oscarpy
06-09 2006, 11:48 PM
Los juegos con Gastón se iban incrementando, como relaté anteriormente, y yo aceptaba gustoso. Después de aquella relación traté de dilatar los acontecimientos, sabía lo que me llegaría a suceder.
Había pasado más de una semana cuando hicimos la apuesta. Sabía que Gastón estaba con la sangre en el ojo y buscaría una revancha. Además incrementaría la prenda, como lo venia haciendo en los juegos anteriores. Nos reunimos un día y se establecieron las pautas. El perdedor seria “el esclavo” que complacería en todo, al ganador o sea “el amo”. Otra de las pautas era que el sometido no podría descargar su calentura (o sea eyacular), la que seria castigada por su dominador, al igual que otra desobediencia. Aprovechando que no tuvimos clases consideramos que ese seria el día indicado, aprovechando parte de la mañana y toda la tarde hasta la llegada de su madre. Confieso que me sobreexcitaba la situación, además sabia que si perdía, lo que llegaría a sucederme, pero si ganaba tendría el culito de Gastón nuevamente a mi disposición. Para no perder de movida y darle más emoción, establecimos tres competencias, el ganador de dos seria el “amo”. El juego se prolongo más de lo previsto para llegar a un resultado de 2 a 1. Por supuesto que el perdedor fui yo. Estaba a disposición de mi contrincante que, con unos ojos brillantes y pleno de satisfacción, saboreaba su triunfo, maquinando lo que llegaría a hacerme.
En un principio todo fue leve: debí preparar un almuerzo, servirlo y estar a su disposición. Me ordenó masajear su cuerpo, que terminó con una masturbación en la que tuve que lamer su leche derramada en su pecho. Después de eso nos bañamos (o mas bien lo bañe), donde me hizo arrodillar y chupar su miembro. Lamí sumisamente su pene en toda su extensión, al igual que sus bolas. Mi lengua acariciaba con devoción su glande hasta que poco a poco la engulle en su dimensión, lo que podía acceder en mi boca, chupaba y succionaba con desesperación (quería satisfacer a mi “amo”). Realmente me encantaba lo que le estaba proporcionando, no paraba de hacerlo, hasta que me percate que estaba por evacuar su semen en mi boca, trate de quitarme pero Gastón no lo permitió. Tomando mi cabeza con fuerza e introduciendo más su miembro, no tardó su calido líquido en llenar mi boca, me ahogué y tragué gran parte a pesar de mi desagrado.
Debí de continuar haciéndolo hasta evacuar su última gota de semen… Estaba completamente excitado por lo acontecido, mí pija estaba más que erguida. Trataba de aplacarme duchándome con el agua fría, Gastón lo había notado y gozaba con mi estado. Admito que me estimulaba a cada paso de los acontecimientos. Lo peor era que no podía venirme porque me castigaría, era su “esclavo”, el deleite era solamente del “amo”.
Nos secamos y nos pusimos ropas ligeras. Gastón disfrutaba de su poder, mientras que por mi parte, si bien me incitaba, sentía un poco de degradación, pero a pesar de eso continuaba, era como una regla que no podía romper, parecía como que me regocijaba al sometimiento de Gastón, acatando todos sus deseos. Después de haberle producido dos eyaculaciones pensé que estaría satisfecho, pero no, se preparaba para el postre final. Se tiro un rato, mientras me ordenó que le hiciese masajes, después de un buen rato noté que su pija estaba erecta nuevamente.
Después de hacerme desnudar y colocarme un collar en mi cuello con una cadena. Me llevó a su habitación. Tuve que lamer su miembro y testículos hasta que su miembro quedo rígido en su totalidad. Me ordenó colocarme en cuatro patas, parando el culo al máximo. Sus dedos inmediatamente hurgaron mi ano, que sin mucho miramiento lo introduzco en mi conducto. Pegué un grito de dolor, a lo que dijo:
- Más vas a gritar cuando te meta mi pija.
