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View Full Version : Una cuestión de tamaños


qcrisp
27-02 2007, 09:46 PM
Yo siempre había dudado que alguien pudiera tener una verga de más de 25 centímetros. ¿Cómo podría crecer tanto y mantenerse rígida sin dejar anémico a su dueño? ¡Era imposible! O al menos eso pensaba yo cuando comencé a interesarme en las vergas, tanto en la mía... como en las de otros. Dicen que los negros son quienes tienen los falos más descomunales en la especie humana pero de los machos de raza negra con quienes he tenido la suerte de compartir mi cama el más bien dotado tenía una herramienta gruesa y espectacular, no lo niego, que se le ponía durísima cuando se levantaba, orgullosa y chorreante, frente al abdomen de su dueño -un brasileño cachondísimo llamado Vinicius- pero su deliciosa barra de chocolate no pasaba de los veintitrés y medio centímetros.

Navegando en la Internet yo había encontrado imágenes de tipos con vergas gigantes pero suponía que eran fotomontajes o mañosos acercamientos de cámara. Por otra parte, los modelos porno se rasuran el vello del pubis para que el palo se les vea de muy buen tamaño. Yo mismo en una ocasión lo hice y mi herramienta se veía más respetable que nunca pero cuando el vello volvió a crecer la comezón fue tan molesta que decidí no volver a rasurarme. Total que yo no creía que pudiera existir una verga de más de 25 centímetros... hasta que conocí a Trevor.

Pero mejor comienzo esta historia desde el principio.

Estudié la preparatoria en el Tecnológico de Monterrey y, como mi familia vivía en otra ciudad, al principio me alojé en la residencia para estudiantes de prepa que en aquel entonces le decían “la ratonera”. Los internos, por lo tanto, éramos los “ratones”, chiquitos pero bastante inquietos pues el lugar era un desmadre los viernes por la noche cuando, a pesar del vigilante, se organizaban fiestas en alguno de los cuartos y nos poníamos a tomar cerveza o cubas de ron hasta que apenas podíamos caminar para irnos a dormir. Cuando la fiesta “se ponía buena” (que era la mayoría de las veces) ocurría de todo y más de uno de nosotros dejó la virginidad de su culo antes de llegar a su recámara, lo que se notaba al día siguiente por las sonrisitas nerviosas de los dos cogelones que apenas se atrevían a mirarse. Al verlos, los demás comentábamos “checa que fulano anoche le dio las nalgas a zutano.” ¡Si los prados que rodeaban al edificio (y sobre todo la bodega del jardinero) hablaran! Lo más curioso era que ninguno se escandalizaba pues éramos una especie de club exclusivo y entendíamos que cuando ocurría algún encuentro sexual entre los residentes de la “ratonera” -todos de sexo masculino- era un asunto muy nuestro y mantenerlo en secreto era una cuestión de honor.

Y no sólo se trataba de aventuras entre chavos gay. Muchos heteros recibieron, felices y agradecidos, mamadas monumentales por cortesía de sus compañeros gay de la ratonera. No sé si a todos los heteros que participaban en las fiestas se les haría costumbre dejarse mamar la verga por otro hombre, pero supe que uno de ellos –llamado Arturo- invitó años después, como padrino de bodas, a un chavo gay que se la mamaba casi a diario, gracias a lo cual su novia (ahora su esposa) pudo mantenerse virgen hasta llegar al matrimonio pues Arturo era calientísimo y su novia “muy decente” y de no ser por las abundantes dosis de semen que le recetó al amigo gay durante años Arturo hubiera vivido con dolor de huevos o bien la novia no se hubiera salvado de quedar embarazada mucho antes de la boda. Y no dudo que Arturo y Raúl -así se llama el otro- aún se reúnan a solas de vez en cuando para seguir dándose gusto; uno, mamando verga, y el otro dejándose mamar, pues ninguna mujer sabe cómo hacer gozar una verga con la boca tan bien como otro hombre. ¡No hay nada como conocer a fondo tu propia anatomía…!

El caso es que faltando un semestre para terminar la prepa llegó a “la ratonera” un chavo canadiense llamado Trevor. No era el clásico “güerito” de ojos azules y cabello claro sino un chavo trigueño, de piel blanca, ojos color miel y cara de bebé. Y a pesar de que en la “ratonera” había algunos extranjeros ninguno era tan guapo ni tan alto como él, que debe haber medido 1.90 o un poco más, por lo que a todos los que vivíamos ahí, nos llamó la atención de inmediato. Sin embargo Trevor no era muy sociable: hablaba muy poco hasta en las clases y no se juntaba con nadie, por lo que nos costó mucho trabajo enterarnos de que su familia vivía en Québec, su madre era australiana, y su padre, canadiense.

Trevor usaba la ropa muy holgada, sobre todo los pantalones, por lo que nuestros intentos de “checarle el paquete” siempre fallaron. Una vez, armándome de valor, le pregunté por qué le gustaba usar los pantalones tan flojos y él me respondió que para que “aquello” no le molestara pues lo tenía muy grande. La respuesta me pareció muy pretenciosa. Y como Trevor, en los seis meses que duró en la “ratonera”, nunca quiso asistir a ninguna de las fiestas tampoco se hizo de un solo amigo íntimo entre nosotros con lo que su supuesta verga gigante quedó sin conocerse ni comentarse por nadie.

