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View Full Version : Señora Ana 4


Javier_Andres
21-03 2007, 03:34 AM
Señora Ana 4

—De verdad te gusto tanto?
—Muchísimo bombón, me fascina tu cuerpo, la fragancia que despide; tu ropa interior me vuelve loco.
—Vendrás mañana entonces?
—Claro que sí.
—Y a que horas?
—No podré venir antes de las nueve PM. —Dije, y con esto pretendía pasar toda la noche del día siguiente con Ana.
—Es muy tarde, no puedes venir más temprano?
—No mamita, porque tengo que conseguir dispositivos y tengo que hacer otras cosas.
—Está bien papito, te estaré esperando. —Dijo, al tiempo que me ofrecía su rica boca; la besé largamente, chupando su rica lengua y recorriendo su entrepierna con mi mano; Ana se estremeció y me mordió un labio. Abandoné su departamento y cuando estaba en el elevador, noté que el mordisco había sido fuerte puesto que el labio me dolía un poco.

Estando en mí departamento y cuando me duchaba para acostarme, noté que tenía arañada la espalda y con las marcas en el cuello debido a los mordiscos que me dio Ana cuando la estaba penetrando; en su momento no me enteré.

Eran las diez de la noche del día sábado cuando toqué la puerta del departamento de Ana; me abrió rápidamente y acto seguido nos dirigimos a su habitación; estando allí me abrazó fuertemente y me besó apasionadamente.

—Pensé que ya no vendrías, Javier. —Me dijo.
—Cómo no iba a venir, bombón, si toda la noche no pude dormir por pensar en ti, señora linda.

Disfruté de su boca durante largo rato mientras mis manos recorrían su cuerpo con lentitud; no tenía ninguna prisa puesto que Ana correspondía mis caricias y no había riesgo de que cambiara de actitud; su cara, su cuello, sus enormes pechos, su cintura, sus piernas y su entrepierna fueron recorridos muchas veces por mis manos; cuando pasaba mis manos por su concha, la apretaba suavemente y Ana se estremecía; yo tenia una buena erección y apretaba a Ana contra mi para que la sintiera; temblaba a medida que la acariciaba, lo que denotaba que estaba muy excitada.

Cuando empecé a quitarle la ropa, se encontraba totalmente relajada; esta vez inicié con su falda y luego con el buzo o saco. Quedó al descubierto una excitante ropa interior nueva, color negro, que cubría aquel cuerpazo; sus axilas seguían cubiertas de aquel pelo espeso y negro y al verlas, estuve a punto de eyacular por la excitación, pero me contuve y empecé a quitarle las medias, también de color negro que cubrían aquellas exquisitas piernas. Le mordí y chupé suavemente su concha encima de las medias y Ana emitió un aullido; a medida que bajaba las medias, besaba y mordía suavemente sus piernas; Ana jadeaba y se apoyaba en mi cabeza; cuando terminé con las medias, recorrí con mi lengua sus piernas hasta llegar a la entrepierna, separé un poco sus hermosas bragas negras y le coloqué mi lengua en su concha. Ana no se pudo sostener en pie y la tuve que asir fuertemente para que no cayera al piso; su cuerpo despedía una fragancia enloquecedora; para darle una tregua, la besé en la boca largo rato, chupando su lengua, mordiendo suavemente sus labios.

—Por favor, Javier, no me atormentes más, empieza ya…métemela de una buena vez, papito.
—No te apresures amor, tenemos toda la noche, quiero besarte toda.

Le quité el corsé, y quedaron al descubierto sus enormes tetas, oscilantes, perfumadas. Las besé y mordí milímetro a milímetro, succioné sus pezones durante largo rato, unas veces suave y otras fuertemente; todo lo anterior sosteniéndola fuertemente para evitar que cayera al piso; Ana gemía de placer. Pasé luego a sus axilas que olían maravilloso, una combinación de perfume y olor natural; las besé, mordí y chupé sus pelos desaforadamente ante lo cual Ana se sacudió, ya no pude sostenerla más y caímos los dos en el piso.

