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View Full Version : Un sueño interesante...


gaborelatos
09-04 2007, 03:40 PM
Como en cualquier otro sueño, todo comenzó de repente. Estaba yo caminando hacia un lugar que jamás había visto, era algo así como un viejo ateneo o una sala de exposiciones. Sandra, mi vieja amiga de la universidad, caminaba delante de mí, llevaba una prisa bastante singular. Yo sabía a qué íbamos, aunque prefería disimularlo o quizá ignorarlo, pero lo que no sabía era a dónde nos dirigíamos.
Había una especie de solar en medio de la enorme casa-ateneo, estaba todo rodeado de plantas ornamentales de mediano tamaño. Todo el sitio tenía un peculiar estilo colonial, de muros altos y techos de madera. Una de las paredes era un enorme mural, un fresco, pintado con una obra que no pude definir. Frente a ella, un sujeto, un hombre de aspecto indígena “civilizado”, de camisa blanca manga larga, con unos jeans, estaba montado en una especie de taburete, que le proporcionaba mayor altura. Allí, examinaba la obra que estaba frente a él con una minuciosa mirada de escrutinio, como buscando en cada trazo la identidad del artista, la técnica utilizada para lograr aquella pintura, que aún yo no podía distinguir claramente. El paso por aquel lugar fue acelerado y pocas cosas, salvo las antes descritas, pude apreciar con detalle.

De la mano de Sandra fui llevado a una especia de sala de eventos. Oscura y con un entarimado de madera de poca altura. Entramos por la propia tarima, por donde aparecen los actores en las obras, quitando una pesada cortina negra que hacía las veces de fondo del escenario. Atrás quedó el “examinador” de murales y el resto del lugar. Estábamos completamente solos en un lugar demasiado oscuro, donde la poca luz que entraba por la abertura que dejamos en la pesada cortina nos permitía vernos el uno al otro con cierta claridad, así como a nuestro alrededor. Había unas pocas butacas dispuestas al frente de la tarima, tal vez para espectadores “íntimos” de las obras que una vez se presentaron en el lugar.

Bajamos el escalón del entarimado, el cual no superaba los cincuenta centímetros, ella se sentó allí y esperó que yo hiciera lo que habíamos decidido hacer allí.
Fue en ese momento —y no antes— cuando me percaté que estaba en un sueño erótico, con una antigua amiga de la universidad, una a la que nunca pude tener más allá de un simple beso intenso, producto de nuestras conversaciones eróticas que de cuando en cuando eran nuestro tema de conversación. Hacía muchos años que no la veía, pero en aquel sueño estaba igual de bella, tal cual como la recordaba. Su hermosura era fascinante, siempre impecable, con su cabello azabache sin mucho arreglo, su boca provocativa y sensual, sus ojos cafés de inusitado maquillaje que realzaba bárbaramente su belleza. Su cuerpo bien proporcionado, aunque de senos pequeños, estaba delante de mí, y yo con la plena seguridad de que sí lo iba a poder tocar a plenitud.

Por una de esas extrañas jugarretas del inconciente, pasé del estado neurofisiológico del sueño a uno casi real, uno en el que podía oler y sentir la textura de su piel.

Comencé a besarla, a sentir la textura de sus gruesos labios, a palpar con mi lengua lo espeso de su saliva y lo agradable de su aliento. No sé por qué, pero mi mente trajo a mi sueño los recuerdos de cómo sabían sus besos, parecía estar de nuevo en su carro besándola, como cuando lo hice aquella noche al salir de clases. La sensación fue la misma.

Acto seguido, la despojé de su camisa y sus senos quedaron al descubierto frente a mí. Su pezón casi temblaba, erecto, simulando una pequeña extremidad de su delicado pecho. Sin titubear lo llevé a mi boca, como tratando de calmar su furor. Ella gimió, pero no volteé a ver su rostro, seguí besando y lamiendo su pecho.
Como en todo sueño, el protagonismo es de quien lo está soñando, pero en este caso Sandra parecía dominar etapas de mi propio sueño. Quizá era lo que mi cerebro quería que pensara. Tomó con ambas manos mi cabello apartando mi boca de su seno derecho y, con un frenesí que desconocía en ella, me besó, esta vez con más fuerza y pasión. Por momentos el sabor de la sangre se confundió con el de la saliva de ambos. Entendí entonces que estaba siendo lento en mi accionar para con ella. Por momentos, durante aquel frenético ardor pasional, observaba al indígena civilizado mirando el mural, sabía que él había visto cuando entramos en la vieja sala de presentaciones y que en cualquier momento podía echar un ojo a ver qué hacíamos Sandra y yo allí.

