vanyola
20-04 2007, 05:25 PM
Conocí a una mujer aquí, en esta pagina, luego de escribir mis relatos, ella me mandó su foto por e-mail… Es preciosa así es que me decidí a conocerla y le respondí, pasaron unos días y me respondió, así comenzó una “amistad” por correo hasta que quedamos en juntarnos y conocernos. Lo que les voy a contar a continuación, es lo que pasó en ese único encuentro.
Ella se llama Susana, tiene 40 años, es casada y no tiene hijos. Su marido es un ex-soldado, hoy en día es un hombre que descubrió la fe. Susana no trabaja, esta en su casa todo el día, en el sótano de su casa su marido tiene muchas maquinas de ejercicio, básicamente es un gimnasio bien completo. Así es que ella pasa muchas horas haciendo ejercicio, su marido es mayor que ella por unos 10 años, ellos llevan casados unos 20 y hace unos 8 que su marido es impotente (no tiene erección) En un principio el compraba “Viagra”, pero fue en esa época que descubrió su Fe y dejó paulatinamente de tener una vida de matrimonio normal, él pasa gran parte del tiempo en una Iglesia de la comunidad. Un día él llegó con una cama y la puso dentro de su dormitorio, duerme solo en esa cama y ya no hay contacto íntimo entre ellos.
Susana pensó que era culpa de ella por verse vieja y descuidada y así fue como comenzó a utilizar el gimnasio todos los días, adelgazó y adquirió un físico muy atractivo, pero él ni la miró, de hecho, ella estaba desnuda en el baño, él en el dormitorio, ella salió así y él se acostó, giro en la cama y se durmió Ella estuvo depresiva varios meses, pero nunca dejó su rutina de ejercicios diarios. Un día llego su marido con un computador, lo instaló en el sótano, en un principio no era interesante este aparato. Su marido pasaba horas sentado frente al computador y una mañana, durante su rutina de ejercicios y sin querer, movió el escritorio y el computador se encendió. En el monitor habían dos mujeres desnudas abrazadas, besándose y tocándose, ella, en vez de enojarse con su marido, se sintió perturbada por la fotografía, durante unos minutos miró la imagen y desenchufo el computador.
Durante unos meses estuvo aprendiendo a utilizar el equipo electrónico y en ese tiempo la imagen de esas dos mujeres aparecía recurrentemente en su mente. Susana salía al supermercado y un día se topó en el estacionamiento con una pareja de lesbianas, las estuvo observando, al regresar a su casa quiso saber sobre este tipo de relación, busco en Internet, vio fotos y videos, encontró una página que le recomendaba películas que ella arrendó, y así fue como descubrió este mundo de las lesbianas Ella comenzó a leer relatos sobre lesbianas y el relato que más le gusto fue el de “como fue que deje de ser profesora” Luego de unos días me escribió y también envió una foto de ella, nos hicimos “amigas” por correo y ella me sugirió un encuentro. Para mí, hasta ese momento, yo pensaba que Susana era una mujer experimentada en el lesbianismo, lo que ella quería, era saber cómo sería estar con una mujer.
Nos juntamos cerca de su casa un día sábado, ella sabía que su marido no estaría en todo el día, caminamos hasta su casa hablando tonteras y cosas triviales, al entrar casa ella me dio un paseo por todas las habitaciones y finalmente bajamos al gimnasio, al sótano. Ella actuaba muy nerviosa, ansiosa, yo la miraba tranquila y esperando que ella hiciera el primer movimiento, al pasar los minutos, ella no hacía nada, así es que yo tomé la iniciativa y me acerqué, la tomé por la cintura y la besé suave en la boca, Susana se aparto rápidamente y tartamudeando me dijo “yo nunca he estado con una mujer”. Nos miramos y rompí el silencio incomodo con una pregunta: “¿realmente quieres estar conmigo?, sino… bueno, será lo que será, no creo que sea malo esperar a que tu te decidas” Ella me sonrió y me dijo que ella si quería, “lo que pasa es que fue repentino tu beso y ahora si estoy preparada y deseosa de sentir”.
