triatletaxx
31-08 2006, 02:05 PM
Al fin llegamos a la cabaña. Entramos y descansamos en un sofá. La respiración de Claudia seguía siendo violentamente entrecortada. Tuve intención de arrojarla al suelo sin derecho a se, pero me contuve, tenía que dejar que se recuperara. La dolorosa seguía con esa actitud aparentemente flemática que me molestaba. Saqué de la mochila un jugo de frutas y me lo bebí con avidez. Tomé uno de sus pies y vi que la planta estaba lacerada y cubierta de tierra.
"desnúdate"- Le ordené.
Claudia se sacó el vestido. Llevaba cuadros y un sostén de color blanco como ropa interior. Siempre me complacía contemplar la escena de ella quitándose la ropa íntima. La liberación de sus enormes pechos de la prisión de su también enorme sostén era un espectáculo alucinante; el sólo pensar en el tamaño extraordinario de esa prenda hacía que el pene se me endureciera al instante; y ahí estaba ese par de volúmenes, blancos y húmedos por el sudor. Se quitó los cuadros. Quedaron al descubierto sus gorduras, estrías y piel de naranja que tanto le acomplejaban. ¡Que enorme culo, por Dios! Los muslos de sus piernas eran gordos pero con las carnes apretadas. No puedo decir lo mismo de su vientre y nalgas que al más mínimo movimiento temblaban como una gelatina. Toda esa piel blanca, rellena de lípidos en sus partes más deseables hacía resaltar el bosque negro y tupido de su pubis. Una vez desnuda le extendí alcohol desnaturalizado y dije
"ve al baño y aplícatelo en las heridas de los pies después de lavártelos"
Se dirigió al baño cojeando del pie izquierdo y bamboleando involuntariamente sus gigantescas nalgas. Yo terminé mi jugo de frutas y encendí el televisor. Estaban dando un documental sobre la vida de los animales salvajes. Me entretuve unos minutos y luego me fui al baño. La Dolorosa estaba sentada en la taza del WC aseándose los pies y aplicándose el alcohol con un algodón, como le había ordenado
"vete de aquí perra, me voy a dar una ducha"
Se puso de pie pero antes de que saliera la tomé del cabello y la obligué a ponerse en 4 patas. Sus blancas ubres quedaron colgando y casi rozaban el suelo. Su trasero, en esa posición, no sólo se veía enorme sino groseramente redondo. Extraje un condón del bolsillo de mi pantalón y le ordené que me lo ajustara al pene. A estas alturas el miembro estaba duro y erguido y no era necesario ningún masaje previo, como siempre ella me hacía. Una vez puesto, y de nuevo la Dolorosa en 4 patas, se lo metí por el ano con fuerza
"aaaaay"- se quejó.
Comencé mi ataque a un ritmo suave. Llevé mi mano a su vagina y palpé con el índice su interior para ver si estaba húmeda. Ciertamente la Dolorosa no estaba excitada: el ejercicio y las heridas en los pies habían sido demasiado para ella. Su cara le hacía honor a su apodo y reflejaba angustia y desánimo.
En sesiones anteriores yo había sodomizado a Claudia. Siempre su culo estaba apretado para mi placer y su dolor, mas ella gozaba y se provocaba los más bullados orgasmos masajeándose el clítoris paralelamente a mis ataques. Según su testimonio las sodomizaciones le proporcionaban los más grandes placeres; pero ahora era distinto, ella no estaba gozando y la enculada le dejaba tan sólo dolor. Continué con la cabalgata acompañándola con groserías e insultos. A cada embestida le agregaba un fuerte cachetazo en las nalgas.
"que culo de yegua tienes"- le decía.
Por la ausencia de gozo de Claudia, diría que técnicamente eso era casi una violación. Tiré de sus cabellos para que hicieran las veces de riendas "aaaah…" por el espejo de la pared notaba como se balanceaban las tetas: Innumerables veces había tenido esa visión y nunca me dejaba de impresionar. Cuando me vino la corrida, enterré brutalmente los dedos en sus gelatinosos glúteos respondiendo ella con un grito ronco y ahogado. Fue placentero para mí pero no estuve satisfecho. Sabía que ella no había gozado y siempre esperé el STOP que no llegó. Mandé que se pusiera de pie, me sacara el condón y vaciara el semen en un vaso de vidrio que estaba sobre la mesa del living.