Ya no podía aguantar mucho tiempo sin eyacular, así que de inmediato le coloqué un cojín bajo la espalda, bajé mi lengua hasta su ombligo, la metí lo más profundo que pude y pasé luego por ese caminito de bellos que referí en la parte anterior. Rápidamente me deshice de sus bragas quedando al descubierto esa concha tan espectacular, mordí aquel pubis ante lo cual Ana se sacudió como una serpiente, la tomé fuertemente por la cintura y puse mi lengua en su concha; estaba totalmente mojada, Ana había tenido no se cuantos orgasmos.

Era maravilloso, esa concha estaba húmeda y cálida; la recorrí toda con mi lengua, le metí uno, dos y tres dedos; la soplé suavemente, apreté ese clítoris con mis labios y luego lo lamí largo rato; los gemidos de Ana eran graves, agudos, suaves y cuando eran muy fuertes los ahogaba mordiendo sus enaguas. Vecino a la concha, se encontraba aquel culito que me volvía loco, deseaba lamerlo, meterle mis dedos pero aún no era el momento de arriesgarme, no podía echar a perder aquel momento.

Sin pérdida de tiempo me subí encima de Ella.

—Por fin papito, te quiero, te quiero…!
—Sí mamita, es el momento. Abre las piernas al máximo, Ana. —dije.

Y en efecto así lo hizo. Coloqué lentamente mi pene en la entrada de su concha y Ana cerró los ojos, su cuerpo vibraba.

—Por favor papi, no me hagas esperar más, métemela toda y lléname de tu rico semen. —dijo.

Empecé a penetrarla poco a poco, muy suavemente, pero Ana estaba muy excitada así que me cogió de las nalgas y me acercó fuertemente hacia Ella a la vez que agitaba su cocha; me mordió el pecho fuertemente y el grito que emitió no se si fue escuchado por los vecinos. Inicié mis envestidas y sentí cuando Ana se corrió a la vez que emitía un gemido; continué penetrándola y Ana jadeaba, lo que me producía más placer; sus axilas cubiertas de vello negro, sus grandes tetas moviéndose en todas direcciones me excitaron mucho más. Cuando sentí que ya no me podía contener más, aceleré y la embestí fuertemente para depositar mi semen en su interior; cuando Ana empezó a sentir mis espasmos, me abrazó fuertemente y me dijo al oído cosas que para mí fueron ininteligibles.

Reposamos aproximadamente una hora y luego nos duchamos. Le recorrí todo el cuerpo con la espuma impregnada de jabón; el agua tibia y el jabón, le produjeron un orgasmo cuando le pasé la espuma por la entrepierna.

— ¡Oh! Papi, qué es lo que me haces, que rico…!bésame! —dijo, y me ofreció su rica boca.

La besé como nunca y Ella correspondió como nunca. Le sobé mi pene en su pubis hasta que eyaculé; de ello se dio cuenta porque me apartó, abrió los ojos desmesuradamente y me estampó un sonoro beso, para luego recorrer mi boca con su deliciosa lengua.

Nos acostamos en su cama y luego nos quedamos dormidos. Cuando desperté eran aproximadamente las dos de la mañana; estábamos a media luz y Ana se encontraba acostada de medio lado, estaba de espaldas a mí y mi pene se encontraba alojado en su entrepierna; nunca mi pene había estado tan cerca de su rico culo, teniendo en cuenta además, que Ana hasta el momento no había accedido a ensayar una posición diferente; de inmediato me vino una erección pero me quedé quieto confirmando si Ana estaba dormida o despierta; su respiración era acompasada por lo que deduje que seguía dormida; no sabía que hacer, o si sabía pero no me atrevía.

Decidí bajar suavemente por su espalda, besándola, procurando no despertarla, por entre la cobija para no desarroparla y así lo hice. Su espalda estaba deliciosamente tibia, suave, perfumada por el jabón y mi lengua la recorría suavemente; cuando llegué a su cintura se removió suavemente y emitió un suspiro; continué por sus enormes nalgas y lentamente me dirigí hacia donde estas se dividen; unas veces avanzaba y otras veces retrocedía. Cuando la punta de mi lengua tocó el inicio de aquella división, colocó una mano en mi boca y me apartó suavemente, sin cambiar de posición; con la misma mano se cubrió su rico orificio; es obvio que no estaba dormida.

