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View Full Version : Andrea iii


Anonimo
10-12 2002, 08:27 PM
Andrea, no lo duden ustedes un momento, era mía, totalmente mía. nuestra relación mujer-mujer no tenía la más mínima fisura y las intermitentes relaciones con luisa no influían para nada en ella. Éramos tres mujeres que gozaban juntas cuando se lo pedía el cuerpo, sin recatos y en una deliciosa amoralidad.

es... más, andrea sabía que yo era bisexual. se lo había dicho desde el primer momento, y andrea lo acató. solo pedía que la quisiera a ella sobre todas las cosas. y eso hacía. ¡faltaría más no querer a aquella encantadora muchacha que pese a sus dieciocho años a mi me parecía un delicado bibelot!

y así continuaron las cosas.

ya andrea había desechado todas sus inhibiciones y participaba tanto en dúo como en trío con una total naturalidad. su inquietante encuentro con el vibrador la había abierto a nuevas experiencias, y yo habitualmente la recorría por todo su cuerpo con el enorme falo, siempre sobre su piel, sin meterme en profundidades que pudieran macular aquella virginidad que físicamente seguía conservando.

había una actividad que la volvía loca. cuando ya estábamos borrachas de besos y caricias, ella se echaba en la cama con las piernas abiertas y yo me situaba encima. sexo sobre sexo, ambos muy calientes y humedecidos. entonces colocaba el vibrador tendido entre ellos y lo ponía en marcha. las vulvas ansiosas acogían aquel objeto, que sin penetrarlas, las llenaban de electrizantes cosquilleos que se irradiaban por todo el cuerpo y lo hacían temblar en una gozosa embriaguez.

nuestras lenguas vibraban una junto a otra y se entrelazaban en arabescos de húmedo placer. pasábamos nuestros días plenas de amor. pero había una cosa que faltaba para que yo consolidara la posesión de andrea. quería que fuera como yo. exactamente igual que yo. y para ello necesitaba la última experiencia.

volví a recalcarle que yo era bisexual. que ahora estaba plenamente entregada a ella y que había encontrado en el amor de las mujeres una suavidad, un cariño y una dulzura muy diferentes a la actividad heterosexual, pero que no olvidara que yo había conocido hombre, y que no descartaba volverlo a conocer.

que quería que ella, libremente y con pleno conocimiento de causa, decidiera a que lado de la línea se situaba o si optaba por los dos. yo consideré esto lo más honesto, pues no se puede decidir sobre lo que no se conoce, aunque reconozco que un rechazo visceral a una actividad sexual puede ser decisivo y muy digno de respeto.

y eso es lo que yo quería saber. insistí una y otra vez, pero andrea se negaba terminantemente. al fin tuve que imponerme, y a regañadientes accedió a asistir como ""observadora"" a un encuentro heterosexual, insistiendo que solo sería una simple figura que miraba y escuchaba. lo haría, lo recalcó mucho, para hacerme el gusto ya que ella tenía las cosas claras: yo, y yo, y solo yo.

torció el gesto cuando le dije que la figura femenina sería encarnada por mí. se rebeló otra vez, diciendo que yo no la quería y que buscaba nuevas experiencias, pero tras mucha discusión y la exposición del argumento poco consistente de su relación esporádica con luisa, reconoció que no por ello había dejado de quererme.

la planificación del encuentro no fue muy intrincada. me acordé enseguida de ricardo, un viejo amigo de la universidad con el que tenía una gran amistad y con el que sostuve tórridas relaciones sexuales. de cuando en cuando nos reuníamos a cenar y pese a que él conocía mis nuevas tendencias, siempre renovaba su oferta de que ""a nadie le amarga un dulce"".

y había llegado el momento. le llamé por teléfono. quedamos citados para merendar, y allí le expliqué detalladamente el plan que asimiló al instante. ricardo era una bellísima persona que tenía muchos puntos a favor. era guapo, simpático, feliz poseedor de una herramienta fuera de lo normal, gran aguantador y con una extraordinaria capacidad de recuperación, lo que le hacía ser el hombre ideal para mi proyecto.

fijé el día y la hora, fecha para la que ya había hecho mis cálculos. y nos despedimos con un gran beso. el gran día llegó. pasaron bastantes, pero llegó al fin. aquella mañana vino andrea muy pronto, pues era sábado. charlamos, arreglamos la casa y salimos a dar un gran paseo. fuimos al parque donde actuaba una banda de música, tomamos el aperitivo, y la invité a almorzar, para allá, a las tres de la tarde volver a casa.

estaba previsto que ricardo llegaría a las cinco. andrea estaba nerviosa. ya almorzando hacía bolitas de miga de pan que ponía en fila. en casa su entretenimiento era dar golpitos contra el brazo del sillón donde estaba sentada, tabaleando los dedos rítmicamente. se levantaba con cualquier pretexto y volvía a sentarse enseguida.

