oscarpy
01-10 2006, 02:58 PM
Nota en base a algunos comentarios de los lectores, quisiera dejar aclarado, que lo que les relato, fueron vivencias de una amiga, colaborando con la redacción de sus experiencias. Gracias.
Diario intimo de una esposa. (parte 2)
Mi sobrino
Ya llevábamos mas de dos años de casados cuando una mañana, se levanta Juan y me comenta que vendría unos días, a visitarnos, su sobrino Cesar al que hacia largo tiempo que no veía. Me alegré por la noticia, de tener alguien más en la casa y no pasar tanto tiempo sola.
He de acotar que las relaciones con Juan habían mejorado un poco y cada tanto me producía alguno que otro orgasmo.
Llego el día establecido y arribó Cesar a nuestra casa. Era un lindo chico de 18 años, no muy alto y linda contextura física. Después de las presentaciones de rigor cenamos y, a los postres, mantuvimos una larga sobremesa poniéndonos al día con nuestras vidas .
La relación con Cesar era buena dado que no contábamos con mucha diferencia de edad. Salíamos y nos divertíamos sanamente. Veíamos televisión, conversábamos; en ningún momento lo veía como un hombre, sino como mi sobrino político.
Pero el diablo siempre mete la cola. Una mañana, mientras estaba en mis quehaceres domésticos, al pasar por la habitación de Cesar noto la puerta entreabierta, curiosa como soy miré en su interior y, oh sorpresa, mi sobrino estaba totalmente desnudo, pudiendo apreciar su sexo que, a pesar de estar fláccido, conservaba una dimensión mas que interesante.
Mis pensamientos se retrogradaron al episodio del bus. Creo que mis ojos no pudieron apartarse de ese espectáculo. Por suerte no se percato de mi presencia.
Debo confesar que me perturbó, al llegar a mi habitación mi vulva no dejaba de manar flujos. Traté de pensar en otra cosa pero me era imposible quitarme de la mente esa erótica visión. Esa tarde le propuse, aprovechando el calor reinante, de bañarnos en la piscina dado que hasta el momento, los días habían estado un poco frescos.
Aprobando mi propuesta y después de un almuerzo fugaz, nos fuimos a poner las mallas para disfrutar de la piscina. Debo confesar que, al verlo en malla y percibir su bulto, recordé el espectáculo de la mañana, imaginándolo como sería estando totalmente erguido.
Traté de disfrutar de la hermosa tarde y borrar mis fantasías, aunque cada tanto observaba disimuladamente su montículo, que se distinguía a través de su malla.
Tirados en las reposeras, mientras conversábamos,calentábamos nuestros cuerpos al sol. El calor nos incitó a meternos en la piscina donde, después de algunos chapuzones, comenzamos a jugar a la pelota en el agua.
Lo estábamos pasando placidamente hasta que se iniciaron los forcejeos con la pelota, el juego se intensificó, premeditado o no, surgieron los manoseos, agarradas casuales e insinuaciones. Ese tipo de juego empezó a alterarme, los roces eran cada vez mas evidentes, en un momento quise sacarle la pelota a Cesar y con un brusco movimiento de su mano, sin intención (o si), corrió mi sostén, aflorando un pecho. Los ojos de Cesar parecía que se salían de su orbitas.
Instintivamente llevé mi mano para ocultarlo cuando Cesar dice que es muy hermoso. No se que sentí ante esas palabras, pero quité mi mano cuando su palma acarició mi pezón. En un momento me toma de la cintura y me sienta en el borde de la piscina, dejándome llevar por su actuar y, además, sorprendida por su ímpetu grité unos no, no por favor – una suplica de la que ni yo estaba convencida.
Haciendo caso omiso, a mis supuestos “ ruegos" empezó a besarme y no tardé en aceptarlo.
Terminó de quitar mi sostén para tomar mis tetas, no tardó su mano ansiosa en quitar mi prenda inferior. Me enloquecía ese tipo de posesión. Estaba inmóvil, permitiendo que hiciese lo que deseara.
Su boca besaba mi cuello, bajaba para succionar mis pezones más que rígidos, ya no pensaba, estaba casi dispuesta a lo que se avecinaba. Me tomó de la cintura impulsándome hacia arriba quedando sentada en el borde de la piscina. Terminó de sacar mi malla, quedando desnuda ante sus ojos, no terminaba de creer lo que estaba haciendo.
