ricardolópez
17-10 2006, 09:43 PM
Conforme uno va creciendo y pasa por varias vivencias, va adquiriendo experiencia. De esto se trata mi historia, de cómo fue que me volví solamente activo y no pasivo, por elección propia y de mi cuerpo también. Esta vez trataré de satisfacer las recomendaciones y demandas que algunos lectores me han hecho, claro, cuidando el detalle, pues como mencioné en mi primer relato (que se llama “la mas pura y bella amistad” y que se encuentra en la sección de “sexo con tu mejor amigo”, y no es que le haga promoción), me gusta darle espacio a los detalles, al preámbulo, no ir directamente al clímax, pues, una historia se saborea mejor si se cuenta despacio. Así que, mi estimado lector, amigo y confidente, interrumpo la pompa de mi introducción para dar lugar a mi relato, espero sus comentarios…
Este relato comienza allá por el mes de mayo del año 2004, por entonces yo gozaba (y de verdad que gozaba) de unos 18 años recién cumplidos. Como les mencionaba, esta historia es sobre cómo me volví totalmente activo, pero también mencionaré lo que le pasó a mi mejor amigo, Edgar, haciendo su historia paralela a la mía.
Edgar acababa de cumplir sus 16 años y estaba en segundo semestre de la preparatoria, yo estaba en el sexto semestre, ya estaba por terminar. Edgar es el muchacho con quien tuve mi primer experiencia sexual a los 17, de eso se trata mi primer relato, y como les mencioné en él, nunca he vuelto a tener sexo con Edgar desde entonces de esto hace ya casi tres años. Pero fue porque ambos tomamos la decisión de no hacerlo entre nosotros por lo menos por un buen tiempo y para ir adquiriendo experiencia y poder “evaluarnos” las habilidades aprendidas por nuestros propios caminos (esto no lo expliqué en mi relato anterior ).
Otro que menciono, es a Emmanuel, un muchacho de entonces 17 años que estaba en cuarto semestre, al cual me moría por coger, porque aparte de ser guapo y de muy buen cuerpo, despertaba algo en mí que no sabía qué era (ahora sé que es algo llamado ¡¡lujuria!!) y el último es Alan, un muchacho compañero de Emmanuel, que no es guapo, de hecho no tiene buen rostro, y al que yo hacía a menos.
Como les decía, Emmanuel me ponía caliente. El es de esos muchachos que te roban el aliento cuando los ves en el centro comercial o por lo menos un pensamiento. Alto, cabello castaño, lampiño, de buen rostro, pecho y abdomen marcados y unas nalgas tremendas, era todo un hombre (ahora, a sus 19 años, sigue siendo todo un hombre). Yo lo conocí desde que él entró a la prepa, en su primer semestre, yo estaba en tercero, desde que lo vi quise sacarle plática, me costó mucho trabajo y tiempo acercarme a él y lograr que me viera como un buen amigo, porque nuestros diferentes horarios y actividades entorpecían mis planes, además de que vivimos en dos puntos muy lejanos de la ciudad (Mexicali es una ciudad joven pero muy grande).
Para el momento en el que se ubica mi relato, ya lo tenía donde quería, me consideraba uno de sus mejores amigos, además de que ya había notado señales de su posible bisexualidad, señales que aprendí a distinguir y que me han servido de mucho. Ahora solo necesitaba el pretexto para “meterlo en mi cama” y ese pretexto llegó. Mi generación escolar ya pronto se graduaría y se había planeado un viaje a la ciudad de Ensenada (ciudad costera que se encuentra a 5 horas de Mexicali), un viaje de “despedida”, desgraciadamente (o por fortuna para mí), los lugares no se llenaron a última hora y si queríamos ir, tendríamos que conseguir llenar los lugares faltantes con alumnos de los otros semestres.
Yo conseguí a Edgar, Alan y Emmanuel y ya había platicado con Edgar sobre mis planes con Emmanuel. Edgar fue durante mucho tiempo mi único confidente, un muchacho de apariencia frágil, blanco, cabello castaño claro, flaco, ojos grandes y cafés, muy lindo. El día que nos íbamos a Ensenada, todos estábamos esperando los autobuses (dos) en la escuela. Recuerdo que eran las 5:30a.m. y yo, por andar a las carreras (como todo buen mexicano) no había ido al baño en mi casa antes de ir para la escuela; estando en el pórtico de la escuela, la cual tenía el cerco con la cerradura puesta, tenía muchas ganas de orinar; un maestro que nos acompañaba me dijo que no abrirían la escuela, así que no tuve más remedio que brincar la barda y rogar por que estuviera un baño abierto. Si encontré uno y como era de esperarse, fue el último que revisé.
Cuando regresé todos ya estaban en el autobús, al subir en el que estaban mis amigos, me di cuenta que una maestra había asignado los lugares, y que no quería que nos cambiáramos por ningún motivo pues había hecho una lista para no confundirse y mi sorpresa fue que me había tocado con Alan y a Edgar con Emmanuel, yo deseaba que me tocara con Emmanuel, para ir “juntando puntos” durante el camino, no se si me entiendan…
Como me había tocado con Alan, me dormí todo el camino, desde que salimos de la ciudad, hasta que llegamos al hotel de la otra ciudad pues no me interesaba en lo mas mínimo mantenerme despierto solo por estar con Alan. El es de esos muchachos que miras y dices: “Este es mexicano”. Y no lo digo por discriminar, sino porque he sido testigo de cómo se ha esparcido la imagen del mexicano como alguien muy moreno, pelo negro y lacio, nariz chata, ojos cafés oscuros y una estatura media-baja, como unos 1.65mt. Pues Alan es así, pero había algo destacable en él y era que tenía unos músculos muy bien ejercitados, pero su rostro no es muy agradable, así que pasaba desapercibido y yo no lo veía más que como un compañero de clase, pero un poco menos como amigo. La segunda sorpresa que me llevé, fue que la misma maestra que había asignado los lugares, se le ocurrió asignar las habitaciones, las cuales eran dobles (dos por habitación) y como ya tenia la lista hecha del autobús en el que yo venía, la misma lista que había usado para acomodarnos en los asientos, la usó para asignarnos la habitación y el compañero con la que la compartiríamos, y Oh! sorpresa, me tocó con Alan. Esto me comenzaba a frustrar. Tan pronto dejamos nuestras maletas, nos fuimos a recorrer el centro de la ciudad, la calle principal y todo eso. Y mientras caminábamos, iba pensando sobre algo que noté en el hotel. Algunas habitaciones reservadas no eran dobles, eran matrimoniales, así que no tenían dos camas, sino sólo una grande. Y entre esas habitaciones se encontraban la de Emmanuel y Edgar, también la mía que compartía con Alan, pero eso no me importaba, me importaba la que tenían Edgar y Emmanuel.
