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View Full Version : Svetlana sola en el puerto principal (parte 1)


triatletaxx
06-10 2006, 02:14 PM
Después de atravesar las dunas caminando, Svetlana se quedó parada a unos metros del agua mirando hacia el mar. Estaba todo oscuro. En la lontananza se observaban unas luces que se balanceaban en la negrura de la noche; eran las embarcaciones de los pescadores artesanales. El viento le daba en la cara y Svetlana sonrió con satisfacción. Sólo se escuchaba el sonido del mar; a su espalda estaban las luces del pequeño pueblo de "Laguna Verde" y ella ahí, sola, en esa playa de arenas blancas. No había nadie a esa hora excepto ella, el viento y los sonidos del batir de olas.

Se le ocurrió desnudarse. Su ropa y los zapatos quedaron en la arena y enfrentó "en cueros" la corriente de aire marino. A pesar de estar a la entrada de la primavera no sentía frío, más bien se refrescaba, ¿serían las copas de coñac que había bebido? de hecho la cabeza aún le daba vueltas y el viento aumentaba la sensación de mareo. Durante el día había tomado mucho sol en la playa y su piel estaba quemada tal vez de ahí su inmunidad al frío. Se sentía poderosa por eso. Estaba sin ropas, con el viento golpeándole de frente, en la noche costera y ella lo disfrutaba. Se acarició los pechos. Con un brazo se los cubrió y con la otra mano se tapó el pubis como había visto en el cuadro de Boticelli " El nacimiento de Venus”. Venus, la diosa que nació de la espuma marina. Ella era rubia como la mujer del cuadro. Desde pequeña se sintió identificada con esa imagen y ahora podía representarla en vivo. Avanzó unos pasos y dejó que las frías aguas lamieran sus pies. Era Venus, la diosa del amor, desnuda, saliendo del mar.

Pasó sus manos por el vientre y las nalgas. Se abrazó a sí misma, se acarició la frente y la cabellera, luego abrió los brazos en cruz, tratando de abarcar el sereno que le invadía cada centímetro de su desnuda piel.... Cerró los ojos y comenzó a repasar los eventos del día.


Había llegado en la tarde al puerto de Valparaíso. Condujo a gran velocidad por la carretera como si la ciudad la persiguiera y ella tratara de escaparse. De hecho, así era. Se juntaban tres días festivos seguidos: sábado, Domingo y el lunes, que era feriado. No estaba dispuesta a quedarse en la ciudad. Dejaría el trabajo, ese fin de semana, no quería saber de hombres. Por tres días ya no sería Afrodita, diosa del erotismo, tan sólo Svetlana, chica de 23 con ganas de divertirse. Sacó dinero de sus ahorros. Lo gastaría sola, se lo merecía. Sola, sólo ella con ella misma, ¿quien necesita a los hombres? ya estaba cansada de ellos, de sus pequeñeces, de sus olores, de sus babas y altanerías. La verdad, deseaba pasarla con su única amiga, mas ella se iría al sur con su familia.

De quedarse sola en la ciudad, podría haber trabajado. Los fines de semana largos se avizoran espléndidos para ganar dinero. Clientes no le faltarían. Pero ella no quiso saber de varones..... ni de sexo. Le contó a Cristián su determinación de ir sola al puerto. El se ofreció a acompañarla. Dijo que también estaría solo; su familia estaba lejos y a sus amigos los descartaba, se encontraban todos casados y con hijos.

-vamos juntos Svetlana- ella rechazó la oferta,
-sin hombres- dijo.
-Svetlana, sólo nos acompañaremos. Si tú no quieres no habrá sexo, tu sabes que te respeto y soy tu amigo
-Dije que sin hombres
-No es bueno que andes sola, te puede pasar algo
-Se cuidarme, mejor de lo que tú te cuidarías.




Svetlana sabía que Cristián buscaba sexo, pero le creyó cuando mencionó que esta vez sólo deseaba acompañarla. Ella lo conocía, era un buen amigo y estaba segura respetaría su decisión si iban juntos a Valparaíso. Pero, tal vez, para no dar su brazo a torcer a un hombre, le dijo no.

-Está bien princesa, diviértete sola.

