personaje
21-09 2006, 02:46 PM
Estaba en la residencia de la facultad, cuando llegó Andrea, ella y yo habíamos tendido algunos roces, es más un día nos agarramos de los pelos por un chico, la cosa es que yo había suplantado la personalidad de una amiga, para que la pobre aprobase y ella se había enterado. Me empezó a hacer chantaje que si no hacia lo que ella quería me iba a delatar al profesor y me iban a expulsar. Me citó en su habitación para decirme que era lo que exactamente quería
-que estúpida eres, hacer lo que has hecho te va a costar muy caro
-dime que es lo que quieres, no tengo ganas de perder el tiempo
-quiero que seas todo un fin de semana mi esclava, te quiero humillar.
-estás loca si crees que voy a hacer lo que quieres.
-tu misma, si quieres voy y hablo, que lastima te vamos a perder de vista
-eres una puta zorra, vale haré lo que quieres.
Así ese fin de semana fuimos a su pueblo, me extrañó que fuésemos a casa de sus padres, lo que no sabía es que sus padres estaban fuera de su casa. Lo primero que me hizo fue ponerme el uniforme de sirvienta, tuve que hacer todas las tareas de la casa. De repente me dijo que fuera para su habitación, estaba ella completamente desnuda y me dijo
-esclava sabes lo que vas a hacer ahora.
-yo, no
-Por tu culpa no estoy con Juan, por tu culpa llevo mucho tiempo sin pasármelo bien, por tanto tu vas a hacer que yo me divierta
-Que es lo que quieres decir con eso
-Tu ya lo sabes, me vas a comer el coño
-Tu estas loca, ni hablar.
Me volvió a amenazar y en fin hice de tripas corazón, acerque mi boca a su chocho y empecé a lamerlo. Al principio me daba asco, pero poco a poco me iba gustando más hacerlo, me gustaba el tacto que mi lengua tenía con sus labios y no se, no podía parar de saborearlo, mientras ella gritaba:
-no pares puta, sigue… comételo todo, hay que gusto, sigue… ahhhhhhhhhh
Yo ni contestaba, no podía parar, me excitaba escuchar sus insultos y sus gemidos. Ella seguía gritando, pidiéndome más hasta que se corrió en mi boca. Me encantó así que le pedí que me lo hiciera ella, pero ella se negó, ella era mi ama, así pase todo el fin de semana comiéndole el coño cuando a ella le apetecía que por cierto era casi todo el tiempo. Regresamos a la residencia y yo estaba obsesiona, quería seguir comiéndomela, pero no solo el coño, quería chaparle las tetas, hacer sexo anal y que ella también me poseyera a mi y la verdad es que no encontraba como hacerlo. Un día estaba yo sola en mi habitación apareció ella.
-vengo a que vuelvas ha comérmelo. -yo me moría por hacerlo, pero le dije:
-no, habíamos llegado a un trato y se ha acabado.
-estoy muy caliente, haré lo que quieras, pero lámeme el chocho.
No me pude resistir y me abalancé a ella, le cogí la cara y le besé en la boca ella se sorprendió, al principio no me correspondía, pero al cabo de unos segundos estábamos enganchadas en besos pasionales, jugábamos con las lenguas. Bajé poco a poco por su cuello, le quité la camiseta y el sujetador, por fin pude acariciar tranquilamente esas tetas, besarlas, yo notaba que a ella le gustaba mucho, se le notaba en sus jadeos. Bajé mi mano y se la metí en la entrepierna, le acaricie suavemente el clítoris, provocando que poco a poco se fuera calentando, cuando ella estaba súper caliente me volvió a suplicar que se lo hiciera, ahí yo pare en seco.
-que haces, continua
-no
-no me puedes dejar así, que es lo que quieres.
-que hagamos un 69
-no, yo eso no lo hago
-Pues entonces se acabó.
-yo nunca lo he hecho y no se si me va a gustar -la tumbé en mi cama, me desnudé y le dije-
-si tu me lames yo lamo, si paras yo paro.
Así que empezamos a hacer el 69, al principio ella era muy torpe, pero poco a poco empezó a tomar confianza y a provocarme mucho placer, ella y yo gemíamos, nos retorcíamos, pero no parábamos, nos corrimos a la vez, ella se quedo exhausta, yo le dije que se pusiera a cuatro patas, ella me obedeció, y empecé a lamerle el ano, ella al principio no se lo esperaba, pero después empezó a gozar.
-Que rico, méteme la lengua, que placer
Yo empecé a meterle el dedo índice, ella era virgen por ahí y grito un poco pero no podía para, así que cogí mi consolador y se lo metí, ella gritaba y me suplicaba que se lo sacara, pero yo ni caso, me encantaba follármela, poco a poco empezó a gemir y a disfrutar, hasta que el dolor pasó a ser placer y se corrió. La deje en mi cama y me fui a clase.
