HECI
02-02 2007, 06:43 PM
Esta historia es totalmente real. Sucedió hace tres años aproximadamente, cuando trabaja como cajero en una entidad Bancaria.
Yo notaba que el vigilante del banco desde hacia algún tiempo, me miraba de una manera extraña y aunque yo había tratado de preguntarle cosas para saber si era gay o podría tener algún chance con él, nunca note nada extraño, solamente me hablaba de su esposa y de su hijo, lo que me dejaba desconcertado ya que no sabia qué le pasaba conmigo, o yo me estaba imaginado cosas. El vigilante se llamaba Eduardo, me atraía mucho, tenia como 33 años, media como 1.75cm. su uniforme marcaba un cuerpo muy bien llevado y tenía una sonrisa y un rostro espectacular, algunas veces pensaba que parecía más el gerente de la sucursal que el vigilante, pero lo que más me atraía de él era el enorme bulto que se le marcaba, era increíble. Su traje era muy ajustado al cuerpo, algunas veces pensé que debería tener una verga muy grande.
Me trasladaron de sucursal, entonces decidí jugármela, total al día siguiente no estaría ahí. Planeé todo para que mis compañeros de oficina se marcharan sin que se dieran cuenta de que yo me quedaría cuando todos se fueran. Eduardo, el vigilante, me preguntó si me demoraría más tiempo. Con una mirada muy descarada le dije que tenia algo "pendiente" y hasta que no lo terminara no me podría ir tranquilo, le miraba de una manera insinuadora su bulto, noté que él estaba incomodo con la situación y yo nervioso por que no sabía cómo podría reaccionar, pero seguí adelante con mis planes. Le pedí que me ayudara a bajar una carpetas que estaban en mueble alto, cuando el se acercó a ayudarme yo rozaba mi mano con su verga. En este momento, para él era claro lo que yo estaba buscando y aunque estaba a punto de salírseme el corazón de pensar que el pudiera reaccionar violentamente, simplemente se retiró a otra oficina.
Yo no sabía qué hacer, todo había sucedido en medio del más hermético silencio, decidí ir hacia la oficina a la que él había ido y me llevé la más grande sorpresa, el bulto que tantas veces me había hecho masturbar, había triplicado su tamaño, no sé cómo la tela del pantalón soportaba tanta tensión. El trató de ocultar su erección, yo me acerqué y acaricie su verga por encima del pantalón, pensaba que lo que estaba sucediendo era un sueño hecho realidad. Despacio bajeé su pantalón y noté sus pantaloncillos húmedos, los baje un poco y me dispuse a probar la verga mas deliciosa. El no decía nada, simplemente disfrutaba de mi mamada. En ocasiones empujaba mi cabeza. Saboreé esa gigantesca verga por unos minutos, hasta que él me puso en cuatro sobre un escritorio y por primera vez pronuncio una palabra, me dijo que me la quería meter en el culo, yo accedí complacido,
Recibí toda esa verga en mi culo, me dolía mucho pero también lo disfrutaba. El me clavo por un largo tiempo. Notaba como sudaba. Me la metía hasta lo más profundo y yo disfrutaba de la culeada más espectacular que había tenido hasta entonces. Después, me retiró del escritorio y me tiró al suelo, yo completamente boca abajo y él encima de mí, clavándome, disfrutamos al máximo los dos hasta que eyaculó dentro de mí, me llenó de semen mi culo. Yo también eyaculé y quedé completamente exhausto. Se separó de mí y me dijo: “eso era lo que estaba buscando; ahora, lárguese maricón de mierda.
Nunca más lo he visto, pero esa noche me comió un macho de verdad.
Yo notaba que el vigilante del banco desde hacia algún tiempo, me miraba de una manera extraña y aunque yo había tratado de preguntarle cosas para saber si era gay o podría tener algún chance con él, nunca note nada extraño, solamente me hablaba de su esposa y de su hijo, lo que me dejaba desconcertado ya que no sabia qué le pasaba conmigo, o yo me estaba imaginado cosas. El vigilante se llamaba Eduardo, me atraía mucho, tenia como 33 años, media como 1.75cm. su uniforme marcaba un cuerpo muy bien llevado y tenía una sonrisa y un rostro espectacular, algunas veces pensaba que parecía más el gerente de la sucursal que el vigilante, pero lo que más me atraía de él era el enorme bulto que se le marcaba, era increíble. Su traje era muy ajustado al cuerpo, algunas veces pensé que debería tener una verga muy grande.
Me trasladaron de sucursal, entonces decidí jugármela, total al día siguiente no estaría ahí. Planeé todo para que mis compañeros de oficina se marcharan sin que se dieran cuenta de que yo me quedaría cuando todos se fueran. Eduardo, el vigilante, me preguntó si me demoraría más tiempo. Con una mirada muy descarada le dije que tenia algo "pendiente" y hasta que no lo terminara no me podría ir tranquilo, le miraba de una manera insinuadora su bulto, noté que él estaba incomodo con la situación y yo nervioso por que no sabía cómo podría reaccionar, pero seguí adelante con mis planes. Le pedí que me ayudara a bajar una carpetas que estaban en mueble alto, cuando el se acercó a ayudarme yo rozaba mi mano con su verga. En este momento, para él era claro lo que yo estaba buscando y aunque estaba a punto de salírseme el corazón de pensar que el pudiera reaccionar violentamente, simplemente se retiró a otra oficina.
Yo no sabía qué hacer, todo había sucedido en medio del más hermético silencio, decidí ir hacia la oficina a la que él había ido y me llevé la más grande sorpresa, el bulto que tantas veces me había hecho masturbar, había triplicado su tamaño, no sé cómo la tela del pantalón soportaba tanta tensión. El trató de ocultar su erección, yo me acerqué y acaricie su verga por encima del pantalón, pensaba que lo que estaba sucediendo era un sueño hecho realidad. Despacio bajeé su pantalón y noté sus pantaloncillos húmedos, los baje un poco y me dispuse a probar la verga mas deliciosa. El no decía nada, simplemente disfrutaba de mi mamada. En ocasiones empujaba mi cabeza. Saboreé esa gigantesca verga por unos minutos, hasta que él me puso en cuatro sobre un escritorio y por primera vez pronuncio una palabra, me dijo que me la quería meter en el culo, yo accedí complacido,
Recibí toda esa verga en mi culo, me dolía mucho pero también lo disfrutaba. El me clavo por un largo tiempo. Notaba como sudaba. Me la metía hasta lo más profundo y yo disfrutaba de la culeada más espectacular que había tenido hasta entonces. Después, me retiró del escritorio y me tiró al suelo, yo completamente boca abajo y él encima de mí, clavándome, disfrutamos al máximo los dos hasta que eyaculó dentro de mí, me llenó de semen mi culo. Yo también eyaculé y quedé completamente exhausto. Se separó de mí y me dijo: “eso era lo que estaba buscando; ahora, lárguese maricón de mierda.
Nunca más lo he visto, pero esa noche me comió un macho de verdad.