esencia1972
08-03 2007, 07:24 AM
-Las relaciones entre los seres humanos van mas allá de lo comprensible, se dice que las emociones son complicadas, pero el sexo a veces lo es más. A veces los brotes de despecho se convierten en el mejor sexo de una relación fallida.-
Una tarde viendo la TV en la sala, llegó una amiga con la cual habíamos compartido en su tiempo más que un cariño. Desde su llegada sus palabras destilaban las ganas de ir mas allá de una simple conversación. Su mirada clavada en el deseo y desbordada de pasión hacían que mis ojos no dejaran de verle.
Acerqué mis labios a su cuello, dejando que mis manos rozaran suavemente su espalda, hasta llegar a donde la espalda pierde el nombre, y estrujarle suavemente para jalarle hacia mi, y dejar que no sólo nuestra boca se besará sino también nuestros sexos. Le desabroché botón por botón, acompañado de un beso suave en su piel que poco a poco se desnudaba ante mis ojos, deje que mis manos dibujaran su senos, su cadera y su vientre.
Su respiración cambio al ritmo de mis caricias, se volvió mas profunda con ciertos gemidos, que indicaban los sitios donde más placer sentía de mis manos. Nos recostamos en el sillón, deslicé mi lengua por su piel tratando de enfriar cada surco que mis dedos dejaban en su cuerpo.
Mis manos llenas de deseo de sentir su entrega, llegaron a su sexo, y deje deslizar mis dedos por sus labios, acariciando suavemente el contorno, haciendo pequeños círculos que poco a poco se fueron cerrando hasta quedar alrededor de su clítoris, al bajar poco a poco, encontré un manantial constante y abundante que hizo que mi sexo se contrajera suavemente.
Enjuagué mis dedos para acariciar con mayor facilidad su sexo, coloqué el dedo medio en su clítoris, suavemente empecé a buscar esos puntos claves que hacen que una mujer tenga un choque de electricidad por todo el cuerpo, al igual que cierto temblor que enfría los labios y endurece los pezones. Cada vez la sensación era más fuerte, y quería que me detuviera, pero pudo más el deseo de dar pasos hacia el éxtasis que el miedo a perderse en el placer.
Gemía cada vez más fuerte y su respiración se quedaba sostenida por momentos, luego daba fuertes descargas de aire mientras su cuerpo tensado se elevaba en forma de arco.
Cambiaba los movimientos de mis dedos, mientras mi boca se llenaba con su pezón, mi lengua jugaba al mismo movimiento de mi dedo en su clítoris, decidí dejar su clítoris dentro de mi dedo medio y el pulgar jalándole delicadamente, dándole la sensación de succión.
Pasamos largo rato en ese juego de caricias, hasta que comencé a sentir como su vientre empezó a necesitar más, y no quería que dejara de sentir, así que puse mi boca en su sexo, y lo acaricie con la lengua, lo recorrí, lo enjuagué, la hice temblar de nuevo, gritar y gemir, cerró sus piernas fuertemente y sólo dejó la punta de mi lengua dentro de ella.
Haciendo un movimiento circular, en el poco espacio delimitado, sostuvo su respiración por mucho tiempo, diciéndome con voz entrecortada “NO PARES!!!” Su cuerpo tenso quedó suspendido por el deseo, hasta que con un desborde de su respiración lo dejo caer de un sólo golpe.
Al abrir sus piernas nuevamente le penetré con mi dedo índice y medio, dejando el pulgar sobre su clítoris para acariciarla mejor. Su movimiento cambio y se convirtió en una danza circular ante mis manos, ella misma buscaba que tan adentro quería sentirme, y dejo salir de ella un desborde de humedad que hizo más delicado el momento. Tomo mi mano y sacó mis dedos de su vagina, dejando mi mano completa sobre su sexo haciendo movimientos circulares como el de su cadera, para sentir el roce de mi mano con su clítoris.
Con un movimiento repentino se volteó boca abajo, dejando su sexo a la altura de mi boca nuevamente, con lo que no pude dejar de beber sus líquidos, pero ella quería más, quería sentirme dentro de ella, estaba tan mojada y tan abierta que me permitió penetrarle con casi toda la mano, dejándome palpar su necesidad de sentir, hasta que su cuerpo cansado buscó una posición más delicada sobre mi cuerpo, y se quedó rendida en mis brazos, en ese silencio tan especial que existe después del orgasmo, donde se dice más con la respiración que con las palabras, donde surgen las caricias de amor y se pierden las de la pasión, donde se dan esos besos tiernos que deleitan y no ahogan, y los abrazos cobijan más que aprisionan...