Apenas llegó a la costa, fue directo a arrendar una cabaña en "Laguna Verde”, un pueblito que se ubicaba en las afueras del puerto. Sabía que ese pueblito de pescadores era ideal; muy tranquilo y solitario. Había estado allí dos años atrás. La habitación era acogedora y sencilla, nada sofisticada o similar a los lugares que ella frecuentaba por su trabajo. Se cambió, se puso una minúscula tanga roja y bajó a la playa. Hacía un sol esplendoroso y estaba bastante cálido, algo excepcional en primavera. Cuando llegó a la playa el panorama no se veía bien. Ella buscaba tranquilidad, en cambio se encontró con mucha gente: familias enteras con niños y todo, venían de Valparaíso. En su visita anterior a "Laguna Verde”, la playa se caracterizaba por su soledad; pues claro, había olvidado el detalle del fin de semana largo de tres días festivos. El límite de la playa era un roquerío; al otro lado de él existía una pequeña playa, estaba segura de que ese lugar estaría solitario. Allá iría a tomar sol.


Atravesó el espacio lleno de gente. Todos se daban vuelta a mirarla (a admirarla). Su cabello largo y rubio, su 1.75 m de estatura y sus medidas perfectas (90 -60-90) hacía que los hombres (y también las mujeres) se distrajesen. Ella lo sabía y estaba acostumbrada.

Escaló el roquerío y, como ella pensaba, la playa siguiente estaba desierta. Se puso feliz. Previo chapuzón se tendió en el suelo encima de su toalla para recibir los rayos solares. Tapó la cara con su sombrero y se quedó así. Dormitaría unos minutos y algo la despertó. Miró a todos lados, no había nadie, estaba ideal para hacer TOPLESS. Resolvió desnudarse completamente y volvió a dormirse. Después de algún tiempo se dio vuelta para asolearse la espalda y el trasero. Se volvió a dormir. No supo cuanto estuvo así pero al despertar se sentía algo agotada.

Sus lentes oscuros le permitieron mirar de reojo, sin volverse. A unos metros de donde estaba, había un adolescente oculto entre las rocas; se masturbaba. Svetlana sonrió para sí. El muchacho, de unos 13 años, tenía los ojos torcidos y la boca abierta. Más que grotesco se veía gracioso y encantadoramente ridículo. Ella se alzó y se dirigió hacia él, desnuda. El joven, al verse descubierto se paralizó de vergüenza y su cara enrojeció como un tomate. Luego huyó. Ella rió de buena gana.

-mmm, de chicos, los hombres son unos chanchitos- se dijo.

Se sintió vital, joven y hermosa, una verdadera princesa, como la llamaba su amigo Cristián. Desde que era niña había pasado esto, siempre, los hombres se embelesaban con ella. Satisfecha, regresó a la cabaña. Tomó una ducha, se vistió con una prenda provocadora y se maquilló. En su automóvil se dirigió al puerto principal de Valparaíso. Ya era casi de noche. Estaba dispuesta a darse una pasada por la bohemia porteña. Se prometió, nuevamente, no ligar con hombres, nada de sexo. Tampoco iría a lugares caros, como los que frecuentaba en su trabajo de prostituta de lujo. Esta vez, sólo sería una joven de 23 y con ganas de divertirse, como el resto. Al llegar a Valparaíso se metió en un bar. , pidió una cerveza y se instaló en la barra. Como ya lo suponía, no tardaron en aparecer los buitres. Un tipo alto (1,90 m), rubio, claramente extranjero se acercó.

-Hello- dijo.
-hola - le contestó ella.
-wou, pensé que eras gringau.
-pues no, soy chilena.
-yo de Texas.
-yo de Santiago de chile, Región metropolitana.
- tu parecer gringau.
-Será porque mi bisabuelo fue un marinero ruso.

