lether
03-04 2007, 09:04 AM
Jorge me miró y entre dientes me dijo: “Esto aún no termina cuñado, ¡tenemos una historia pendiente!”, y siguió a Dinora.
Yo, por mi parte, traté de reponerme de lo sucedido, recogí rápidamente las botellas de cerveza, ordené la sala y me fui a dormir. Al entrar al cuarto, ambos dormían abrazados, los miré por un ínstate, quizás deseando ser yo al que abrazaran sus brazos, a quien tocara su piel, a quien cubriera su cuerpo, quien compartiera su alma. Los vi ahí, dormidos, juntos, abrazados como la pareja ideal, por lo que decidí no invadir ese recinto sagrado, por lo menos no por ahora. Me fui a dormir al sofá, total, mañana será otro día.
Al día siguiente me desperté casi a mediodía, Jorge estaba sentado en el sillón mirándome dormir. “Buenos días cuña” -dijo- “Buenos días Jorge”. Llamarlo cuñado después de lo de anoche me parecía más que absurdo, hasta ahora en mis esquemas no era permitido que dos cuñados se besaran, por lo menos no como pareja. “¿Y Dinora?”, pregunté. “Ella salió a casa a buscar un libro, debe reunirse esta tarde con una amiga de la universidad para terminar de preparar un seminario, me dijo que si quería me quedara contigo, porque ella estaría muy ocupada y yo estaría solo en casa”, mientras decía esto último se levantó del sillón y se sentó en el mueble, “puedo acompañarte hoy, ¿verdad?” “Si claro”, dije algo nervioso.
”A propósito cuña… tenemos algo pendiente ¿recuerdas…?” Y sin darme tiempo a responder, me besó nuevamente, me quitó el bermudas que llevaba puesto quedando apenas cubierto por un bóxer blanco que se ceñía por completo a mi cuerpo, realzando mis músculos, dejando totalmente al descubierto mis bien formados glúteos que aún lo parecían mas al quedar firmemente ajustados en tan perfecto y minúsculo traje que dejaba en descubierto mis piernas también bien formadas y de entre las cuales destacaba el grueso tronco que ya gritaba de deseo. En definitiva, toda una joya de tela, que se encargaba de mostrar en todo su esplendor las partes más excitantes y eróticas de mi cuerpo sediento de recibir placer; capáz de ponérsela tiesa al más pintado y del que sobresalía, eclipsando en parte, a todo lo demás, mis glúteos redondos y mi polla gruesa. Preso de una tremenda excitación, alimentado por los besos dados por “mi invitado” y por la indefensión e inmovilidad de mis manos, me dispuse a sentarme sobre su regazo, que ya se encontraba desnudo y del que surgía esplendorosa, una enorme verga totalmente erecta.
Con el sudor que ya destilaba de ambos cuerpos y se unía en un delicioso jugo corporal, me senté sobre aquella polla, que encontró resistencia para penetrar en mi pequeño agujero virginal. A pesar del dolor que reflejaba en mi rostro, de mis ojos manaba una profunda mirada de odio y de rencor hacia “mi invitado” , sin duda por lo sucedido… No obstante, continué montado sobre él, buscando la satisfacción que tanto ansiaba y ayudado en ello por el movimiento de cintura y caderas rítmico, como el mejor bailarín de salsa, mis uñas se clavaban brutalmente en su cuerpo, ahondando lo más profundo de su piel, mi boca mordía sus labios y su rostro reflejaba el placer. Todo esto me excitaba más y más, sintiendo cómo, un profundo orgasmo se acercaba a pasos agigantados. Al ritmo que sentía el descomunal orgasmo, una larga descarga seminal regó mi interior. Tanta oleada de placer, culminó con los mencionados orgasmos. Colmaba mis ansias de disfrute, rematando tanto gusto, la sensacional corrida que llenó mi agujero de espeso esperma.
