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View Full Version : La sesión de estiramientos


Annabella
06-01 2007, 06:59 PM
¡Hola! Este es mi primer relato erótico, espero que les guste y sobre todo, que me dejen muchos comentarios. ¡¡Besos!!


Cuando aquella mañana Damián salió de casa, una blanca y brillante sonrisa lucía en su cara. Y no tan sólo porque fuera un día soleado y alegre; y es que la vida de Damián era de película. Una mujer guapa, hijos inteligentes y un trabajo que le gustaba: entrenador de atletismo.

Después de una media hora andando (nunca iba al trabajo en coche, prefería hacer un poco de ejercicio) llegó a las pistas. Al vivir en la capital, se trataba de un recinto grande y muy bien equipado, con vestidores, duchas, piscina cubierta, gimnasio, sauna y todo lo que pudiese necesitar un deportista de primera categoría. Él, sin embargo, no solía moverse de la zona de la pista, que era donde trabajaba con sus alumnos. De hecho, cuando pasó la valla que separaba las gradas del tartán ya estaban todos allí; aproximadamente 20 niños y niñas, los más pequeños, que eran los que tenían sesión de atletismo a aquella hora.

- Dad un par de vueltas a la pista para calentar, chicos –dijo Damián con voz enérgica nada más llegar.

Los niños, lejos de quejarse, empezaron a correr, muy animados. Se notaba que admiraban a su entrenador y que tenían ganas de satisfacerle. Damián se quedó mirando cómo corrían sus niños. A aquella hora de la mañana, con el sol despuntando y sin apenas haber hecho ejercicio, su aspecto era increíble; los rayos de sol caían sobre sus músculos, que bajo una delgada camiseta blanca se intuían a la perfección. Además, aun estando a las puertas de los 40, Damián contaba con casi todo el pelo que tenía 20 años atrás; tan solo unas casi imperceptibles entradas restaban un poco de encanto a aquella espesa mata de pelo negro.

Los niños terminaron de correr y le preguntaron a Damián qué tenían que hacer entonces. Por algún motivo, Damián había estado distraído y no había preparado los conos necesarios para el siguiente ejercicio, así que tuvo que hacerlo deprisa y corriendo y con la ayuda de sus alumnos.

– Haced zig-zag por los conos, vigilando de no cruzar las piernas y caeros –dijo Damián, con la voz entrecortada.

Los niños le obedecieron al instante y empezaron a hacer lo que él les mandaba. Pero Damián no les miraba... tal y como le llevaba pasando desde hacía semanas, su pensamiento se había desviado hacia otro lugar. Concretamente, hacia las gradas que estaban a escasos metros de él...

Cada mañana ocurría igual. A las diez y media, puntual como un reloj, llegaba y se sentaba en la segunda grada comenzando por abajo, cruzaba las piernas, sacaba una revista y empezaba a leerla. Pero ni el brillo del sol ni la revista abierta de par en par eran capaces de ocultar los encantos de aquella mujer. Piernas larguísimas, siempre exhibidas gracias a la cortísima longitud de la minifalda; caderas anchas y cintura estrechita, pecho más bien menudo pero de formas redondas y seductoras y una carita... con esos labios carnosos, esa naricita de punta y esos ojazos negros, todo enmarcado en una cabellera castaña exuberante a la que los rayos del sol daban un brillo especial.

Damián no tenía ni idea de quién era esa mujer. Había llegado a especular que fuese la madre de algún niño, pero siempre la veía llegar e irse sola, así que había acabado descartando esa posibilidad. Fuese como fuese, él no podía dejar de mirarla...

– Profesor, ya hace rato que hemos acabado...

El guapo entrenador tuvo que abandonar sus especulaciones (y, por qué negarlo, sus fantasías) y concentrarse en el entreno. Al final, logró volver a ponerse en su sitio y, cuando los niños finalmente se fueron, ya casi se había olvidado de la presencia de la misteriosa mujer. Con la camiseta ya ligeramente sudada, Damián recogió su bolsa y se fue al bar a tomar un refresco; dentro de una hora llegaría el otro turno, y quería estar bien fresco, puesto que le tocaría trabajar con chicos mayores y más enérgicos.

- Un té frío al limón –pidió Damián, y se sentó, como solía hacer, en la barra. Aun no le habían servido cuando oyó una voz femenina a su lado.

- Hola. Usted es el entrenador de atletismo, ¿verdad?

Damián giró despreocupado, esperando encontrar a una madre que quisiese apuntar a su hijo a las clases. Cuando sus ojos se pusieron sobre su interlocutora, sin embargo, el corazón (y algo más) pegó un salto; era ella, la mujer misteriosa de las gradas, la que se había sentado a su lado.

- Eeeh... esto, sí, sí, soy yo. Me llamo Damián.

La mujer sonrió y le dio la mano. De cerca era el doble de guapa que de lejos; sus ojos marrones se veían grandes y redondos, y sus labios eran tan carnosos que a Damián le excitaba el simple hecho de imaginarlos en su boca.

- ¿Qué desea? -dijo Damián, intentando poner su sonrisa encantadora, pero sospechó que solo le había salido una mueca.

- Quisiera apuntarme a las clases de atletismo –dijo la mujer, con una voz dulce y divertida. Damián se quedó un poco estupefacto ante esa afirmación.

- No, es que, verá... son clases para chicos... sólo hasta 16 años... -dijo. La mujer soltó una carcajada que a Damián le pareció música celestial y dijo:

- Oh, vaya, ya me ha vuelto a pasar. Verá, es que yo tengo 16 años... los cumplí hace dos semanas. Lo que pasa es que he crecido muy rápido y todo el mundo me echa más...

Si antes Damián estaba estupefacto, ahora ya no daba crédito de lo que oía. ¡¡16 años!! Ese bellezón, ese pedazo de mujer, ¡¡era una niña!!