Ahora ella viene cuando estoy sola en mi habitación y nos comemos y nos chupamos y lo pasamos muy bien. Para conservar las apariencias seguimos siendo enemigas en público, y amantes en privado, lo nuestro ya no es solo sexo, sino ternura y amor de verdad. Cuando la pelea ha sido fuerte, la ternura en la cama también lo es. Me encanta cuando me estoy duchando y entra ella a…
-que estúpida eres, hacer lo que has hecho te va a costar muy caro
-dime que es lo que quieres, no tengo ganas de perder el tiempo
-quiero que seas todo un fin de semana mi esclava, te quiero humillar.
-estás loca si crees que voy a hacer lo que quieres.
-tu misma, si quieres voy y hablo, que lastima te vamos a perder de vista
-eres una puta zorra, vale haré lo que quieres.
Así ese fin de semana fuimos a su pueblo, me extrañó que fuésemos a casa de sus padres, lo que no sabía es que sus padres estaban fuera de su casa. Lo primero que me hizo fue ponerme el uniforme de sirvienta, tuve que hacer todas las tareas de la casa. De repente me dijo que fuera para su habitación, estaba ella completamente desnuda y me dijo
-esclava sabes lo que vas a hacer ahora.
-yo, no
-Por tu culpa no estoy con Juan, por tu culpa llevo mucho tiempo sin pasármelo bien, por tanto tu vas a hacer que yo me divierta
-Que es lo que quieres decir con eso
-Tu ya lo sabes, me vas a comer el coño
-Tu estas loca, ni hablar.
Me volvió a amenazar y en fin hice de tripas corazón, acerque mi boca a su chocho y empecé a lamerlo. Al principio me daba asco, pero poco a poco me iba gustando más hacerlo, me gustaba el tacto que mi lengua tenía con sus labios y no se, no podía parar de saborearlo, mientras ella gritaba:
-no pares puta, sigue… comételo todo, hay que gusto, sigue… ahhhhhhhhhh
Yo ni contestaba, no podía parar, me excitaba escuchar sus insultos y sus gemidos. Ella seguía gritando, pidiéndome más hasta que se corrió en mi boca. Me encantó así que le pedí que me lo hiciera ella, pero ella se negó, ella era mi ama, así pase todo el fin de semana comiéndole el coño cuando a ella le apetecía que por cierto era casi todo el tiempo. Regresamos a la residencia y yo estaba obsesiona, quería seguir comiéndomela, pero no solo el coño, quería chaparle las tetas, hacer sexo anal y que ella también me poseyera a mi y la verdad es que no encontraba como hacerlo. Un día estaba yo sola en mi habitación apareció ella.
-vengo a que vuelvas ha comérmelo. -yo me moría por hacerlo, pero le dije:
-no, habíamos llegado a un trato y se ha acabado.
-estoy muy caliente, haré lo que quieras, pero lámeme el chocho.
No me pude resistir y me abalancé a ella, le cogí la cara y le besé en la boca ella se sorprendió, al principio no me correspondía, pero al cabo de unos segundos estábamos enganchadas en besos pasionales, jugábamos con las lenguas. Bajé poco a poco por su cuello, le quité la camiseta y el sujetador, por fin pude acariciar tranquilamente esas tetas, besarlas, yo notaba que a ella le gustaba mucho, se le notaba en sus jadeos. Bajé mi mano y se la metí en la entrepierna, le acaricie suavemente el clítoris, provocando que poco a poco se fuera calentando, cuando ella estaba súper caliente me volvió a suplicar que se lo hiciera, ahí yo pare en seco.
-que haces, continua
-no
-no me puedes dejar así, que es lo que quieres.
-que hagamos un 69
-no, yo eso no lo hago
-Pues entonces se acabó.
-yo nunca lo he hecho y no se si me va a gustar -la tumbé en mi cama, me desnudé y le dije-
-si tu me lames yo lamo, si paras yo paro.
Así que empezamos a hacer el 69, al principio ella era muy torpe, pero poco a poco empezó a tomar confianza y a provocarme mucho placer, ella y yo gemíamos, nos retorcíamos, pero no parábamos, nos corrimos a la vez, ella se quedo exhausta, yo le dije que se pusiera a cuatro patas, ella me obedeció, y empecé a lamerle el ano, ella al principio no se lo esperaba, pero después empezó a gozar.
-Que rico, méteme la lengua, que placer
Yo empecé a meterle el dedo índice, ella era virgen por ahí y grito un poco pero no podía para, así que cogí mi consolador y se lo metí, ella gritaba y me suplicaba que se lo sacara, pero yo ni caso, me encantaba follármela, poco a poco empezó a gemir y a disfrutar, hasta que el dolor pasó a ser placer y se corrió. La deje en mi cama y me fui a clase.
Ahora ella viene cuando estoy sola en mi habitación y nos comemos y nos chupamos y lo pasamos muy bien. Para conservar las apariencias seguimos siendo enemigas en público, y amantes en privado, lo nuestro ya no es solo sexo, sino ternura y amor de verdad. Cuando la pelea ha sido fuerte, la ternura en la cama también lo es. Me encanta cuando me estoy duchando y entra ella a…