Así que mi plan era decirle a Edgar que sin que los maestros se dieran cuenta, intercambiara de habitación conmigo para yo estar con Emmanuel y pues, como Edgar era mi gran amigo, sabía que no me diría que no, pero había algo que no me gustaba, desde que habíamos llegado, ellos dos se mostraban muy amigos, se hacían bromas, se empujaban y cosas así, además de que en sus miradas yo notaba ese no-se-qué, y comencé a temer que Edgar se me “adelantara”. Y para no escribir sobre cosas innecesarias me saltaré varios detalles sin importancia (enorme ventaja que tenemos los escritores). Al rato perdí de vista a Edgar y Emmanuel, me quedé con la bolita del salón y no los volví a ver hasta el punto de reunión a la hora señalada para regresar al hotel. Pero algo me llamó la atención, ambos venían enojados y en cuanto llegaron se separaron, yo le pregunté a Edgar qué pasó y el me dijo que luego me contaba. Pronto subimos al autobús y nos llevó de regreso al hotel.
Al llegar al hotel, era un excelente tiempo para ir a la piscina, así que nos pusimos de acuerdo para meternos. Al dirigirnos a los cuartos, Emmanuel iba frente a mí y Edgar detrás de mí, todavía enojados. Por naturaleza Emmanuel llegó primero a su habitación y cerró la puerta con llave, Edgar golpeó la puerta…
- ¡Déjame entrar! - le gritó
- ¡Hasta que no me ponga mi traje no te voy a abrir! - le respondió Emmanuel desde dentro.
Yo tranquilamente me metí a mi habitación, que estaba enseguida de la de ellos, tomé mi maleta y saqué mi short playero, de esos grandes que te llegan hasta la rodilla. Entró Alan y sacó una bolsa de su maleta y se dirigió al baño y cerró la puerta. Yo aproveché para cambiarme. Ahí dentro estaba Edgar, pero no me daba vergüenza desvestirme frente a él, después de todo ya habíamos cogido antes, era algo que hacíamos seguido. Así que, al estar totalmente desnudo, sale Alan del baño, con su short a la medida, dejando al descubierto sus grandes músculos, entonces fue que puse atención en su cuerpo. Pero fugazmente recordé que estaba desnudo y con Edgar en la habitación…
- ¡Wow! - dijo Alan, sorprendido - ¿Interrumpo algo? - yo me avergoncé, pues estaba desnudo y con Edgar ahí enfrente de mí.
- No pasa nada, tu sabes que Ricardo y yo somos casi hermanos - le dijo Edgar, quien volteaba la mirada para otros lugares, como disimulando que yo no estaba ahí cambiando de ropa.
Entonces salimos y también salió Emmanuel de su habitación, vistiendo una tanga azul marino, que le quedaba a la perfección y les juro que no sé por qué no me fui de espaldas al verlo, porque de verdad era un dios griego, muy bien formado de sus músculos y su paquete bien marcado, al darse vuelta vi que su trasero era simplemente perfecto. Yo oculté mi erección de proporciones bíblicas con la toalla que traía en la mano y así bajamos hacia la piscina, Edgar se había quedado porque aun no se cambiaba de ropa. Y cuando llegamos a la piscina, las compañeras no quitaban su vista de Emmanuel, incluso las maestras se acaloraban de tan solo verlo. Yo en un movimiento rápido me metí a la piscina porque estaba que reventaba el short. Pronto muchos compañeros hombres que estaban en la piscina optaron por jugar waterpolo ahuyentando irremediablemente a las muchachas y dejando a puro macho en la piscina, yo opté por jugar y Emmanuel estaba en el equipo contrario. Yo no le quitaba la vista de encima y por eso choqué con mi compañero de a lado al intentar tomar la pelota y en eso sentí su paquete, volteé y miré que era Alan, el me dijo que lo sentía y seguimos jugando. Yo me sorprendí, casi al punto de sentir temor, porque lo que sentí allá abajo fue muy grande, pero no era todo, sino que también estaba dormido.
A los pocos minutos me salí del agua y me recosté en una de esas sillas largas que ponen cerca de las piscinas que no sé como se llaman y me empecé a secar con mi toalla. Después se sale Emmanuel y se recuesta en la silla que estaba a mi izquierda y simplemente se queda ahí con los ojos cerrados, disfrutando de la brisa. Yo, por mi lado, me le quedé viendo, pronto noté que me había quedado embobado y volteé la vista, pero seguido lo miraba disimuladamente. Imagínenlo, un dios de 17 años, en tanga, lampiño, de tez clara, con toda su piel mojada y además, sus ojos cerrados. Y de hecho, me vine ahí mismo, claro que no sentí lo mismo que hubiera sentido si me masturbaba, pero lo noté, di gracias porque mi short estaba mojado.