Yo quería degustar esa entrepierna al máximo, así solo fuera su concha, es por eso que levanté un poco su pierna y metí mi cabeza, quedando esta aprisionada por esas dos fabulosas piernas. Me acomodé lo mejor que pude y empecé a recorrer ese inmenso tesoro con mi lengua: el pubis, los labios, el interior, su clítoris. Con mi lengua llegaba al perineo y cuando buscaba el culo, me encontraba con los dedos de Ana que lo sal aguardaban de cualquier intruso. Ana vibraba, y con la otra mano me masajeaba la cabeza y la apretaba contra su concha; cuando su excitación crecía, no podía sostener la pierna levantada por lo que mi cabeza era fuertemente atenazada y me veía obligado a levantarle la pierna para poder continuar con el connilingus.

Me encontraba bastante excitado y los jadeos de Ana me volvían loco; con mi lengua le masajeaba el clítoris y a estas alturas Ana se contorsionaba; aumenté el fragor de mis lamidos e intencionalmente presioné fuertemente los dedos que custodiaban el culo de Ana; el ardid dio resultado porque creo que uno de ellos penetró en su interior, ya que cuando presioné, Ana emitió un grito, me agarró del pelo y golpeó mi cabeza contra su concha, descargo su pierna dejando firmemente atrapada mi cabeza a la vez que despachó todos sus líquidos, obviamente, en mi cara.

Prendí la iluminación y nuevamente me encontré encima de Ana. Su cara reflejaba el placer que sentía; de una envestida le metí todo mi pene y Ana me clavó las unas en la espalda; el sonar del colchón denotaba el ritmo que le imponía y las exclamaciones de Ana más me excitaban:

—Javier, por lo que más quieras, no te detengas…sigue, sigue…!papito!

Cuando sentí que venía el chorro, saque mi pene sin dejar de restregarlo y coloque mi glande en el perineo; cuando Ana se percató, nuevamente colocó sus dedos para cubrir su culo, lo que me excitó aún más, ya que con fuerza seguí restregando mi pene llegando a rozar fuertemente sus dedos; no me pude contener más y eyaculé en sus dedos y parte de su entrepierna. Cuando terminé, busqué su boca para chuparle la lengua y me correspondió con avidez; cuando me descuidé, tomó mi labio inferior entre sus dientes y me mordió fuertemente:

—Para que no seas tan pillo, Javier.
—Eres maravillosa, linda señora. Lastima que no me complazcas como yo quiero. —dije.
—No insistas papi, ya hemos hablado de eso. Regálame otro beso mi amor.

A partir de este momento fueron muchos nuestros encuentros; entregué el trabajo para la fecha acordada y cada que se presentaba un arreglo en casa de Ana aprovechábamos para nuestros encuentros cuando nos dejaban solos; cuando no había trabajos para realizar, me llamaba cuando se quedaba sola puesto que hasta la fecha nunca quiso reunirse conmigo en mi departamento; en otras oportunidades yo la llamaba a su móvil para tratar de concertar una cita.

En cierta oportunidad duramos 35 días sin reunirnos puesto que no se presentó la oportunidad pues sus hijos siempre estaban con ella. Después de este período los hijos necesitaron renovar una aplicación y entonces me llamaron; Ana se encontraba con Fernanda, una de sus hijas y por ende no teníamos la oportunidad de hacer algo.

En un momento determinado, Fernanda necesitó bajar al primer piso del bloque para adquirir elementos de papelería y nos dejó solos. Cuando abandonó el departamento, de inmediato Ana se abalanzó sobre mí y nos besamos con frenesí.