"bébetelo"- le ordené. Ella cerró los ojos y tragó el esperma. "Para que te calme la sed, ese es tu refresco puta asquerosa”.
Acto seguido la dejé atada de las muñecas, con los brazos en alto como ya dije. Me fui a tomar una ducha para sacarme la transpiración que me había provocado el pequeño maratón. Mientras caía el agua sobre mi cabeza me preguntaba que seguiría después. La Dolorosa no se rendía; es más, yo estaba a punto de hacerlo. Con lo que ya le había propinado sólo deseaba consolarla, curarle sus heridas, arrumarla y hacerle el amor; pero sabía que mi rendición provocaría su desprecio y ya nunca más la vería. Debía resistir y aumentar mi sadismo.
Volví a la sala desnudo y descalzo, secándome con una toalla. La dolorosa continuaba atada, con los brazos en alto; aún no comenzaba a dar muestras de incomodidad, se veía serena. Encendí la estufa para entibiar el ambiente. Ambos estábamos desnudos y no queríamos resfriarnos. No obstante estar en primavera, el clima costero sin ser excesivamente frío era muy húmedo por lo que puse la calefacción a su máxima capacidad. La cabaña era de madera y no tardaría en subir la temperatura.
"Te voy a revisar el cuerpo Claudia"
Con la mano le apreté las mejillas a fin de que abriera la boca como un pez, le metí los dedos por sus encías, dientes, paladar y lengua. Apreté su nariz, le metí los dedos en las fosas nasales. Di 2 fuertes tirones a sus orejas a los que respondió con un "aay" tembloroso. Traté de introducir los dedos en sus oídos, sin éxito. Apreté de su cuello, presionando hasta que empezó a dar muestras de sofoco, luego jalé del cabello, lo sacudí 1, 2, 3 veces, lanzó un "aaay" y los ojos se le llenaron de lágrimas. "Plaf" le di un cachetazo en la cara
"ya deja de quejarte puta".
Seguí con su parte trasera, pasé mi palma por su espalda, di un cachetazo a cada una de sus nalgas y seguí bajando, pero antes me puse un guante de goma en la mano derecha y le dije
"no quiero ensuciarme con tu mierda de puerca"
Metí el dedo medio y luego el índice en su ano. Lo metí y lo saqué alternativamente; luego escarbé con brutalidad como si tratara de encontrar algo. Ella volvió a quejarse. Me saqué el guante y continué pasando la mano por sus muslos. No se trataba de caricias sino de un símil de revista, una búsqueda de alguna imperfección que en realidad no existía. Me puse frente a ella para revisar la delantera, pasé por sus sobacos perfectamente afeitados, por su pecho, bajé a sus ubres de vaca que tanto me gustaban
"eres una vaca, que horribles son tus ubres"
Cuando dije eso, ella me miró fijo a los ojos. Sabía que mentía, sabía que yo valoraba esas tetas, que me maravillaba con ellas. Di tres cachetazos en sus melones, los que se movieron de manera enloquecedora como si tuvieran una vida propia e independiente del resto del cuerpo; ahogó un quejido. Eras delicada de tetas, Dolorosa mía, como una buena y dulce hembra. Atenacé sus carnosos pezones y se los torcí, giré los dedos y casi doy 3 vueltas
"aaaaah, aaay"- cerró los ojos de dolor y corrieron 2 lágrimas por su cara
"ahorra los quejidos para después"- le espeté.
Sin soltar los pezones, tiré de ellos, de a poco, muy de a poco; tiré, tiré; me retiraba hacía atrás y ella avanzaba hacia adelante tratando inútilmente de neutralizar la tensión; seguí tirando, tiré tanto que ella dejó de pisar en los libros que yo le había puesto como promontorio y puso la punta de sus pies en el suelo. Seguí tirando "aaaaaaaah" Sus tetas abundantes se estiraron y perdieron volumen para ganar longitud. ¡Que elástica puede llegar a ser la piel cuando la tensión es mucha¡ los que no lo han visto no lo creerían . Le di unas buenas y brutales sacudidas como si se tratara de ropa mojada
"aaaaah, por Dios aaaah"- su grito fue feo y parecía estar siendo desgarrada, la solté, su respiración se agitó y estaba derechamente sollozando, volví a abofetearle la cara,
"¿no tienes suficiente, depende de ti seguir?"