- Vaya, siento haberte... ¿te puedo tutear no? ... haberte echado tantos años de más. Si yo me pensaba que eras la madre de algún niño... La mujer, esto, la chica volvió a reírse.

- Por cierto -dijo de repente. - Me llamo Mónica.

- Encantado, Mónica -dijo Damián y, por fin, pudo darle dos besos. Gracias a la proximidad que logró con ella, pudo adivinar que olía a perfume y a espuma de jabón. Toda una delicia.

- ¿Tengo que rellenar los formularios para apuntarme a las clases? -preguntó Mónica.

- Sí, sí, claro. Puedes empezar mañana mismo si quieres -dijo Damián. - La sesión de los mayores es a las 7 de la tarde, así que a esa hora estate lista en la pista.

- De acuerdo -dijo Mónica, se levantó y se fue. - ¡¡Adiós, Damián!!

Mientras observaba el suave contoneo de las caderas de Mónica al irse, Damián no daba crédito a lo que acababa de ocurrirle. Acababa de admitir a un bellezón a su grupo de atletismo, lo cual significaba que iba a verlo todos, todos los días. Sin embargo, había algo negativo (muy negativo, en realidad) en todo aquello: y es que ese bellezón era menor de edad, una niña, que podría ser su hija, vamos, y eso reducía a cero las posibilidades de lío con ella. ¡Pero en qué estaba pensando! Tengo esposa, tengo esposa, se repitió una y otra vez Damián para sí. No podía estar pensando en serle infiel, y mucho menos con una niña, y aun menos si ésta estaba en su grupo de entrenamiento. A partir de entonces, debería abandonar los pensamientos impuros acerca de Mónica, si no quería llevarse un buen disgusto; enrollarse con la que era su nueva alumna significaría su despido, un gran enfado de su mujer y, en el peor de los casos, una denuncia por abuso de menores. Sin embargo, durante las horas siguientes Damián no hacía otra cosa que imaginar a Mónica en el entreno. Pensó que quizás llevaría unos bonitos shorts negros, ajustados, que apretaran su culito respingón y lo hicieran aun más atractivo; quizás los combinaría con un top rojo, igualmente apretado, que haría las veces de sujetador, dejando sus pechos ligeramente sueltos y permitiéndoles rebotar lujuriosamente cada vez que, por órdenes de Damián, Mónica tuviese que saltar bien fuerte hacia arriba.

Mientras, en la cama y con su esposa durmiendo a su lado, Damián pensaba en todo aquello, se sorprendió con su mano agarrando fuertemente su pene y acariciándolo con frenesí. Avergonzado de sus propias reacciones, Damián intentó pensar en otra cosa y dormirse, pero fue totalmente infructuoso; Mónica ocupó la mente del entrenador durante toda la noche.

Y finalmente el gran momento llegó. Después de entrenar a los pequeños, y con una lentitud que Damián jamás había notado, los dígitos de su reloj anunciaron que habían llegado las 7. Con un nerviosismo nada habitual en un hombre seguro como él, se levantó de la silla donde estaba descansando, cogió su bolsa y su chaqueta, intentó peinar un poco su pelo y salió a la pista. Sus chicos, como de costumbre, ya habían empezado a hacer los estiramientos, así que él pudo relajarse un rato antes de tener que dar órdenes, momento que aprovechó para buscar a Mónica con la mirada. Sin embargo, no la encontró. Poco después, sus alumnos empezaron las vueltas de calentamiento, y Damián pensó que quizás Mónica se había retrasado un poco y que llegaría durante ese tiempo; sin embargo, cuando sus alumnos terminaron, la bella morena aun no había hecho acto de presencia. No fue hasta que los jóvenes ya llevaban mucho rato haciendo sus ejercicios correspondientes que Mónica, toda sudada y con la respiración cortada, llegó al lugar donde se encontraba Damián.

- Ho... hola, Da… Damián. Per... per... perdona, es que... es que... me he... entrete... tenido.

Ni las más húmedas fantasías de Damián habrían podido imaginar aquello. Debido a la carrera que se había pegado hasta allí, el sudor había empezado a resbalar por la piel de Mónica, marcando sus pezones a través de su camiseta, blanca y casi transparente. Además, los shorts que llevaba eran tan ajustados como en sus fantasías. Este cuadro hizo que la pollita de Damián, que tantas pajas había recibido gracias a los pensamientos impuros acerca de Mónica, se despertara al instante, dejando ver su alegría a través del pantalón de chándal que la cubría.

- No… no te preocupes –dijo Damián, también con la voz entrecortada, pero por motivos algo diferentes que los de Mónica- Puedes empezar con los estiramientos.

Mónica bajó la mirada y con voz avergonzada, dijo:

- Es que... es que... no sé como hacerlos.

- Bueno -dijo Damián, mientras hacía un esfuerzo mental colosal para que su erección dejara de ser tan evidente- Yo puedo enseñarte. Siéntate en el suelo.

Mónica se sentó en el suelo con las piernas cruzadas, como un indio, lo que hacía que el pantalón se le pegara a las ingles y dejara intuir la forma de su coñito. Damián, turbado por esa visión, no sabía ni lo que tenía que decir, pero intentó centrarse, se sentó el también y dijo:

- Mira, tienes que poner las piernas rectas delante de ti e intentar cogerte la punta de los pies con las manos. - Damián hizo lo que le estaba pidiendo a Mónica y dijo:

- Ves, ¿así? Sin doblar las rodillas. Mónica sonrió en señal de afirmación e hizo lo que Damián le pedía. Cuando sus manitas estaban a escasos centímetros de sus pies, sin embargo, dejó de avanzar y se quedó quieta.

- No puedo bajar más... -dijo. Como impulsado por un resorte, Damián se levantó y se dirigió a la espalda de Mónica.

