Astroman
26-04 2007, 02:47 PM
¿Creen que sea verdad cuando uno se hace al dormido y no siente que se la están mamando?
Este muchacho se llama Edgar y es de Aguascalientes, una semana después de llegar a mi ciudad, (Merida) lo conocí. Es de mi altura, 1.72 m, blanco, pelo negro y ojos azules, complexión media, siempre me han dicho que me enamoro muy fácil, pero este chico me llamó mucho la atención, fue como “amor a primera vista” y ese cuerpo… -pensé- tiene que ser mío, jejeje.
Pasando las semanas no lo volví a ver, hasta que un día me invitaron a una fiesta “de ambiente” en la que estaba Edgar y la cual fue como su presentación en sociedad, aunque desde que llegó nos dijo a todos que era bien heterosexual y era simplemente un gigoló a quien le gustaba aprovecharse de los gay y pues, aunque mi autoestima no ha sufrido daño, él valía la pena y más siendo “straight”. Total que como sea, a Edgar le encantaba convivir con nosotros y nadie se quejaba, entonces ya saben, empezó a tomar y de hecho, fue el primero en “caer” rendido ante los efectos del alcohol, entre un amigo y yo lo llevamos a mi cuarto, difícilmente podía caminar, así que lo recostamos en la cama, le quité sus zapatos, los calcetines y fue precisamente ahí donde me entró la duda, debería seguir o dejarlo así, hacía calor y el aire acondicionado no se iba a encender por él o al menos eso pensé primero.
Se fue el amigo que me ayudó y me quedé observándolo un rato, viendo lo guapo que estaba, aproveché subirle la camisa y me fijé en su abdomen, no muy marcado pero si lo suficiente para delinearlo con mis dedos y sentir su suave piel, me acerqué a olerlo (es mi fetiche ya conocido), quedé extasiado y me cruzaron nuevamente miles de ideas con respecto a él. Por qué no -me dije- y sondeando el terreno decidí bajarle el cierre del pantalón y explorar más allá, un delicioso slip blanco que marcaba su pene semi erecto, nuevamente me acerqué a olerlo, observando si no se despertaba, pero nada, fue entonces que me dije que si con esto no despierta, entonces con nada (o al menos ya no me importaba).
Le bajé el slip, nuevamente pasé mis dedos por su suave piel, bajando hasta la entrepierna y entonces me decidí a chuparla, no estaba dura, pero de eso me encargaría yo; no era nada espectacular, unos 16 cm., más o menos, pero gruesa y rosada como a mí me gustan, sus vellos negros recortados resaltaban más el color. Entonces empiezo a chupar tan delicioso dulce, veo que el pene reacciona automáticamente y empieza a crecer, cosa que me excitó aún más y con esta misma excitación fue que me di cuenta repentinamente, que había olvidado cerrar la puerta y dos amigos míos me habían atrapado en la jugada, pero en lugar de reclamarme, me pidieron les dejara probar tan delicioso manjar. No los dejé, había sido mi trabajo dejarla así como está, así que por derecho propio era mía.
Entonces regresé a lo mío, más hambriento que nunca y aunque no dejaba de pensar cómo es que no había despertado Edgar, cada vez me importaba menos. Mis amigos parados en la esquina del cuarto se quedaron observando con hambre y me incitaban a acabarlo. Entonces, empecé como muerto de hambre a chuparle los huevos, lamerle el perineo y mamársela como salvaje. Empiezo a ver reacción, pero nada, falsa alarma, entonces seguí hasta que no pudo aguantar más y empezó a retorcerse, me asusté y quise alejarme en seguida, pero cual fue mi sorpresa que el desgraciado me sujetó la cabeza y me hizo tragarme toda su leche, aunque la verdad, era deliciosa, pero era una de mis primeras veces haciendo eso y no me gustaba del todo. Mis amigos, entre molestos y muertos de la risa me decían, “desgraciado, suertudo”. Yo no podía decir nada, me tomé la leche y me despegué, Edgar no dejaba de gemír y respirar fuerte por el éxtasis que mi mamada le había causado. Una vez compuesto, sólo me alcanza a decir el desgraciado: “esto fue una violación, jejeje”. “Desgraciado perro, no que muy dormido… jeje”, le contesté yo.
Han pasado ya como 6 años desde aquella ocasión, vi a Edgar unas veces después, pero sólo nos decíamos hola, se había aprovechado de algunos amigos a quien les dejaba mamarle la verga, pero nunca se venía y eso hizo que nos alejáramos de él. Hoy ya está de vuelta en Aguascalientes, nunca supimos porqué vino inicialmente a Mérida, pero conocerlo fue toda una experiencia y por eso se los cuento, si alguien se quedó grabado en mi mente fue él y yo fui al único a quien le dio un regalo especial.