El gringo metió un Bla -Bla, largo y tedioso. Svetlana se disculpó, dijo ir al baño. Sin que el gringo lo advirtiera pagó su cuenta y salió del bar. Comenzó a caminar por las calles del puerto. Se quedó mirando a unos malabaristas disfrazados de saltimbanquis. Continuó el trayecto para detenerse frente a una función de teatro callejero de marionetas. Le llamó la atención una de las muñequitas que representaba una niñita con el pelo largo y del color del oro, de mejillas rosadas.
Al terminar la función siguió caminando hasta que un retumbadero de tambores le provocó curiosidad. Era la marcha de una batucada, al estilo bahiano-brasileño. Comenzó a mirar esa procesión. Llegó un hombre joven, de unos 30 años, muy alto, con la cabeza perfectamente afeitada, la tomó del hombro y dijo.

-Hola linda.
-hola.
-¿pasémosla bien?
-¿qué propones?
- bueno linda... tú sabes.

El sujeto vestía jeans, una casaca negra estilo elvis o de aviador de la segunda guerra mundial, calzaba bototos militares; en el brazo de la casaca estaba estampada una bandera chilena. Su mirada era acerada, o ella lo creyó así. Se notaba, por las dimensiones de su espalda y pecho, que el hombre levantaba pesas.

-¿qué yo se? ¿Qué se?
-No te hagas la interesante y dime cuanto cobras la noche.
-lárgate de aquí.
-aquí es la vía pública y no me voy, nadie me da ordenes, mucho menos una puta

El tipo dijo eso, gritándole y al hacerlo, arrojó un tufo alcohólico a la cara de Svetlana. Ella dio la media vuelta para retirarse pero el rapado la tomó fuertemente del brazo.

-aaay, déjame.
-dime ¿cuánto cobras, maraca?

Svetlana no alcanzó a sentir miedo ya que mientras el rapado le agitaba del brazo, vio como, la planta de un pie elevado, se estrellaba en la cara del ebrio. Cayó al suelo por el golpe, pero rápidamente se levantó y desenfundó una navaja automática. El dueño de la patada era un joven moreno con la cabellera larga, estilo rasta fary, que había salido de entre la procesión batucada. El ebrio lanzó una estocada que fácilmente el moreno esquivó. Lo volvió a intentar repetidas veces mas siempre falló y de vuelta recibía una fuerte patada. La agilidad acrobática del rasta delataba ser un bailarín capoeira.

-hippie de mierda.
-ándate de aquí, nazi ahuevonado, nadie te quiere.

La singular riña coreográfica continuó por un rato, sin resultados para el skinhead. Al avistar una patrulla policial, el rapado emprendió la huida, pero antes de desaparecer, disparó una mirada ígnea a Svetlana.

-me las vas a pagar, puta- le gritó.

Svetlana sintió escalofríos, se acordó de las prevenciones que le hiciera Cristián y de como ella había rechazado su compañía. Intercambió unas palabras con el joven capoeira. No le simpatizó. Pensó que era un presumido por sus habilidades gimnásticas, otro perro caliente. Le dio las gracias por su ayuda y se marchó. El perro caliente la siguió, y con insistencia servil, la invitó a una disco. Ella dijo que si. Entraron a una. No se veía nada, estaba oscura. Desde los 17 años, Svetlana no entraba a una disco, al menos no una como esa, con un ambiente tan común y juvenil, a esa edad había comenzado su carrera de acompañante sexual. Ahora tenía 23. En su trabajo sólo frecuentaba los lujosos lugares a los que era invitada, generalmente un ambiente de hombres mayores que ella. No se sentía una joven de 23, tampoco una mujer mayor o madura, ¿qué era? o ¿quien era ella? ¿Donde encajaba? , por alguna razón se sintió descolocada en la disco, ¿se había acostumbrado acaso, a los lugares de alto nivel? no, ella jamás se acostumbraría.