- Voy a empujarte hacia adelante. Si te duele avísame – dijo.

Lo que Damián no había pensado es que, desde aquella perspectiva, tenía una visión espectacular del canalillo de Mónica. Vio que era estrechito, flanqueado por dos maravillosos y redondos pechos y que estaba lleno de pequeñas y brillantes gotitas de sudor. Sin querer, imaginó su polla en ese lugar, lo que le puso tan cachondo que no oyó los gritos de Mónica:

- ¡Au, para, para, no empujes más! ¡Me estás haciendo daño!

Pero Damián ya no estaba en este mundo. Asoció los gritos desesperados de Mónica a una reacción de ella ante la embestida de su polla en su coñito, lo que hizo que aun se excitara más y aun tuviera menos conciencia de lo que le rodeaba. Sólo un gran golpe en la mejilla le devolvió al mundo real; su cara se había enclastado contra el tartán.

- Siento haberme levantado de golpe, profesor, pero es que me estaba haciendo daño...

Tomando conciencia de lo que acababa de ocurrir, Damián se levantó y se disculpó a Mónica, alegando que había tenido un pequeño mareo a consecuencia del calor. Entonces, Mónica sugirió acompañarle al bar a tomar algo fresquito, a lo que, casi sin pensarlo, Damián accedió encantado. Cuando llegaron, Damián pidió un agua sin gas y se sentó en una mesa. Mónica, con expresión preocupada, se sentó delante de él.

- ¿Ya se encuentra mejor? -preguntó ella cuando Damián hubo tomado un sorbo de su vaso.

- Sí, sí -dijo Damián, aun con la mente un poco turbada, y no precisamente por los rayos del sol- Gracias Mónica. Creo que tendrías que salir fuera... te perderás tu sesión de entrenamiento.

- No se preocupe –dijo Mónica con voz dulce. - Prefiero quedarme aquí, con usted, hasta que se recupere del todo. Damián se terminó el vaso de agua lo más rápido que pudo, se levantó y dijo:

- Ya estoy mucho mejor. Vamos, Mónica, seguiremos con los estiramientos.

Mónica se levantó y siguió a Damián hacia el tartán. Allí, Damián la acercó a una valla de los 3000 metros obstáculos, algo más alta y robusta que las normales, y dijo:

- Verás Mónica, ahora tienes que levantar una pierna y ponerla aquí encima. Luego, tienes que alargar el brazo contrario hasta tocarte la punta del pie.

- Damián... -dijo Mónica, otra vez con esa expresión dulce y vergonzosa que había puesto nada más llegar- ...ya sabes que no llego...

- Te empujaré, y esta vez prometo no pasarme. El sol ya no da tan fuerte ahora –dijo Damián e, inconscientemente, le guiñó el ojo a Mónica, expresión que ella recibió con una sonrisa picaruela.

Con una agilidad admirable, Mónica levantó su larguísima pierna derecha y apoyó el tobillo sobre el cantel de la valla. Entonces, lenta y cuidadosamente, empezó a doblar su cuerpo hacia adelante, con la mano izquierda estirada, intentando que ésta tocara su pie derecho. Sin embargo, y de acuerdo con sus expectativas, la mano se le quedó trabada a pocos centímetros de su objetivo.

- ¿Lo ves? -dijo Mónica.

- Tranquila. Voy a empujarte.

En esta ocasión, la postura en la que se encontraba Mónica requería un contacto físico mucho más íntimo a la hora de ayudarla en su objetivo. Pegando su cuerpo al de su alumna, Damián empujó con su mano izquierda la espalda de Mónica, mientras con la derecha ayudaba a la de Mónica a que alcanzara el pie. Damián sintió la sinuosidad del culito respingón de Mónica contra su paquete, lo que despertó una erección que se había quedado medio dormida.

- Uy -dijo de repente Mónica.

- ¿Qué pasa? -preguntó Damián, que volvía a empezar a quedarse traspuesto.

- Creo que has olvidado las llaves de tu coche en el bolsillo del pantalon, Damián. Noto algo duro clavándoseme en el trasero.

Pero Mónica no dijo estas palabras con tono molesto, ni extrañado. Es más, Damián notó un deje de lascivia en la voz de su joven alumna, que, ni corta ni perezosa, refregó su culito contra el paquete de Damián, como si quisiera examinar las características del tremendo bulto que se le estaba clavando en la carne.

- No tengo coche -dijo Damián de repente, imitando el tono lascivo de su alumna.

- Pues serán las de casa –replicó Mónica, en un tono que era más de jadeo que de palabra.

De repente, Damián se acordó que estaba en medio de una pista de atletismo, con sus alumnos haciendo ejercicios a escasos metros de allí y con una alumna menor de edad refregándose con él, así que, muy en contra de los dictados de su cabeza, se separó de Mónica y le dijo:

- Bueno, ya has estirado bastante. Ya es hora de que empieces tus ejercicios.

- ¿Qué tengo que hacer? -dijo Mónica en un tono que volvía a ser absolutamente normal, como si nada de lo anterior hubiese pasado.

- Mira, harás lo mismo que aquella chica de allí... ¡Marta! Ven, quiero presentarte a una nueva alumna.

Damián presentó a las dos chicas y Marta empezó a enseñarle, sin contactos perversos esta vez, lo que tenía que hacer a Mónica. Damián se sentó en el tartán, apoyando su espalda en la valla que había sido testigo de los refriegues con Mónica y dobló sus piernas para intentar disimular su erección, que a estas alturas ya era de caballo. Si seguía así, esa alumna demoníaca iba a agotar todas sus fuerzas sin ni tan siquiera hacerle una paja.