Me acerqué como una gata acechando a la presa, la miré a los ojos y suavemente la volví a besar, esta vez ella me contestó el beso, sin despegar mis labios de su boca le susurré que sacara su lengua y ella, torpe e inocente, saco su lengua, yo se la succioné y pasé mi lengua al igual que a un helado sobre la suya. Nos separamos y ella me dijo que hacía demasiado tiempo que no besaba a nadie y ahí me contó su triste historia, durante los minutos que duró su relato yo le estuve apretando los glúteos con mis dos manos, cuando terminó de hablar, la tomé de la mano y la conduje de vuelta arriba y directo a su habitación, entramos y la llevé hacia su cama y le dije: “ahora si vas a ocupar esta cama como se debe”
Me abrazó y me besó, yo le subí la falda y agarré su trasero con mis manos, ella comenzó a respirar agitadamente, (para este tiempo yo ya no soy gordita, tengo un buen cuerpo unos senos de medianos a grandes, firmes y paraditos, mi vientre es mas o menos plano, tengo un trasero firme y respingón), me senté en su cama y le ordené a Susana que se desnudara. Ella, un tanto insegura, comenzó a hacerlo, su ropa era fea y muy poco sexy, usaba un brassier grande y feo, unos calzones horribles y muy grandes, cuando quedó en ropa interior, pude ver que tenía un buen cuerpo a pesar de su edad, parecía de 30 años aunque tenía 40. La miré y me levanté de la cama, la conduje a sentarse y yo comencé a desnudarme, lo hice lento y sensual, Susana respiraba agitadamente, me miraba con atención, quedé en ropa interior (un sostén de encaje negro, cola-less con un triangulo pequeño y negro)
Ella estaba sentada en su cama, camine hacia ella, me paré entre sus piernas y la tomé de las manos, pasé las suyas por mis piernas, luego por mi estomago, a continuación por mi trasero y terminé llevando su mano derecha a mi conchita, solté sus manos y ella repitió nuevamente el recorrido sola. Yo ya estaba excitada, retrocedí y me senté en la cama de su marido y le ordené a Susana que se levantara y se desnudara completamente, ella se paró en frente de mí y se quitó el sostén, tenía unas tetas grandes y redondas, con areolas oscuras, unos pezones gordos de color café, a pesar de la edad sus pechos eran firmes. Luego se sacó los calzones feos, tenia el pubis muy cubierto de vellos, es más, yo diría que tenía el vello pubico largo.
Caminó hacia su cama, se sentó y me miró, de inmediato me levanté, caminé hacia ella y me saqué el sostén, pasé mis manos por mis tetas, que tenían los pezones duros como roca, luego me gire dándole la espalda a Susana y me saqué la tanguita, suave y lento, sin doblar las rodillas, dejando mi trasero a la altura de sus ojos. Abrí levemente mis piernas para que por detrás se notara mi conchita, cuando el calzón salio de mis pies, me giré y expuse mi pubis depilado absolutamente. Susana, instintivamente, estiró su mano y comenzó a tocar mi vagina, ella se acercó, puso sus labios en mi conchita y pasó su lengua en mis labios y encontró rápidamente mi clítoris con su lengua.
Apretaba su cara contra mi vagina, al mismo tiempo con sus manos amasaba mis glúteos, separándolos y apretándolos, me tiró de los brazos y caí sobre ella en la cama, llevé mis senos a su boca y al igual que un bebé, succionaba mis pezones y daba pequeñas mordidas, con mis tetas en su cara y mi conchita en sus manos, yo estaba a mil por hora, yo era mas liviana que ella, Susana me movió y ella se subió sobre mí y comenzó a frotar su cuerpo sobre el mío, nuestras tetas se masajeaban unas contra otras, así estuvimos hasta que nuevamente me giró y quedé sobre ella, rápidamente yo puse una pierna sobre su pierna derecha y le abrí la pierna izquierda, acerqué mi conchita a la suya y comencé a frotarme, suave al principio, mi conchita se sentía extraña sobre ese montón de vello pubico, daba cosquillas, las cuales me excitaban más y más, yo aumentaba el cabalgar sobre su conchita, me frotaba cada vez más rápido y fuerte, de la conchita de Susana emanaba gran cantidad de liquido que junto a los míos, hacían que todo fuera más suave y pegajoso, fue tanto, que ella explotó en un orgasmo fuerte e intenso y segundos más tarde terminé yo también en un orgasmo arrebatador. Quedé sobre su pecho, ella y yo sudadas, mojadas y cansadas, nos duchamos juntas, nos vestimos y nos despedimos. En la puerta de su casa le dije que la próxima vez quería que ella tuviera depilado o más cuidado su pubis, un beso y un adios.