Comenzó a moverse al ritmo de la música tecno. En la oscuridad perdió de vista al capoeira y continuó bailando sola. Sola, siempre sola. Llegaron más buitres. Todos atractivos muchachos, con la labia dispuesta a la conquista; no obtuvieron resultados. Otra oleada llegó, esta vez, además de atractivos se notaban chicos adinerados por lo presumidos. A esos les fue peor. Ellos no se lo explicaban, ya que solamente ellos podían enganchar con una beldad así. Nadie entendía que Svetlana sólo deseaba bailar, y bailar con Svetlana. Pero siguieron llegando, ¡que insoportables¡ ¿no era la disco un lugar para bailar? ¿No habría un lugar en donde el sexo pudiera ser prescindible? Todos los que se le acercaban eran chicos guapos. Los demás jóvenes sólo la miraban. En una esquina estaba un "gótico" mirándola. ¿Era gótico? a ella le pareció que si, vestía de negro, un mechón de pelo le caía sobre el rostro tapándole el ojo izquierdo. Sus ojos iban pintados como los pandilleros de la película "La naranja mecánica”, sus labios también. Una sola mirada y Svetlana determinó que era un chico tímido. Era de baja estatura, muy delgado, su largo cuello iba cubierto por un pañuelo rojo que resaltaba en el contexto de la ropa oscura. Ella se acercó a él y lo miró directo.

-oye, te queda bien ese pañuelo.
-gracias.
-vamos, baila, no te quedes parado.

Un bamboleo sexy sensual de ella, estimuló al rígido gótico que empezó a moverse a un ritmo que a Svetlana le pareció extravagante y encantador.

-¿de verdad te gustó mi pañuelo?
-si, de verdad.
-¿no te parezco maricón?
-¿lo eres?
-no
-¿Entonces? , ¿Por qué preguntas?
- Una mina me dijo que era de maricas lucir este pañuelo y andar con los labios y ojos pintados.
- A mi me parece bien, te ves lindo.

Estuvieron moviendo el esqueleto unos 15 minutos, hasta que ella propuso salir de ahí. Fueron a un bar, pidieron una coca y un coñac, se acabó la coca y el coñac, pidieron otro. El joven no era muy hablador. Ella no sabía si el mutismo se debía o no a timidez.

-¿donde están tus amigos?
- ando solo.
- yo igual.
-¿y tu pareja?
- no tengo.
-¿vives acá, en Valparaíso?
-no, soy de Santiago.
-Mira tu ¡que casualidad¡ lo mismo yo ¿estás pasando el fin de semana?
-sólo vine hoy, vengo a carretear.
-y ¿solo?
-si
-jajajajaja, lo mismo yo, dame esa mano.

Svetlana tomó la mano del muchacho y entrelazó los dedos con los de él. Siguieron bebiendo hasta que se acabó el coñac. Salieron de ese lugar, caminaron por las calles hasta llegar al muelle. El joven era 5 cm. más bajo que ella. El se consideró un tipo con suerte; esa mina rubia, de ojos azules y con cuerpo de modelo top, se había fijado en él.

-¿pernoctarás en algún hotel?- le preguntó ella
- no, no tengo donde llegar, pensaba pasar la noche entera de juerga hasta el amanecer.
-¿y ya no lo piensas más?

El gótico no contestó. Ambos subieron al auto de Svetlana y partieron. El chico la invitó a fumar a un lugar baldío que él conocía, un mirador cerca de un acantilado. Era un sitio tranquilo. Al llegar se sentaron en unas pasturas. El viento soplaba húmedo.

-tienes la cara colorada, Svetlana.
-si, es que fui a la playa esta tarde y tomé el sol.
-tus ojos también están rojos y eso que todavía no fumamos- el joven le besó la mano y le sobó las tetas.
-oye, te aclaro que no quiero sexo esta noche; soy puta, pero hoy me divierto y no hay cabida para eso

El joven no respondió nada. Sacó de su chaqueta un cigarro grueso y se lo extendió, luego sacó otro para él. La hierba hizo reír a Svetlana. Las estrellas le parecieron lindas. Encontró que ese flacuchento mocoso de 19 años, era lindo. Lo besó apasionadamente en la boca. El muchacho respondió a la pasión para luego continuar con su mutismo indiferente. A ella le gustó el estilo de él. Le propuso ir a comprar una botella de vodka y volver a tomarla a ese lugar. El aceptó.

Regresaron a Valparaíso. El supermercado aún estaba abierto y con mucha gente. En un instante Svetlana ya no vio más al niño gótico, se había perdido en la multitud. Ella se apenó, había quedado sola. Volvió al auto y condujo hasta "Laguna Verde”. Antes de llegar a la cabaña, paró el vehículo y descendió; caminó, atravesó las dunas y llegó a la playa. Ahí estaba, desnuda y con los brazos en alto, sola frente al mar. El mareo continuaba y la embriaguez se le antojaba dulce. Había sido capaz de divertirse sola, disfrutaba con esas sencillas sensaciones. La frente y la cara las sentía cálidas. Se vistió y se dirigió a su cabaña, estaba algo sofocada. En el camping se topó con el dueño, un anciano de largas barbas blancas.