Como lo suponía no respondió nada. Seguí con la revisión. Pasé por su barriga y caderas, por la parte baja del abdomen, metí el índice en su ombligo de gorda y escarbé como si tratara de apuñalarla con mi dedo. Yo no encontraba feo el cuerpo de la Dolorosa. No me importaba que estuviera rellenita, eso le daba un especial encanto. Tal vez si hubiera sido otra mujer no habría ocurrido lo mismo. Es que como ya lo he dicho, el cuerpo de Claudia era naturalmente un 8, lleno de curvas que habría seguido existiendo si el tejido adiposo se hubiera acabado. No obstante ello, quise atormentarla psicológicamente aprovechándome de su complejo. Ella sabía que su cuerpo me enloquecía pero su complejo era tan grande que mis palabras, de todas formas resultarían peor que los azotes. Hundí mis dedos en las gorduras de sus caderas y tiré de ellas,
"mira que chancha estás, cerda asquerosa, mírate, eres un asco. Debes mirar lo fea que eres"
Fui a buscar el espejo de cuerpo entero que había en el baño y lo instalé en la pared frente a Claudia de manera que ella misma se mirara. Luego volví a enterrar los dedos, esta vez en la gordura de debajo del ombligo y dije
"mira este neumático, veo que llevas repuestos para auto, que prevenida eres, jajaja" Apreté muy fuerte y ella lanzó un
"aaaaay" luego dijo "por Dios". Yo lancé una carcajada y comencé a sacudirle todas las gorduras de su abdomen.
"Mira Claudia, mírate, eres una gelatina" le lancé cachetazos a cada una de las gorduras de su vientre el que se remecía como el agua dentro de una olla llenada al tope. Di 1, 2, 3, 4, 5 cachetadas en su barriga
"aaaaah, por Dios, no, no por favor" y estalló en fuertes sollozos
"jajajaja"
Mi risa era falsa, en realidad no quería seguir. Sin embargo la dolorosa no cedía ante el asalto de mi crueldad. Continué con el periplo de mi mano. Pasé por los pelos sedosos de su pubis, metí los dedos dentro de su agujero vaginal, jalé de sus labios, acaricié su clítoris. Tomé una mata de su matorral y tiré como si pretendiera arrancarlo pero sin esa intención sino sólo para causar dolor; dio un grito, quedé con unos pocos pelos en mi mano. Volví a escarbar con los dedos, su vagina. Se había calentado. Me gustaba la humedad que había encontrado ya que era señal de que empezaba a disfrutar. Estuve masturbándola unos minutos. Luego llevé los dedos a su boca y le ordené que los chupara
"cómete tus jugos de ramera"
Comenzó a lamer con avidez; estuvo así un rato, tal vez 5 minutos. Miré el reloj: eran ya las 7 de la tarde y tenía hambre. Calenté agua en la cocina a fin de preparar un café. Me hice un sándwich de mantequilla y jamón de pavo y luego encendí de nuevo la TV. Me dispuse a comer. En la tele pasaban una película de wester, algo aburrida pero la estuve viendo mientras comía. Demás está decir que la dolorosa seguía atada, casi colgando y no debía comer (y seguramente tenía un hambre mayor que la mía), sólo mirarme a mí hacerlo. Una vez terminada mi merienda decidí estirar las piernas y dar un paseo por alrededor de la cabaña. Cuando estaba abriendo la puerta, de pronto escuché el ¡STOP¡ Miré a la Dolorosa, la palabra mágica que había estado esperando. Mi corazón se alegró y sonreí; pero ella continuaba con la cara seria, me miraba fijo.
"¿te vas?, recuerda el límite que prometiste respetar, no debes dejarme sola" era eso, mi alegría había sido prematura.