Pasaron los años y cada quien siguió su camino. Yo me olvidé por completo de él y de buena parte de mis compañeros pues sólo en contadas ocasiones te haces amigo para toda la vida de quienes fueron tus condiscípulos. Con el tiempo acepté de una vez por todas que yo era gay y que me gustaban mucho los hombres pues, por increíble que parezca, las “aventuras” de la ratonera nunca me parecieron más que travesuras entre chavos. Luego me cambié a vivir a la ciudad de México y un buen día conocí en un viaje a un muchacho que fue mi pareja durante cinco años. Cuando terminó nuestra relación, el “truene” me dolió tanto que pasé varios meses sumido en una depresión que me hizo perder peso y condición física. Finalmente pude superarlo y volví al gimnasio pues la última vez que me había parado desnudo frente al espejo de mi recámara no me había gustado lo que vi.

También decidí que lo mejor era no volver a enamorarme y que el sexo sin compromiso era lo único que me interesaba por lo que comencé a ir a antros gay dos o tres veces por semana. ¡Es increíble la cantidad de miradas que una camiseta atlética, ajustada sobre un torso bien cuidado, puede conseguir! El éxito que se obtiene con un cuerpo bien entonado por el ejercicio vale todos los meses de cansancio y sudor. Ni una sola vez regresé a mi casa solo y algunos chavos del antro (sobre todo aquellos con quienes no se me antojaba coger dos veces) decían que yo era un promiscuo, lo que me tenía -y me tiene- sin cuidado, pues estoy convencido de que la promiscuidad de alguien se mide con la envidia de los demás.

Bueno pues… una de tantas tardes de sábado tuve qué ir a recibir a una amiga al aeropuerto. Su avión venía con dos horas de retraso pero los empleados de la aerolínea no lo avisaron hasta que a algunos se nos ocurrió preguntar por qué no llegaba el vuelo. Les menté la madre y me fui a buscar un café a un carrito que había visto en el pasillo. Estaba pagando cuando oí que alguien me decía, con acento extranjero: “¿Pepe? ¿Eres Pepe, del Tec de Monterrey?”. Me costó trabajo reconocerlo después de casi catorce años, pero era Trevor. Seguía teniendo su cara de niño travieso, que ahora contrastaba muchísimo con un cuerpo robusto y cachondísimo de treinta años, lo que noté a pesar de que aún usaba ropa holgada. Fuimos a sentarnos en una banca y me contó que su familia ahora vivía en la ciudad de México y que había venido al aeropuerto para dejar a sus papás que se iban a visitar a la abuela australiana. Para mi sorpresa Trevor se había vuelto muy platicador y me preguntó –cosa rara- qué iba a hacer yo en la noche. Decidí verme atrevido y le dije que en cuanto dejara a mi amiga en su casa, tenía planes de ir a un antro gay. Se quedó callado, lo que aproveché para sacar de mi chamarra un folleto del lugar y decirle “aquí es, si quieres nos vemos ahí al rato”. Trevor vio el folleto, se levantó y me dijo, titubeando, “bueno... pues a lo mejor”. Luego se despidió y se fue. Todavía alcancé a ver cuando se guardó el papelito en una bolsa trasera del pantalón. “Se friqueó gachísimo”, pensé y me reí a solas, creyendo que después de eso ni en mil años iba a volver a verlo.

Pero me equivocaba. Cuando llegué al antro, unas horas más tarde, lo primero que vi junto a la barra fue a Trevor. Su cabeza asomaba por encima de las demás como una torre. Debo confesar que se me fue el aliento. Se había puesto una camiseta azul claro, de tirantes, por lo que sus hombros desnudos y bronceados, se veían cachondísimos. Junto a él estaban dos chavitos veinteañeros tratando de sacarle plática. Me acerqué y en cuanto me vio me saludó con la mano. “Creí que ya no venías”, me dijo; y me abrazó contento de verme. Yo estaba tan desconcertado que estúpidamente no le correspondí el abrazo. Inmediatamente Trevor se puso a platicar conmigo por lo que los dos chavitos se sintieron ignorados y desaparecieron. Luego me tomó por un hombro y me preguntó si me gustaba bailar. Le dije que sí y me llevó de la mano a la pista. Bailamos un buen rato mientras yo trataba (como lo había hecho muchos años atrás) de averiguar si con la agitación del baile se le notaba algo del paquete pero entre tanta tela y tanto pliegue de los pantalones baggies que traía, no alcancé a distinguirle nada. Me pregunté si esa noche por fin tendría la oportunidad de descubrir el secreto del tamaño de su verga. Por los arrimones de nalgas y pelvis que Trevor me daba al bailar supuse que lo más probable era que sí.