-buenas noches, señorita ¿se siente bien?
-buenas noches caballero. Si, me siento bien .
-su cara está enrojecida, al igual que sus ojos, no se ve bien, hija
-estoy bien, sólo se me pasaron las copas un poco. Me voy a dormir, buenas noches.
-buenas noches. Si desea algo, sólo pídalo.

Al entrar, Svetlana sintió que el estómago se le revolvía. Se tiró en la cama. Que bueno era estar sola en la cama- dijo, pero mentalmente se lamentó por la soledad. Se durmió rápidamente con la ropa puesta.

Un ruido la hizo despertar. Se quedó escuchando atentamente. Aparte del rumor del mar, que se oía a lo lejos, todo estaba en silencio. Se quitó la ropa y se puso el camisón de dormir. Se cubrió con las tapas y su mente divagó. Pensaba en los numerosos clientes que tenía. La mayoría, hombres maduros y económicamente potentados. Algunos le eran francamente desagradables. Recordó a don X, pagaba bien, el doble de lo que ella pedía. jajajajaja , y pagaba para ser humillado, ¡que ridículo¡

El señor X era masoquista . Lo que don X requería, tan sólo era ser azotado y luego encerrado en una minúscula jaula, encadenado y desnudo, con un dildo en su ano y una bolita dentro de la boca, sujetada a la nuca por unas correitas. Así estaba, toda la noche. Ella lo dejaba en una habitación de su departamento, a oscuras, en su incómodo cautiverio, mientras atendía a otros clientes. A veces entraba para darle de punzazos con una varita, por entre medio de las rejas. El también pedía ser humillado; podía ser verbalmente o lamerle el culo, chuparle los pies, suplicar y, siempre, con la bolita dentro de la boca. ¿Cómo podía sentir placer, el Sr. X, con eso? , él no pedía penetrarla, jamás lo había hecho. Para Svetlana era cómodo y lucrativo.

Pensó en convertirse en dominatrix profesional y tan sólo cobrar por chicotear a hombres sumisos. Alguien le había pronosticado suculentos dividendos, mejores de los que ganaba; sin embargo ella no entendía, o no le gustaba ser dómina. Le intrigaba el cómo operaba el mecanismo del placer sexual en estos casos. El señor X sufría tanto, era muy incómodo quedarse arrollado toda la noche en esa jaula, sin poder dormir, y sin embargo, su pene continuaba erecto. Sentía curiosidad y más de alguna vez se había preguntado cómo sería ser esclava.

Se acordó de M, exitoso abogado de 34 años, muy atractivo, de cuerpo musculado. Un hombre triunfante en su profesión y exigente consigo mismo y con los demás. A ella no le agradaba. Era, en demasía, egocéntrico. Después de penetrarla, se dedicaba a hablar, tan sólo de él y de sus logros, del dinero que ganaba, del doctorado que estaba a punto de obtener, de su capacidad para satisfacer a su esposa y a su secretaria-amante. En realidad don M le pagaba para que ella lo escuchara y lo adulara. Era insoportable. Dos veces al mes le pedía una cita.
Pensó en las decenas de clientes y no dio con ninguno que fuera especial o hacia el cual tuviera una pizca de afecto. Pensó en Cristián, él no era cliente. Era un amigo, algo extraño y solitario. Había estado con él. Sabía que él moría de lujuria por ella. Siempre había podido identificar a los hombres que estaban calientes, mas no había podido hacerlo con el chico gótico ¿sería gay? , también podía identificar a los gay y a ella no le pareció homosexual. Tal vez aún le faltaba conocer a los hombres. El gótico le fue simpático. De puro liberal y magnánima le habría regalado una noche, esa noche, totalmente gratis, pero había desaparecido en medio de la juerga porteña, ¿donde estaría? tal vez fuera drogadicto. Se le ocurrió que ese joven mamarracho, era mejor persona que todos esos altaneros clientes suyos. Tal vez no... Bueno, en fin. De nuevo se durmió.

