cheneque
17-12 2006, 06:56 PM
Hola amigos, hace ya bastante rato que no tengo el gusto de escribir algo, la razón… escribo cosas veraces… como dato. Les recuerdo que soy un maduro 56 años, muy discreto en todo (por respeto a mi familia) por esto, cuando algo me hace feliz, realmente feliz: lo comparto aquí.
A mediados de noviembre, me encontraba en las afueras de un taller de auto-eléctrico en espera de servicio para mi "carcacha" por algún problema del alternador (creo) y de pronto sentí como si alguien me miraba fijamente, con discreción volteé y a mis espaldas me encontré con la mirada de otra persona más o menos de mi edad y… ustedes estarán de acuerdo conmigo, que los que tenemos esta preferencia sexual y por algún sexto sentido "nos reconocemos", existe cierta química que es difícil de expresar.
Pues bien, yo agaché un poco la cabeza, un tanto apenado, pero entonces más de mil ideas pasaron rápidamente por mi mente, todas relacionadas con el sexo, claro, y acto seguido, me volteé hacia mi coche y me recargué en un salpicadero con los codos arqueando mi cuerpo hacia delante y sacando un tanto mis nalgas en una actitud como de "coquetear" con esta persona y así, de espaldas, giré la cabeza mirando todo y nada, como con cierto desgano y me encontré con la mirada de él que, después de sostenerme la mirada, la desvió hacia mis posaderas, al tiempo que sacaba la lengua pesándosela por sus labios. Rayos, sentí un escozor recorrer todo mi cuerpo, estaba tan ensimismado que apenas me di cuenta de que algo me decía el mecánico, “¿qué me decía?” le pregunté; “tenemos que desarmar el alternador y revisar la marcha del auto esto tomara cuando menos 3 o 4 horas, véngase por la tarde y ya estará reparado”, “bien”, contesté.
Giré a donde estaba mi posible Don Juan y para mi descilucion, ya no estaba ni él ni su coche. “Vaya, ni modos, -me dije. Caminé algunos metros en dirección a la parada del bus cuando alguien me dijo…
- ¿Qué le dijeron de su coche? Era nada más y nada menos que mi Don Juan;
- Pues, que tarda algunas horas en estar reparado.
- ¿Y en este tiempo que va hacer? -me preguntó.
- Pues… no se -le dije- matar el tiempo por ahí.
- Lo invito al billar, sólo tengo que llevar algunas cosas a mi casa y, si Ud. quiere, de ahí nos podemos ir a alguno.
- Claro –dije- será un placer. Me subí a su vehiculo, y el me dijo al tiempo que me extendía la mano:
- Me llamo Juan.
Le estreché la mano mientras le decía mi nombre, no se cuántos segundos o minutos duramos en el saludo, tomados de la mano, pero este saludo fue más una caricia que un estrechon de manos y así empezó a guiar su coche por las calles de la ciudad, mientras platicábamos de cosas triviales; que si los autos, que si el clima, y en más de una vez puso su mano en mi pierna. Aaahh ¡qué agradable sensación… me sentía temblar. Llegamos a su casa, yo no me bajé hasta que él me dijo: “Bájate, descargamos esto y nos vamos”. Tomé un paquete y lo seguí, con la mano que tenía desocupada, sacó del bolso del pantalón una llave, abrió la puerta de la entrada al tiempo que me decía “Después de ti” mientras me ponía la mano en la espalda como para empujarme, pero la mano que estaba en la espalda termino mucho mas abajo. Me estremecí tanto que él lo notó, sonrió y entramos. Dejamos los paquetes y me di cuenta que esta casa la estaban detallando, pues había cemento por ahí, madera por acá… y así muchas cosas propias de una remodelación. “Siéntate por ahí” -me dijo- “nada más entro al baño a orinar y nos vamos”. “Claro”, le conteste.