Una tarde viendo la TV en la sala, llegó una amiga con la cual habíamos compartido en su tiempo más que un cariño. Desde su llegada sus palabras destilaban las ganas de ir mas allá de una simple conversación. Su mirada clavada en el deseo y desbordada de pasión hacían que mis ojos no dejaran de verle.
Acerqué mis labios a su cuello, dejando que mis manos rozaran suavemente su espalda, hasta llegar a donde la espalda pierde el nombre, y estrujarle suavemente para jalarle hacia mi, y dejar que no sólo nuestra boca se besará sino también nuestros sexos. Le desabroché botón por botón, acompañado de un beso suave en su piel que poco a poco se desnudaba ante mis ojos, deje que mis manos dibujaran su senos, su cadera y su vientre.
Su respiración cambio al ritmo de mis caricias, se volvió mas profunda con ciertos gemidos, que indicaban los sitios donde más placer sentía de mis manos. Nos recostamos en el sillón, deslicé mi lengua por su piel tratando de enfriar cada surco que mis dedos dejaban en su cuerpo.
Mis manos llenas de deseo de sentir su entrega, llegaron a su sexo, y deje deslizar mis dedos por sus labios, acariciando suavemente el contorno, haciendo pequeños círculos que poco a poco se fueron cerrando hasta quedar alrededor de su clítoris, al bajar poco a poco, encontré un manantial constante y abundante que hizo que mi sexo se contrajera suavemente.
Enjuagué mis dedos para acariciar con mayor facilidad su sexo, coloqué el dedo medio en su clítoris, suavemente empecé a buscar esos puntos claves que hacen que una mujer tenga un choque de electricidad por todo el cuerpo, al igual que cierto temblor que enfría los labios y endurece los pezones. Cada vez la sensación era más fuerte, y quería que me detuviera, pero pudo más el deseo de dar pasos hacia el éxtasis que el miedo a perderse en el placer.
Gemía cada vez más fuerte y su respiración se quedaba sostenida por momentos, luego daba fuertes descargas de aire mientras su cuerpo tensado se elevaba en forma de arco.
Cambiaba los movimientos de mis dedos, mientras mi boca se llenaba con su pezón, mi lengua jugaba al mismo movimiento de mi dedo en su clítoris, decidí dejar su clítoris dentro de mi dedo medio y el pulgar jalándole delicadamente, dándole la sensación de succión.
Pasamos largo rato en ese juego de caricias, hasta que comencé a sentir como su vientre empezó a necesitar más, y no quería que dejara de sentir, así que puse mi boca en su sexo, y lo acaricie con la lengua, lo recorrí, lo enjuagué, la hice temblar de nuevo, gritar y gemir, cerró sus piernas fuertemente y sólo dejó la punta de mi lengua dentro de ella.
Haciendo un movimiento circular, en el poco espacio delimitado, sostuvo su respiración por mucho tiempo, diciéndome con voz entrecortada “NO PARES!!!” Su cuerpo tenso quedó suspendido por el deseo, hasta que con un desborde de su respiración lo dejo caer de un sólo golpe.
Al abrir sus piernas nuevamente le penetré con mi dedo índice y medio, dejando el pulgar sobre su clítoris para acariciarla mejor. Su movimiento cambio y se convirtió en una danza circular ante mis manos, ella misma buscaba que tan adentro quería sentirme, y dejo salir de ella un desborde de humedad que hizo más delicado el momento. Tomo mi mano y sacó mis dedos de su vagina, dejando mi mano completa sobre su sexo haciendo movimientos circulares como el de su cadera, para sentir el roce de mi mano con su clítoris.
Con un movimiento repentino se volteó boca abajo, dejando su sexo a la altura de mi boca nuevamente, con lo que no pude dejar de beber sus líquidos, pero ella quería más, quería sentirme dentro de ella, estaba tan mojada y tan abierta que me permitió penetrarle con casi toda la mano, dejándome palpar su necesidad de sentir, hasta que su cuerpo cansado buscó una posición más delicada sobre mi cuerpo, y se quedó rendida en mis brazos, en ese silencio tan especial que existe después del orgasmo, donde se dice más con la respiración que con las palabras, donde surgen las caricias de amor y se pierden las de la pasión, donde se dan esos besos tiernos que deleitan y no ahogan, y los abrazos cobijan más que aprisionan...