Pronto llegaron las 9:00 y, con ellas, la hora de finalizar el entreno. Todos los alumnos se despidieron de Damián y se fueron a los vestidores; también Mónica, que había hecho muy buenas migas con Marta y parecía haberse olvidado de lo bien que le había caído su entrenador. Damián pensó que quizás viniese a despedirse de él cuando todos se hubiesen ido, pero se equivocaba; cuando salieron de la ducha, Marta y Mónica le hicieron adiós con la mano y salieron de las pistas sin dejar de charlar animadamente. Con un dejo de decepción, Damián salió también de las pistas y se dirigió con paso cansado a su casa. A estas alturas y con el inmenso calentón que llevaba, los juicios morales ya no podían privarle de sus pensamientos impuros: se moría por echarle un buen polvo a esa jovencita y sólo una negativa rotunda de ella lo iba a impedir.

Al día siguiente, Damián se despertó de repente; quizás el hecho de que no hubiese conciliado el sueño en toda la noche, pensando en el tacto duro y caliente del culo de Mónica, había ayudado. Sin embargo, su esposa, que acostumbraba a levantarse más pronto que él, seguía profundamente dormida, acurrucada a su lado. Extrañado, Damián miró el reloj; pasaban 10 minutos de las siete de la mañana. Entonces Damián se dio cuenta de lo que pasaba: era sábado y ninguno de los dos tenía que ir a trabajar. Por primera vez en la vida, Damián no se alegró de poder quedarse durmiendo; sus deseos de volver a ver a Mónica eran mayores que la más profunda de las perezas. Además, estaba tan cachondo que no podía volver a dormirse, así que decidió levantarse.

Mientras se tomaba el café con leche, Damián encendió su móvil y vio que alguien le había dejado un mensaje en el buzón de voz. Extrañado, decidió escucharlo y una corriente eléctrica recorrió su espinazo cuando oyó la deliciosa voz de Mónica: “Hola Damián, ya sé que es sábado y no hay entreno, pero me gustaría quedar contigo para que me enseñases las pistas y así desenvolverme mejor cuando estemos entrenando. Sólo si tú puedes... muchas gracias.” Después de escuchar el mensaje unas cuantas veces por el mero placer de oír la voz de Mónica, Damián decidió contestarle. Lo hizo con un mensaje escrito; si hablaba, su mujer podía despertarse y sospechar. “Hola Mónica. Sí, sí que puedo. Quedamos a la puerta de las pistas a las 10. Un beso.” Damián había sido un poco seco, pero el beso del final compensaba la sequedad. Era un poco arriesgado dada la frialdad relativa del mensaje de Mónica, pero a esas alturas ya le daba igual arriesgar; era o todo o nada. Cuando regresó al dormitorio para vestirse, Damián encontró a su mujer ya despierta, observándole con una mezcla de curiosidad y desconfianza.

- ¿Qué haces levantado tan pronto? -le preguntó.

- Me han llamado los del entreno -dijo Damián con toda naturalidad- Me han pedido que vaya a las pistas a ver un material nuevo que quieren comprar.

- ¿Y tiene que ser hoy? -dijo la mujer con un bostezo. - Es sábado, es nuestro día de descanso. Además… -añadió, con tono pícaro- me apetecía tener un poco de sexo contigo…

En circunstancias normales, esas proposiciones habrían dejado KO a Damián y le habrían hecho desistir de todos los planes que tuviese para las horas siguientes; ahora, sin embargo, el recuerdo de Mónica hacía que su esposa, en pijama y sin peinar, fuese la cosa menos atractiva del mundo, así que le dio un simple beso en los labios y le dijo:

- Lo siento, en serio, es que es urgente.

Sin poner más objeciones, la esposa de Damián se levantó, le dio otro beso y se fue a preparar el desayuno mientras él se vestía. Aun faltaba mucho para la hora de la cita, pero Damián prefería salir pronto de casa; desde que su mente estaba monopolizada por el recuerdo de Mónica, a Damián le parecía incómodo pasar mucho tiempo a solas con su mujer. Así que cogió su chaqueta, le dio un tercer beso y se fue.

Mientras paseaba, Damián pasó por delante de una tienda de bombones; fantaseó con la idea de comprar unos cuantos y colocarlos sobre el cuerpo de Mónica para ir comiéndolos lentamente, pero al final decidió no hacerlo; al fin y al cabo, las posibilidades de jugar con comida eran un poco limitadas dado el lugar donde habían quedado. Finalmente, cuando faltaban aun 20 minutos para las 10, Damián llegó a la puerta de las pistas y se sentó en un banco que había cerca de allí. Mónica no tardó en llegar, y como lo hizo: con unos zapatos de tacón altísimo, una minifalda con demasiado vuelo y una blusa tan escotada que parecía que la llevase desabrochada.

- Hola Damián, ¿hace mucho que te esperas? -preguntó, mientras se echaba hacia atrás con la mano derecha su melena espectacular.

- No, que va, acabo de llegar. ¿Vamos? -dijo Damián.

Los dos entraron a las pistas. Como era sábado, sólo había el personal de administración y algún que otro atleta que entrenaba de manera independiente. Mientras andaban hacia el tartán, Damián le preguntó a Mónica:

- Bueno, ¿qué es lo que quieres ver?

- Bueno... -dijo Mónica, y puso un dedo en su boca, lo que aun puso más cachondo, si eso era posible, a su pobre entrenador- ¿qué tal si empezamos por los gimnasios? Aún no he ido por allí y me contó Marta que eran impresionantes.

- ¡Claro! -dijo Damián- sígueme, es por aquí.

De camino, Damián le contó a Mónica las recientes remodelaciones que se habían llevado a cabo en la zona de gimnasios de las pistas, explicaciones a las que la jovencita atendió con mucho interés. Durante todo ese rato, además, volvió a repetir la operación de llevarse el dedo a la boca, de manera que la voz de Damián fue volviéndose cada vez más entrecortada y sus explicaciones menos congruentes. Finalmente, entrenador y alumna llegaron al primero de los gimnasios, el más grande y moderno de todos.