En eso abre los ojos, yo me asusté y cambié mi vista a otra parte…
- Oye, el Edgar no se salió de la habitación ¿verdad? - me dijo Emmanuel.
- Tienes razón, a lo mejor le dio flojera o algo así. Oye, hace rato tu y él estaban enojados, ¿qué pasó? - le pregunté.
- Una tontería nada más, voy a ir a ver que tiene, de todas maneras quiero ir por mi CD player - y se levantó y se fue.
Claro que yo me le quedé mirando a su trasero y su besable espalda mientras se alejaba. Cuando lo perdí de vista decidí por relajarme y ponerme cómodo, después de todo me había venido y ustedes saben como se relaja el cuerpo cuando pasa eso. No sé cuanto tiempo pasó, pero me di cuenta de que me había quedado dormido cuando me echaron un balde de agua fría encima, yo desperté sobresaltado y tosiendo porque se me metió agua por la nariz, los malhechores se reían de mí y de mi expresión, entonces me levanté y me fui a la habitación.
Al ir abriendo la puerta de mi habitación, oí unos ruidos extraños provenientes de la habitación de Edgar, me acerqué a su puerta, la abrí y vi la más maravillosa escena nunca antes vista por mis ojos. Emmanuel y Edgar estaban cogiendo en la alfombra como animales, llenos de sudor, Emmanuel abrazaba a Edgar y se lo metía, mientras Edgar lo traía hacia él jadeando y con una expresión de más que deseo en ambos. Deseé unírmeles, pero pensé que ya era terreno ocupado ¿me entienden? No soy de las personas que gustarían de participar en una triada, ya no digamos orgía. Sé que muchos criticarán mi decisión, pero así soy yo, raro y tengo pensamientos raros y decidí dejarle a Edgar ese hombre para él sólo, que se disfrutaran mutuamente y ya tal vez me tocaría algún día estar con Emmanuel. Yo creo más en hacer el amor que solamente tener sexo, luchar para conseguir ese momento de gloria, esforzarme y de veras saborear mi victoria. Le da mayor placer al momento, hacer todo un cortejo previo antes del sexo, ser en verdad uno solo con mi pareja. ¿Para qué un encuentro furtivo? Para eso me masturbo y ya. Tal vez por eso escribo demasiado, porque entre más retrazo, mayor placer.
Así que cerré la puerta y me fui a mi habitación, me senté en la cama con sentimientos encontrados, por un lado estaba feliz por mi amigo por haberse conseguido semejante trozo de carne, por otro estaba frustrado por no conseguir mi objetivo esa noche y por otro estaba terriblemente caliente. Así que me recosté, me relajé y decidí terminar con mi calentura para después ir a buscar una bebida en el bar de abajo. Me bajé el short y comencé con el sube-baja que todos conocemos cuando oí que alguien entraba, entonces me guardé todo con presta agilidad (agilidad adquirida porque en casa siempre me interrumpían de esa manera), era Alan que venía a bañarse, yo no dije nada, me senté en la orilla de la cama y vi a Alan al lado de la puerta del baño, se quitó el short en frente de mí, dejándome ver su tremenda verga, no, no verga, ¡manguera!, fácilmente tenía unos 15cm, ¡¡¡y estaba dormida!!! Me impacté, esta vez no pude disimular, Alan se dio cuenta, de hecho lo había hecho a propósito.
- ¿Qué? ¿Nunca habías visto uno de estos? - me dijo. Yo no dije nada y el se metió al baño. Me levanté de la cama y saqué los cigarros de la maleta, salí al balcón y me senté en la silla, rápido me acabé el primer cigarro y pronto comencé con el segundo. Ya me relajaba cuando oí que Alan salía del baño y fue al balcón buscándome solo con un slip
- Oh, aquí estás, pensé que me habías dejado solo.
- No, sólo salí a fumar un rato, ¿quieres? - le ofrecí.
- No, no, yo no fumo, mejor me voy a acostar, estoy muy cansado - me dijo mientras bostezaba - Hoy me levanté muy temprano y caminamos mucho en el centro, estoy exhausto.
- Yo también - le dije - en un rato más me voy a acostar para que no agarres toda la cama para ti, eh…
- Ok, ok…
Me quedé unos momentos más, pensé en hacerme la paja ahí, en el balcón, pero era demasiado exhibicionista para mi gusto, así que entré. Alan parecía dormido, me acosté en el lado libre, a la derecha y al rato me quedé dormido. No sé cuanto tiempo pasó, pero me desperté porque me sentía aprisionado y me di cuenta de que Alan me abrazaba y tenía una de sus piernas sobre mí, al principio no me importó, pero luego noté su pene por allá abajo, estaba suavecito y tibio, solo separado de mi piel por la delgada tela de su slip. Entonces me entraron las ganas ahí y pensé “estando oscuro no tendré que verlo a la cara jejeje”, moví mi mano hasta allá abajo y palpé su miembro, me llené la mano con él, se sentía tan bien, entonces puse mi mano en el muslo la pierna que tenía sobre mí y me detuve en ese delicioso lugar, donde termina el muslo y comienza la nalga; hermanos, si no saben lo que es disfrutar de esa zona del cuerpo de un hombre, es porque no han vivido… Dejé mi mano ahí por no sé cuanto tiempo, llevando mi mente hasta las nubes, casi me quedo dormido cuando de pronto sentí que me besaban el cuello, recuperé la conciencia y miré a Alan muy ocupado en mi cuello y me dejé llevar. Pronto Alan se puso sobre mí y me dijo: “Ya me moría por este momento” y se sacó el slip, dejando libre su enorme verga que estando erecta tenía unos 22cm, era enorme.