El entró a un medio baño que estaba justo enfrente de mi, se sacó el miembro para orinar y… uufff qué miembro. Lo tenía completamente erecto, con una cabeza enorme, volteó hacia mi y me preguntó: “¿tu no quieres entrar?” Me sentí apenado pues estaba con la mirada fija en aquél enorme miembro, “si” -le contesté- “ya me orino”, y me encaminé al baño en espera de que él saliera, pero no… El no salió, al contrario, me dijo entrara, que se cambiaría de ropa. Para esto, levanté uno de mis brazos y accidentalmente me toqué un pezón, y vaya que estaban mis pezones bien paraditos… Entré al baño, me bajé el zipper y estaba orinando cuando lo sentí que me abrazó por detrás al tiempo que me levantaba la camisa y tomaba mis pezones con sus dedos. ¡Qué increíble deseo sentí!, el placer que me proporcionaban sus manos en mis pezones era…la gloria. Al mismo tiempo, arrejuntaba sus ingles con mis nalgas, me besaba de la nuca, hacia las orejas y sin dejar de acariciarme los pezones. Mientras, yo daba pequeños gritos por el inmenso placer que sentía, “bésame papacito”, le decía. “Bésame los pezones…”
Me dio la vuelta de un empujón y al quedar de frente me dio un gran beso en la boca, su lengua hurgaba dentro de la mía, sin dejar de acariciar mis pechos. ¡Ah, qué increíble placer!, él jadeaba y yo también. Bajó sus manos y me desabrochó el pantalón, cayendo este hasta mis talones, me volteó y me inclinó. Comencé a sentir su lengua que bajaba de la espalda hasta mis nalgas, ¡qué bárbaro!, con sus manos habría mis nalgas mientras metía su lengua en mi ano. Para esto, yo estaba como loco, le decía mil cosas, mientras él continuaba con sus besos y mordiscos por mi ano y mis nalgas al tiempo que me decía: “qué bueno estas papacito y qué buen culo tienes”. “Tuyo mi rey”, creo que le contesté
En un momento se detuvo y me dijo fuéramos a su recámara, por lógica intenté subirme el pantalón pero me dijo: “no, quítatelo y vete desnudo”. Para estas alturas, cualquier acción que normalmente pudiera ser aberrante, me parecía excitante, me quité el pantalón y el calzón y empecé a caminar hacia las escaleras que llevaban a la recamara que se encontraba en la segunda planta. Cuando levanté el pie para subir el primer escalón, sentí su mano en mis nalgas, me detuve pues sentí muy rico. Luego escuche que se ponía saliva en la mano y que me introduce un dedo en al ano diciéndome: “sube”. Y así, con su dedo en mi culo, empecé a caminar escalón por escalón, mientras él movía el dedo y yo apretaba mis nalgas, ¡qué delicia!
Cuando llegamos a la recamara, que tenia una cama sin arreglar, un par de sillas y un buró, yo me senté en la cama de frente a él, que estaba parado con su miembro a la altura de mi cara. Sin pensarlo lo tomé con mis manos y lo empecé a besar, estaba tan erecto y tan enorme, que me costaba trabajo meterlo en mi boca. Le mamaba de tal manera que se retorcía de placer; “chúpale papacito” -me decía- “mámale fuerte”. Le chupaba desde la base de los huevos hasta la punta y en eso me dice: “acuéstate” Quedé boca arriba y él se posó encima de mi pero invertido como en el 69, mientras yo le mamaba su miembro, él me metía el dedo en el ano. Quisiera decirles el placer que sentía, pero este fue tan intenso, que es indescriptible.
Después, me puso a gatas y empezó a meter su lengua en mi ano, mientras, yo tenia mi verga arrojando liquido por la excitación. Sentí que se retiraba un poco mientras me decía: “no te muevas”, lo vi ir al buró, tomar un frasco de lubricante y luego sentí su dedo con algo viscoso que entraba en mi culo al tiempo que le daba vueltas al dedo y yo, gimiendo de placer. “Ahora sí papacito” -me dijo- “vas sentir una verga de a de veras”. “Por favor, no seas brusco” -le pedí- “he sido penetrado pocas veces en mi vida…”, porque debo de confesar que, ya en este momento, me estaba "rajando" pues su miembro parecía de toro de lidia, hasta parecía que bufaba en busca de mi ano. “No te preocupes”, me dijo.
Enseguida sentí que me penetraba con dos dedos al tiempo que los movía en forma circular, después de algún rato en el que yo gozaba de lo lindo, sentí que se incorporaba y de pronto, siento su miembro en mi ano. ¡Ah… qué excitación! y miedo, hasta temblaba, me quise incorporar pues me estaba arrepintiendo y escuché a Juan decir en forma imperante: “tú no te levantas de ahí, ahora te voy a coger”, y le dio el primer empujón. Entró una parte de su verga y el dolor me hizo dar un respingo, era insoportable… “no, por favor”, le dije. “Calma” -me contesto. Volvió a poner su cabeza en mi culo y despacio, muy despacio, empezó a empujar. Era muy rico y cuando sentía dolor, lo sacaba y así, en el momento menos pensado, tenía su enorme miembro tragado por mi culo.