—Mamita linda, cuanto tiempo sin poderte sentir, bombón. Como tu no accedes a visitarme es muy difícil un encuentro, bebe.
—Ya hablamos de eso, papi. Tenemos que esperar la oportunidad—dijo.
—La oportunidad es esta, Ana, tenemos que aprovecharla.
—Pero es que Fernanda puede subir en cualquier momento, está en el primer piso.
—No puedo esperar más —dije. —colócate de espaldas apoyada en el comedor, vamos amor, apresúrate.
—Qué intentas hacer, Javier, ya te dije que nada de…—No la dejé terminar, ahogué sus palabras con un beso.— Vamos, amor, no te arrepentirás, ya no aguanto más, no seas mala.
—Papi…

La tomé y la coloqué de espaldas a mí, apoyada en la mesa del comedor. Le subí la falda y las enaguas y rápidamente le acaricié su hermoso culo, le bajé las medias hasta las rodillas, luego le bajé las bragas y pasé mi lengua por sus nalgas; de inmediato se cubrió el culo con una mano; le respiré muy cerca de su orificio y casi le quito la mano para meterle mi lengua, pero me contuve. Como pude, pasé mi lengua por su entrepierna y rápidamente chupé su concha y metí mi lengua entre sus labios buscando el clítoris; lo lamí efímeramente y Ana se estremeció.

Rápidamente me bajé los pantalones y saqué mi pene: la erección era fenomenal. Acerqué mi herramienta a la concha de Ana y se la metí con la primera envestida; Ana casi se cae y disfrutaba el momento.

—Javier, está muy rico…pero apresúrate…no…tarda en llegar Fernanda…!—dijo.

Por primera vez le hacía el amor a Ana en esta posición, con su culo frente a mí y esto me excitaba más, unido al hecho de que Fernanda podría tocar la puerta en cualquier momento. Cuando sentí los espasmos de Ana, aceleré y descargué toda mi leche en su interior.

Cuando terminamos, se subió rápidamente las bragas, las medias y se bajó las enaguas y la falda; después de acomodarse el cabello me dijo:

—Javier, esto es muy arietado, mi amor.
—No te preocupes, lo hemos manejado bien.

Sonó el timbre pues Fernanda acababa de subir del primer piso.

Después de este encuentro pasaron tres meses sin vernos, puesto que una hermana de Ana se vino a pasar una temporada con Ella y no la dejaba sola en ningún momento; yo trataba por todos los medios de comunicarme discretamente con Ana para arreglar una cita pero era imposible.

Pasados los tres meses, fui llamado para hacerle mantenimiento a una computadora portátil que había adquirido Juan, el hijo de Ana. Cuando llegué, Ana no se encontraba, solo estaban Juan y la hermana de Ana. Todo esto me desanimó un poco puesto que esperaba quedarme a solas con Ana aunque fuera un tiempo mínimo como la última vez.

Estaba inmerso en mi trabajo cuado llegó Ana a los 30 minutos, casi no puede esconder su alegría al verme allí; venía vestida con uniforme blanco compuesto por vestido y medias blancas al igual que los zapatos, acompañado por un saco de lana color azul oscuro, abierto, un atuendo muy similar al de las enfermeras, posiblemente el que utilizaba en su grupo de acción social. Lucía estupenda, sus curvas se marcaban muy bien y sus piernas eran un sueño.

Su saludo fue normal y cordial y luego se puso a compartir con su hermana y su hijo. Viendo esto, deduje que mis deseos no se cumplirían en esta oportunidad; pero estaba equivocado, a los cinco minutos, Juan y la hermana le dijeron que la estaban esperando para que me acompañara porque se iban a efectuar unas compras y que de todas maneras Paula estaba por llegar. Qué mala suerte, y yo que pensaba que nos dejarían solos un buen rato.

Nos besábamos como si nunca lo hubiéramos hecho. La tocaba por todas partes y Ana me apretaba. Al cabo de un momento le dije:

—Mamita linda, nos tocó hacerlo como la última vez, corazón.
—¿y si llega Paula?
—No lo pensemos más, Ana, hagámoslo de una vez.

La apoyé contra el comedor, de espaldas a mí y procedí a subirle la falda y luego las enaguas: que maravilla de nalgas empacadas en esas medias blancas, a través de las cuales se apreciaban unas bragas blancas adornadas con encajes y arabescos. Yo estaba que eyaculaba.

Rápidamente le bajé las medias y quedó su culo cubierto por aquellas lindas bragas; le mordí una nalga y apreté suavemente su concha; Ana casi se cae; le bajé las bragas y y de nuevo se cubrió el culo con su mano; coloqué mis labios y mi boca en su concha y empecé a lamerla con frenesí. La excitación de Ana era enorme:

—Javier, que rico, te quiero, sigue…sigue…!