Sabia que así seria, pero lo peor seria tratar de no acabar por temor a sus castigos, de acuerdo a las pautas establecidas de antemano. Introdujo su pija en mi boca para lubricarla, cuando lo considero suficiente fue hacia mi culo. Sentía su glande empujar en mi ano. Estaba nervioso y tembloroso pero a su vez muy excitado. Después de 2 o 3 intentos la punta de su glande se fue introduciendo, sentía dolor pero lo gozaba. Poco a poco sentía como las paredes de mi conducto recibían su aparato. Creía que ya lo había introducido totalmente, cuando Gastón tira de la cuerda y mi culo lo muevo hacia atrás, en el preciso momento que empuja su verga, enterrando la totalidad. Creí que me partía en dos mientras ingresaba hasta mis entrañas, sintiendo su glande palpitar en mi interior, volví a gritar y las lagrimas inundaron mis ojos. Ahí comenzó su meta y ponga, lo hacia en forma brutal y despiadada, mi pija estaba erguida y mis testículos me dolían por la contención. Gastón agitaba su cuerpo en forma frenética, sus bolas golpeaban mis glúteos. Me tomaba de la cintura para empujar mejor, tratando de no dejar un milímetro afuera. Sentía un ardor por mi interior, el hecho de haber tenido dos eyaculaciones hacia que su permanencia en mi interior fuese mayor. Estaba como sacado, me sentía como que era su posesión sexual. Gastón no paraba, seguía cada vez con más ímpetu, parecía que pretendía trepanarme. Hasta que llegó la evacuación de su simiente, percibiendo ese calido líquido en mi interior hizo que apenas con el roce de su mano en mi falo eyaculase contra mi pecho. Gastón sintió que sus manos entraban en contacto con mi líquido, después de sacar su aparato un poco flácido de mi culo, mientras chorreaba su leche por mis piernas. Me obligó a limpiar su miembro con mi boca hasta dejarlo reluciente. Chupé, hasta que me lo ordenó.
Se percató de mi corrida a lo que inmediatamente sugirió el castigo. Me colocó en cuclillas, ató mis manos a mis tobillos y después de eso con una vara castigo mis glúteos. No fue lo suficiente fuerte pero sus marcas permanecieron varios días. Permanecí bastante así en esa posición mientras Gastón se recostó un rato. Lentamente el antagonismo de nuestros personajes se iba intensificando cada vez más a medida que iba transcurriendo el tiempo. Apenas habían pasado 4 horas y quedaban más de 7. Gastón en su papel de amo, convencido y compenetrado en su personaje, trataba de dominarme cada vez mas a lo que estúpidamente acataba en forma dócil. Con el tiempo analicé esa situación: era algo morboso y sádico a la vez. Accedía sumisamente a todos sus mandatos pensando que se apiadaría un poco de mí, pero el efecto era todo lo contrario, parecía que estimulaba su crueldad. Me sentía realmente mal por lo que me proporcionaba, aunque la excitación no me abandonaba.
Después de un rato se levantó y trajo un cono que introdujo en mi ano para que se fuese dilatando, era evidente otra penetración. Pasó un tiempo prudencial y su verga estaba nuevamente erguida, la sobó un poco, quitó el cono incrustado mientras su glande se ubicaba en mi abertura. Jugó un rato, parecía acomodarlo, hasta que súbitamente, de manera feroz y despiadada, me lo hundió totalmente. Mis quejidos y protesta eran en vano, parecía que lo estimulaba más. Debo admitir que lo que me estaba sucediendo no dejaba de excitarme, si bien era una situación degradante, la disfrutaba. Después de esta brutal cogida cayó sobre mi cuerpo, una vez recuperado me desató. Realmente estaba asustado por su sadismo descontrolado que aplicaba a mi pobre cuerpo, o más bien mi culo.
-OK -me dice- Te has portado bien y he gozado mucho contigo, te compensaré con unas caricias, si es que lo deseas.
Me agrado su actitud así que lo acepté entusiasmado. Luego de haber descansado un rato tirados en la cama me sugirió tirarme sobre ella, para atarme de pies y manos a los extremos de los respaldos. Una vez de encontrarme en la posición ordenada comenzó a acariciar mi cuerpo chupando mis tetillas, no tardé en excitarme nuevamente, así continuo, lentamente, haciendo algunos espacios de tiempo para volver a reanudarlo. Ya me había puesto a mil. Tocaba mi miembro con caricias Intercaladas con alguna leve chupada. El proceso duro como 20 minutos. estaba recaliente, parecía que me estallaría. En cuanto su mano comenzó a agitármela me era imposible resistirme. No tarde en venirme cayendo mí liquido sobre mi cuerpo… Al verme así, respondió
-Ay chanchito, deberé castigarte nuevamente…
Se fue inmediatamente para regresar del lavadero con un recipiente repleto de ganchos de ropa. Sin hacerse esperar vació su contenido pare ser instalado en mis partes mas sensibles: mi entrepierna, mis tetillas, testículos y finalizando por mi verga, ya flácida. Era un dolor intenso a lo que supliqué que cesara. Caso omiso hizo a mis ruegos. Disfrutaba plenamente viendo mi sufrimiento y como se irritaban las zonas torturadas. Nunca pensé que Gastón podía ser tan cruel. Comencé a gritar, a lo que haciendo un bollo con mi bóxer, lo metió en mi boca y vendó mis ojos.