¡Qué placer nos estábamos dando!, bajé más mi cabeza y hombros hasta pegarlos en la cama para ofrecerle mis nalgas, mientras él, sujetándome de la cintura, me jalaba para penetrarme más y más. Después, le pedí que se acostara boca arriba pues en mis fantasías me gusta pensar que me siento en el miembro de alguien. Así que, en cuclillas me sentaba y levantaba en su miembro que ya no me daba miedo, al contrario, me daba un gran placer. Empezamos a coger de todas las maneras que sabíamos o que, incluso, inventábamos. De pronto me dijo: “ya no me aguanto, ponte a gatas que quiero acabar”, lo hice y de un empujón me penetró. Bastaron algunos mete saca para que se viniera. ¡Vaya, qué cantidad de semen me hecho en el culo!, parecía que no terminaba de arrojar todo mientras decía cosas guturales. De pronto, sentí que se rindió y se quedó recostado encima mió, pasamos así unos cinco minutos y le dije: “me gustaría terminar a mi, ¿podrías poner tu miembro en mi ano para masturbarme?”. No debí decir esto pues, me puso boca arriba, me levantó las piernas y me volvió a meter su enorme pene que estaba tan grande como al principio y empezó a follarme otra vez.
El me tenia agarrado de los tobillos y me levantaba de los mismos para tener mis nalgas más a modo, de pronto, ya no aguanté y de un par de masturbadas me vine, arrojé tanto semen y tan fuerte, que los dos nos llenamos de mi leche. A él le tomó unos segundo más para venirse otra vez, luego me fui al baño y no creerán la cantidad de semen que salio por mi ano. Después, nos vestimos y me llevó al taller a recoger mi coche el cual ya estaba reparado. Intercambiamos números de móviles, nos citamos para el día siguiente y nos despedimos por ese día. Me fui a mi casa muy feliz, aunque muy adolorido de mi ano, que vale decir, estaba contento, pues hacia rato que no tenia un miembro dentro. Juan y yo podemos decir que somos una pareja, pues seguimos cogiendo al menos dos veces por semana, aunque estemos casados cada cual con su cada quien.
Un gran saludo para todos.
A mediados de noviembre, me encontraba en las afueras de un taller de auto-eléctrico en espera de servicio para mi "carcacha" por algún problema del alternador (creo) y de pronto sentí como si alguien me miraba fijamente, con discreción volteé y a mis espaldas me encontré con la mirada de otra persona más o menos de mi edad y… ustedes estarán de acuerdo conmigo, que los que tenemos esta preferencia sexual y por algún sexto sentido "nos reconocemos", existe cierta química que es difícil de expresar.
Pues bien, yo agaché un poco la cabeza, un tanto apenado, pero entonces más de mil ideas pasaron rápidamente por mi mente, todas relacionadas con el sexo, claro, y acto seguido, me volteé hacia mi coche y me recargué en un salpicadero con los codos arqueando mi cuerpo hacia delante y sacando un tanto mis nalgas en una actitud como de "coquetear" con esta persona y así, de espaldas, giré la cabeza mirando todo y nada, como con cierto desgano y me encontré con la mirada de él que, después de sostenerme la mirada, la desvió hacia mis posaderas, al tiempo que sacaba la lengua pesándosela por sus labios. Rayos, sentí un escozor recorrer todo mi cuerpo, estaba tan ensimismado que apenas me di cuenta de que algo me decía el mecánico, “¿qué me decía?” le pregunté; “tenemos que desarmar el alternador y revisar la marcha del auto esto tomara cuando menos 3 o 4 horas, véngase por la tarde y ya estará reparado”, “bien”, contesté.
Giré a donde estaba mi posible Don Juan y para mi descilucion, ya no estaba ni él ni su coche. “Vaya, ni modos, -me dije. Caminé algunos metros en dirección a la parada del bus cuando alguien me dijo…
- ¿Qué le dijeron de su coche? Era nada más y nada menos que mi Don Juan;
- Pues, que tarda algunas horas en estar reparado.
- ¿Y en este tiempo que va hacer? -me preguntó.
- Pues… no se -le dije- matar el tiempo por ahí.