a las cuatro entré en el cuarto de baño. - ¡andrea, ven - dije desde dentro - vamos a ducharnos!

la tuve dócilmente a mi lado. poco a poco la fui desnudando y ordenadamente coloqué su ropa sobre una silla. luego nos duchamos y secamos, haciéndoselo yo a ella como en la noche que nos conocimos. le entregué una bata y yo me embutí en otra.

no dijo nada, salimos y nos sentamos en el diván. la atraje hacia mi. - ¿estás nerviosa, cariño? - asintió con la cabeza. me miró y se apretó contra mí. comencé a acariciarla, a besar sus pechos, a tocarla toda, y observé que pese a la ducha su sexo estaba más húmedo de lo normal. - no tienes que preocuparte, bobita.

ya verás como todo sale bien. llamaron a la puerta. andrea se abrazó a mí más fuertemente. me levanté, abrí y entró ricardo sonriente. portaba una gran caja de bombones y dos pequeños ramos de violetas que nos entregó ceremoniosamente. andrea estaba acurrucada en el sillón y lo miraba fijamente.

- ¡bueno! ¿vamos a probar los bombones? - dijo ricardo para romper el hielo - ¡ya verán lo ricos que son! - ricardo procuraba no dirigirse a andrea para no ponerla más nerviosa, pues la escena, hay que reconocerlo, era bastante tensa.

lo cogí por el hombro, levanté a andrea de su asiento y entramos en mi alcoba. yo los llevaba abrazados por la cintura. senté a andrea en el sillón que ya había utilizado luisa en parecidas circunstancias, el cual había situado junto al borde de la cama, la besé y me dirigí hacia ricardo. no me anduve con remilgos y comencé a desnudarlo entre besos y abrazos.

ricardo se dejó hacer, limitándose a empujar mi bata por los hombros dejándome totalmente desnuda. allí nos acariciamos hasta que surgió potente el pene de ricardo. era, como ya he dicho, algo fuera de lo normal, una erguida y orgullosa verga que se alzaba apuntando hacia el techo como una primicia de placeres.

miré hacia andrea. estaba, como era su costumbre, con la mano sobre la boca en gesto de asombro. se inclinaba sobre la cama y sus ojos contemplaban atónitos el espectáculo. ricardo me echó sobre la cama, aquel inmenso lecho de dos por dos, y comenzó a acariciarme el sexo mientras besaba mis pechos. fue bajando muy despacito, besando y lamiendo, hasta que llegó a la meta, abierta y ya humedecida.

andrea no perdía ojo. la bata ya la tenía casi abierta y apoyaba sus codos sobre las piernas. entonces le tendí mi mano derecha que cogió febrilmente. la atraje hacia mí y se sentó en el borde de la cama, colocando su pierna izquierda flexionada sobre ella y dejando la derecha apoyada en el suelo. así pude llegar a su muslo que comencé a acariciar.

pero ricardo no perdía el tiempo. abriéndome las piernas metió su cara entre ellas y comenzó a jugar con su lengua en todos los recovecos que encontraba. yo resollaba fuertemente, produciendo un ruido que se me antojaba extraño, pues me parecía que retumbaba, hasta que me di cuenta de que hacía eco con el que producía andrea.

estaba ya sobre la cama, con ambas manos entre sus piernas y mirando la actividad de ricardo. se acercó a mi, se pegó a mi cuerpo y comenzó a besarme en la boca, con besos sabios, lentos, de lengua vibrante y enloquecedora. pero ya ricardo volvía y andrea se retiró. no separó su cuerpo del mío. sino que dejó de besarme y quedó observando.

ricardo me la metió. no se entretuvo en más, pues estaba super caliente después tanto tiempo sin tenerme en sus brazos y además influido por el morbo del acto que estábamos haciendo. así que me la metió sin más contemplaciones. yo sentí como aquel miembro pleno de nervaduras iba rozando las paredes de mi vagina hasta llegar a su final.

iba levantando escalofríos, estremecimientos y gritos que eran coreados por andrea que volvía a aferrarse a mi y besarme locamente. me corrí, no sé si por ricardo o por andrea, pero es caso es que tuve un orgasmo sensacional. y entonces me di la vuelta y me monté a horcajadas sobre ricardo. Él, que como dije antes era un gran aguantador seguía con la verga erecta, por lo que me la introduje nuevamente.

miré a andrea y vi como una mano de ricardo estaba entre sus piernas. y ella se daba cuenta, pues pude observar como su vientre se alzaba en un suave estremecimiento y ella se frotaba los pezones con ambas manos. vi la cosa a punto de madurar, por lo que tras unas pocas galopadas, comencé también a acariciar a andrea, que ya gemía y lloraba completamente entregada.