Nos besamos mucho tiempo, metiendo nuestras cálidas lenguas dentro de nuestras sedientas bocas, el me recorría el cuello, cosa que me vuelve loco. Estaba sobre mí y podía sentir ese cuerpo fuerte y bien formado, a ese hombre poseyéndome, y deseándome. Nunca había disfrutado un momento así con una persona con la que no había tenido la intención de tener sexo, tal vez porque ya tenía toda una avalancha de lujuria frustrada por lo de Emmanuel. Pero pronto ese momento tan confortante se volvió muy doloroso. “Déjame penetrarte” me dijo mientras me besaba suavemente el cuello, yo me asusté, nunca me habían dado por el culo, yo era el que tomaba ese papel y tuve temor porque ya había leído muchos relatos en los que decían que era doloroso, aunque después placentero, así que luego de una pequeña insistencia, acepté que lo hiciera, entonces recordé que estaba con alguien que tenía un pene de 22cm…
- Auch…- me quejé - ¡¡Por favor, hazlo despacio!!
- Está bien, la verdad es que es la primera vez que lo hago - me dijo.
- Ok, dale pues… - le dije, y empezó, me volteó boca abajo y me abrió las piernas y me lo empezó a meter en posición de “misionero”, y cada vez que lo empujaba me dolía, me decía que me tranquilizara pero yo no podía, la verdad.
- Ya tengo la cabeza adentro - me dijo - pero si quieres te puedo lubricar.
- Bueno, eso suena mejor - entonces me sacó su verga, me dolió pero después me sentí mejor.
Acercó la cabeza a mi ano y con lengua empezó a lamer mi hoyo, se sentía tan bien, fue un momento muy placentero cuando lo hizo, yo le pedía que me diera más lengüetazos y mientras lo hacía yo me masturbaba con mi mano derecha y con la izquierda tomaba su cabeza y lo traía más y más hacia mí.
- Bueno, ya estuvo - me dijo - ahora si te voy a hacer mío chiquito…
Subió de nuevo, se puso en su posición anterior y empezó. Esta vez me abrió más las piernas y comenzó a penetrarme, como me había relajado metió fácilmente la cabeza, pero lo demás, ¡me dolió hasta el coño! (aunque no tengo) y me decía que solo le cabía la mitad y yo le creí porque podía sentir su enorme verga dentro de mi culo, como unos 15cm y empezó el viejo mete-saca. Y mientras él se divertía y jadeaba con su vaivén, yo me sostenía de la almohada mientras la mordía con fuerza para no gritar, yo mismo me preguntaba “¿Cómo pude hacerle esto a otras personas?”, porque recordemos, en todas mis veces anteriores me había tocado ser verga y no coño. Aunque debo admitir, muy dentro de mí sentía algo placentero, algo que me detenía cada vez que trataba de decirle que se detuviera, algo que me hacía sudar y temblar. Así que como pude, tomé mi pene y empecé a masturbarme y lo hacía con mucha fuerza para no pensar en el dolor, hasta que de pronto sentí que algo recorría mis piernas y que me hacía retorcerme de placer, entonces me vine como nunca antes me había venido, con una paja, claro.
- Hey, yo ya me vine, detente, si quieres te la mamo hasta que te vengas - le supliqué para que se detuviera.
- ¡Ahora no cabrón! - me grito y me apretó del cuello - ahora me vengo yo dentro de ti, ¡ahora eres mi puta pendejo! - y le dio más fuerte y más fuerte.
Y como me apretaba el cuello con su mano, me aprisionaba en la almohada y yo no podía gritar. Hasta que su fuerza se detuvo de repente y dio tan tremendo grito que me sorprendió de que nadie viniera a asomarse. Sentía como me inyectaba chorros de semen. Entonces cayó encima de mí, ambos estábamos sudados y jadeando, yo me lo quité de encima “Quítate idiota” le dije y me fui a lavar al baño.
Abrí la regadera, la cual también tenía tina, me abría gustado usar la tina, pero estaba irritado y enojado porque ese pendejo me había violado. Me estaba limpiando cuando sentí como se me salía el semen del culo. Entonces me empecé a reír porque… ¿cómo pude disfrutar algo que tanto odié en el momento? Salí de la regadera, me vestí, tomé un cigarro y salí al balcón a fumar, entonces Alan me vio y dijo: “¿Por qué te pusiste ropa chiquito?”, “No me digas así pendejo” pensé y eso fue lo último que le oí decir y se quedó dormido. Cuando terminé mi cigarro me metí a la cama y también me dormí. A la mañana siguiente, oí que alguien llenaba la tina del baño, abrí los ojos y Alan no estaba en la cama así que supuse que era él el que estaba en el baño. Me levanté y prendí la tele, Alan se asomó por la puerta del baño…”Voy a dejar la puerta abierta, eh”, me dijo, lo miré sin decir nada y se metió a la tina. Yo me quedé ahí, sentado, viendo la tele, envidiando la noche que tuvo Edgar con Emmanuel y con un entumecimiento en el trasero, entonces tuve ganas de ir a orinar, pero me detuve porque estaba un monstruo de 22cm en la tina y me aguanté un poco, pero ustedes saben como está la vejiga después de levantarse en la mañana, así que no me aguanté más y me dirigí al baño, abrí la puerta y ahí estaba Alan, en la tina y con su pene erecto sobresaliendo del agua como todo un mástil de barco y entonces… me la ensartó por segunda vez.
Así que aquí termina mi explicación de cómo fue que me volví totalmente activo, ahora tengo miedo de que me la metan. Le comenté lo sucedido a Edgar y después de orinarse de la risa me dijo que sentí tanto dolor por el tamaño de su verga y por cómo me trató, pero que cuando las cosas se hacen de buen modo, es muy bueno para ambos.