Yo tenía ambas manos apoyadas en el piso de madera del escenario, frente a ella, mientras la besaba y la acariciaba a ratos inclinado para poder llevar mi boca a la de ella. Descalcé su pie y llevé sus dedos a mi boca, sabía que esto la encendería aún más.

—Ahora sí te daré lo que tanto deseas. —Susurró Sandra, mientras llevaba su cabeza atrás debido al placer que le causaba tener su pie en mi boca.

Lamí cada dedo con delicadeza, en una escena más que fetiche. Sin premeditarlo me levanté e hice que ella me siguiera; con un audaz movimiento de mis manos hice que se volteara y me diera la espalda. Desabotoné sus jeans y los bajé con prisa hasta sus rodillas. Puse una rodilla en el piso y frente a mí quedaron sus nalgas blancas y pomposas con cada uno de sus poros erizados por la excitación. Un diminuto hilo negro se perdía entre ambos glúteos. Tomándolos por ambos lados de su cintura, los bajé viendo con detalle cómo, de entre sus nalgas, aparecía la parte oculta de aquella diminuta prenda íntima.

Rodillas en piso, hurgué entre el pliegue de sus glúteos, buscando desesperadamente la fuente de tan agradable olor: su vagina. Allí estaba, con sus dos enormes labios mayores, parecía una especie de almohadilla de piel delicada que en su interior guardaba la más preciada de las gemas. Con ambos pulgares separé sus labios y busqué con mi lengua, dentro de ella, a su abultado clítoris. Sentía que me quemaba, que su ardor era mayor de lo que había supuesto. Un acompasado movimiento de sus caderas acompañó a mi rítmico lengüeteo que no buscaba otra cosa que darle placer. Lo estaba logrando y, con ello, mi excitación alcanzaba niveles extraordinarios.

Besé sus nalgas, dejándolas húmedas debido a mi salivar constante, como un lobo hambriento. Sentía que la deseaba más que a nadie. Mis deseos más antiguos por aquella mujer, esos que me mantuvieron pendiente de ella por unos cuantos semestres, estaban saliendo de lo más profundo de mis pensamientos.
La etapa REM de mi sueño debía estar en su punto más álgido. Con Sandra, aún así, de espalda, busqué más que su vulva y me encontré con su ano. Lo lamí con cierta ternura.

No había terminado aún, pero quería ver su cara y mirarla desnuda frente a mí, a ver si era como la había imaginado. Pues, estaba aún mejor. Su monte de Venus estaba finamente eliminado, toda su vulva estaba vulnerable ante mí. Intenté acercarme a su cuerpo, pero ella no me dejó. Tomó con energía mi pantalón y de un solo tirón bajó el cierre, buscando con ambas manos mi pene. Lo sacó y sin vacilar en ningún momento lo llevó a su boca. Creo que iba a acabar en cualquier instante. Quizá mi mente trajo a colación una de las veces que me describió cómo realizaba una felación, pues lo hizo tal cual la recordaba. Era una especialista en la materia.

Mientras ella se entretenía con mi miembro viril, yo divisé al escrutador de cuadros a lo lejos, entretenido aún frente al mural. Volví a relajarme y disfrutar de los placeres del sexo. Pero ese momento duraría poco. El sonido de un teléfono me sacó de mi concentración y, peor aún, alertó al indígena que veía la pintura y lo traía en busca del aparato que sonaba. Como no es de extrañar, el bendito teléfono estaba justo dentro del teatro donde Sandra y yo estábamos a punto de fornicar como animales salvajes. Intenté esconderme entre la oscuridad del lugar, llevando a Sandra pegada a mi pene, pero el hombre, al entrar, abrió las cortinas de par en par, dejando entrar toda la luz de aquel hermoso día.

—¿Aló? —Dijo el hombre al contestar la llamada.

Con cierto disimulo volteó la mirada a donde estábamos nosotros, ya Sandra se había puesto de pie y estaba parada, semidesnuda, delante de mí y de frente al hombre que atendía el teléfono. Parecía extrañísimo que, a pesar de que el indígena había atendido la llamada, el teléfono seguía sonando constantemente.
Sandra le dirigió un par de palabras al hombre, ininteligibles para mí. Yo los vi a ambos mientras me alejaba en la profunda oscuridad del lugar.

Acostado en mi cama desperté, arropado y el sonido del teléfono junto a mi cama me hizo caer en cuenta que lo del sueño fue lo más cercano que he podido estar de Sandra desde que estudiaba con ella. No recuerdo si atendí la llamada, quizá sonó hasta que la contestadora atendió; lo cierto es que minutos más tarde me estaba dando una ducha helada, luego de haberme masturbado ferozmente por Sandra, mi vieja amiga de la universidad.