- Lo invito al billar, sólo tengo que llevar algunas cosas a mi casa y, si Ud. quiere, de ahí nos podemos ir a alguno.
- Claro –dije- será un placer. Me subí a su vehiculo, y el me dijo al tiempo que me extendía la mano:
- Me llamo Juan.
Le estreché la mano mientras le decía mi nombre, no se cuántos segundos o minutos duramos en el saludo, tomados de la mano, pero este saludo fue más una caricia que un estrechon de manos y así empezó a guiar su coche por las calles de la ciudad, mientras platicábamos de cosas triviales; que si los autos, que si el clima, y en más de una vez puso su mano en mi pierna. Aaahh ¡qué agradable sensación… me sentía temblar. Llegamos a su casa, yo no me bajé hasta que él me dijo: “Bájate, descargamos esto y nos vamos”. Tomé un paquete y lo seguí, con la mano que tenía desocupada, sacó del bolso del pantalón una llave, abrió la puerta de la entrada al tiempo que me decía “Después de ti” mientras me ponía la mano en la espalda como para empujarme, pero la mano que estaba en la espalda termino mucho mas abajo. Me estremecí tanto que él lo notó, sonrió y entramos. Dejamos los paquetes y me di cuenta que esta casa la estaban detallando, pues había cemento por ahí, madera por acá… y así muchas cosas propias de una remodelación. “Siéntate por ahí” -me dijo- “nada más entro al baño a orinar y nos vamos”. “Claro”, le conteste.
El entró a un medio baño que estaba justo enfrente de mi, se sacó el miembro para orinar y… uufff qué miembro. Lo tenía completamente erecto, con una cabeza enorme, volteó hacia mi y me preguntó: “¿tu no quieres entrar?” Me sentí apenado pues estaba con la mirada fija en aquél enorme miembro, “si” -le contesté- “ya me orino”, y me encaminé al baño en espera de que él saliera, pero no… El no salió, al contrario, me dijo entrara, que se cambiaría de ropa. Para esto, levanté uno de mis brazos y accidentalmente me toqué un pezón, y vaya que estaban mis pezones bien paraditos… Entré al baño, me bajé el zipper y estaba orinando cuando lo sentí que me abrazó por detrás al tiempo que me levantaba la camisa y tomaba mis pezones con sus dedos. ¡Qué increíble deseo sentí!, el placer que me proporcionaban sus manos en mis pezones era…la gloria. Al mismo tiempo, arrejuntaba sus ingles con mis nalgas, me besaba de la nuca, hacia las orejas y sin dejar de acariciarme los pezones. Mientras, yo daba pequeños gritos por el inmenso placer que sentía, “bésame papacito”, le decía. “Bésame los pezones…”
Me dio la vuelta de un empujón y al quedar de frente me dio un gran beso en la boca, su lengua hurgaba dentro de la mía, sin dejar de acariciar mis pechos. ¡Ah, qué increíble placer!, él jadeaba y yo también. Bajó sus manos y me desabrochó el pantalón, cayendo este hasta mis talones, me volteó y me inclinó. Comencé a sentir su lengua que bajaba de la espalda hasta mis nalgas, ¡qué bárbaro!, con sus manos habría mis nalgas mientras metía su lengua en mi ano. Para esto, yo estaba como loco, le decía mil cosas, mientras él continuaba con sus besos y mordiscos por mi ano y mis nalgas al tiempo que me decía: “qué bueno estas papacito y qué buen culo tienes”. “Tuyo mi rey”, creo que le contesté
En un momento se detuvo y me dijo fuéramos a su recámara, por lógica intenté subirme el pantalón pero me dijo: “no, quítatelo y vete desnudo”. Para estas alturas, cualquier acción que normalmente pudiera ser aberrante, me parecía excitante, me quité el pantalón y el calzón y empecé a caminar hacia las escaleras que llevaban a la recamara que se encontraba en la segunda planta. Cuando levanté el pie para subir el primer escalón, sentí su mano en mis nalgas, me detuve pues sentí muy rico. Luego escuche que se ponía saliva en la mano y que me introduce un dedo en al ano diciéndome: “sube”. Y así, con su dedo en mi culo, empecé a caminar escalón por escalón, mientras él movía el dedo y yo apretaba mis nalgas, ¡qué delicia!