Espero que les haya gustado mi relato que yo mismo sé que es muy largo, pero así me gusta escribir, entonces ¿qué se puede hacer? También espero que no lo rechacen, jeje. Se aceptan comentarios, sugerencias y quejas, así que muchas gracias por haber leído esto y espero sus posts.
Quisiera saber si les gustaría que escribiese más relatos, tengo muchas experiencias muy curiosas y excitantes, ¡¡adiós!!
Este relato comienza allá por el mes de mayo del año 2004, por entonces yo gozaba (y de verdad que gozaba) de unos 18 años recién cumplidos. Como les mencionaba, esta historia es sobre cómo me volví totalmente activo, pero también mencionaré lo que le pasó a mi mejor amigo, Edgar, haciendo su historia paralela a la mía.
Edgar acababa de cumplir sus 16 años y estaba en segundo semestre de la preparatoria, yo estaba en el sexto semestre, ya estaba por terminar. Edgar es el muchacho con quien tuve mi primer experiencia sexual a los 17, de eso se trata mi primer relato, y como les mencioné en él, nunca he vuelto a tener sexo con Edgar desde entonces de esto hace ya casi tres años. Pero fue porque ambos tomamos la decisión de no hacerlo entre nosotros por lo menos por un buen tiempo y para ir adquiriendo experiencia y poder “evaluarnos” las habilidades aprendidas por nuestros propios caminos (esto no lo expliqué en mi relato anterior ).
Otro que menciono, es a Emmanuel, un muchacho de entonces 17 años que estaba en cuarto semestre, al cual me moría por coger, porque aparte de ser guapo y de muy buen cuerpo, despertaba algo en mí que no sabía qué era (ahora sé que es algo llamado ¡¡lujuria!!) y el último es Alan, un muchacho compañero de Emmanuel, que no es guapo, de hecho no tiene buen rostro, y al que yo hacía a menos.
Como les decía, Emmanuel me ponía caliente. El es de esos muchachos que te roban el aliento cuando los ves en el centro comercial o por lo menos un pensamiento. Alto, cabello castaño, lampiño, de buen rostro, pecho y abdomen marcados y unas nalgas tremendas, era todo un hombre (ahora, a sus 19 años, sigue siendo todo un hombre). Yo lo conocí desde que él entró a la prepa, en su primer semestre, yo estaba en tercero, desde que lo vi quise sacarle plática, me costó mucho trabajo y tiempo acercarme a él y lograr que me viera como un buen amigo, porque nuestros diferentes horarios y actividades entorpecían mis planes, además de que vivimos en dos puntos muy lejanos de la ciudad (Mexicali es una ciudad joven pero muy grande).
Para el momento en el que se ubica mi relato, ya lo tenía donde quería, me consideraba uno de sus mejores amigos, además de que ya había notado señales de su posible bisexualidad, señales que aprendí a distinguir y que me han servido de mucho. Ahora solo necesitaba el pretexto para “meterlo en mi cama” y ese pretexto llegó. Mi generación escolar ya pronto se graduaría y se había planeado un viaje a la ciudad de Ensenada (ciudad costera que se encuentra a 5 horas de Mexicali), un viaje de “despedida”, desgraciadamente (o por fortuna para mí), los lugares no se llenaron a última hora y si queríamos ir, tendríamos que conseguir llenar los lugares faltantes con alumnos de los otros semestres.
Yo conseguí a Edgar, Alan y Emmanuel y ya había platicado con Edgar sobre mis planes con Emmanuel. Edgar fue durante mucho tiempo mi único confidente, un muchacho de apariencia frágil, blanco, cabello castaño claro, flaco, ojos grandes y cafés, muy lindo. El día que nos íbamos a Ensenada, todos estábamos esperando los autobuses (dos) en la escuela. Recuerdo que eran las 5:30a.m. y yo, por andar a las carreras (como todo buen mexicano) no había ido al baño en mi casa antes de ir para la escuela; estando en el pórtico de la escuela, la cual tenía el cerco con la cerradura puesta, tenía muchas ganas de orinar; un maestro que nos acompañaba me dijo que no abrirían la escuela, así que no tuve más remedio que brincar la barda y rogar por que estuviera un baño abierto. Si encontré uno y como era de esperarse, fue el último que revisé.
Cuando regresé todos ya estaban en el autobús, al subir en el que estaban mis amigos, me di cuenta que una maestra había asignado los lugares, y que no quería que nos cambiáramos por ningún motivo pues había hecho una lista para no confundirse y mi sorpresa fue que me había tocado con Alan y a Edgar con Emmanuel, yo deseaba que me tocara con Emmanuel, para ir “juntando puntos” durante el camino, no se si me entiendan…
Como me había tocado con Alan, me dormí todo el camino, desde que salimos de la ciudad, hasta que llegamos al hotel de la otra ciudad pues no me interesaba en lo mas mínimo mantenerme despierto solo por estar con Alan. El es de esos muchachos que miras y dices: “Este es mexicano”. Y no lo digo por discriminar, sino porque he sido testigo de cómo se ha esparcido la imagen del mexicano como alguien muy moreno, pelo negro y lacio, nariz chata, ojos cafés oscuros y una estatura media-baja, como unos 1.65mt. Pues Alan es así, pero había algo destacable en él y era que tenía unos músculos muy bien ejercitados, pero su rostro no es muy agradable, así que pasaba desapercibido y yo no lo veía más que como un compañero de clase, pero un poco menos como amigo. La segunda sorpresa que me llevé, fue que la misma maestra que había asignado los lugares, se le ocurrió asignar las habitaciones, las cuales eran dobles (dos por habitación) y como ya tenia la lista hecha del autobús en el que yo venía, la misma lista que había usado para acomodarnos en los asientos, la usó para asignarnos la habitación y el compañero con la que la compartiríamos, y Oh! sorpresa, me tocó con Alan. Esto me comenzaba a frustrar. Tan pronto dejamos nuestras maletas, nos fuimos a recorrer el centro de la ciudad, la calle principal y todo eso. Y mientras caminábamos, iba pensando sobre algo que noté en el hotel. Algunas habitaciones reservadas no eran dobles, eran matrimoniales, así que no tenían dos camas, sino sólo una grande. Y entre esas habitaciones se encontraban la de Emmanuel y Edgar, también la mía que compartía con Alan, pero eso no me importaba, me importaba la que tenían Edgar y Emmanuel.