Ella se llama Susana, tiene 40 años, es casada y no tiene hijos. Su marido es un ex-soldado, hoy en día es un hombre que descubrió la fe. Susana no trabaja, esta en su casa todo el día, en el sótano de su casa su marido tiene muchas maquinas de ejercicio, básicamente es un gimnasio bien completo. Así es que ella pasa muchas horas haciendo ejercicio, su marido es mayor que ella por unos 10 años, ellos llevan casados unos 20 y hace unos 8 que su marido es impotente (no tiene erección) En un principio el compraba “Viagra”, pero fue en esa época que descubrió su Fe y dejó paulatinamente de tener una vida de matrimonio normal, él pasa gran parte del tiempo en una Iglesia de la comunidad. Un día él llegó con una cama y la puso dentro de su dormitorio, duerme solo en esa cama y ya no hay contacto íntimo entre ellos.
Susana pensó que era culpa de ella por verse vieja y descuidada y así fue como comenzó a utilizar el gimnasio todos los días, adelgazó y adquirió un físico muy atractivo, pero él ni la miró, de hecho, ella estaba desnuda en el baño, él en el dormitorio, ella salió así y él se acostó, giro en la cama y se durmió Ella estuvo depresiva varios meses, pero nunca dejó su rutina de ejercicios diarios. Un día llego su marido con un computador, lo instaló en el sótano, en un principio no era interesante este aparato. Su marido pasaba horas sentado frente al computador y una mañana, durante su rutina de ejercicios y sin querer, movió el escritorio y el computador se encendió. En el monitor habían dos mujeres desnudas abrazadas, besándose y tocándose, ella, en vez de enojarse con su marido, se sintió perturbada por la fotografía, durante unos minutos miró la imagen y desenchufo el computador.
Durante unos meses estuvo aprendiendo a utilizar el equipo electrónico y en ese tiempo la imagen de esas dos mujeres aparecía recurrentemente en su mente. Susana salía al supermercado y un día se topó en el estacionamiento con una pareja de lesbianas, las estuvo observando, al regresar a su casa quiso saber sobre este tipo de relación, busco en Internet, vio fotos y videos, encontró una página que le recomendaba películas que ella arrendó, y así fue como descubrió este mundo de las lesbianas Ella comenzó a leer relatos sobre lesbianas y el relato que más le gusto fue el de “como fue que deje de ser profesora” Luego de unos días me escribió y también envió una foto de ella, nos hicimos “amigas” por correo y ella me sugirió un encuentro. Para mí, hasta ese momento, yo pensaba que Susana era una mujer experimentada en el lesbianismo, lo que ella quería, era saber cómo sería estar con una mujer.
Nos juntamos cerca de su casa un día sábado, ella sabía que su marido no estaría en todo el día, caminamos hasta su casa hablando tonteras y cosas triviales, al entrar casa ella me dio un paseo por todas las habitaciones y finalmente bajamos al gimnasio, al sótano. Ella actuaba muy nerviosa, ansiosa, yo la miraba tranquila y esperando que ella hiciera el primer movimiento, al pasar los minutos, ella no hacía nada, así es que yo tomé la iniciativa y me acerqué, la tomé por la cintura y la besé suave en la boca, Susana se aparto rápidamente y tartamudeando me dijo “yo nunca he estado con una mujer”. Nos miramos y rompí el silencio incomodo con una pregunta: “¿realmente quieres estar conmigo?, sino… bueno, será lo que será, no creo que sea malo esperar a que tu te decidas” Ella me sonrió y me dijo que ella si quería, “lo que pasa es que fue repentino tu beso y ahora si estoy preparada y deseosa de sentir”.