Este muchacho se llama Edgar y es de Aguascalientes, una semana después de llegar a mi ciudad, (Merida) lo conocí. Es de mi altura, 1.72 m, blanco, pelo negro y ojos azules, complexión media, siempre me han dicho que me enamoro muy fácil, pero este chico me llamó mucho la atención, fue como “amor a primera vista” y ese cuerpo… -pensé- tiene que ser mío, jejeje.
Pasando las semanas no lo volví a ver, hasta que un día me invitaron a una fiesta “de ambiente” en la que estaba Edgar y la cual fue como su presentación en sociedad, aunque desde que llegó nos dijo a todos que era bien heterosexual y era simplemente un gigoló a quien le gustaba aprovecharse de los gay y pues, aunque mi autoestima no ha sufrido daño, él valía la pena y más siendo “straight”. Total que como sea, a Edgar le encantaba convivir con nosotros y nadie se quejaba, entonces ya saben, empezó a tomar y de hecho, fue el primero en “caer” rendido ante los efectos del alcohol, entre un amigo y yo lo llevamos a mi cuarto, difícilmente podía caminar, así que lo recostamos en la cama, le quité sus zapatos, los calcetines y fue precisamente ahí donde me entró la duda, debería seguir o dejarlo así, hacía calor y el aire acondicionado no se iba a encender por él o al menos eso pensé primero.
Se fue el amigo que me ayudó y me quedé observándolo un rato, viendo lo guapo que estaba, aproveché subirle la camisa y me fijé en su abdomen, no muy marcado pero si lo suficiente para delinearlo con mis dedos y sentir su suave piel, me acerqué a olerlo (es mi fetiche ya conocido), quedé extasiado y me cruzaron nuevamente miles de ideas con respecto a él. Por qué no -me dije- y sondeando el terreno decidí bajarle el cierre del pantalón y explorar más allá, un delicioso slip blanco que marcaba su pene semi erecto, nuevamente me acerqué a olerlo, observando si no se despertaba, pero nada, fue entonces que me dije que si con esto no despierta, entonces con nada (o al menos ya no me importaba).
Le bajé el slip, nuevamente pasé mis dedos por su suave piel, bajando hasta la entrepierna y entonces me decidí a chuparla, no estaba dura, pero de eso me encargaría yo; no era nada espectacular, unos 16 cm., más o menos, pero gruesa y rosada como a mí me gustan, sus vellos negros recortados resaltaban más el color. Entonces empiezo a chupar tan delicioso dulce, veo que el pene reacciona automáticamente y empieza a crecer, cosa que me excitó aún más y con esta misma excitación fue que me di cuenta repentinamente, que había olvidado cerrar la puerta y dos amigos míos me habían atrapado en la jugada, pero en lugar de reclamarme, me pidieron les dejara probar tan delicioso manjar. No los dejé, había sido mi trabajo dejarla así como está, así que por derecho propio era mía.
Entonces regresé a lo mío, más hambriento que nunca y aunque no dejaba de pensar cómo es que no había despertado Edgar, cada vez me importaba menos. Mis amigos parados en la esquina del cuarto se quedaron observando con hambre y me incitaban a acabarlo. Entonces, empecé como muerto de hambre a chuparle los huevos, lamerle el perineo y mamársela como salvaje. Empiezo a ver reacción, pero nada, falsa alarma, entonces seguí hasta que no pudo aguantar más y empezó a retorcerse, me asusté y quise alejarme en seguida, pero cual fue mi sorpresa que el desgraciado me sujetó la cabeza y me hizo tragarme toda su leche, aunque la verdad, era deliciosa, pero era una de mis primeras veces haciendo eso y no me gustaba del todo. Mis amigos, entre molestos y muertos de la risa me decían, “desgraciado, suertudo”. Yo no podía decir nada, me tomé la leche y me despegué, Edgar no dejaba de gemír y respirar fuerte por el éxtasis que mi mamada le había causado. Una vez compuesto, sólo me alcanza a decir el desgraciado: “esto fue una violación, jejeje”. “Desgraciado perro, no que muy dormido… jeje”, le contesté yo.
Han pasado ya como 6 años desde aquella ocasión, vi a Edgar unas veces después, pero sólo nos decíamos hola, se había aprovechado de algunos amigos a quien les dejaba mamarle la verga, pero nunca se venía y eso hizo que nos alejáramos de él. Hoy ya está de vuelta en Aguascalientes, nunca supimos porqué vino inicialmente a Mérida, pero conocerlo fue toda una experiencia y por eso se los cuento, si alguien se quedó grabado en mi mente fue él y yo fui al único a quien le dio un regalo especial.