- Entra, que te voy a enseñar las máquinas que hay -dijo Damián, y Mónica le obedeció. - Mira. Esto es para hacer bíceps. Esto otro para hacer tríceps...

Mónica iba atendiendo con mirada pasmada a todo lo que le enseñaba Damián, y no dijo nada acerca de ninguna de las máquinas hasta que llegaron a la de trabajar los abductores.

- ¿Puedo probarla? -dijo Mónica con voz animada.

Damián se quedó paralizado ante la petición de Mónica. La máquina para trabajar los abductores era, con diferencia, la más perversa de todo el gimnasio; se trataba de una silla con dos soportes para las piernas, muy parecidos a los de la camilla de la consulta de un ginecólogo, en la que el ejercicio consiste en poner las piernas en los soportes y abrirlas hacia los lados, levantando un peso determinado. Muerto de ganas de ver a Mónica realizando ese sugerente movimiento, Damián le dijo que podía hacer el ejercicio, así que Mónica se montó en el aparato. Si hasta entonces la erección de Damián había sido más o menos discreta, después de aquel espectáculo era prácticamente imposible disimularla. Ver a Mónica haciendo aquel ejercicio con shorts ya habría sido de infarto, pero verla en minifalda, ofreciendo una vista panorámica de sus braguitas cada vez que abría sus piernas, sobrepasaba los límites de lo que podía aguantar cualquier hombre con sangre en las venas.

- ¿Lo he hecho bien? -preguntó Mónica cuando terminó.

- Sí, Mónica -dijo Damián. - Lo has hecho estupendamente. Bueno, este gimnasio ya está, ahora podemos pasar al especial para los fondistas...

Damián salió del gimnasio con paso decidido al edificio de enfrente, pero Mónica le cogió por la camiseta y le señaló otro más pequeño, contiguo al que acababan de abandonar, de aspecto sucio y abandonado.

- ¿Qué es aquello, Damián? -preguntó Mónica. Damián se quedó algo extrañado ante la curiosidad de su alumna.

- Nada... es un gimnasio antiguo que ya nadie utiliza. Creo que el jardinero deja allí sus cosas...

- ¿Por qué no vamos y me lo enseñas? -dijo entonces Mónica, sin dejar su camiseta y arrastrándole hacia el lugar. - Siempre he sentido curiosidad por las cosas viejas y obsoletas, llenas de polvo... anda, porfaaaaa…

Entonces Damián lo comprendió. Esa guarrita quería llevarle a un lugar donde no había ni un alma para poder echar un polvo con tranquilidad. Así que, sin decir nada, se deshizo de su mano y avanzó con paso firme y decidido hacia el viejo gimnasio, seguido por los pasos rápidos de Mónica. Cuando llegó al edificio, Damián se sacó la llave maestra del bolsillo, abrió la vieja puerta oxidada y entró; un intenso olor a moho y a plástico podrido invadió sus fosas nasales, pero ninguno de los dos se quejó, así que encendió las luces y cerró la puerta una vez Mónica también hubo entrado. Sin más rodeos, completamente ofuscado por la idea de que Mónica compartía los deseos de tener sexo con él, se lanzó encima suyo con la firme intención de besarla; sin embargo Mónica, como el que no quiere la cosa, dio un saltito a la izquierda y se fue corriendo hacia una de las máquinas oxidadas de la sala.

- ¡Fíjate en eso! Es una máquina de levantar pesos pero, en lugar de estar atados con un cable, lo están con una cuerda. ¡Qué bueno!

Damián se quedó bastante estupefacto después de la reacción de Mónica, pero no desistió; se acercó a donde estaba ella, pegó su erección a su culo y le dijo al oído:

- Creo que hay cosas mucho más buenas que eso.

Mónica, sin embargo, volvió a hacer caso omiso de la calentura de Damián, se deshizo hábilmente de su proximidad y se dirigió a otra de las máquinas. Y este juego duró durante poco más de media hora; durante este tiempo, el calentón de Damián fue en aumento, puesto que, aunque Mónica desviaba hábilmente sus ataques, su voz, su mirada y su postura eran tan lascivas que habrían excitado incluso a una silla. Y así fue como Damián llegó a una horrible conclusión, totalmente opuesta a lo que había pensado hacía tan sólo 30 minutos: esa pequeña alumna endiablada estaba haciendo todo aquello con el mero objetivo de calentarle la polla. Cuando se dio cuenta, Damián se sintió tan frustrado y avergonzado que tuvo deseos de gritarle e insultarle; no obstante, y haciendo uso de la poca dignidad que le quedaba, se limitó a decirle que tenía que irse, y que ya terminaría de enseñarle el centro en otra ocasión. Mónica no opuso resistencia, así que Damián acabó de dar por buena su teoría y, totalmente resignado, se dirigió a los vestidores para entrenadores. Una vez allí, Damián se quitó las zapatillas, el pantalón, la camiseta y los calzoncillos y cogió su toalla y su jabón. Ya que no podía echar un polvo, al menos se haría una paja, la última, pensando en esa guarrita que le había dado tantas esperanzas. Además, era sábado, así que podría gozar de una ducha larga y solitaria sin la molesta presencia de los demás entrenadores, que siempre se le quedaban mirando la polla sin disimulo. Y no era de extrañar; la longitud de ésta, y mucho más cuando estaba empalmada, era comparable a la de la de cualquier actor porno de éxito.

