puppe
20-09 2006, 12:55 AM
Fue entre el primer asalto y el segundo;
rota la fuerza, adormecido el sexo
en un nido de sábanas revueltas
en convulsión de amores y deseos.
No permití el descenso de sus párpados,
que cerrados provocan aislamiento.
No les dejé dormir, ni ellos querían,
que mal se quiere sin estar despierto.
El tic tac del reloj enmudecido,
y el tiempo inmóvil en profundo sueño,
a mi lado desnuda, y alternando
lenta mi mano de uno al otro seno,
me hicieron el amor sus verdes ojos,
penetración del alma, no del cuerpo;
sin espasmos, jadeos, ni sudores,
con la serenidad de los espejos,
que devuelven la imagen, inmutables,
y al mismo tiempo se la quedan dentro.
Me hizo el amor mirándome a los ojos,
en intensa quietud sensual, sin gestos.
Qué mutua posesión tan encendida,
qué arrebato sexual, dormido el sexo.
(F. Alvarez Hidalgo)
rota la fuerza, adormecido el sexo
en un nido de sábanas revueltas
en convulsión de amores y deseos.
No permití el descenso de sus párpados,
que cerrados provocan aislamiento.
No les dejé dormir, ni ellos querían,
que mal se quiere sin estar despierto.
El tic tac del reloj enmudecido,
y el tiempo inmóvil en profundo sueño,
a mi lado desnuda, y alternando
lenta mi mano de uno al otro seno,
me hicieron el amor sus verdes ojos,
penetración del alma, no del cuerpo;
sin espasmos, jadeos, ni sudores,
con la serenidad de los espejos,
que devuelven la imagen, inmutables,
y al mismo tiempo se la quedan dentro.
Me hizo el amor mirándome a los ojos,
en intensa quietud sensual, sin gestos.
Qué mutua posesión tan encendida,
qué arrebato sexual, dormido el sexo.
(F. Alvarez Hidalgo)