Así que mi plan era decirle a Edgar que sin que los maestros se dieran cuenta, intercambiara de habitación conmigo para yo estar con Emmanuel y pues, como Edgar era mi gran amigo, sabía que no me diría que no, pero había algo que no me gustaba, desde que habíamos llegado, ellos dos se mostraban muy amigos, se hacían bromas, se empujaban y cosas así, además de que en sus miradas yo notaba ese no-se-qué, y comencé a temer que Edgar se me “adelantara”. Y para no escribir sobre cosas innecesarias me saltaré varios detalles sin importancia (enorme ventaja que tenemos los escritores). Al rato perdí de vista a Edgar y Emmanuel, me quedé con la bolita del salón y no los volví a ver hasta el punto de reunión a la hora señalada para regresar al hotel. Pero algo me llamó la atención, ambos venían enojados y en cuanto llegaron se separaron, yo le pregunté a Edgar qué pasó y el me dijo que luego me contaba. Pronto subimos al autobús y nos llevó de regreso al hotel.
Al llegar al hotel, era un excelente tiempo para ir a la piscina, así que nos pusimos de acuerdo para meternos. Al dirigirnos a los cuartos, Emmanuel iba frente a mí y Edgar detrás de mí, todavía enojados. Por naturaleza Emmanuel llegó primero a su habitación y cerró la puerta con llave, Edgar golpeó la puerta…
- ¡Déjame entrar! - le gritó
- ¡Hasta que no me ponga mi traje no te voy a abrir! - le respondió Emmanuel desde dentro.
Yo tranquilamente me metí a mi habitación, que estaba enseguida de la de ellos, tomé mi maleta y saqué mi short playero, de esos grandes que te llegan hasta la rodilla. Entró Alan y sacó una bolsa de su maleta y se dirigió al baño y cerró la puerta. Yo aproveché para cambiarme. Ahí dentro estaba Edgar, pero no me daba vergüenza desvestirme frente a él, después de todo ya habíamos cogido antes, era algo que hacíamos seguido. Así que, al estar totalmente desnudo, sale Alan del baño, con su short a la medida, dejando al descubierto sus grandes músculos, entonces fue que puse atención en su cuerpo. Pero fugazmente recordé que estaba desnudo y con Edgar en la habitación…
- ¡Wow! - dijo Alan, sorprendido - ¿Interrumpo algo? - yo me avergoncé, pues estaba desnudo y con Edgar ahí enfrente de mí.
- No pasa nada, tu sabes que Ricardo y yo somos casi hermanos - le dijo Edgar, quien volteaba la mirada para otros lugares, como disimulando que yo no estaba ahí cambiando de ropa.
Entonces salimos y también salió Emmanuel de su habitación, vistiendo una tanga azul marino, que le quedaba a la perfección y les juro que no sé por qué no me fui de espaldas al verlo, porque de verdad era un dios griego, muy bien formado de sus músculos y su paquete bien marcado, al darse vuelta vi que su trasero era simplemente perfecto. Yo oculté mi erección de proporciones bíblicas con la toalla que traía en la mano y así bajamos hacia la piscina, Edgar se había quedado porque aun no se cambiaba de ropa. Y cuando llegamos a la piscina, las compañeras no quitaban su vista de Emmanuel, incluso las maestras se acaloraban de tan solo verlo. Yo en un movimiento rápido me metí a la piscina porque estaba que reventaba el short. Pronto muchos compañeros hombres que estaban en la piscina optaron por jugar waterpolo ahuyentando irremediablemente a las muchachas y dejando a puro macho en la piscina, yo opté por jugar y Emmanuel estaba en el equipo contrario. Yo no le quitaba la vista de encima y por eso choqué con mi compañero de a lado al intentar tomar la pelota y en eso sentí su paquete, volteé y miré que era Alan, el me dijo que lo sentía y seguimos jugando. Yo me sorprendí, casi al punto de sentir temor, porque lo que sentí allá abajo fue muy grande, pero no era todo, sino que también estaba dormido.
A los pocos minutos me salí del agua y me recosté en una de esas sillas largas que ponen cerca de las piscinas que no sé como se llaman y me empecé a secar con mi toalla. Después se sale Emmanuel y se recuesta en la silla que estaba a mi izquierda y simplemente se queda ahí con los ojos cerrados, disfrutando de la brisa. Yo, por mi lado, me le quedé viendo, pronto noté que me había quedado embobado y volteé la vista, pero seguido lo miraba disimuladamente. Imagínenlo, un dios de 17 años, en tanga, lampiño, de tez clara, con toda su piel mojada y además, sus ojos cerrados. Y de hecho, me vine ahí mismo, claro que no sentí lo mismo que hubiera sentido si me masturbaba, pero lo noté, di gracias porque mi short estaba mojado.
En eso abre los ojos, yo me asusté y cambié mi vista a otra parte…
- Oye, el Edgar no se salió de la habitación ¿verdad? - me dijo Emmanuel.
- Tienes razón, a lo mejor le dio flojera o algo así. Oye, hace rato tu y él estaban enojados, ¿qué pasó? - le pregunté.