Cuando la camiseta se le bañó de sudor se le pegó al cuerpo y una de sus tetillas asomó por el borde de un tirante. Me "clavé" mirándosela pues con el roce de la tela se le había parado dura y firme como una verguita. Trevor se dio cuenta de lo que yo veía y dejó de bailar un momento para decirme al oído “si te late, pellízcamela”. Yo decidí hacer algo mejor: acerqué mi rostro a su pecho y me puse a mordisquearle la tetilla mientras aspiraba su olor a macho. Algo tiene el sudor de los hombres que siempre hace que la verga se me ponga durísima. El aroma de mi amigo me excitó y me puse a lamerle el cuello fascinado hasta que se me empaparon los labios con su humedad. Trevor hundió el estómago y soltó un resuello; luego me tomó la cara con las manos y me besó para después decirme “¿por qué no vamos a mi casa?” Le contesté “porque vivo muy cerca y quiero invitarte a la mía”. Él asintió y nos salimos de la pista. A mí se me hacía tarde para recoger mi chamarra del guardarropa y llevarme a mi ex compañero de prepa a mi departamento... y salir de casi catorce años de dudas.

En cuanto llegamos, lo primero que hizo Trevor fue quitarse la camiseta. Por lo visto había cambiado mucho de manera de ser. Su playera seguía empapada de sudor así que se la pedí para ponerla a secar en el baño. Antes de colgarla sobre el tubo de la ducha la acerqué a mi nariz para aspirar su aroma y de nuevo la verga se me puso tiesa. A mí denme a oler sudor de macho las veces que quieran porque me hace mejor efecto que los poppers. Regresé con una camiseta mía –la más grande- para ofrecérsela, y Trevor me dijo, “pícaro”, que creía que lo había invitado para quitarse la ropa, no para ponérsela. Me sentí como un estúpido y comencé a reírme. Él se me acercó, me tomó por debajo de los hombros y casi me levantó del suelo con un abrazo mientras me besaba con fuerza. Comenzamos un duelo de lenguas, apasionados por probar a qué sabía la boca del otro. Luego comenzó a apretarme las nalgas y la verga por encima del pantalón con tanta ansiedad que le dije “cálmate, tenemos toda la noche”. “Es que quiero recuperar el tiempo perdido”, contestó, “porque siempre me gustaste Pepe”. Yo le confesé que él también me había gustado desde que lo conocí pero que él nunca me había dado ocasión para insinuárselo. “Es que antes yo estaba muy pendejo, me cae”, contestó. Lo felicité por el buen español mexicano que hablaba ahora, y me dijo que ya tendríamos tiempo para hablar de idiomas pero que por ahora la única lengua que le interesaba era la de mi boca así que me callé y seguimos practicando el beso profundo. Poco a poco fuimos cayendo sobre el sofá y comencé a aflojarle el cinturón mientras con la otra mano le sobaba –¡por fin!- el paquete. Me emocioné cuando algo muy largo, muy tieso y de muy buen calibre, dio un respingo debajo de mi mano.

Le bajé el zipper de la bragueta, abrí su pantalón y Trevor se levantó un poco del sofá para ayudarme a bajárselo. Pensé en cuántos chavos de la época de "la ratonera" hubieran dado uno de sus huevos por estar en mi lugar en ese momento. Quedó al descubierto su bóxer que se levantaba como carpa de circo por la erección de su verga. Cuando ya estaba por bajárselo, por el borde del elástico saltaron de golpe unos diez centímetros de verga dura, gruesa y chorreante. Cuando él mismo se bajó el bóxer se me fue el aliento. ¡Su verga era de veras enorme...! No estaba circuncidado, por lo que el prepucio le cubría la mitad de la cabeza, que ya estaba destilando néctar de macho. Él se dio cuenta de mi asombro y me dijo “¿ya ves cómo sí era cierto?”. ¡El cabrón se acordaba de lo que me había dicho hace años! En vez de contestarle me agaché frente a él y con la punta de la lengua me puse a recoger el líquido cristalino que le seguía saliendo, gota a gota, por la abertura de la verga. Trevor gimió y me agarró la cabeza con las manos rogándome que me tragara su palo. No me resistí.

De sopetón, la boca se me llenó de verga y me puse a mamársela desesperado, como si estuviera por llegar el fin del mundo. Siempre he presumido de que puedo tragarme la verga más grande que me ofrezcan, pero la de Trevor, por más esfuerzos que hice, era tan gruesa que no pude metérmela hasta la garganta. Pero a él no pareció molestarle que no me cupiera completa, y como a los diez minutos me dijo “papito, párale porque ya estoy por venirme”. “Vente en mi boca”, le dije sacándomela, pero él me contestó “es que... se nota que tienes un culo riquísimo.” “¿Me quieres coger con esto, cabrón?”, le pregunté agarrándole la verga con una mano para que viera que los dedos apenas se me cerraban alrededor del tronco. Trevor me dijo, decidido, “pues si crees que me la puedes aguantar, me encantaría”. Me excitó mucho su reto, y le dije “vamos probando, entonces”. “Pero antes quítate la ropa, ¿no?”, me dijo él. Hasta entonces caí en la cuenta de que yo seguía completamente vestido.

Mientras me desnudaba él se quitó los tenis, las calcetas, el bóxer y el pantalón que había quedado alrededor de sus tobillos. Cuando volteé a verlo me llevé otra sorpresa: Trevor estaba de pie frente al sillón y su verga, que se le había parado casi vertical, ¡le llegaba más arriba del ombligo! Calculé que, con facilidad, mediría unos veintiocho centímetros (resultaron ser veintiséis, pero... o sea... ¡no me quejo!).