Esa mañana, como cualquier otra, salí a trabajar, pero de mi mente no salía aquella escena de sexo con Sandra. Cuando llegué a la oficina, busqué en mi agenda a ver si aún tenía el número de su celular, y allí estaba. Lo marqué con cierto apuro, pero la voz de su contestadora me hizo caer en cuenta que era algo temprano para llamar a alguien a quien tenía más de 5 años que no veía. Esperé hasta la tarde para llamarla una vez más. En esta oportunidad sí contestó.

—¿Aló? —Habló ella, casi con la misma voz con la que yo la recordaba.
—Hola —le dije—, ¿cómo está, licenciada?
—¿Quién habla?
—No voy a caer en aquella aburrida pregunta de “adivina quien”.
—¿Javier? —Preguntó.
—No me imaginé que después de tanto tiempo recordaras mi voz.
—¿Cómo olvidarla? —Dijo ella con cierta picardía.

Después de saber cómo andaban las cosas en nuestras vidas actuales, de enterarme que estaba casada y que su hijo estaba enorme y travieso, y de ella saber cómo estaba yo con mi esposa y mi hijo, la invité a tomarnos un café y explicarle por qué, después de tantos años, la estaba llamando. Había decidido que en aquella improvisada cita en un café, horas más tarde después de la llamada, le contaría a Sandra con lujo de detalles lo que había soñado. Pero algo me lo impidió.
Yo estaba sentado en la mesa, justo donde le dije que me encontraría. De pronto, algo me sacó de la lectura que le daba a la carta del lugar: una mujer, de vestimenta elegante, zapatos de tacón alto, un cabello más abundante y brillante que el que le recordaba a Sandra y un hermoso rostro que no tenía por ningún lado rastro alguno del paso de los años, se acercaba a mí con una enorme sonrisa en sus labios. Era ella, no había cambiado para nada, salvo que ahora su belleza era más madura, como conservada y mejorada con la edad. Parecía un vino francés embellecido con el añejo. Y, para colmo, se había operado los senos. Ya aquellas pequeñas protuberancias que se ocultaban bajo su blusa no estaban. Habían sido reemplezadas por un par de hermosos y redondeados pechos que avivaban aún más su figura. Creo que mi cara debió delatarme, pues mi amiga me besó en la mejilla y me dijo:

—Parece que hubieses visto a un fantasma… ja, ja, ja…

No era precisamente a un fantasma, para nada. Pero jamás me imaginé que Sandra estuviese tan hermosa. De verdad que estaba bella. La cosa se ponía más interesante, pero algo me bloqueaba el entendimiento, y me sentí con vergüenza de contarle a aquella hermosura de mujer que esa mañana yo había despertado con una erección del tamaño de la Torre Eiffel, producto de un deseo reprimido desde los tiempos de la universidad.

Se sentó justo a mi lado y me mostró su interés en mi vida, ese mismo que durante los años de estudio juntos siempre me demostró. Escuchó cada cuento, cada vivencia que tuve para contarle con una constante atención a cada palabra. Parecía haber esperado esta cita por años. Luego le tocó hablar a ella. Me enteré de lo bien que la vida la había tratado durante todo este tiempo, consiguió un buen hombre, su vida llevaba un rumbo muy parecido al que ella siempre soñó. Cada tema de conversación me alejaba de mi intención primaria de contarle mi erótico sueño. Simplemente me bloqueó tanta belleza, me sentía intimidado. La Sandra del sueño no estaba tan bien en todos los aspectos, tal cual como lo estaba la mujer que estaba frente a mí.

Después del café pasamos al vino. Yo envié un mensaje de texto a mi esposa, diciéndole que estaba reunido con una vieja amiga y que pronto iría a casa. Sandra nunca tomó su celular para nada, parecía haberlo apagado. Toda su atención estaba concentrada en mí.

La noche comenzó a ponerse interesante, sobre todo porque el vino ya estaba haciendo su trabajo al relajarnos y recordar los días de la universidad, charlas de sexo incluidas, lo que ya estaba dándome luz verde para contar mi singular sueño con Sandra… pero, por momentos me imaginaba haciéndolo y escuchando su risa. ¿Cuántas veces y cuántos hombres no habrán soñado lo mismo con Sandra? Me sentía cohibido de hacer lo que me había propuesto esta mañana. ¡Demonios!
(Continuará.)

charlesxavier
03-05 2007, 06:01 AM
Hola Gabo:
Excelente relato, estuvo muy completo, entretenido, y bien escrito.
Desde el principio a fin, contiene emoción y misterio.
Espero que continues pronto con la próxima parte.
Aqui hablando en coloquial: "de pana, que está arrechisimo".

