me importaba nada, me llevó a la parte donde terminan las butacas y me empujó contra la pared y así, de frente, me empezó a besar en la boca con unos besos tan lujuriosos… Nuestras lenguas se entrelazaban al tiempo que él apretaba mis tetillas mientras que yo lo tenía sujeto por su pene que lo sentía, por encima del pantalón, tan erecto, tan rico. No era muy grande, sino un tanto largo. Los besos no paraban, de pronto me dijo: “te la voy a meter…” “No… Sin protección no”, protesté. “¿Tienes un condón?, me preguntó. “Si…”, atiné a contestar. Empecé a buscar mi billetera, que es donde los guardo, y estaba batallando, pues con una mano me detenía el pantalón y con la otra intentaba sacar el tan necesitado condón. Lo que sucedió fue un tanto cómico, al sacar la billetera, se me soltó el pantalón que cayó hasta las rodillas, la billetera se me cayó también y me di cuenta de que otra persona se dirigía en dirección a donde estábamos. “La policía”, dije agachado aún queriendo levantar mi billetera que no encontraba por tener la mirada en la persona que venia.
Mi compañero de pasión había aprovechado mi postura agachada para intentar meter su lengua en mi culo y me tenia sujeto de la cintura con sus dos manos muy firmes, el miedo no me permitía sentir el placer, la persona que venía se detuvo a un par de metros de done estábamos y se dedico a observar lo que hacíamos. Mi Romeo chupaba y lengüeteaba mi culo y yo con la billetera en la mano permanecía agachado, ¡ah… qué placer tan enorme! El estar en un sitio publico y con un espectador le agregaba a la acción una dosis de placer indescriptible, me incorporé y le dije: “ya encontré el condón” “Vamos a sentarnos”, me dijo mi compañero. Nos sentamos, él se desabrochó el pantalón dejando al descubierto su pene y me dijo: “mámamelo”
Así sentado, me agaché y empecé a disfrutar de este hermoso pene, lo primero y por el olor, me di cuenta de que era una persona limpia, así que metí este pene en mi boca, lamiéndolo de arriba a abajo hasta sus huevos. Ahora el de los gemidos era él, y de pronto, siento que me empiezan a acariciar las nalgas… Era el espectador, que se puso en cuclillas y empezó a besar mi culo, al tiempo de que con una mano me acariciaba un pecho… ¡qué verdadera sesión de placer mis amigos! Durante un rato todo fue mamadas de ano y de pene con gemidos al por mayor que se interrumpían de vez en cuando para observar si no nos habían descubierto. De pronto mi Romeo me dijo: “espera que casi termino”, le puse el condón y pregunté: “y ahora… ¿cómo le hacemos?” Él me dijo: “siéntate en mi verga”.
Me paré justo enfrente de él, dejé caer el pantalón hasta los tobillos y me senté en él, batallamos un poco hasta que su verga quedó justo en la entrada de mi culo y me fui sentando poco a poco hasta que lo tuve todo dentro de mi, con la ayuda de él, que tenia sus manos en mis nalgas, las que subía y yo bajaba, para un delicioso mete y saca. ¡Qué manera de coger! Cuando me sentaba en su pene, yo me habría las nalgas para abrir más el culo, y cuando me lo sacaba, apretaba las nalgas, todo esto en lentitud. Escuchaba a mi Romeo que estaba disfrutándolo enormemente, mientras el espectador y yo estábamos en una sesión de besos, los cuales interrumpía para chuparme las tetillas. De pronto mi Romeo me dijo: “levantémonos y vayamos a donde estábamos”
En el pasillo, mi Romeo se costó boca arriba y me dijo siéntate, así que me senté en su pene y empecé a hacer movimientos con mis nalgas de atrás hacia adelante, pues con esto sentía su pene bien adentro de mí y además, a mi Romeo le causaba un gran placer. El otro, el espectador, se paró delante de mí y me puso su pene en mi boca. ¡Qué bárbaro!, un tanto corta pero muy gruesa, enormemente gruesa, tanto que desee no tenerla en mi culo. Me costaba trabajo meterla en mi boca, besaba y chupaba ese enorme pene, mientras que mi Romeo me daba embestidas. De pronto el espectador se contrajo en aviso previo de su "venida", saqué su pene de mi boca y bastó un par de caricias para que empezara a lanzar chorros de leche, tanta, que creí que no terminaría nunca. Cuando terminó, simplemente se fue.
Seguimos mi Romeo y yo el cual me empujó hasta quedar de lado, acostados los dos y empezó a bombear mi culo con su hermosa verga, me lo metía con una fuerza que casi me lastimaba, pero no me importaba, quería gozar de esta cogida a lo máximo. Ya no me importaba si nos descubrían los espectadores o los encargados del cine, mi Romeo me seguía arremetiendo con furia mientras me agarraba con fuerza los pechos y en eso siento su inminente venida. Me encorvé lo más que pude para facilitarle las embestidas más profundas y de pronto, se empieza a contorsionar al tiempo que emitía sonidos guturales entre… “papacito, qué bueno estas…”, se corrió. Sentí cómo el condón dentro de mi culo se llenaba de su semen, empujó con fuerza algunas veces y termino rico y satisfecho.
Luego me dijo algo que no he olvidado: "coges mejor que mi mujer", guardo esto como un gran cumplido. Mientras tanto, yo con mi pene erecto, el cual también quería terminar, así que le dije: “no me la saques mientras termino” Él, un tanto caballeroso, empezó un mete y saca con su ya flácido pene, mientras que con una mano me acariciaba las tetillas y me besaba la nuca. Me bastaron algunos movimientos para tener la mayor eyaculacion de la que tenga memoria, mi leche salio expulsada a gran distancia, ¡qué cogida tan rica…! Mi Romeo se acomodo su ropa y me dijo que me veía afuera.
Mientras, yo tenia un lío, el condón quedó dentro de mi culo, con todo, claro. Mi pene estaba lleno de mi esperma, con cierto trabajo me subí el pantalón, me levanté y me fui al baño queriendo parecer invisible, pero era obvio que muchas personas se dieron cuenta de mis fechorías. Total, llegué al baño y lo primero que hice fue limpiarme el pene y enseguida con un insano morbo y placer, fui sacando con gran lentitud el condón. Lo saqué y me di cuenta de que tenía una gran cantidad de semen, terminé de limpiarme, salí del baño y me dirigí a la salida del cine. Afuera, con grata sorpresa, mi Romeo me estaba esperando.
Nos despedimos quedando citados, así que si nos reunimos para otro encuentro sexual después les cuento.
Saludos