Volví a verlo a la cara. Él estaba sonriendo. “¿Te gusta?”, me preguntó. “Nunca había visto algo tan grande, cabrón”, le contesté. “Pues qué bueno” me dijo “al menos en algo voy a ser el primero en tu vida”. “Invítame a tu recámara” añadió “de seguro en tu cama hay más espacio que en el sofá”. Por toda respuesta me le acerqué y lo agarré de la verga para guiarlo a mi recámara. Él me siguió, divertido, echando hacia adelante la pelvis para dejarse llevar de esa manera. Su cara de niño crecido irradiaba felicidad y picardía. “Pues ahora sí que me trajiste agarrado de mi tercer brazo” me dijo, mientras se tiraba boca arriba en la cama. Yo me le lancé encima y lo cubrí de besos, restregando mi cuerpo contra el suyo. Su palo durísimo daba respingos y se me clavaba en la carne como si quisiera abrirme nuevos orificios. Luego me acosté al lado suyo y lo contemplé. Él se agarró la verga con una mano apuntándola al techo; con la otra, agarró la mía y la apretó con fuerza mientras me daba un beso. “Me late que eres más alto acostado que de pie”, le dije, entre broma y serio. “Puedes tomarme la medida si te sientas encima”, contestó. “Me vas a partir en dos” le dije. “Pero te vuelvo a pegar con semen” me contestó “ya ves que es muy pegajoso”. Trevor tenía una respuesta para todo y cada una era más excitante que la anterior.

Decidí no hacerme más del rogar y del buró saqué condones y un tubo de lubricante. No estaba seguro de poder aguantársela, pero sí muy dispuesto a hacer el intento. Le pasé los condones y lubriqué mis dedos para comenzar a abrirme y relajar mi culo. “Espérate” me dijo “eso te lo quiero hacer yo”. Me quitó el lubricante y se embarró los dedos de una mano. Comenzó a meterme uno, luego dos dedos y poco a poco me fue abriendo girándolos adentro. La sensación se puso un poco molesta cuando me metió tres dedos, pero me acerqué a oler el sudor de sus axilas y con la excitación se me fue la incomodidad. Poco después sentí que por fin ya me había abierto lo suficiente como para intentar el primer ataque de su verga sin temor a desgarrarme. “Nunca me habían metido tres dedos tan grandes”, le dije en un susurro. “Tienes metidos cuatro” aclaró “así que me late que ya estás listo.” Es increíble lo elástico que puede ser el culo cuando estás caliente y relajado. Me acomodé a horcajadas sobre su pelvis, abriendo las piernas para cabalgarlo. Trevor cerró los ojos y suspiró hondo, listo para penetrarme. Cuando mis nalgas tocaron su verga, dio un respingo de placer. “Ya me urge clavártela, pero mejor me calmo porque no quiero lastimarte” me dijo “total, tenemos toda la noche”. Con eso, me quedó bien claro que Trevor había decidido que esa noche me cogía porque me cogía. Me lubriqué el culo abundantemente y comencé a bajar mis nalgas, dispuesto a empalarme en él. La cabeza de su verga se acomodó contra mi ano sin necesidad de apuntarla, como si conociera el camino desde siempre.

Respiré hondo para relajarme, pujé para abrirme más... y me entraron los primeros centímetros de su verga. El dolor me hizo ver estrellas, cometas, planetas y galaxias. El ancho calibre y la gran rigidez de su palo me dejaron mudo. No pude ni gemir y solo sentí que mi cara se contraía en rictus de agonía. Inmediatamente comencé a masturbarme para que la excitación facilitara la brutal invasión de mi culo. Trevor comenzó a acariciarme el pecho y me pellizcó las tetillas con fuerza para distraerme de un dolor con otro. El truco funcionó: la sensación me hizo bajar el culo y varios centímetros más de macho en erección me penetraron. Llevé una mano a mi trasero para saber si mi amigo ya estaba por terminar de metérmela y me alarmé un poco al notar que todavía le quedaba bastante verga por clavarme. No sé si fue ansiedad o lujuria, pero de pronto ya estaba decidido a recibir todo lo que Trevor podía darme y me puse como loco. A pesar de que sentía algo de miedo yo quería su verga dentro de mí hasta los huevos así que me senté con fuerza en él, moviendo mis nalgas de un lado a otro, hasta que por fin los vellos de su pubis acariciaron mis testículos. Sentí una emoción rarísima, entre dolor, placer y triunfo… y la sensación increíble de estar muy lleno de algo... o en este caso, de alguien.

¡Lo había logrado! ¡Tenía metida toda su verga! Como era tan larga calculé que por dentro me llegaría hasta el ombligo. Me sentí como la funda de una espada, y pensé “Pepe, acabas de convertirte en la funda de Trevor, acabas de empalarte en la verga más grande de tu vida.” La idea me fascinó y comencé a reír. Con cada risa, mi culo se cerraba y se abría sobre la verga de mi amigo, lo que me ayudó a relajarme por completo y toda sensación de molestia desapareció. Mi risa puso de buen humor a Trevor que comenzó a arremeter contra mi culo. Su verga seguía dando respingos dentro de mí, causándome unas cosquillas raras, como toques eléctricos, y me puse a cabalgarlo. Nunca antes yo había cogido así, entre risas y carcajadas; la verga de Trevor era como una droga, como un pasón de marihuana, como una sobredosis de gas hilarante. Mi euforia lo contagió y en el cuarto ya sólo se oían risas y el chasquido de mis nalgas chocando contra sus muslos.