Para todos los demás:
Vieron que no es sólo en México , España, ni solo en Colombia..donde tenemos excelentes escritores....
Aqui tenemos un excelente autor... en Venezuela...
En Venezuela: Arrechisimo, es interesante, excelente, muy bueno...

sexygordita
03-05 2007, 12:38 PM
Hola Gabo:
Excelente relato, estuvo muy completo, entretenido, y bien escrito.
Desde el principio a fin, contiene emoción y misterio.
Espero que continues pronto con la próxima parte.
Aqui hablando en coloquial: "de pana, que está arrechisimo".

Para todos los demás:
Vieron que no es sólo en México , España, ni solo en Colombia..donde tenemos excelentes escritores....
Aqui tenemos un excelente autor... en Venezuela...
En Venezuela: Arrechisimo, es interesante, excelente, muy bueno...

Huuuuuuuuyyyyyyyyyyyy.........amigo Charles y donde quedamos la gente de Perú.......jajajajaa
Gabo.........como siempre excelente........me encanta leerte ..si que te habias hecho esperar........porfisss....espero la continuación con muchas ansias:p ;)

charlesxavier
03-05 2007, 01:17 PM
Hola Sexygordita:

Verdad que hay autores muy famosos peruanos... hay una que por cierto esta de gira por Japón.

Bueno esta entre Japón, Perú y USA... en los ambientes artisticos la llaman "sexygordita"...es famosa.
Como se me paso esa autora tan reconocida en estos lares.

Pero sabes tienes la competencia fuerte con este autor Venezolano "gaborelatos"... tienes que publicar pronto un relato, por que si no no participas en los premios de este año..jaja

Saludos,
CX


Huuuuuuuuyyyyyyyyyyyy.........amigo Charles y donde quedamos la gente de Perú.......jajajajaa
Gabo.........como siempre excelente........me encanta leerte ..si que te habias hecho esperar........porfisss....espero la continuación con muchas ansias:p ;)

gaborelatos
03-05 2007, 04:11 PM
De verdad que les agradezco los halagos, pero tampoco es para tanto. Me encanta que les guste lo que escribo.
¿Cómo es eso que hay una entrega de premios? ¡Ey! Quiero participar. ¿Qué tengo que hacer?
SexyGordita, me estabas esperando, por lo visto. He tenido inconvenientes para escribir más... pero ya estoy activado. Pronto vendré con la continuación de este relato y con otros que tengo debajo de la manga.
Saludos...

gaborelatos
03-05 2007, 04:24 PM
Ahh, por cierto. tardaron casi un mes en publicarme este relatos. ¿Será posible?
Ya tengo otra historia montada en mi escritorio... y lo del sueño fue real, es lo único real que he escrito hasta ahora. Lo que pasó después —la continuación— ya sucedió, sólo debo organizar mis ideas y escribir. Estoy sacando el tiempo para eso...

Andariego
03-05 2007, 04:24 PM
Gabo...

Muy bueno el relato, de veras. Pasa contigo que cuando uno ve que eres el autor ya ni se preocupa si será bueno el relato o no. Yo de hecho me esperé a que tuviera un buen rato de calma para leerlo, pues garantizaba que no sería corto y que sería intenso.

Nuevamente nos zarandeas con un texto donde la mente, el sueño, la fantasía, la perversión, la realidad juegan un papel importantísimo. Y agrada mucho el que de un sueño interesante e intenso nos prometas con ese angustiante "Continuará" a llevarnos a una realidad también interesante.

La forma en que describes a la chica, tu compañera... hace simplemente desearla, querer disfrutar de ella con ella. Creo que esa es la mayor virtud de tu relato, el meternos en una ambientación realista donde casi puedes vivirla con todos sus detalles. De pronto siento algunos brincos de continuidad en la secuencia de la historia, pero tratándose de un sueño es válido.

Ojalá ni tú ni los editores tarden mucho en publicar la continuación.

Saludos.

Parker
06-05 2007, 06:04 PM
Excelente tu relato Gabo, es el primero que leo de tu autoria y me convencio de lo buen escritor que eres. Muy bueno de principio a fin, y mejor aun no necesitaste citar frases vulgares.

Ojala pronto se publique la segunda parte de tu relato.

norma20000
13-05 2007, 01:43 AM
!! Excelente relato !!, me gusto mucho, es muy emocionante de principio a fin ya que no pierdes ningún detalle. Espero leer pronto la continuación.

Gracias por compartirlo.