- Una tontería nada más, voy a ir a ver que tiene, de todas maneras quiero ir por mi CD player - y se levantó y se fue.
Claro que yo me le quedé mirando a su trasero y su besable espalda mientras se alejaba. Cuando lo perdí de vista decidí por relajarme y ponerme cómodo, después de todo me había venido y ustedes saben como se relaja el cuerpo cuando pasa eso. No sé cuanto tiempo pasó, pero me di cuenta de que me había quedado dormido cuando me echaron un balde de agua fría encima, yo desperté sobresaltado y tosiendo porque se me metió agua por la nariz, los malhechores se reían de mí y de mi expresión, entonces me levanté y me fui a la habitación.
Al ir abriendo la puerta de mi habitación, oí unos ruidos extraños provenientes de la habitación de Edgar, me acerqué a su puerta, la abrí y vi la más maravillosa escena nunca antes vista por mis ojos. Emmanuel y Edgar estaban cogiendo en la alfombra como animales, llenos de sudor, Emmanuel abrazaba a Edgar y se lo metía, mientras Edgar lo traía hacia él jadeando y con una expresión de más que deseo en ambos. Deseé unírmeles, pero pensé que ya era terreno ocupado ¿me entienden? No soy de las personas que gustarían de participar en una triada, ya no digamos orgía. Sé que muchos criticarán mi decisión, pero así soy yo, raro y tengo pensamientos raros y decidí dejarle a Edgar ese hombre para él sólo, que se disfrutaran mutuamente y ya tal vez me tocaría algún día estar con Emmanuel. Yo creo más en hacer el amor que solamente tener sexo, luchar para conseguir ese momento de gloria, esforzarme y de veras saborear mi victoria. Le da mayor placer al momento, hacer todo un cortejo previo antes del sexo, ser en verdad uno solo con mi pareja. ¿Para qué un encuentro furtivo? Para eso me masturbo y ya. Tal vez por eso escribo demasiado, porque entre más retrazo, mayor placer.
Así que cerré la puerta y me fui a mi habitación, me senté en la cama con sentimientos encontrados, por un lado estaba feliz por mi amigo por haberse conseguido semejante trozo de carne, por otro estaba frustrado por no conseguir mi objetivo esa noche y por otro estaba terriblemente caliente. Así que me recosté, me relajé y decidí terminar con mi calentura para después ir a buscar una bebida en el bar de abajo. Me bajé el short y comencé con el sube-baja que todos conocemos cuando oí que alguien entraba, entonces me guardé todo con presta agilidad (agilidad adquirida porque en casa siempre me interrumpían de esa manera), era Alan que venía a bañarse, yo no dije nada, me senté en la orilla de la cama y vi a Alan al lado de la puerta del baño, se quitó el short en frente de mí, dejándome ver su tremenda verga, no, no verga, ¡manguera!, fácilmente tenía unos 15cm, ¡¡¡y estaba dormida!!! Me impacté, esta vez no pude disimular, Alan se dio cuenta, de hecho lo había hecho a propósito.
- ¿Qué? ¿Nunca habías visto uno de estos? - me dijo. Yo no dije nada y el se metió al baño. Me levanté de la cama y saqué los cigarros de la maleta, salí al balcón y me senté en la silla, rápido me acabé el primer cigarro y pronto comencé con el segundo. Ya me relajaba cuando oí que Alan salía del baño y fue al balcón buscándome solo con un slip
- Oh, aquí estás, pensé que me habías dejado solo.
- No, sólo salí a fumar un rato, ¿quieres? - le ofrecí.
- No, no, yo no fumo, mejor me voy a acostar, estoy muy cansado - me dijo mientras bostezaba - Hoy me levanté muy temprano y caminamos mucho en el centro, estoy exhausto.
- Yo también - le dije - en un rato más me voy a acostar para que no agarres toda la cama para ti, eh…
- Ok, ok…
Me quedé unos momentos más, pensé en hacerme la paja ahí, en el balcón, pero era demasiado exhibicionista para mi gusto, así que entré. Alan parecía dormido, me acosté en el lado libre, a la derecha y al rato me quedé dormido. No sé cuanto tiempo pasó, pero me desperté porque me sentía aprisionado y me di cuenta de que Alan me abrazaba y tenía una de sus piernas sobre mí, al principio no me importó, pero luego noté su pene por allá abajo, estaba suavecito y tibio, solo separado de mi piel por la delgada tela de su slip. Entonces me entraron las ganas ahí y pensé “estando oscuro no tendré que verlo a la cara jejeje”, moví mi mano hasta allá abajo y palpé su miembro, me llené la mano con él, se sentía tan bien, entonces puse mi mano en el muslo la pierna que tenía sobre mí y me detuve en ese delicioso lugar, donde termina el muslo y comienza la nalga; hermanos, si no saben lo que es disfrutar de esa zona del cuerpo de un hombre, es porque no han vivido… Dejé mi mano ahí por no sé cuanto tiempo, llevando mi mente hasta las nubes, casi me quedo dormido cuando de pronto sentí que me besaban el cuello, recuperé la conciencia y miré a Alan muy ocupado en mi cuello y me dejé llevar. Pronto Alan se puso sobre mí y me dijo: “Ya me moría por este momento” y se sacó el slip, dejando libre su enorme verga que estando erecta tenía unos 22cm, era enorme.