Trevor se incorporó en la cama y me tomó por los hombros para besarme en la boca. “No sé por qué esperamos tanto tiempo para pasarla tan bien”, me dijo. Le respondí “Pero vamos a recuperar el tiempo perdido como tú dijiste.”. Y cogimos con furia, con ganas, como deben coger los machos cuando se gustan de veras. Me valía madres si después no iba a poder sentarme en una semana: por el momento, yo me había entregado completamente a Trevor para que hiciera conmigo lo que él quisiera, y no quería saber de nada que no fuera su verga entrando y saliendo con fuerza de mi culo, estremeciéndome de placer. De pronto Trevor se detuvo en seco y soltó un gemido. Apenas alcanzó a decirme “me estoy viniendo, papito”, cuando sentí los espasmos de su verga expulsando chorros de semen en mi interior. Su pubis arremetió contra mis nalgas con tal violencia, que por poco me tira de la cama. Eso bastó para hacer que yo también comenzara a venirme. Como estaba tan lleno de él, sentí con toda claridad la tensión de mi culo apretando su verga cada vez que mi leche saltaba con fuerza entre los dos. Mi semen bañó su cuello, su pecho y mi vientre. El orgasmo fue tan intenso que me pareció que duraba una eternidad; recuerdo que aullé como si me estuvieran matando. Trevor, que también se había venido entre gruñidos y jadeos de placer, me abrazó con tanta fuerza que al siguiente día aún pude ver en el espejo las huellas de sus dedos en mi espalda.

Cuando finalmente bajamos de ese cielo llamado orgasmo, seguíamos abrazados; él sentado sobre la cama y yo sentado sobre él, besándonos y acariciándonos, ya no con pasión pero sí con ternura. Su saliva sabía distinto después de la intensa sesión de sexo. Era más dulce y más líquida; una bebida de dioses. Él se apartó un poco de mí para verme a los ojos. “Me fascinó coger contigo” me dijo. “Pues ya somos dos” le contesté. Él sonrió. Recogió de su pecho algo de mi semen con dos dedos, que luego llevó a su boca para chupárselos. “Sabes muy rico” me dijo, y me dio un beso de lengua para hacerme probar un poco de mi leche. Luego pasó unos minutos jugando a flexionar su verga adentro de mí, divirtiéndose al verme dar respingos, porque cada vez que su verga rozaba mi próstata, yo me estremecía. “Estate quieto, cabrón” le dije “¿qué de veras semejante palo no se te baja nunca?”. “Es que nadie me la había aguantado toda ni tanto rato, por eso me tienes tan excitado”, me respondió. Yo me pregunté con qué pendejos se habría metido mi amigo. O sea, ¿encontrarse a alguien con semejante verga y no gozarlo al máximo? No cabe duda de que hay putos que no saben lo que es bueno. “¿Qué tanto piensas?”, preguntó al verme tan silencioso. “Que ahora me gustaría metértela yo a ti”, le respondí. “Pues en cuanto se te vuelva a parar llégale”, me contestó. “También a mí me gusta que me den ‘para adentro’, como ustedes dicen”. Y se rió otra vez.

Me levanté despacio para sacarme del culo la verga de Trevor, que por increíble que parezca, seguía parada. El condón se le había recorrido a medio tronco y estaba lleno de un semen lechoso, espeso y abundante. ¿Mi amigo llevaría semanas sin coger, o siempre se vendría tanto? Ese era otro asunto que valdría la pena investigar a futuro, pensé. Con los dedos me palpé el trasero -me había quedado muy sensible, pero también muy satisfecho- y noté que ni en su verga ni en mi culo había una sola gota de sangre, aunque me hubiera valido madres que la hubiera. Trevor se arrancó el condón, le hizo un nudo, lo tiró al suelo y se puso a mamarme la verga hasta que consiguió parármela otra vez. No tardó mucho pues yo seguía calientísimo por él. Luego se tiró boca abajo en la cama, abrió las piernas y se puso una almohada bajo la pelvis para levantar su trasero hacia mí. Le pregunté si no prefería ponerse boca arriba con las piernas sobre mis hombros para que pudiera masturbarse mientras yo lo penetraba, pero me dijo que prefería esperarse “a la siguiente vuelta” porque quería venirse otra vez adentro de mí. Me pregunté hasta cuántas “vueltas” sería capaz de aguantar este cabrón en una sola noche (tiempo después, lo supe: hasta cuatro, con descansos de un par de horas entre venida y venida). Sus nalgas blancas contrastaban con el resto de su piel –Trevor estaba bronceadísimo- por lo que se le veían más grandes y deliciosas. Las movió de un lado a otro para provocarme mientras me decía “Así es como más me gusta que me cojan porque siento el peso del que me la está metiendo y eso me excita mucho.” Pensé que yo había tenido mucha suerte de que mi amigo hubiera preferido cogerme sentando sobre él, pues en su posición favorita el peso de su cuerpo (doce kilos más que el mío) me hubiera incrustado en el colchón.