"No te preocupes claudia, sólo me fumaré un cigarro aquí afuera"
"quédate"
"son tan sólo unos minutos"- y salí de la cabaña.
Ya había anochecido, hacía brisa y ese olor de pinos mezclado con el aroma típico de la costa de Isla Negra me invitó a respirar hondo. Caminé hacia unos arbustos para encontrar el objeto que tenía pensado. Fue fácil hallarla, una varilla. La corté de una rama. Era dura, larga, flexible y fina; excelente combinación. La probé jugando con ella como si se tratara de un florete. Estaba perfecta. Luego entré.
"¿ves claudia? ya llegué, tomó sólo unos minutos”.
Ya dije que la Dolorosa estaba casi colgando (sólo casi) atada de manos desde la viga del techo. Me propuse ensayar otra postura para darle una azotaina diferente. En la cabaña había una gran mesa que moví hacia donde estaba Claudia. La tomé en brazos (en verdad pesaba) y la puse sobre la mesa. Debo decir que continuaba atada de las muñecas y con los brazos en alto hacia el techo, lo mismo sus tobillos; de tal manera que quedó sentada sobre el mueble con las piernas juntas y extendidas, es decir tan sólo apoyaba en la mesa su trasero y piernas. La gordura de su bajo vientre se apelotonó sobresaliendo hacia arriba al quedar su cuerpo en ángulo recto. Si duda esta posición era más cómoda que la anterior, sin embargo estaba destinada a la próxima tortura.
La planta de sus pies quedó expuesta a mi vista; estaban muy heridas, las toqué levemente con la varilla y percibí un pequeño gesto de dolor. En sesiones pasadas yo había torturado a la dolorosa haciéndole cosquillas en esa parte. Soy ignaro en esos temas pero creo que existen en la planta algunas terminales nerviosas que despiertan de forma especial la sensibilidad. Las cosquillas aunque tortura enloquecedora eran una humorada, un instante en que lo lúdico de la sesión se potenciaba al máximo. Mas ahora esa no era mi intención. Sus plantas estaban muy lastimadas y yo iba a comenzar a golpear despiadadamente sobre tan delicada superficie. Agité la varilla en el aire y le dije
"esto va a doler mi chancha”.
El primer impacto hizo que la dolorosa doblara las piernas intentando recoger su cuerpo. Di un segundo golpe y la Dolorosa volvió a hacer lo mismo. Me obligó a atarle sus pies a la mesa de manera que quedaran fijas las piernas a ella y no pudiera moverse. La varilla es fina y cada golpe de ella afecta la primera capa de la piel, sin embargo causa un profundo dolor, máxime si golpeamos sobre una superficie herida. Lancé un tercer golpe
"sssss, oooh" le descargué un varillazo en los pechos y le dije
"deja de chillar. Mira puerca, te voy a dar sólo 10 varillazos en lo pies, pero por cada grito y quejido te ganarás 2 más"
La ataqué con una descarga de golpes propinados con toda la fuerza de mi brazo. Al golpe 1 apretó los ojos, ahogó el lamento; como no pudo recoger las piernas por estar fijas a la mesa entonces acercó su tronco a los pies haciendo bailar sus tetas.
"jajajajaja, ¿dolió? y es sólo el comienzo, te faltan 9 aún". Le di otro, y otro y otro; al quinto golpe no pudo aguantarse
"ggrrrr, aaay" gritó, abrió desmesuradamente los ojos y empezó a bufar "uf, uf, uf, uf”.
Le di el sexto, "aaaah" volvió a agigantar los ojos y su cara tembló como en un ataque epiléptico. Al número 7 descargó un "mmmmmm" contenido. Llegó el 8, el 9 y finalmente el 10, en todos ellos también conteniendo los lamentos, con los ojos cerrados y apretados, crispando mandíbulas y labios.
"Ahí están los 10 pero te quejaste 3 veces y 3x2= 6, jajaja, te faltan 6 más"
"no sigas por favor"
"tu sabes cómo debes pedírmelo, claudia"
"no, no" su lamento era entrecortado y con hipos.