Cuando llegamos a la recamara, que tenia una cama sin arreglar, un par de sillas y un buró, yo me senté en la cama de frente a él, que estaba parado con su miembro a la altura de mi cara. Sin pensarlo lo tomé con mis manos y lo empecé a besar, estaba tan erecto y tan enorme, que me costaba trabajo meterlo en mi boca. Le mamaba de tal manera que se retorcía de placer; “chúpale papacito” -me decía- “mámale fuerte”. Le chupaba desde la base de los huevos hasta la punta y en eso me dice: “acuéstate” Quedé boca arriba y él se posó encima de mi pero invertido como en el 69, mientras yo le mamaba su miembro, él me metía el dedo en el ano. Quisiera decirles el placer que sentía, pero este fue tan intenso, que es indescriptible.
Después, me puso a gatas y empezó a meter su lengua en mi ano, mientras, yo tenia mi verga arrojando liquido por la excitación. Sentí que se retiraba un poco mientras me decía: “no te muevas”, lo vi ir al buró, tomar un frasco de lubricante y luego sentí su dedo con algo viscoso que entraba en mi culo al tiempo que le daba vueltas al dedo y yo, gimiendo de placer. “Ahora sí papacito” -me dijo- “vas sentir una verga de a de veras”. “Por favor, no seas brusco” -le pedí- “he sido penetrado pocas veces en mi vida…”, porque debo de confesar que, ya en este momento, me estaba "rajando" pues su miembro parecía de toro de lidia, hasta parecía que bufaba en busca de mi ano. “No te preocupes”, me dijo.
Enseguida sentí que me penetraba con dos dedos al tiempo que los movía en forma circular, después de algún rato en el que yo gozaba de lo lindo, sentí que se incorporaba y de pronto, siento su miembro en mi ano. ¡Ah… qué excitación! y miedo, hasta temblaba, me quise incorporar pues me estaba arrepintiendo y escuché a Juan decir en forma imperante: “tú no te levantas de ahí, ahora te voy a coger”, y le dio el primer empujón. Entró una parte de su verga y el dolor me hizo dar un respingo, era insoportable… “no, por favor”, le dije. “Calma” -me contesto. Volvió a poner su cabeza en mi culo y despacio, muy despacio, empezó a empujar. Era muy rico y cuando sentía dolor, lo sacaba y así, en el momento menos pensado, tenía su enorme miembro tragado por mi culo.
¡Qué placer nos estábamos dando!, bajé más mi cabeza y hombros hasta pegarlos en la cama para ofrecerle mis nalgas, mientras él, sujetándome de la cintura, me jalaba para penetrarme más y más. Después, le pedí que se acostara boca arriba pues en mis fantasías me gusta pensar que me siento en el miembro de alguien. Así que, en cuclillas me sentaba y levantaba en su miembro que ya no me daba miedo, al contrario, me daba un gran placer. Empezamos a coger de todas las maneras que sabíamos o que, incluso, inventábamos. De pronto me dijo: “ya no me aguanto, ponte a gatas que quiero acabar”, lo hice y de un empujón me penetró. Bastaron algunos mete saca para que se viniera. ¡Vaya, qué cantidad de semen me hecho en el culo!, parecía que no terminaba de arrojar todo mientras decía cosas guturales. De pronto, sentí que se rindió y se quedó recostado encima mió, pasamos así unos cinco minutos y le dije: “me gustaría terminar a mi, ¿podrías poner tu miembro en mi ano para masturbarme?”. No debí decir esto pues, me puso boca arriba, me levantó las piernas y me volvió a meter su enorme pene que estaba tan grande como al principio y empezó a follarme otra vez.
El me tenia agarrado de los tobillos y me levantaba de los mismos para tener mis nalgas más a modo, de pronto, ya no aguanté y de un par de masturbadas me vine, arrojé tanto semen y tan fuerte, que los dos nos llenamos de mi leche. A él le tomó unos segundo más para venirse otra vez, luego me fui al baño y no creerán la cantidad de semen que salio por mi ano. Después, nos vestimos y me llevó al taller a recoger mi coche el cual ya estaba reparado. Intercambiamos números de móviles, nos citamos para el día siguiente y nos despedimos por ese día. Me fui a mi casa muy feliz, aunque muy adolorido de mi ano, que vale decir, estaba contento, pues hacia rato que no tenia un miembro dentro. Juan y yo podemos decir que somos una pareja, pues seguimos cogiendo al menos dos veces por semana, aunque estemos casados cada cual con su cada quien.
Un gran saludo para todos.