Separó mis piernas y todo mi sexo quedo abierto a su disposicion. Me volcó sobre el borde de la piscina, abrió mis piernas para posibilitar a su boca besar mi sexo, su lengua no dejaba de moverse, penetrándola en mi cavidad, tocando mi clítoris ya bastante garboso, me hacia emitir unos gemidos entrecortados. Sus dedos apretaban fuertemente mis pezones tiesos, dolor y goce se fundian.
Su inquieta lengua me provocaba una satisfacción jamás tenida, estaba totalmente entregada.
Me sentía llevar, mis palpitaciones aumentaban aceleradamente, mi vagina vibraba humedecida cada vez más por el fluir de mis jugos. Gemía y le pedía que no cesara, sentía que me venia, cosa que hacia rato no disfrutaba de esa sensación.
Cuando en ese preciso y puto momento oigo la bocina del auto de Juan que llegaba a casa.
Saltamos como un resorte, me puse como pude la malla y salí del lugar. Cesar permaneció en la piscina. Estaba que volaba, me ardían las tetas y estaba súper mojada. Mi humor no era el mejor, saludé a Juan forzando una sonrisa, aunque el pobre no tenia la culpa.
Como pude trate de olvidar lo ocurrido. Esa noche busqué a Juan para tener sexo pero contestó que estaba cansado y tenia que levantarse temprano. Me sentía pésima. Mis pensamientos giraban a lo sucedido esa tarde, hasta que el sueño me venció.
A la mañana siguiente, me desperté tarde, sentí que Juan continuaba en la cama, gire para despertarlo creyendo que se había dormido. Al hacerlo cual fue mi sorpresa al ver a Cesar en su lugar, corrí la sabana para que se fuese y, al hacerlo, descubrí que estaba totalmente desnudo, enarbolando su erguido y voluminoso pene. Mis ojos quedaron paralizados al verlo, al igual que todo mi cuerpo.
Traté de convencerlo de que se fuera, pero su mano toco la mía, ese mínimo contacto me hizo vibrar. Empecé a temblar por la emoción. Su mano comenzó a acariciarme a través de mi camisón. Mi respiración se entrecortaba, me sentía una colegiala.
Poco a poco levanto mi prenda hasta quedar mis pechos descubiertos, se percibían como estaban agitados. Su boca se dirigió a mi pezón, mientras sus dedos jugueteaban con el otro. Bruscamente lo detuve, no quería traicionar a Juan pero, por otro lado, me atraía sobremanera el grado de su erección. Le volví a suplicar que volviera a su habitación pero no acató mis suplicas. Veía que estaba mas que alterado. Mil cosas giraban por mi cabeza. Me puse enérgica y traté de que entendiera la situación.. No se, de donde saque tanta voluntad, creo que hoy cedería totalmente. Después de algunos intentos se apaciguó.
Pero mi obsesión seguía siendo su verga, me atraía desesperadamente. -
Esta bien hagamos una cosa, trataré de calmar tus ansias, pero nada mas.-le dije -
Aparentemente se convenció. Le pedí que se relajara, que le aplacaría.
Me obedeció tirado boca arriba, con el asta elevada. Como una ceremonia, acaricie lentamente su cuerpo desnudo, subiendo y bajando mis manos, acariciaba su pelvis sin llegar a tocar su falo.
Al leve contacto de mi dedo, parecía vibrar. Sin poder contenerla mas tiempo, mi mano lo abrazó mientras mi dedo rozaba en círculos su rojo glande húmedo.
Mi agitación, tanto como la suya, se iban acrecentando. Continué un largo tiempo haciéndolo, me asombraba como no había eyaculado todavía. Mis labios se acercaron para besar esa ardiente cabeza. La punta de mi lengua parecía imantada a esa delicia.
Sin poder contener mí lujuria abrí mi boca para poder saborearla. Cesar gemía de satisfacción. Empecé a chuparla introduciéndola todo lo que mi boca lo permitía. Cerré mis labios subiendo y bajando por ese tentador falo.
El contacto de mis labios con su miembro me excitaba enormemente, estaba enloquecida sintiendo eso en mi boca lo absorbía con avidez. Deseaba que no tuviese final. Mi mano la llevé a través de mi prenda interior, hacia mi húmeda vagina manteniendo el ritmo y aumentándolo paralelamente. Sentí su mano introducirse entre mis bragas, buscando mi sexo. Traté de pararlo pero era demasiado tentador.