me jugué el todo por el todo y me dejé caer al otro lado de ricardo, dejándolo entre las dos y brindándole vía libre con andrea. ya la tocaba por todas partes y la besaba siendo correspondido. rozaba su sexo, frotaba sus pezones, lamía el lóbulo de sus orejas, musitaba palabras de cariño. y andrea continuaba gimiendo.

hasta que ricardo se le subió encima. entonces pegó un grito y cerró las piernas. ricardo quedó con.sus las piernas a los lados de las de ella y conteniendo al cuerpo que se le resistía y pugnaba por desasirse. - ¡no, no, eso no! ¡no quiero, no y no! ¡yaiza, yaiza, bájalo!

a todas estas el miembro de ricardo, ardiente y humedecido, estaba sobre el vientre de andrea, que sentía el caliente bulto de las testículos cobre su vulva.

percibía como los muslos de ricardo oprimían los suyos palpitantes, como si domara a una yegua salvaje. me acerqué y la acaricié pronunciando palabras de calma, le atusé el pelo, besé sus labios, pellizqué sus pezones. y poco a poco fueron cesando sus gritos. observé como debido a los movimientos de ricardo y a su pequeño abandono, sus piernas se estaba abriendo, muy despacio pero se abrían, tanto, que al fin ricardo se colocó entre ellas.

entonces andrea sentía el miembro en su vientre y los testículos justamente sobre su ano en una turbadora caricia de insospechados placeres. volvió a rebelarse; metió la mano entre los dos cuerpos y agarró fuertemente el pene de ricardo. - ¡no, no me la metas, no me la metas! ¡me vas a hacer daño! ¡no me la metas! - y mientras decía esto movía violentamente el miembro de ricardo, lo que causaba un efecto contrario, pues con el roce ambos se iban calentando más.

de pronto dio un grito, abrió las piernas y las colocó sobre las caderas de ricardo, abrazó su espalda fuertemente, se abrió toda y sus palabras cambiaron de tono. - ¡métemela, sí, métemela! ¡métemela toda, hasta dentro! ¡sí, sí, sí! - y gritaba moviéndose furiosamente. entonces intervine yo, pues temía por la integridad de andrea.

me acerqué a aquellos dos cuerpos palpitantes, agarré el pene de ricardo y comencé a frotar el bálano sobre la vulva de andrea, lo hice despacio, haciendo movimientos rotatorios sobre la vagina, mezclando los jugos, introduciendo poco a poco aquella cabezota impresionante, que vibraba y quería escaparse del freno de mis manos.

fue entrando y cuando consideré que ya estaba encauzada, la solté. ricardo la envainó toda. andrea se estremeció y quedó muda. tenía la boca abierta, no respiraba, sus ojos estaban en blanco y tuvo un momento de quietud. luego gritó. gritó de forma ululante, con gritos que chocaban en las paredes y rebotaban una y otra vez, con gritos que fueron bajando de tono hasta convertirse en un gemido, un ruego...

- ¡sigue. sigue. sigue...! ¡no la saques. sigue...! ¡otra vez...! ¡otra vez...! ¡muchas veces! - y su mano tendida apretaba la mía que estaba allí, junto a ella. ¡y vaya si lo hizo otra vez ricardo! la montó varias veces, se corrió sobre ella: me montó a mí otras tantas, y luego las dos nos dedicamos a montarlo a él.

recorrimos todo su cuerpo, tocamos todos sus puntos sensibles, chupamos, meneamos, lamimos y hurgamos en todos sitios. y ricardo se corría. hasta que cayó exhausto y roto en la cama mientras andrea y yo nos besábamos abrazadas sexo contra sexo. - ¡chicas, me han matado ustedes! ¡me voy a duchar! - y se levantó recogiendo su ropa.

al rato volvió ya vestido - me voy, pues si me quedo me voy a dormir al momento y ustedes lo aprovecharán para chuparme la sangre. ¡adiós, vampiresas! - y traspuso por la puerta. nosotras quedamos riendo. andrea me abrazó. - ¿me quieres, yaiza?

- ¡te quiero, andrea! ¿y tú?

- ¡te adoro, yaiza!

luego nos besamos y comenzamos de nuevo.

ya habíamos aclarado todo. andrea había tenido todas las experiencias y ya era como yo. me dijo que ella haría todo lo que yo quisiera, pues era mía. y me besó, se abrió ante mí, se me entregó nuevamente y la hice mía una vez más. aquella tarde continuamos amándonos hasta bien entrada la noche...

ya saben que si alguien quiere algo de mi que me mande un emilio quien quiera algo de mí que me mande un emilio..

natalianax@hotmail.com