Me puse condón y lubricante e intenté relajarlo metiéndole un dedo, pero él dijo “Me gusta que me traten con rudeza, métemela toda de una vez, clávamela con ganas.” ¿Así que el cabrón quería demostrarme lo macho que era...? Le saqué el dedo y le dije “Pues ahí te va, a ver si es cierto”. De un solo golpe le hundí en el culo mis dieciocho centímetros de verga... y al penetrarlo, no pude evitar pensar en que él acababa de meterme ocho centímetros más. Trevor era un maestro en el sexo anal, pues hizo un esfuerzo para sacarse todo el aire de los pulmones, lo que abrió su culo para recibirme hasta el fondo. Lo empalé con fuerza, empujando mi cuerpo contra el suyo y tomándolo de los hombros por debajo de sus axilas para darle energía a mis arremetidas. La cabecera de la cama comenzó a golpear contra la pared y Trevor se puso a animarme: “¡Así, papito, así me gusta; dame duro, desquítate y rómpeme el culo...!” Creí que yo iba a tardar mucho en venirme, pero en quince o veinte minutos más, ya estaba gimiendo encima de él, que gritaba, lujurioso: “¡Así, así, vente! ¡Dame tu leche, lléname el culo de mecos, cabrón!”. Trevor sería muy canadiense, pero sus obscenidades de cama sonaban muy mexicanas. Después de un orgasmo largo y húmedo que me puso tembloroso de placer, descansé encima de él unos minutos. Su cuerpo era el colchón más delicioso que hubiera tenido. Luego le saqué la verga y me quité el condón, le hice un nudo como él había hecho, y lo tiré junto a su condón usado.

Hicimos una pausa larga en la que los dos fuimos a la sala a servirnos un poco de vino tinto. Nos sentamos juntos en el sillón, desnudos. Su verga, colgándole entre las piernas, seguía viéndose enorme aún flácida y en medio de una mata abundante de vello castaño. La contemplé fascinado, pensando en que acababa de meterme tan espléndido trozo… y que todavía quería más. El culo me pulsaba un poco pero no sentía dolor: sólo la necesidad de volver a llenarlo con la verga de mi amigo. Pero por el momento estábamos brindando uno a la salud del otro y platicando de la suerte que habíamos tenido en encontrarnos después de tantos años, y sobre todo, de que los dos fuéramos igual de calientes. Me preguntó si yo tenía pareja y le contesté que no quería hablar de cosas deprimentes. Él me confesó que se había enamorado a los diecisiete años de un tipo mucho mayor que él, pero con tan malos resultados que ya no se le antojaba volver a comprometerse. No sé si eso lo dijo para sondearme, pero se puso muy contento cuando le aclaré que yo también prefería el sexo sin compromisos. “Pues conmigo, cuando quieras y con cuantos quieras” me dijo, dándome a entender su gusto por el sexo en grupo (meses después, llegamos a reunir seis cabrones en mi depa y la pasamos de fábula, pero esa es otra historia). “Brindemos por eso” le contesté, luego bajé mi copa para meter en ella la cabeza de su verga y beberme el vino de un solo trago. “Salud”, me dijo, e hizo lo mismo conmigo. Nos volvimos a reír.

Puse música y comenzamos a bailar desnudos, pegados uno con otro. Nuestras vergas no tardaron en pararse y él me preguntó si ya estaba listo “para la otra”. Le contesté tomando su cabeza con mis manos para bajar su boca hasta la mía y meterle la lengua. Trevor fue a la recámara y volvió con los condones y el lubricante. “Quiero hacer un experimento” me dijo. “Los que quieras” contesté “estás en tu casa y en tu culo.” Reímos. Me llevó a la mesa del comedor y me acostó encima boca arriba, con las nalgas al borde y las piernas colgando. Luego me levantó las piernas y las puso sobre sus hombros, se lubricó la verga y comenzó a metérmela. Descubrí que mi culo ya se había olvidado de su tamaño pues me volvió a doler pero en un par de minutos ya estaba gozando de tenerla adentro por segunda vez. Qué gran cosa es una buena verga. A veces depende del tamaño y a veces del puro arte para coger pero una verga que sabe su oficio es un tesoro.