Mientras continuaba mi labor, intentaba desplazar mi última prenda.
Estaba casi entregada, me era imposible detenerlo y logró su objetivo. Mi boca continuaba saboreando su seductor miembro.
Se giró hasta que su boca besaba mi vagina, no pude dejar de exhalar un gemido de placer, eso me hizo acelerar con mayor vehemencia mi trabajo.
A medida que sentía su lengua tratando de meterse en el interior de mi vulva, más me aferraba a su pene.
Suaves mordiscos y succiones en mi clítoris con el roce de su dedo en mi recto, me hacían estremecer excesivamente.
Eso aceleró mi orgasmo, tanto que quité mi boca de esa carne, para lanzar una exclamación de goce. Era algo alucinante, se había producido un estimulo mutuo. Perdí la noción del tiempo, cada tanto quitaba mi boca, para gemir como gata en celo.
Sin pensar en las consecuencias, chupe, chupe y chupe, hasta que llegó el desenlace, invadiendo su calido y blanco liquido mi cavidad bucal. Llegando a otro desenfrenado orgasmo.
En ese instante toque la realidad, me di cuenta lo que había ocurrido. Me volqué a un lado de Cesar turbada por lo acontecido. Me sentí avergonzada por lo que había hecho, pero la cara de satisfacción de Cesar compensó mi angustia. Me besó en los labios con pasión, mezclándose todos nuestros jugos.
Mas relajada le supliqué que volviese a su cuarto y olvidara lo pasado. Así lo hizo, sin mayores negativas.
Sola, me quedé pensando en lo sucedido, me había agradado mucho, traté de pensar en Juan y lo mal que se sentiría de enterarse.
Me sentía culpable, pero el hecho de haberlo disfrutado compensaba en parte mi falta. Simplemente fue solo sexo oral.
Una vez sola, me duché sin sacar ese momento de mi mente, conservando el sabor de su pócima.
Intente evitar a Cesar el resto del día, saliendo a hacer las compras sola. Sabía que si tenía otro encuentro no podría resistirme. Por la tarde llegó Juan, cenamos y traté de distraerme con charlas sin mayor importancia. Por suerte era viernes y Juan no trabajaba hasta el lunes. El lunes por la mañana, Cesar regresaba a su ciudad.
A veces en mis locas fantasias, imagino que Cesar me penetra por todas partes con su prominente aparato.
Diario intimo de una esposa. (parte 2)
Mi sobrino
Ya llevábamos mas de dos años de casados cuando una mañana, se levanta Juan y me comenta que vendría unos días, a visitarnos, su sobrino Cesar al que hacia largo tiempo que no veía. Me alegré por la noticia, de tener alguien más en la casa y no pasar tanto tiempo sola.
He de acotar que las relaciones con Juan habían mejorado un poco y cada tanto me producía alguno que otro orgasmo.
Llego el día establecido y arribó Cesar a nuestra casa. Era un lindo chico de 18 años, no muy alto y linda contextura física. Después de las presentaciones de rigor cenamos y, a los postres, mantuvimos una larga sobremesa poniéndonos al día con nuestras vidas .
La relación con Cesar era buena dado que no contábamos con mucha diferencia de edad. Salíamos y nos divertíamos sanamente. Veíamos televisión, conversábamos; en ningún momento lo veía como un hombre, sino como mi sobrino político.
Pero el diablo siempre mete la cola. Una mañana, mientras estaba en mis quehaceres domésticos, al pasar por la habitación de Cesar noto la puerta entreabierta, curiosa como soy miré en su interior y, oh sorpresa, mi sobrino estaba totalmente desnudo, pudiendo apreciar su sexo que, a pesar de estar fláccido, conservaba una dimensión mas que interesante.
Mis pensamientos se retrogradaron al episodio del bus. Creo que mis ojos no pudieron apartarse de ese espectáculo. Por suerte no se percato de mi presencia.
Debo confesar que me perturbó, al llegar a mi habitación mi vulva no dejaba de manar flujos. Traté de pensar en otra cosa pero me era imposible quitarme de la mente esa erótica visión. Esa tarde le propuse, aprovechando el calor reinante, de bañarnos en la piscina dado que hasta el momento, los días habían estado un poco frescos.
Aprobando mi propuesta y después de un almuerzo fugaz, nos fuimos a poner las mallas para disfrutar de la piscina. Debo confesar que, al verlo en malla y percibir su bulto, recordé el espectáculo de la mañana, imaginándolo como sería estando totalmente erguido.