Damián encendió el agua caliente de la ducha y se metió debajo de su chorro. Un denso y perfumado vapor, fruto de la mezcla del agua caliente con el jabón aromatizado de Damián, empezó a inundar los vestuarios. En ese ambiente envolvente y más íntimo que de costumbre, Damián comenzó a cascarse la polla lentamente, sin prisa, dispuesto a disfrutar de los maravillosos recuerdos que la falda y las bragas de Mónica habían dejado en su mente. De repente, sin embargo, alguien abrió y cerró la puerta del vestuario. Damián, un poco turbado, paró de cascársela y dirigió sus manos a la cabeza, como si se la estuviera enjabonando, mientras preguntaba, con la voz tomada, quién era. Una voz masculina que no supo reconocer dijo “soy Carlos”, y Damián, un poco frustrado ante el impedimento incluso de hacerse una paja decente, decidió acabar la ducha rápido e irse de allí cuanto antes.

Estaba a punto de salir cuando el nuevo inquilino de los vestuarios se dispuso a entrar a la ducha con él. A pesar de que era una ducha colectiva, Damián se sintió un poco incómodo, pues habiendo tan poca gente ya se habría podido esperar a que él terminara. A través del denso vapor, que aún persistía, Damián pudo ver el contorno de aquella persona; extrañado, comprobó la anchura de sus caderas y la estrechez de su cintura. A medida que el vapor se iba disipando, apareció también un pecho demasiado prominente para un hombre y una cabeza redonda y de facciones suaves. Tuvo que haberse ido todo el vapor para que Damián pudiese ser testigo directo del milagro que acababa de producirse; Mónica estaba desnuda delante de él, mirándole con expresión desafiante, mientras paseaba uno de sus dedos por la comisura de sus labios.

- ¿Acaso creías –dijo Mónica con un tono de voz muy, muy lascivo– que te ibas a ir de aquí sin echarme un buen polvo?

Damián no necesitó más estímulos. Como si estuviese poseído por el diablo, atravesó la ducha de un salto, se abalanzó sobre Mónica, la metió dentro de la ducha tirando violentamente de su brazo, la lanzó contra una pared y se tiró encima de ella, clavándole la lengua en el fondo de su garganta. Después de un morreo de impresión, en el que las lenguas de entrenador y alumna se liaron y desliaron de todas las formas posibles, Damián se separó de ella y le pegó un repaso totalmente descarado.

- Madre mía, desnuda estás todavía más buena que vestida -dijo Damián.

- Tu polla también se ve más grande en directo que a través de la ropa –le saltó Mónica.

Y dicho esto, ambos volvieron a mezclarse en un beso aún más desgarrado que el anterior, durante el cual Damián desvió una de sus manos a la entrepierna de Mónica. Grata fue su sorpresa al descubrir cuan mojada estaba aquella oscura y maravillosa cuevita, dentro de la cual empezó a mover dos de sus dedos con frenesí. Mónica, que soltó un leve jadeo en respuesta a las acciones de Damián, se apartó de la boca de él y dirigió la suya a la oreja de su entrenador, que empezó a lamer y mordisquear de una manera que enloqueció a Damián.

- Mmmmmm, eres una niña mala, las alumnas no deberían morder la oreja a sus entrenadores -dijo, apenas pudiendo hablar de lo excitado que estaba.

- Tampoco ellos deberían hacer deditos a sus alumnas -replicó Mónica, cuchicheando en su oreja y provocándole escalofríos con su respiración entrecortada.

Absolutamente caliente por los hábiles toqueteos de su entrenador, Mónica abandonó la oreja de Damián, se deshizo de sus dedos y se arrodilló frente a él, al mismo tiempo que le dirigía una mirada tan perversa que Damián tuvo que apoyarse en la pared de la ducha para no quedarse traspuesto. Con una destreza increíble para su edad, Mónica tomó la polla de Damián, que estaba en pleno apogeo y empezó a lamerla lentamente, de arriba a abajo, sin prisa, deseosa de comprobar los efectos que tenían sus acciones en Damián. Éstos no tardaron en manifestarse; Damián empezó a jadear, muerto de placer y de excitación por tener su polla en la boca de Mónica, y le acarició el pelo al mismo tiempo que le decía:

- Mmm, sí, niña mala, así me gusta, lo haces muy bien... mmmm sí...

Motivada por los gemidos de Damián, Mónica se introdujo toda su polla en la boca, a lo que Damián respondió con unos jadeos aun más fuertes y evidentes. Estaba absolutamente desmadrado, dejándose llevar por el placer y lo excitante de la situación; además, cada vez que dirigía su mirada hacia abajo veía la de Mónica, pícara y perversa, cosa que le excitaba todavía más. Damián estaba a punto de correrse, pero decidió que aun no era momento para ello, así que se apartó de la boca de Mónica, la hizo incorporar y empezó a mordisquearle los pezones.

- Oooh... umm... mmmmm... menudo profesor más experto que tengo...

Esta vez, la que jadeaba era ella, pero su reacción no fue tan solo de evasión; ni corta ni perezosa, Mónica condujo sus manos al firme trasero de Damián y le clavó sus uñas, creando una curiosa sensación en él, mezcla de dolor y placer. Mientras ella hacía eso, los labios y la lengua de Damién trabajaban hábilmente los pezones de ella, mordiéndolos, lamiéndolos y besándolos con frenesí, de manera que en pocos minutos éstos ya estaban duros como una roca. Damián empezó a pellizcar con dos dedos el pezón que no tenía entre sus labios, y a medida que iba intensificando la dureza de sus pellizcos y mordiscos, los jadeos de Mónica se hacían más agudos y continuados. Aprovechando la situación, Damián cogió los hombros de Mónica y la obligó a recostarse; en esa postura, Damián abrió las piernas de ella y se quedó observando su entrepierna. Aun sin estar depilada, era preciosa; lindos ricitos rubios cubrían el pubis de Mónica, dándole un aspecto dorado y precioso que aumentó aun más las ganas que tenía el entrenador de comérselo entero. Y así, sin preámbulo y sin avisar, Damián separó delicadamente los labios de Mónica e introdujo su lengua en su cuevita, que seguía derrochante de sus fluidos.