Sintió que algo le presionaba el cuello. Abrió los ojos y encima de ella estaba un bulto negro. Una mano enguantada apretó su boca, la otra seguía estrangulándola. No podía ver con claridad el rostro, pero a juzgar por su fortaleza, era un hombre. Trataba de gritar pero la presión en su cuello se lo impedía. La mano del desconocido, ahora, comenzó a presionar en su cara como hundiendo la cabeza en el colchón de la cama. Se ahogaba.

El fulano la liberó de los apretones para, tan sólo, tomarla de su larga cabellera; Svetlana tosió, se vio jalada del pelo y obligada a bajar de la cama y ponerse de pie. Dio un grito que fue respondido con un fuerte cachetazo en la mejilla, el cual la arrojó al suelo. Su corazón latía a mil por segundo, un sudor de temor bañó sus sienes y el miedo le paralizó la voz. El hombre volvió a tomarla del cabello y la levantó. Le hizo una llave inmovilizante, torciéndole el brazo. Le ató las muñecas por detrás.

-¿quien es? , ¿Qué hace? Dígame

No pudo seguir preguntando ya que, nuevamente, fue abofeteada dos veces consecutivas; sus mejillas ardieron. El desconocido le puso la espalda y la nuca contra la pared. Ella le miró de cerca, llevaba un pasamontañas negro, su espalda era ancha y mediría 1, 90 m de estatura. Comenzó a meterle los dedos enguantados en la boca. Su mano era enorme. Trataba de atenazarle la lengua. Metió 3 dedos dentro, luego 4, los 5; trataba de introducirle la mano entera. Ella comenzó a hacer arcadas y él no se detenía. Pensó que le desencajaría la quijada, le dolía y el temor iba en aumento.

-te llegó la hora, perra.

El enmascarado sacó la mano y le llenó la boca con trapos que llegaron hasta el badajo. Le obligó a cerrarla y luego se la selló con una cinta de embalar.

Otra bofetada.

Tomándola del pelo la sacó de la cabaña. El tipo comenzó a trotar y ella detrás, corriendo. Iba atada de manos, descalza y con el camisón de dormir. Afuera corría la típica brisa marina y, no obstante, ir descalza y casi desnuda, no sintió frío, es más, sentía calor, seguramente era la adrenalina. Se internaron en un bosque y siguieron un sendero. El hombre llevaba una linterna en la mano derecha y con la izquierda seguía tirándola del cabello. Svetlana no sabría decir cuanto tiempo estuvieron caminando, diez minutos tal vez. Llegaron a un lugar que parecía una fábrica abandonada, ahí la oscuridad era total. Penetraron dentro y recorrieron un camino que a ella se le antojó laberíntico. Pensó en el Minotauro, la bestia mitológica a la cual se le sacrificaban jóvenes en la isla de Creta. Terminaron el trayecto en un rincón iluminado por una lámpara de gas. En el lugar había una caldera que estaba funcionando y que hacía que el tenebroso lugar estuviera muy caluroso. El hombre habló.

-ya llegamos, aquí la traigo ¿qué te parece?- se dirigía a otro sujeto, también enmascarado, algo más bajo y que nada respondió.

Ella, al enderezarse, recorrió con la vista el lugar. Al lado de la caldera había una mujer, completamente desnuda, suspendida de los brazos por una cuerda cuyo extremo partía de una viga metálica del techo. Sus pies también estaban atados y colgaban en el aire. De sus tobillos partía una cadena que terminaba en una enorme cubeta, también colgante. Era una mujer de baja estatura, piel morena, algo rolliza, vientre abultado pero, ahora, hundido por la postura alongada, grades tetas coronadas por unas areolas y pezones carnosos y oscuros. Dentro de su boca tenía una de esas bolitas que Svetlana le ponía al señor X, su cliente sumiso. La cara de la mujer se veía angustiada y lloraba profusamente. Toda la piel estaba cubierta por marcas de latigazos que el otro sujeto le había estado propinando y que había interrumpido al llegar ellos. El tipo grande la hizo sentarse en el suelo y le dijo:

-mira a esta perra que está aquí colgada, es igual de puta que tú. Vas a ser testigo de lo que te espera jajajajajaja.