Traté de disfrutar de la hermosa tarde y borrar mis fantasías, aunque cada tanto observaba disimuladamente su montículo, que se distinguía a través de su malla.
Tirados en las reposeras, mientras conversábamos,calentábamos nuestros cuerpos al sol. El calor nos incitó a meternos en la piscina donde, después de algunos chapuzones, comenzamos a jugar a la pelota en el agua.
Lo estábamos pasando placidamente hasta que se iniciaron los forcejeos con la pelota, el juego se intensificó, premeditado o no, surgieron los manoseos, agarradas casuales e insinuaciones. Ese tipo de juego empezó a alterarme, los roces eran cada vez mas evidentes, en un momento quise sacarle la pelota a Cesar y con un brusco movimiento de su mano, sin intención (o si), corrió mi sostén, aflorando un pecho. Los ojos de Cesar parecía que se salían de su orbitas.
Instintivamente llevé mi mano para ocultarlo cuando Cesar dice que es muy hermoso. No se que sentí ante esas palabras, pero quité mi mano cuando su palma acarició mi pezón. En un momento me toma de la cintura y me sienta en el borde de la piscina, dejándome llevar por su actuar y, además, sorprendida por su ímpetu grité unos no, no por favor – una suplica de la que ni yo estaba convencida.
Haciendo caso omiso, a mis supuestos “ ruegos" empezó a besarme y no tardé en aceptarlo.
Terminó de quitar mi sostén para tomar mis tetas, no tardó su mano ansiosa en quitar mi prenda inferior. Me enloquecía ese tipo de posesión. Estaba inmóvil, permitiendo que hiciese lo que deseara.
Su boca besaba mi cuello, bajaba para succionar mis pezones más que rígidos, ya no pensaba, estaba casi dispuesta a lo que se avecinaba. Me tomó de la cintura impulsándome hacia arriba quedando sentada en el borde de la piscina. Terminó de sacar mi malla, quedando desnuda ante sus ojos, no terminaba de creer lo que estaba haciendo.
Separó mis piernas y todo mi sexo quedo abierto a su disposicion. Me volcó sobre el borde de la piscina, abrió mis piernas para posibilitar a su boca besar mi sexo, su lengua no dejaba de moverse, penetrándola en mi cavidad, tocando mi clítoris ya bastante garboso, me hacia emitir unos gemidos entrecortados. Sus dedos apretaban fuertemente mis pezones tiesos, dolor y goce se fundian.
Su inquieta lengua me provocaba una satisfacción jamás tenida, estaba totalmente entregada.
Me sentía llevar, mis palpitaciones aumentaban aceleradamente, mi vagina vibraba humedecida cada vez más por el fluir de mis jugos. Gemía y le pedía que no cesara, sentía que me venia, cosa que hacia rato no disfrutaba de esa sensación.
Cuando en ese preciso y puto momento oigo la bocina del auto de Juan que llegaba a casa.
Saltamos como un resorte, me puse como pude la malla y salí del lugar. Cesar permaneció en la piscina. Estaba que volaba, me ardían las tetas y estaba súper mojada. Mi humor no era el mejor, saludé a Juan forzando una sonrisa, aunque el pobre no tenia la culpa.
Como pude trate de olvidar lo ocurrido. Esa noche busqué a Juan para tener sexo pero contestó que estaba cansado y tenia que levantarse temprano. Me sentía pésima. Mis pensamientos giraban a lo sucedido esa tarde, hasta que el sueño me venció.
A la mañana siguiente, me desperté tarde, sentí que Juan continuaba en la cama, gire para despertarlo creyendo que se había dormido. Al hacerlo cual fue mi sorpresa al ver a Cesar en su lugar, corrí la sabana para que se fuese y, al hacerlo, descubrí que estaba totalmente desnudo, enarbolando su erguido y voluminoso pene. Mis ojos quedaron paralizados al verlo, al igual que todo mi cuerpo.
Traté de convencerlo de que se fuera, pero su mano toco la mía, ese mínimo contacto me hizo vibrar. Empecé a temblar por la emoción. Su mano comenzó a acariciarme a través de mi camisón. Mi respiración se entrecortaba, me sentía una colegiala.