.- ¡Aaaaaah! ¿Qué estás haciendo? Ummmmmmmmm, ¡qué bien sabe!

Mónica, presa de un placer desconocido para ella, empezó a arañar el suelo de la ducha y a mover sus piernitas. Damián, sin embargo, ni se inmutó y siguió acariciando con su lengua la parte más íntima de la anatomía de su alumna. Intencionadamente, Damián se resistía a llegar a su perlita; quería darle un susto, electrizarla de placer, hacerla llegar al mejor orgasmo de su vida sin que ella tuviese tiempo para prepararse. Y así fue. En un momento dado, cuando los jadeos de Mónica resonaban por todo el vestuario y sus movimientos eran cada vez más espasmódicos, Damián pegó un lametón largo, fuerte y húmedo al pequeño clítoris de Mónica. La reacción de la joven alumna fue la esperada; después de ahogar un jadeo de puro placer, empezó a suspirar fuertemente y a emitir pequeños grititos, al mismo tiempo que todo su cuerpo se quedaba paralizado, preso de una oleada de placer que salía de su entrepierna para inundar todos y cada uno de los rincones de su cuerpo. Consciente del orgasmo que acababa de producirle, Damián se tumbó encima de Mónica y, cuando su cuerpo aún se convulsionaba, hundió su lengua en la boca de ella, que respondió con un beso desesperado y húmedo como sus partes nobles.

- Damián, acabas de hacerme correr, ¿lo sabes? -cuchicheó Mónica, totalmente fuera de sí.

- Claro que sí, pequeña -dijo Damián. - He visto como jadeabas y como te retorcías. Y ahora -añadió Damián– creo que ya ha llegado el momento de que pruebes mi pollita.

Aunque estuviese más caliente que un tostador, Damián era consciente de que no podía follarse a una alumna sin protección, así que salió de la ducha, se dirigió a su bolsa de deportes y sacó de allí un condón; siempre llevaba unos cuantos por si acaso les venía el apuro con su mujer, pero en esa ocasión su uso iba a ser muy diferente del que solían tener. Con la rapidez que da la práctica, Damián se puso el condón y volvió a la ducha. Allí, Mónica ya se había levantado y le esperaba, con la mirada de salida y la entrepierna empapada, al fondo de la ducha. Damián se abalanzó sobre ella y, en un arrebato que jamás había tenido con ninguna otra mujer, la agarró por el trasero y la levantó un palmo del suelo.

- Pásame los brazos por el cuello y las piernas por la cintura –jadeó Damián, a duras penas, órdenes que Mónica cumplió sin rechistar. En esa postura, con los pechos de Mónica aplastados contra el suyo, sus dos bocas mezcladas en un nuevo y caliente beso y sus manos clavadas en el culo de Mónica, Damián no pudo esperar más y clavó su polla en el coñito de Mónica. Ésta, totalmente sorprendida ante una embestida tan fuerte, no pudo más que susurrar:

- Aahhhmmm... qué bestia eres... mmmm... es la primera vez que lo hago en esta postura...

Animado por la actitud de Mónica, que volvió a meterse su oreja en la boca y a lamerla como si le fuera la vida en ello, Damián empezó a embestirla una y otra vez, pegando golpes con la espalda de ella en la pared de la ducha y haciéndole sacar gemidos cada vez más fuertes. Él, a su vez, tampoco podía contener su placer, acentuado por los hábiles lametones y mordiscos que Mónica practicaba a sus pobres orejas. Al cabo de un rato, Damián sintió otra vez que iba a correrse, pero no le importó; aceleró sus movimientos, hasta que una oleada de placer le sacudió todo el ser y le arrancó un impresionante alarido de la garganta. Cuando aun estaba eyaculando, Mónica abandonó su actividad lametona y le susurró:

- Me gusta sentir tu leche caliente llenándome, aunque se quede toda dentro de un condón.

En circunstancias normales, después de un polvo tan cansado y una corrida tan espectacular, Damián no habría estado en condiciones para hacer nada más; sin embargo, una nueva mamada de Mónica despertó instantáneamente a su fiera, que corrió a cubrir con otro condón para una nueva penetración. En esa ocasión, fue Mónica la que repartió las órdenes; sin decir nada, cogió sus hombros y, tal y como había hecho él anteriormente, le hizo recostar. Así, boca arriba, Damián vio como Mónica abría sus piernas y se sentaba encima de su polla, que se clavó hasta el fondo de su cuerpecito.

- Te voy a cabalgar como a un maldito caballo salvaje, Damián -dijo Mónica entre jadeos, a la vez que penetraba los ojos de Damián con una mirada repleta de perversión. Y, con esas palabras, la joven atleta empezó un vaivén lento y acompasado sobre el cuerpo de su entrenador. Damián, preso de la belleza de la imagen que tenía ante sus ojos, no pudo reprimir el instinto de dirigir sus manos a los preciosos pechos de Mónica, que no paraban de rebotar debido al movimiento, y empezó a pellizcar sus pezones suavemente.

- Mmmmm, sí, lo haces muy bien, mi gavilana... asi... mmmm...

Fuese como fuese, Mónica no era virgen, ni mucho menos. Su habilidad en la cabalgada era increíble, tanto que pronto los dos estallaron en un nuevo orgasmo, ahora conjunto, que ocasionó una sinfonía de gritos y jadeos que retumbaron durante largo rato por las paredes de azulejos del vestuario. Después de ese increíble orgasmo, Mónica salió de dentro de Damián, se recostó a su lado y le abrazó, y así se quedaron los dos, tumbados en la ducha, desnudos, durante un buen rato.

Pasada una media hora, ambos se levantaron, se dieron un beso en la boca e, incapaces de hacer nada más debido al increíble cansancio del que eran víctimas, se vistieron y salieron del vestuario como si nada hubiese pasado. Ambos fueron al bar, pidieron un refresco y se lo tomaron juntos, charlando sobre esto y aquello y riendo sin parar.