Esta vez me iba a arriesgar, así es que me paré y fingí que iba a sacar mi pene para penetrarla, pero me agaché y con un rápido y firme movimiento le aparté la mano de su culo y metí mi lengua en su orificio.

—¡Pero Javier!, qué haces… yo…

La tomé de sorpresa y continué pasando mi lengua por su rico culo. En un momento dado se revolvió, pero yo no me despegaba; al darse cuenta que yo no cedía, quiso salir corriendo pero las medias y las bragas en las rodillas se lo impedían, por lo que cayó al piso y en su caída me arrastró. Cayó sentada sobre mi cara y yo continuaba degustando su culo; pero Ana también estaba excitada y por fin se dejó caer rendida, de medio lado en posición fetal. La así firmemente y le separé lo máximo que pude sus nalgas para meter bien mi lengua: Ana, con la cabeza clavada contra el piso, gemía, se revolvía, se agarraba de la alfombra y mi lengua continuaba con su trabajo; se contorsionó, entró en espasmo y se mordió un brazo para apagar el grito cuando descargó toda su leche en sus hermosas piernas.

Yo quería seguir, pero Ana ya se pudo parar, en silencio, limpió sus piernas, se subió las bragas, las medias, bajó sus enaguas y sus falda.

— ¡Estúpido!, eres un estúpido, acabas de votar lo que habías ganado a la basura.
—Pero mi amor no pu…—no me dejó continuar.
— ¡Nada!...acaba el trabajo y no vuelvas por aquí. Todo se acabó, no cumpliste lo que prometiste. Porqué lo hiciste Javier, ¡dime!
—Bebe, es que no me pude contener, es que eres tan hermosa. Te presento disculpas, pero no me arrepiento de lo que hice. No seas dura conmigo, a pesar de todo noté que te gustó.
—Hasta nunca, lamento haberte conocido. —dijo y marchó para su habitación.

Dos minutos después llegó Paula y a los 45 minutos le entregué el equipo portátil funcionando correctamente. Ana no se despidió, o mejor dicho, ya se había despedido.

En mi departamento repasé lo sucedido y llegué a la conclusión de que había hecho lo correcto, no obstante haber perdido a Ana, puesto que nunca la vi hablar con tanta convicción.

Pasaron más de dos meses y aún no me podía sacar a Ana de la cabeza; en varias oportunidades fui requerido por sus hijos pero nunca la encontré; obviamente, me detestaba y no quería encontrarse conmigo; traté de contactarla al móvil, pero creo que lo cambió porque siempre me encontraba con el mismo mensaje: número fuera de servicio.

Un viernes, siendo las diez de la mañana me encontraba absorto en un servicio, cuando sonó la alarma de mi móvil; era un número desconocido para mí, puesto que el dispositivo no lo pudo identificar.

—Ola—.Contesté.
—Javier, soy yo, Ana. —Mi sorpresa fue enorme. Su voz se escuchaba queda, como si alguien la pudiera escuchar.
—Cómo estás, que agradable sorpresa, he intentado comunicarme muchas veces.
— ¿Puedes venir mañana a mi departamento?
— ¿Ya no estás enojada conmigo?, ¿Estás sola?—dije.
—Ven y hablamos aquí.
—Lo que tú mandes, mi corazón. Dime a que horas te llego.
— ¿Te parece bien a las seis de la tarde? —dijo Ana.
—Me parece la hora perfecta. ¿Me regalarás algo?
—Aquí te espero—dijo y cortó.

GUERO
30-03 2007, 02:04 PM
Me gusto tu relato mucho voy a buscar los demas

Javier_Andres
31-03 2007, 04:57 PM
Me gusto tu relato mucho voy a buscar los demas

Proximamente publicaré Señora Ana 5. Ya estoy trabajando en ello.

celio
04-04 2007, 06:15 PM
MEN ME FACINO :o

espero con ansias el otro relato

csixxx
23-04 2007, 05:50 PM
oye de verdad que esta bueno, aver si ya terminas el 5 que espero con ansias leerlo