Nos besamos mucho tiempo, metiendo nuestras cálidas lenguas dentro de nuestras sedientas bocas, el me recorría el cuello, cosa que me vuelve loco. Estaba sobre mí y podía sentir ese cuerpo fuerte y bien formado, a ese hombre poseyéndome, y deseándome. Nunca había disfrutado un momento así con una persona con la que no había tenido la intención de tener sexo, tal vez porque ya tenía toda una avalancha de lujuria frustrada por lo de Emmanuel. Pero pronto ese momento tan confortante se volvió muy doloroso. “Déjame penetrarte” me dijo mientras me besaba suavemente el cuello, yo me asusté, nunca me habían dado por el culo, yo era el que tomaba ese papel y tuve temor porque ya había leído muchos relatos en los que decían que era doloroso, aunque después placentero, así que luego de una pequeña insistencia, acepté que lo hiciera, entonces recordé que estaba con alguien que tenía un pene de 22cm…
- Auch…- me quejé - ¡¡Por favor, hazlo despacio!!
- Está bien, la verdad es que es la primera vez que lo hago - me dijo.
- Ok, dale pues… - le dije, y empezó, me volteó boca abajo y me abrió las piernas y me lo empezó a meter en posición de “misionero”, y cada vez que lo empujaba me dolía, me decía que me tranquilizara pero yo no podía, la verdad.
- Ya tengo la cabeza adentro - me dijo - pero si quieres te puedo lubricar.
- Bueno, eso suena mejor - entonces me sacó su verga, me dolió pero después me sentí mejor.
Acercó la cabeza a mi ano y con lengua empezó a lamer mi hoyo, se sentía tan bien, fue un momento muy placentero cuando lo hizo, yo le pedía que me diera más lengüetazos y mientras lo hacía yo me masturbaba con mi mano derecha y con la izquierda tomaba su cabeza y lo traía más y más hacia mí.
- Bueno, ya estuvo - me dijo - ahora si te voy a hacer mío chiquito…
Subió de nuevo, se puso en su posición anterior y empezó. Esta vez me abrió más las piernas y comenzó a penetrarme, como me había relajado metió fácilmente la cabeza, pero lo demás, ¡me dolió hasta el coño! (aunque no tengo) y me decía que solo le cabía la mitad y yo le creí porque podía sentir su enorme verga dentro de mi culo, como unos 15cm y empezó el viejo mete-saca. Y mientras él se divertía y jadeaba con su vaivén, yo me sostenía de la almohada mientras la mordía con fuerza para no gritar, yo mismo me preguntaba “¿Cómo pude hacerle esto a otras personas?”, porque recordemos, en todas mis veces anteriores me había tocado ser verga y no coño. Aunque debo admitir, muy dentro de mí sentía algo placentero, algo que me detenía cada vez que trataba de decirle que se detuviera, algo que me hacía sudar y temblar. Así que como pude, tomé mi pene y empecé a masturbarme y lo hacía con mucha fuerza para no pensar en el dolor, hasta que de pronto sentí que algo recorría mis piernas y que me hacía retorcerme de placer, entonces me vine como nunca antes me había venido, con una paja, claro.
- Hey, yo ya me vine, detente, si quieres te la mamo hasta que te vengas - le supliqué para que se detuviera.
- ¡Ahora no cabrón! - me grito y me apretó del cuello - ahora me vengo yo dentro de ti, ¡ahora eres mi puta pendejo! - y le dio más fuerte y más fuerte.
Y como me apretaba el cuello con su mano, me aprisionaba en la almohada y yo no podía gritar. Hasta que su fuerza se detuvo de repente y dio tan tremendo grito que me sorprendió de que nadie viniera a asomarse. Sentía como me inyectaba chorros de semen. Entonces cayó encima de mí, ambos estábamos sudados y jadeando, yo me lo quité de encima “Quítate idiota” le dije y me fui a lavar al baño.
Abrí la regadera, la cual también tenía tina, me abría gustado usar la tina, pero estaba irritado y enojado porque ese pendejo me había violado. Me estaba limpiando cuando sentí como se me salía el semen del culo. Entonces me empecé a reír porque… ¿cómo pude disfrutar algo que tanto odié en el momento? Salí de la regadera, me vestí, tomé un cigarro y salí al balcón a fumar, entonces Alan me vio y dijo: “¿Por qué te pusiste ropa chiquito?”, “No me digas así pendejo” pensé y eso fue lo último que le oí decir y se quedó dormido. Cuando terminé mi cigarro me metí a la cama y también me dormí. A la mañana siguiente, oí que alguien llenaba la tina del baño, abrí los ojos y Alan no estaba en la cama así que supuse que era él el que estaba en el baño. Me levanté y prendí la tele, Alan se asomó por la puerta del baño…”Voy a dejar la puerta abierta, eh”, me dijo, lo miré sin decir nada y se metió a la tina. Yo me quedé ahí, sentado, viendo la tele, envidiando la noche que tuvo Edgar con Emmanuel y con un entumecimiento en el trasero, entonces tuve ganas de ir a orinar, pero me detuve porque estaba un monstruo de 22cm en la tina y me aguanté un poco, pero ustedes saben como está la vejiga después de levantarse en la mañana, así que no me aguanté más y me dirigí al baño, abrí la puerta y ahí estaba Alan, en la tina y con su pene erecto sobresaliendo del agua como todo un mástil de barco y entonces… me la ensartó por segunda vez.
Así que aquí termina mi explicación de cómo fue que me volví totalmente activo, ahora tengo miedo de que me la metan. Le comenté lo sucedido a Edgar y después de orinarse de la risa me dijo que sentí tanto dolor por el tamaño de su verga y por cómo me trató, pero que cuando las cosas se hacen de buen modo, es muy bueno para ambos.
Espero que les haya gustado mi relato que yo mismo sé que es muy largo, pero así me gusta escribir, entonces ¿qué se puede hacer? También espero que no lo rechacen, jeje. Se aceptan comentarios, sugerencias y quejas, así que muchas gracias por haber leído esto y espero sus posts.
Quisiera saber si les gustaría que escribiese más relatos, tengo muchas experiencias muy curiosas y excitantes, ¡¡adiós!!