"Sólo 6 más" De pronto e intempestivamente descargué un golpe,
"aaaay" luego otro, y otro hasta completar los 6. En todos ellos gritó sin dejar de llorar. "las 6 veces te quejaste Claudia, en consecuencia tu multa a pagar asciende a 12 varillazos"
"no, no por favor "- agrandó sus ojos y me miraba fijo como una loca, -"por favor, es insoportable"
"si es insoportable dime que pare"
"paraaaaa, no sigaaaas"
"así no claudia, tú sabes cómo debes pedirlo"
A estas alturas yo no sabía qué pensar. Realmente era un suplicio atroz el que sufría mas no se rendía, ¿que debía hacer? miré sus pies; estaban al rojo e hinchados ¿debía continuar con 12 varillazos más?, sus lágrimas no podían ser fingidas.
"Eres una enferma perturbada claudia, tan sólo debes pronunciar la palabra y todo acaba". Ladeó la cabeza y descansó su frente en un brazo. Paró de llorar y quedó en silencio, luego dijo en un susurro,
"aun no, todavía no es tiempo"
lo dijo sin mirarme a la cara. Ya no podía más, bastaba con decidirlo, la desataba y nos devolveríamos a la ciudad; pero nunca más vería a la Dolorosa, de eso estaba seguro ; ella no diría STOP en toda la noche , era una masoquista suicida .
"Eres una perturbada".
"Lo sé, podemos dejarlo hasta aquí"
Su voz sonó fría y lejana. En ese instante pensé en la dolorosa como el ser humano más solo del mundo; me superaba a mi en soledad, su trastorno era extremo, ¿cuál era la necesidad de sentir dolor a ese nivel?
"¿qué quieres demostrar? ¿Cual es el fin de todo esto? "
"ya déjalo, me voy, no eres el que busco, me equivoqué contigo"dijo con voz y mirada acerada.
Me llené de ira y descargué un varillazo. Recogió su cuerpo y movió los deditos de sus pies como saludando el golpe: Había cerrado los ojos y pudo contener el grito; sin duda lo estaba esperando y me había provocado. Le di 11 varillazos seguidos, sin ninguna tregua; se contuvo en todos pero al número 12 soltó un "aaaaaay" desesperado. Me dijo
"debes multarme con 2 golpes" hundí mis dedos en su teta derecha salvajemente y dije
"El que castiga soy yo, ¿entendido?"
Fui a la cocina en busca de una botella de vino vacía, era de vidrio; puse el envase en la mesa al lado de la dolorosa. Le dije
"aquí te sentarás, encima de esta botella".
La tomé del trasero y piernas, la levanté y la senté sobre la punta de la botella ensartando el gollete en el ano. Su propio peso hizo que la punta del objeto se hundiera, penetrando en su recto. La gran grupa fue bajando hasta la superficie de la mesa como si se tragara la botella. El envase de vino, desde el gollete hacia abajo va agrandando su diámetro, se va haciendo más ancho hasta llegar a la base. Ella no tenía apoyo para detener el avance del objeto invasor en sus entrañas. Sus piernas estaban extendidas en la mesa y sus brazos atados. La anchura de la botella y el sobrepeso de la dolorosa fueron forzando el esfínter al límite de su capacidad. La angustia y el dolor se apoderaron de su ser. Desesperada trató de flexionar sus brazos atados, procurando subir su cuerpo. Tuvo éxito ya que detuvo el avance pero sus brazos quedaron tensos, ya no extendidos sino en un ángulo de 140 grados. Se notaba el esfuerzo máximo en su rostro el que comenzaba a enrojecer. Sus muñecas atadas fueron lastimándose y sus manos a amoratarse. Pasó un minuto en esa posición; decidí descargarle los 2 varillazos que faltaban,
"aaaah , aaay"- volvió a abrir los ojos , otra vez grandes y desesperados .
"como gritaste, debo darte 4 varillazos más y conste que no te sacaré la botella hasta que haya terminado con tus plantas". Le di el primero y volvió a gritar
"oh, otra multa de 2 varillazos"
"uf, uf, f, uf, no puedo soportarlo"
"como veo que no te gusta esto de los varillazos, te propongo algo: Te doy a elegir entre los 3 varillazos que restan o una sorpresa que tengo preparada y que no incluye este tipo de golpes"
"la sorpresaaaaaaaa"- Los brazos, el cuello y la cara de claudia estaban extremadamente tensos.