Después de un rato de un riquísimo mete y saca, Trevor me hundió su palo al tope, aplastando sus huevos contra mis nalgas y arrancándome un suspiro de gozo. Luego bajó mis piernas de sus hombros y me tomó por los brazos para levantarme hacia él. “Agárrate bien de mi nuca y cruza tus piernas por detrás de mi cintura” me dijo. Enlacé los dedos tras de su cuello para sujetarme y crucé mis pies por arriba de sus nalgas. Trevor me agarró con ambas manos de los muslos… y me levantó de la mesa, empalado en su verga. ¡Me encantó! Aclaro que no soy ningún enano, mido 1.80 y peso como 78 kilos, pero Trevor me cargó como si yo fuera un muñeco. Ya de pie, me besó en la boca con fuerza y se puso a caminar por el lugar. A cada paso que él daba, su verga se movía de un lado a otro adentro de mí, y tanto él como yo suspirábamos de placer. ¡Qué delicia! ¡Yo nunca había hecho algo así con nadie, ni imaginaba que fuera posible! Acoplados de esa forma, cargando él mis muslos con sus manos, sostenido yo de su nuca con las mías, y con su verga bien atrancada en mi culo, llegamos hasta la ventana. “Me gusta ver la noche cuando estoy contento”, me dijo. En la calle se veía la luz de los arbotantes y la de uno que otro coche que pasaba. Como vivo en un piso muy alto, no uso cortinas. Si alguno de los que cruzaron por la calle volteó hacia el último piso del edificio, debe haberse intrigado de ver a dos hombres desnudos, pecho con pecho y dando saltitos, porque Trevor no dejaba de subir y bajar su pelvis para cogerme mientras me cargaba. A cada empujón que me daba, su verga entraba y salía un poco de mi culo causándome escalofríos. No tenía necesidad de tocarme para excitarme, ya que él frotaba mis huevos con su vientre, y la punta de mi verga con la base de sus pectorales. “¿Verdad que tu culo es mío, putito?” me preguntó al oído. “Cógeme cuantas veces quieras, cabroncito”, le contesté ronco de excitación. En otras circunstancias me hubiera molestado de que alguien me dijera “putito” mientras me cogía pero con él me pareció de lo más natural y hasta cachondo.

Yo ya estaba dudando que él pudiera venirse en esa posición, cuando sentí el primer espasmo de su verga comenzando a lanzar semen dentro de mi culo. La ventaja de tener una verga tan grande empalándote, es que la sientes con detalle: tronco, cabeza, canal, prepucio; en fin, toda entera, hasta la última vena. Nuevamente Trevor me apretó contra él y se puso a gemir de placer. Tuve miedo de que él perdiera fuerzas con el orgasmo y cayéramos al suelo, pero aunque se estremeció y echó hacia atrás la cabeza, conservó el equilibrio. No había pasado un minuto cuando volvió a caminar, cargándome aún, para luego dejarme con cuidado sobre un brazo del sofá. Se salió de mí con suavidad y me preguntó si el “experimento” me había gustado. “Pregúntale a mi culo, que me lo dejaste abierto y lleno de semen”, le contesté. Trevor no se había dado cuenta de que el condón se había roto en algún momento de la cogida, y yo mismo acababa de notarlo en lo húmedo de mi culo. “Estoy sano, Pepe”, me dijo, algo preocupado. “Yo también”, le contesté mientras me acomodaba en el sofá, “pero siempre uso condones.” Él sonrió y luego me dijo “como tú no te viniste, voy a ayudarte, porque no es bueno quedarse con el semen atorado”. Pensé que iba a mamarme la verga, porque se acuclilló frente a mí y me abrió las piernas, pero para mi sorpresa, las levantó para chuparme el culo. Apartó un instante su boca de mis nalgas para decirme: “Hazte una puñeta.” No me lo dijo dos veces. Comencé a masturbarme mientras Trevor se comía mi culo y su leche a lenguetazos. Me vine como una fuente. El primer chorro de semen me llegó hasta la nariz.

Después de bañarnos y de vestirnos, nos dimos nuestros números de teléfono. Él había dejado su coche cerca y me dijo que no era necesario que lo acompañara. No acababa de despedirme de él y de cerrar la puerta, cuando sentí que mi culo ya extrañaba su verga. Pero al otro día, me llamó y quedamos de comer juntos el siguiente fin de semana. Yo le propuse cocinar en mi departamento y él aceptó, feliz, imaginando lo que vendría después. El día de la cita, lo primero que hice fue salir a comprar condones. Los pedí reforzados y extra grandes. El empleado de la farmacia me miró como si yo fuera un presumido, por lo que le dije “no son para mí”, y añadí enseguida, sonriendo malicioso, “bueno, en cierta forma, sí…” La segunda mirada que me lanzó el empleado, hubiera merecido una fotografía.

dominicanito
06-04 2007, 06:20 PM
sinceramente el mejor relato que he leido... me encanto este relato.:) :D

carlosvallarta
06-04 2007, 08:48 PM
Hola amigo, me encanto tu relato.... aunque la verdad al principio me dio hueva por lo largo, pero vale la pena, me gusta todo describes muchos detalles y lo que mas me gusto es que hablas de la verga como si tuvera vida propia, como si fuera un ser vivo independiente jajaa..
saludos

Leir
06-04 2007, 09:02 PM
Felicidades tu relato estbo genial, muy bien relatado, con correctas pausas, además de que seguro al escribirlo recordaste muchísimas cosas, espero que nos cuentes alguna otra aventurilla pronto, nos vemos luego

ragde
07-04 2007, 03:07 AM
me ncanto el relato fue muy padre, pero que lastima que tuviron que esperar tanto tiempo felicidades y spo que sigas contado lo de la cita

divitolindo
07-04 2007, 07:17 AM
:eek: Me enkanto enserio ke si
de lo mehor el relato pro ke se me aze ke ustedes se enamoraron
eso pienso io digo tendrian buena relacion ¿no?
weno me enkanto tu relato
Suerte en TODO lo ke hagas
okok?

bbai!
bzoz!!

aToX --> ...::RizHitOw::...

ferio
07-04 2007, 02:00 PM
mmm que hago con esta ereccion ahora???

luip2323
08-04 2007, 03:19 AM
Gosh!!!! que relato mas exquisito lol necesito una de esas aqui :p haber si tengo suerte y alguna ves encuentro alguna que llegue al menos a los 25 lol gosh que exitado me has dejado!!!!!!!!! maje sos un astro escribiendo relatos gosh felicidades y mucho sexo!!!