Me acerqué como una gata acechando a la presa, la miré a los ojos y suavemente la volví a besar, esta vez ella me contestó el beso, sin despegar mis labios de su boca le susurré que sacara su lengua y ella, torpe e inocente, saco su lengua, yo se la succioné y pasé mi lengua al igual que a un helado sobre la suya. Nos separamos y ella me dijo que hacía demasiado tiempo que no besaba a nadie y ahí me contó su triste historia, durante los minutos que duró su relato yo le estuve apretando los glúteos con mis dos manos, cuando terminó de hablar, la tomé de la mano y la conduje de vuelta arriba y directo a su habitación, entramos y la llevé hacia su cama y le dije: “ahora si vas a ocupar esta cama como se debe”
Me abrazó y me besó, yo le subí la falda y agarré su trasero con mis manos, ella comenzó a respirar agitadamente, (para este tiempo yo ya no soy gordita, tengo un buen cuerpo unos senos de medianos a grandes, firmes y paraditos, mi vientre es mas o menos plano, tengo un trasero firme y respingón), me senté en su cama y le ordené a Susana que se desnudara. Ella, un tanto insegura, comenzó a hacerlo, su ropa era fea y muy poco sexy, usaba un brassier grande y feo, unos calzones horribles y muy grandes, cuando quedó en ropa interior, pude ver que tenía un buen cuerpo a pesar de su edad, parecía de 30 años aunque tenía 40. La miré y me levanté de la cama, la conduje a sentarse y yo comencé a desnudarme, lo hice lento y sensual, Susana respiraba agitadamente, me miraba con atención, quedé en ropa interior (un sostén de encaje negro, cola-less con un triangulo pequeño y negro)
Ella estaba sentada en su cama, camine hacia ella, me paré entre sus piernas y la tomé de las manos, pasé las suyas por mis piernas, luego por mi estomago, a continuación por mi trasero y terminé llevando su mano derecha a mi conchita, solté sus manos y ella repitió nuevamente el recorrido sola. Yo ya estaba excitada, retrocedí y me senté en la cama de su marido y le ordené a Susana que se levantara y se desnudara completamente, ella se paró en frente de mí y se quitó el sostén, tenía unas tetas grandes y redondas, con areolas oscuras, unos pezones gordos de color café, a pesar de la edad sus pechos eran firmes. Luego se sacó los calzones feos, tenia el pubis muy cubierto de vellos, es más, yo diría que tenía el vello pubico largo.
Caminó hacia su cama, se sentó y me miró, de inmediato me levanté, caminé hacia ella y me saqué el sostén, pasé mis manos por mis tetas, que tenían los pezones duros como roca, luego me gire dándole la espalda a Susana y me saqué la tanguita, suave y lento, sin doblar las rodillas, dejando mi trasero a la altura de sus ojos. Abrí levemente mis piernas para que por detrás se notara mi conchita, cuando el calzón salio de mis pies, me giré y expuse mi pubis depilado absolutamente. Susana, instintivamente, estiró su mano y comenzó a tocar mi vagina, ella se acercó, puso sus labios en mi conchita y pasó su lengua en mis labios y encontró rápidamente mi clítoris con su lengua.
Apretaba su cara contra mi vagina, al mismo tiempo con sus manos amasaba mis glúteos, separándolos y apretándolos, me tiró de los brazos y caí sobre ella en la cama, llevé mis senos a su boca y al igual que un bebé, succionaba mis pezones y daba pequeñas mordidas, con mis tetas en su cara y mi conchita en sus manos, yo estaba a mil por hora, yo era mas liviana que ella, Susana me movió y ella se subió sobre mí y comenzó a frotar su cuerpo sobre el mío, nuestras tetas se masajeaban unas contra otras, así estuvimos hasta que nuevamente me giró y quedé sobre ella, rápidamente yo puse una pierna sobre su pierna derecha y le abrí la pierna izquierda, acerqué mi conchita a la suya y comencé a frotarme, suave al principio, mi conchita se sentía extraña sobre ese montón de vello pubico, daba cosquillas, las cuales me excitaban más y más, yo aumentaba el cabalgar sobre su conchita, me frotaba cada vez más rápido y fuerte, de la conchita de Susana emanaba gran cantidad de liquido que junto a los míos, hacían que todo fuera más suave y pegajoso, fue tanto, que ella explotó en un orgasmo fuerte e intenso y segundos más tarde terminé yo también en un orgasmo arrebatador. Quedé sobre su pecho, ella y yo sudadas, mojadas y cansadas, nos duchamos juntas, nos vestimos y nos despedimos. En la puerta de su casa le dije que la próxima vez quería que ella tuviera depilado o más cuidado su pubis, un beso y un adios.