Saciada por completo la curiosidad y las ganas, las cosas volvieron a la “normalidad” habitual. “Mi Invitado” marchó a su casa, durante las próximas tres semanas no volvimos atener ningún tipo de contacto hasta el día de mi cumpleaños, pero eso, seguro es otra historia…
Yo, por mi parte, traté de reponerme de lo sucedido, recogí rápidamente las botellas de cerveza, ordené la sala y me fui a dormir. Al entrar al cuarto, ambos dormían abrazados, los miré por un ínstate, quizás deseando ser yo al que abrazaran sus brazos, a quien tocara su piel, a quien cubriera su cuerpo, quien compartiera su alma. Los vi ahí, dormidos, juntos, abrazados como la pareja ideal, por lo que decidí no invadir ese recinto sagrado, por lo menos no por ahora. Me fui a dormir al sofá, total, mañana será otro día.
Al día siguiente me desperté casi a mediodía, Jorge estaba sentado en el sillón mirándome dormir. “Buenos días cuña” -dijo- “Buenos días Jorge”. Llamarlo cuñado después de lo de anoche me parecía más que absurdo, hasta ahora en mis esquemas no era permitido que dos cuñados se besaran, por lo menos no como pareja. “¿Y Dinora?”, pregunté. “Ella salió a casa a buscar un libro, debe reunirse esta tarde con una amiga de la universidad para terminar de preparar un seminario, me dijo que si quería me quedara contigo, porque ella estaría muy ocupada y yo estaría solo en casa”, mientras decía esto último se levantó del sillón y se sentó en el mueble, “puedo acompañarte hoy, ¿verdad?” “Si claro”, dije algo nervioso.
”A propósito cuña… tenemos algo pendiente ¿recuerdas…?” Y sin darme tiempo a responder, me besó nuevamente, me quitó el bermudas que llevaba puesto quedando apenas cubierto por un bóxer blanco que se ceñía por completo a mi cuerpo, realzando mis músculos, dejando totalmente al descubierto mis bien formados glúteos que aún lo parecían mas al quedar firmemente ajustados en tan perfecto y minúsculo traje que dejaba en descubierto mis piernas también bien formadas y de entre las cuales destacaba el grueso tronco que ya gritaba de deseo. En definitiva, toda una joya de tela, que se encargaba de mostrar en todo su esplendor las partes más excitantes y eróticas de mi cuerpo sediento de recibir placer; capáz de ponérsela tiesa al más pintado y del que sobresalía, eclipsando en parte, a todo lo demás, mis glúteos redondos y mi polla gruesa. Preso de una tremenda excitación, alimentado por los besos dados por “mi invitado” y por la indefensión e inmovilidad de mis manos, me dispuse a sentarme sobre su regazo, que ya se encontraba desnudo y del que surgía esplendorosa, una enorme verga totalmente erecta.
Con el sudor que ya destilaba de ambos cuerpos y se unía en un delicioso jugo corporal, me senté sobre aquella polla, que encontró resistencia para penetrar en mi pequeño agujero virginal. A pesar del dolor que reflejaba en mi rostro, de mis ojos manaba una profunda mirada de odio y de rencor hacia “mi invitado” , sin duda por lo sucedido… No obstante, continué montado sobre él, buscando la satisfacción que tanto ansiaba y ayudado en ello por el movimiento de cintura y caderas rítmico, como el mejor bailarín de salsa, mis uñas se clavaban brutalmente en su cuerpo, ahondando lo más profundo de su piel, mi boca mordía sus labios y su rostro reflejaba el placer. Todo esto me excitaba más y más, sintiendo cómo, un profundo orgasmo se acercaba a pasos agigantados. Al ritmo que sentía el descomunal orgasmo, una larga descarga seminal regó mi interior. Tanta oleada de placer, culminó con los mencionados orgasmos. Colmaba mis ansias de disfrute, rematando tanto gusto, la sensacional corrida que llenó mi agujero de espeso esperma.
Saciada por completo la curiosidad y las ganas, las cosas volvieron a la “normalidad” habitual. “Mi Invitado” marchó a su casa, durante las próximas tres semanas no volvimos atener ningún tipo de contacto hasta el día de mi cumpleaños, pero eso, seguro es otra historia…