GUERO
08-04 2007, 09:33 AM
Muy buen relato, me gusto bastante te felicito

gab086
08-04 2007, 08:01 PM
A mi parecer el mejro relatyo que he leido, a su tiempo se va mostrando todo desde la introduccion la historia es wena y la vdd te tengo enviadia pero de la wena jajajaja

cuarzo
09-04 2007, 12:50 AM
Excelente relato!!! Realemente te felicito, estuvo bien padre, es cierto estuvo algo largo, pero todo eso nos llevo a una gran excitaciòn, kisiera saber si fueron o son novio y que fue de ustedes, enserio tenian los dos 30 años? y tenian esa edad pues que aguante, FELICIDADES!!!!!! espero tu proximo relato!

Wednesday
09-04 2007, 02:03 AM
:) Fantástico, bien escrito, sin faltas de ortografía, excelentes las descripciones, Bien hecho todo lo de la explicación. Realmente me gustó mucho.:)

fersy
09-04 2007, 09:40 AM
Pese ser tan largo el relato, vale la pena leerlo todo, fue bueno tu relato.

rolo43
09-04 2007, 04:56 PM
buen relato, de esos bien calientes .... de buen sexo entre machos.
Algo largo pero se disfruta mucho-.

ChRiSoHc
09-04 2007, 10:08 PM
noooooooooo... mames... que hago con esta puta ereccion???

definitivamente...un excelente relato!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

papito25
10-04 2007, 05:09 PM
Que relato, me gusto mucho!!!:)

mccombo200_2
28-04 2007, 12:04 AM
hey de verdad me facinooooooooo es demasiado este relato y muy exitante tanto que casi acabo de la exitacion y de verdad eres bien guapo para aguantar todo eso aun no me ha llegado el dia pero lo pensaria para meterme algo asi jijijiji:p de verdad mucha suerte y cuenta lo que paso cuanto tubieron sexo en grupo ok jejejeje:o

leojjw
29-04 2007, 11:03 PM
Excelente relato. Por lo general no tiendo a comentar sobre ningún relato por que soy muy crítico al respecto, pero tengo que reconocer que sin dudas es el MEJOR relato que haya leido en esta página. Felicitaciones!!!!!!

kaoru_takahashi07
03-05 2007, 01:49 AM
realmente me gustó tu relato, me exitó demasiado y ahora con que me limpio (jaja) bueno espero que nos cuentes otro relato, realmente me gustó

Astroman
03-05 2007, 03:17 PM
Este relato me recordó un diario que alguna vez leí en la internet, a veces es bueno contar con varios post para ir calentando el terreno hasta llegar al climax del relato, y ésto lo digo para aquellos que en algún momento sienten un poco "largo" este relato, me parece uno de los mejores y espero algún día poder hacer lo mismo.

yue
10-05 2007, 02:23 AM
:) hola me gusto mucho tu relato , y me puso a mil,, te exprezas de trevor con dulsura,,, y me haces pensar que tiene una cara angelical,,, que quisiera conocerlo,, te felicito ,, sigue asi

Alexlindo
01-07 2007, 07:07 PM
hola pues me encanto mucho tu relato pues bien dicen que no es hombre el que no es capaz de aguantar una buena verga pues tu eres un macho jajajaja. bueno ya quiciera yo haber estado en tu lugar pues espero escribas mas relatos estan bien interesantes, bien detallados. te felicito y que lo sigas disfrundo, aprovecha una verga asi no la tienes dentro del culo todos los dias. bye besos

estebanishi
02-12 2007, 11:47 PM
sencillamente estupendo, mira que soy fan de la literatura erótica, pero esto me parece mucho más atinado que las aventuras del marqués, por ejemplo. Eres buenísimo, me encanta como escribes, todo, la introducción, el desarrolllo, el clímax!!!!!!!!!!!!!!!! también llegué a él..... en fin, me confienzo tu fan absoluto!

alberto_mty
13-03 2008, 01:50 PM
dios es un relato que cuantas veses lo lea me sige causando la imprecion y la calentura de la primera vez

exelente relato

eltoy
13-03 2008, 02:45 PM
Un buen relato, con una introduccion un poco larga, pero el resto la hace necesaria.

jasper989
02-05 2008, 08:05 AM
dios santo!!
es el mejor relato ke e leido en mucho tiempo!!!:p me encanto de veras! sige asi :)
mi msn es: jasper9_8_9@hotmail.com para kien kiera compartir opiniones o lo ke sea... :p
saludos y cuidense