Estuve un largo tiempo en ese estado, sin ver sus movimientos a la espera de cualquier cosa. Aflojó un poco los ligamientos y después de varios intentos me colocó boca abajo, saliendo algunos ganchos, pero mi pecho estaba sobre ellos. Elevó mi culo todo lo que pudo, colocando un almohadón en mi vientre, tensando al máximo mis ligaduras. No tenía ningún deseo de que me volviera a coger pero me era casi imposible eludirlo. Me montó nuevamente y, sin ningún tipo de contemplaciones, me volvió a penetrar de manera contundente e insaciable, pero lo peor fue ese bombeo enardecido que parecía partirme. Sus manos parecían garras que se aferraban a mis nalgas de manera despiadada.
Su quinta eyaculación tardó bastante en llegar, las paredes de mi recto me ardían por el roce frenético del miembro de Gastón, mientras su sudoroso cuerpo mojaba mi espalda. Fue un tiempo interminable, paraba en determinados lapsos con su verga sin retirar, sintiendo sus palpitaciones en mi sensible conducto, para reanudar nuevamente su marcha desenfrenada .Por fin llego la consumación.
Después de terminar con su festín me desató, sacó las vedas y sin permitirme bañarme me tiró la ropa, aludiendo que su madre estaba por llegar. Me vestí todo dolorido, pegajoso y fundamentalmente entristecido. Me sentía ultrajado por lo que había permitido que me hiciese. Reconozco haber tenido momentos de goce, pero los de sufrimiento lo superaron. Lloré en ese corto tramo hasta mi casa, apenas llegué y con la excusa de estar cansado, me fui a la cama sin comer, después de una renovadora ducha.
EROS
Había pasado más de una semana cuando hicimos la apuesta. Sabía que Gastón estaba con la sangre en el ojo y buscaría una revancha. Además incrementaría la prenda, como lo venia haciendo en los juegos anteriores. Nos reunimos un día y se establecieron las pautas. El perdedor seria “el esclavo” que complacería en todo, al ganador o sea “el amo”. Otra de las pautas era que el sometido no podría descargar su calentura (o sea eyacular), la que seria castigada por su dominador, al igual que otra desobediencia. Aprovechando que no tuvimos clases consideramos que ese seria el día indicado, aprovechando parte de la mañana y toda la tarde hasta la llegada de su madre. Confieso que me sobreexcitaba la situación, además sabia que si perdía, lo que llegaría a sucederme, pero si ganaba tendría el culito de Gastón nuevamente a mi disposición. Para no perder de movida y darle más emoción, establecimos tres competencias, el ganador de dos seria el “amo”. El juego se prolongo más de lo previsto para llegar a un resultado de 2 a 1. Por supuesto que el perdedor fui yo. Estaba a disposición de mi contrincante que, con unos ojos brillantes y pleno de satisfacción, saboreaba su triunfo, maquinando lo que llegaría a hacerme.
En un principio todo fue leve: debí preparar un almuerzo, servirlo y estar a su disposición. Me ordenó masajear su cuerpo, que terminó con una masturbación en la que tuve que lamer su leche derramada en su pecho. Después de eso nos bañamos (o mas bien lo bañe), donde me hizo arrodillar y chupar su miembro. Lamí sumisamente su pene en toda su extensión, al igual que sus bolas. Mi lengua acariciaba con devoción su glande hasta que poco a poco la engulle en su dimensión, lo que podía acceder en mi boca, chupaba y succionaba con desesperación (quería satisfacer a mi “amo”). Realmente me encantaba lo que le estaba proporcionando, no paraba de hacerlo, hasta que me percate que estaba por evacuar su semen en mi boca, trate de quitarme pero Gastón no lo permitió. Tomando mi cabeza con fuerza e introduciendo más su miembro, no tardó su calido líquido en llenar mi boca, me ahogué y tragué gran parte a pesar de mi desagrado.