Poco a poco levanto mi prenda hasta quedar mis pechos descubiertos, se percibían como estaban agitados. Su boca se dirigió a mi pezón, mientras sus dedos jugueteaban con el otro. Bruscamente lo detuve, no quería traicionar a Juan pero, por otro lado, me atraía sobremanera el grado de su erección. Le volví a suplicar que volviera a su habitación pero no acató mis suplicas. Veía que estaba mas que alterado. Mil cosas giraban por mi cabeza. Me puse enérgica y traté de que entendiera la situación.. No se, de donde saque tanta voluntad, creo que hoy cedería totalmente. Después de algunos intentos se apaciguó.
Pero mi obsesión seguía siendo su verga, me atraía desesperadamente. -
Esta bien hagamos una cosa, trataré de calmar tus ansias, pero nada mas.-le dije -
Aparentemente se convenció. Le pedí que se relajara, que le aplacaría.
Me obedeció tirado boca arriba, con el asta elevada. Como una ceremonia, acaricie lentamente su cuerpo desnudo, subiendo y bajando mis manos, acariciaba su pelvis sin llegar a tocar su falo.
Al leve contacto de mi dedo, parecía vibrar. Sin poder contenerla mas tiempo, mi mano lo abrazó mientras mi dedo rozaba en círculos su rojo glande húmedo.
Mi agitación, tanto como la suya, se iban acrecentando. Continué un largo tiempo haciéndolo, me asombraba como no había eyaculado todavía. Mis labios se acercaron para besar esa ardiente cabeza. La punta de mi lengua parecía imantada a esa delicia.
Sin poder contener mí lujuria abrí mi boca para poder saborearla. Cesar gemía de satisfacción. Empecé a chuparla introduciéndola todo lo que mi boca lo permitía. Cerré mis labios subiendo y bajando por ese tentador falo.
El contacto de mis labios con su miembro me excitaba enormemente, estaba enloquecida sintiendo eso en mi boca lo absorbía con avidez. Deseaba que no tuviese final. Mi mano la llevé a través de mi prenda interior, hacia mi húmeda vagina manteniendo el ritmo y aumentándolo paralelamente. Sentí su mano introducirse entre mis bragas, buscando mi sexo. Traté de pararlo pero era demasiado tentador.
Mientras continuaba mi labor, intentaba desplazar mi última prenda.
Estaba casi entregada, me era imposible detenerlo y logró su objetivo. Mi boca continuaba saboreando su seductor miembro.
Se giró hasta que su boca besaba mi vagina, no pude dejar de exhalar un gemido de placer, eso me hizo acelerar con mayor vehemencia mi trabajo.
A medida que sentía su lengua tratando de meterse en el interior de mi vulva, más me aferraba a su pene.
Suaves mordiscos y succiones en mi clítoris con el roce de su dedo en mi recto, me hacían estremecer excesivamente.
Eso aceleró mi orgasmo, tanto que quité mi boca de esa carne, para lanzar una exclamación de goce. Era algo alucinante, se había producido un estimulo mutuo. Perdí la noción del tiempo, cada tanto quitaba mi boca, para gemir como gata en celo.
Sin pensar en las consecuencias, chupe, chupe y chupe, hasta que llegó el desenlace, invadiendo su calido y blanco liquido mi cavidad bucal. Llegando a otro desenfrenado orgasmo.
En ese instante toque la realidad, me di cuenta lo que había ocurrido. Me volqué a un lado de Cesar turbada por lo acontecido. Me sentí avergonzada por lo que había hecho, pero la cara de satisfacción de Cesar compensó mi angustia. Me besó en los labios con pasión, mezclándose todos nuestros jugos.
Mas relajada le supliqué que volviese a su cuarto y olvidara lo pasado. Así lo hizo, sin mayores negativas.
Sola, me quedé pensando en lo sucedido, me había agradado mucho, traté de pensar en Juan y lo mal que se sentiría de enterarse.
Me sentía culpable, pero el hecho de haberlo disfrutado compensaba en parte mi falta. Simplemente fue solo sexo oral.
Una vez sola, me duché sin sacar ese momento de mi mente, conservando el sabor de su pócima.
Intente evitar a Cesar el resto del día, saliendo a hacer las compras sola. Sabía que si tenía otro encuentro no podría resistirme. Por la tarde llegó Juan, cenamos y traté de distraerme con charlas sin mayor importancia. Por suerte era viernes y Juan no trabajaba hasta el lunes. El lunes por la mañana, Cesar regresaba a su ciudad.
A veces en mis locas fantasias, imagino que Cesar me penetra por todas partes con su prominente aparato.