Svetlana advirtió que la pared de enfrente de la mujer colgada, estaba cubierta por espejos. Todos podían reflejarse en ellos. Se miró las mejillas y vio que estaban rojas y el camisón de dormir sucio. El otro hombre siguió dándole de latigazos a la rolliza. La mujer gemía ahogadamente y continuaba con su llanto lastimero. El castigador iba dando vueltas alrededor de ella, a fin de que los golpes fueran cubriendo todo el cuerpo. Desde que Svetlana comenzó a mirar contó 20 latigazos. Eran brutales. A cada golpe la mujer trataba de retorcerse, mas le era imposible por la tensión en que se encontraba, totalmente estirada. Al terminar la azotaina, los enmascarados comenzaron a llenar la cubeta con agua. Lo hicieron hasta el tope. El peso de la cubeta aumentó, junto con los gemidos de dolor de la mujer. Ellos reían.

-Esto apenas comienza- dijo el tipo grande.

Principiaron a cargar la cubeta con todo tipo de objetos pesados que se encontraban en el lugar, la mayoría hierros viejos y chatarra. La torturada comenzó a babear y temblar. Sentía que se iba a descoyuntar de los hombros. De sus muñecas y tobillos atados, comenzó a manar sangre. El horror de Svetlana, al ser testigo del suplicio, iba en aumento. No sabía qué pensar. Ella, que no era religiosa, trató de articular mentalmente una plegaria.

-jajajajaja, ¿tienes miedo, rubia? , esto es lo que se merecen las putas, ¿te sientes desamparada? , mira a esta colega tuya, ella también está desamparada.

Cuando Svetlana pensó que la chica terminaría descuartizada por la tensión, los hombres detuvieron el acarreo de material a la cubeta, incluso extrajeron de ella algún peso. El grande la tomó del pelo y le dijo:

-Mirarás el resto del espectáculo desde una posición cómoda

Acto seguido, le rasgó el camisón de dormir, dejándola tan sólo con su colaless. El otro hombre apareció arrastrando una jaula muy similar a la que ella utilizaba con su cliente masoca, don X, sólo que esta era aún más estrecha. Le quitaron la mordaza y le ataron los tobillos. Le obligaron a abrir la boca. El grande extrajo de su bolsillo, un alicate, cuya visión le causó espanto. Con él apretó la punta de su lengua y tiró de ella; pensó que le sería arrancada de raíz. Svetlana tenía un piercing atravesado en su lengua. Los hombres desatornillaron el aro y por el agujero pasaron un pequeño garfio de metal, del cual partía una cadena.

La obligaron a introducirse en la estrecha jaula y a fuerza de presionar brutalmente lograron cerrar la rejilla. Se quedó allí, atada de manos y pies y arrollada como un ovillo o una contorsionista de circo. Su cara hacía presión contra la reja de la jaula, lo mismo su espalda, brazos y trasero. Acto seguido tiraron de la cadena que enganchaba en su lengua y, el otro extremo (de la cadena), lo unieron a un aro que sobresalía de la pared. La cadena quedó, en extremo tensa, de tal forma que a la incómoda postura en la jaula, se sumaba el permanecer con la lengua afuera, tensa y estirada. Su respiración se hizo algo entrecortada; comenzaron a brotar lágrimas de sus ojos que se mezclaron con el sudor que manaba de sus sienes. El calor iba en aumento por la caldera encendida y la incómoda postura.

CONTUINUARA


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fantasmamarco007
22-10 2006, 12:31 AM
:eek: HOLA. La verdad es la primera vez que inreso en este foro y me parece un relato muy extenso y noda erotico, por respeto a tu auditoria leere la segunda parte haber si encuentro erotismo.:eek:

floresjonatan
26-10 2006, 11:49 PM
y donde esta lo erotico aparte de largo es mas aburrido mejor esta el cuento de caperucita roja.

felipe_rdz
01-11 2006, 02:36 PM
muuuuuy largo, algo soso, espero que la segunda parte mejore