Debí de continuar haciéndolo hasta evacuar su última gota de semen… Estaba completamente excitado por lo acontecido, mí pija estaba más que erguida. Trataba de aplacarme duchándome con el agua fría, Gastón lo había notado y gozaba con mi estado. Admito que me estimulaba a cada paso de los acontecimientos. Lo peor era que no podía venirme porque me castigaría, era su “esclavo”, el deleite era solamente del “amo”.
Nos secamos y nos pusimos ropas ligeras. Gastón disfrutaba de su poder, mientras que por mi parte, si bien me incitaba, sentía un poco de degradación, pero a pesar de eso continuaba, era como una regla que no podía romper, parecía como que me regocijaba al sometimiento de Gastón, acatando todos sus deseos. Después de haberle producido dos eyaculaciones pensé que estaría satisfecho, pero no, se preparaba para el postre final. Se tiro un rato, mientras me ordenó que le hiciese masajes, después de un buen rato noté que su pija estaba erecta nuevamente.
Después de hacerme desnudar y colocarme un collar en mi cuello con una cadena. Me llevó a su habitación. Tuve que lamer su miembro y testículos hasta que su miembro quedo rígido en su totalidad. Me ordenó colocarme en cuatro patas, parando el culo al máximo. Sus dedos inmediatamente hurgaron mi ano, que sin mucho miramiento lo introduzco en mi conducto. Pegué un grito de dolor, a lo que dijo:
- Más vas a gritar cuando te meta mi pija.
Sabia que así seria, pero lo peor seria tratar de no acabar por temor a sus castigos, de acuerdo a las pautas establecidas de antemano. Introdujo su pija en mi boca para lubricarla, cuando lo considero suficiente fue hacia mi culo. Sentía su glande empujar en mi ano. Estaba nervioso y tembloroso pero a su vez muy excitado. Después de 2 o 3 intentos la punta de su glande se fue introduciendo, sentía dolor pero lo gozaba. Poco a poco sentía como las paredes de mi conducto recibían su aparato. Creía que ya lo había introducido totalmente, cuando Gastón tira de la cuerda y mi culo lo muevo hacia atrás, en el preciso momento que empuja su verga, enterrando la totalidad. Creí que me partía en dos mientras ingresaba hasta mis entrañas, sintiendo su glande palpitar en mi interior, volví a gritar y las lagrimas inundaron mis ojos. Ahí comenzó su meta y ponga, lo hacia en forma brutal y despiadada, mi pija estaba erguida y mis testículos me dolían por la contención. Gastón agitaba su cuerpo en forma frenética, sus bolas golpeaban mis glúteos. Me tomaba de la cintura para empujar mejor, tratando de no dejar un milímetro afuera. Sentía un ardor por mi interior, el hecho de haber tenido dos eyaculaciones hacia que su permanencia en mi interior fuese mayor. Estaba como sacado, me sentía como que era su posesión sexual. Gastón no paraba, seguía cada vez con más ímpetu, parecía que pretendía trepanarme. Hasta que llegó la evacuación de su simiente, percibiendo ese calido líquido en mi interior hizo que apenas con el roce de su mano en mi falo eyaculase contra mi pecho. Gastón sintió que sus manos entraban en contacto con mi líquido, después de sacar su aparato un poco flácido de mi culo, mientras chorreaba su leche por mis piernas. Me obligó a limpiar su miembro con mi boca hasta dejarlo reluciente. Chupé, hasta que me lo ordenó.
Se percató de mi corrida a lo que inmediatamente sugirió el castigo. Me colocó en cuclillas, ató mis manos a mis tobillos y después de eso con una vara castigo mis glúteos. No fue lo suficiente fuerte pero sus marcas permanecieron varios días. Permanecí bastante así en esa posición mientras Gastón se recostó un rato. Lentamente el antagonismo de nuestros personajes se iba intensificando cada vez más a medida que iba transcurriendo el tiempo. Apenas habían pasado 4 horas y quedaban más de 7. Gastón en su papel de amo, convencido y compenetrado en su personaje, trataba de dominarme cada vez mas a lo que estúpidamente acataba en forma dócil. Con el tiempo analicé esa situación: era algo morboso y sádico a la vez. Accedía sumisamente a todos sus mandatos pensando que se apiadaría un poco de mí, pero el efecto era todo lo contrario, parecía que estimulaba su crueldad. Me sentía realmente mal por lo que me proporcionaba, aunque la excitación no me abandonaba.