Desde entonces, la vida de Damián sigue siendo igual que antes; vive con su esposa y sus hijos y, entre semana, da clases de atletismo a niños y adolescentes. No obstante, hay una pequeña diferencia... Damián también imparte refuerzo especial de estiramientos los sábados por la mañana en las pistas de atletismo de su ciudad.
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¿Qué les ha parecido? Espero sus opiniones, sean buenas o malas. ¡¡Muchos besos!! ¡¡Gracias!!

charlesxavier
14-01 2007, 01:36 PM
FELICIDADES...
Que sensacion tan intensa la del relato.... esta de verdad riquisimo. Me emociono mucho de puro leerlo. Por momentos cerraba los ojos, y me imaginaba estar en esa situacion.

Lo pusiste un toque de humor muy agradable.

Por supuesto, me gustaria estar en una situacion asi de rica.

No te puedo hacer ninguna sugerencia,..porque de verdad el relato esta muy bueno.

Espero tu proximo relato.

Saludos,
C.

puppe
14-01 2007, 03:16 PM
¡Felicidades Annabella! muy buen relato, muy bien escrito, muy bien contado, muy, muy...:p Tiene todos los ingredientes necesarios para prender al lector, algo fundamental en los relatos largos. Con un lenguaje cuidado nos llevas corriendo por las pistas:D , es fresco, gracioso y claro, calienta las neuronas.

Espero sigas deleitándonos.
¡Saludos!

Annabella
14-01 2007, 04:18 PM
Muchas gracias por los comentarios!! Me voy a poner rojita... :p Sinceramente no esperaba tan buenas criticas. Un beso a los dos y gracias otra vez por comentar y por darme animos. Chao! :D

fantasmamarco007
14-01 2007, 08:26 PM
:rolleyes: Annabella.. TU RELATO ES SENCILLAMENTE GUAUUU. Nunca antes me habian dejado sin palabras para expresarme frente a un relato y tu lo acabas de hacer.Felicitaciones... :rolleyes:

ra_ji_ta
15-01 2007, 03:36 PM
me gusto muy rico pero me pregunto por que una niña escoje auna persona tan grande

pero muy buen relato

4eversex
15-01 2007, 05:01 PM
Este sin duda alguna es el mejor relato que he leido en este foro, cargado de picardía, y erotismo,un cien te ganastes, con solo el hecho de imaginar a esa pequeña niña cabalgando como una experta, y el mero hecho de calentar a su profesor hasta casi la locura, ufff, me hacen recordar muchos momentos, gracias espero que sigas escribiendo.

Adoro los placeres sencillos; son el último refugio de los hombres complicados

orionjl
16-01 2007, 10:23 AM
Felicitaciones Annabella
Que tal Relato me demore unpoco en leerlo pero muy pero muy bueno, me exito bastante, si ese es tu primer relato Wau como seran los seguientes, espero que losmandes para deleitarnos a todos por aca

norma20000
19-01 2007, 01:58 AM
Excelente relato !! Me gusto mucho es excitante al máximo y esta bien narrado. Espero que nos compartas tus demás experiencias.

Felicidades y gracias por compartirlo.

sexygordita
19-01 2007, 06:28 AM
Muy buen relato, me gustó mucho, tiene una mezcla de todo....lo necesario para lograr prendernos y no parar de leer, muy excitante con un toque de locura.......me encantó;)

rolo43
07-02 2007, 06:44 PM
El relato está muy bien contado y con detalles jugosos.
Confieso que me aburrió un poco por la mitad, si hubiera sido un video hubiera adelantado sin titubear.

un comentario que me surge: cuando vi ese avatar y un nombre sugestivo como Anabella esperaba encontrar un relato "femenino" de los que me gustan. Pero no, me pareció un relato muy masculino, me llama la atención como te detienes y regodeas en describir a la adolescente y sus atributos y las referencias a las erecciones de caballo y las pajas de damián.
De todos modos muy bien para ser el primer relato.

henry913
16-04 2007, 04:30 PM
[te felicito, me gusto tu relato,sigue escribiendo de esa forma.......saludos:p avisame cuando tengas otro y que sea tan bueno como este...

MACBABA
29-04 2007, 12:06 AM
[posiposiblemente demasiado largo para un final demasiado previsible

Adrianona75
25-09 2007, 06:26 PM
me super encanto..... esta largo! pero muy bueno, me gusto; ojala que pronto encuentre otro relato como este o mejor!!!! felicidades

Puka
27-06 2008, 11:47 PM
FELICIDADES...
Que sensacion tan intensa la del relato.... esta de verdad riquisimo. Me emociono mucho de puro leerlo. Por momentos cerraba los ojos, y me imaginaba estar en esa situacion.

Lo pusiste un toque de humor muy agradable.

Por supuesto, me gustaria estar en una situacion asi de rica.

No te puedo hacer ninguna sugerencia,..porque de verdad el relato esta muy bueno.

Espero tu proximo relato.

Saludos,
C.

tanto la emocion que, te tuviste que masturbar?....yo lo hice

ElTico
22-08 2008, 05:45 PM
WoW, que te puedo decir, solamente que parese que sufri con este pobre hombre de tu historia y que espero no verme involucrado en un sufrimiento como el de el aunque al final fue tan satisfactorio y rico de la forma en como pudo terminar, la verdad no pude esperar mejor final que este, tanto asi que mientras seguia leyendo ya estaba que reventaba y eso por la macnifica manera de ralatar cada detalle....:D

maite1
02-12 2008, 02:31 PM
Me gustó mucho tu relato, es bastante intenso aunque no veía cuando ibas a llegar a la acción, diste muchos detalles antes pero valió la pena esperar porque fue algo bastante excitante, con muy buen gusto. Felicidades.