Después de un rato se levantó y trajo un cono que introdujo en mi ano para que se fuese dilatando, era evidente otra penetración. Pasó un tiempo prudencial y su verga estaba nuevamente erguida, la sobó un poco, quitó el cono incrustado mientras su glande se ubicaba en mi abertura. Jugó un rato, parecía acomodarlo, hasta que súbitamente, de manera feroz y despiadada, me lo hundió totalmente. Mis quejidos y protesta eran en vano, parecía que lo estimulaba más. Debo admitir que lo que me estaba sucediendo no dejaba de excitarme, si bien era una situación degradante, la disfrutaba. Después de esta brutal cogida cayó sobre mi cuerpo, una vez recuperado me desató. Realmente estaba asustado por su sadismo descontrolado que aplicaba a mi pobre cuerpo, o más bien mi culo.
-OK -me dice- Te has portado bien y he gozado mucho contigo, te compensaré con unas caricias, si es que lo deseas.
Me agrado su actitud así que lo acepté entusiasmado. Luego de haber descansado un rato tirados en la cama me sugirió tirarme sobre ella, para atarme de pies y manos a los extremos de los respaldos. Una vez de encontrarme en la posición ordenada comenzó a acariciar mi cuerpo chupando mis tetillas, no tardé en excitarme nuevamente, así continuo, lentamente, haciendo algunos espacios de tiempo para volver a reanudarlo. Ya me había puesto a mil. Tocaba mi miembro con caricias Intercaladas con alguna leve chupada. El proceso duro como 20 minutos. estaba recaliente, parecía que me estallaría. En cuanto su mano comenzó a agitármela me era imposible resistirme. No tarde en venirme cayendo mí liquido sobre mi cuerpo… Al verme así, respondió
-Ay chanchito, deberé castigarte nuevamente…
Se fue inmediatamente para regresar del lavadero con un recipiente repleto de ganchos de ropa. Sin hacerse esperar vació su contenido pare ser instalado en mis partes mas sensibles: mi entrepierna, mis tetillas, testículos y finalizando por mi verga, ya flácida. Era un dolor intenso a lo que supliqué que cesara. Caso omiso hizo a mis ruegos. Disfrutaba plenamente viendo mi sufrimiento y como se irritaban las zonas torturadas. Nunca pensé que Gastón podía ser tan cruel. Comencé a gritar, a lo que haciendo un bollo con mi bóxer, lo metió en mi boca y vendó mis ojos.
Estuve un largo tiempo en ese estado, sin ver sus movimientos a la espera de cualquier cosa. Aflojó un poco los ligamientos y después de varios intentos me colocó boca abajo, saliendo algunos ganchos, pero mi pecho estaba sobre ellos. Elevó mi culo todo lo que pudo, colocando un almohadón en mi vientre, tensando al máximo mis ligaduras. No tenía ningún deseo de que me volviera a coger pero me era casi imposible eludirlo. Me montó nuevamente y, sin ningún tipo de contemplaciones, me volvió a penetrar de manera contundente e insaciable, pero lo peor fue ese bombeo enardecido que parecía partirme. Sus manos parecían garras que se aferraban a mis nalgas de manera despiadada.
Su quinta eyaculación tardó bastante en llegar, las paredes de mi recto me ardían por el roce frenético del miembro de Gastón, mientras su sudoroso cuerpo mojaba mi espalda. Fue un tiempo interminable, paraba en determinados lapsos con su verga sin retirar, sintiendo sus palpitaciones en mi sensible conducto, para reanudar nuevamente su marcha desenfrenada .Por fin llego la consumación.
Después de terminar con su festín me desató, sacó las vedas y sin permitirme bañarme me tiró la ropa, aludiendo que su madre estaba por llegar. Me vestí todo dolorido, pegajoso y fundamentalmente entristecido. Me sentía ultrajado por lo que había permitido que me hiciese. Reconozco haber tenido momentos de goce, pero los de sufrimiento lo superaron. Lloré en ese corto tramo hasta mi casa, apenas llegué y con la excusa de estar cansado, me fui a la cama sin comer, después de una renovadora ducha.
EROS