"tú lo has pedido, no hay varillas pero... jajaja"
Entonces le quité las ataduras que fijaban sus pies a la mesa, mas los tobillos continuaron amarrados y juntitos. Tomé sus piernas y las levanté en el aire. El peso se volvió a concentrar en el ano y ella hubo de tensar aun más los brazos para no desgarrarse. El peso de su cuerpo era sostenido por los brazos que por cierto no eran de los más fuertes.
"Deberás estar 3 minutos exactos en esta posición a partir de ahora, con eso pagarás tu multa"- le dije. Lo cierto es que claudia estaba al límite de sus fuerzas y para ella 3 minutos sonaban como 3 horas en sus oidos.
"no, no por favor, no resistiré”. Sus brazos, cara y cuello temblaban y su frente comenzó a sudar.
"Si no fueras tan gorda te sería más fácil, jajaja". Sus brazos comenzaron a bajar la flexión y por ende el trasero también bajó un poco más
"aaaay"
"jajajaja, quedarás abierta y la mierda pasará de largo Claudia" Otra vez volvió a hundirse la botella.
"aaaaah, uf, uf, uf, uf por favor"
"debes esforzarte claudia" Se completaron 2 minutos y volvió a penetrar un poco más la botella
"aaaaaaaah, mi culoooo, Dios miooo, se rompe mi culooooo"
Apenas se completó el tiempo tomé a Claudia y le saqué la botella. Su pecho estaba mojado de sudor y su cara desfalleciente. ¡Que exhausta se veía¡ Su vientre se movía acompasadamente con la respiración. La tomé del cabello y la miré al rostro, parecía una muñeca de trapo. Busqué agua en el vaso y le di de beber; estaba a punto de acariciarla y darle un beso. Sus manos estaban violáceas y decidí desatarla por completo. La hice bajar de la mesa.
"acuéstate en el suelo de espaldas" le ordené. "pon los brazos en cruz"
Sus enormes senos se derramaron cada uno a un lado. Estaba indefensa, cansada, con el culo adolorido. ¡Que bonita era en esa posición de reposo¡ me gustaba en esa posición de gatita panza arriba. La tomé del cabello y la arrastré por el piso. La llevé al baño y la metí en la tina (bañera). Le ordené que se bañara. Yo fui a la cocina a prepararme unos huevos revueltos. Era necesario que Claudia descansara un poco y yo también; aunque no sea creíble yo estaba ahíto de fuerzas, había sido desgastante disparar toda esa artillería de violencia sobre ella ¿Era la lujuria lo que me estimulaba a seguir el juego mórbido de claudia? No me estaba gustando el sadismo que a mi pesar estaba demostrando; yo no era así ¿o lo era? Pero si no era así, y si no me gustaba la morbosidad de la Dolorosa ¿por qué no dejaba el asunto hasta aquí? Si se trataba de lujuria, de pura y simple lujuria ¿no habría bastado con buscarme otra mujer? De hecho estaba "Pepita Loca”, una chica que también conocí en el chat bdsm. Tenía su mail, pero nunca le escribí porque en el ínterin conocí a la Dolorosa. ¿Y si estaba enamorándome? ¿Enamorándome de esta loca masoca? Es claro que también debo estar chiflado para enamorarme de semejante degenerada ya que lo que me estimulaba a hacerlo era precisamente esa extravagancia demencial, lo excepcional de su personalidad.
Volví a poner la TV. Era hora de noticias. Ninguna novedad, siempre las mismas estupideces. El peregrinaje por los distintos canales se me hizo monótono .De pronto me llegó una ola de aromas perfumados, mezcla de champú y colonias. Aparecía en la sala la dolorosa bañadita y con la cara rejuvenecida. Su cabello estaba mojado por lo que se veía más oscuro lo que hacía contraste con su piel blanca, ¡que bonita estaba¡ Se cubría con la toalla , quedé un instante mirándola. Salí disparado del sofá donde me encontraba sentado. Tomé su cara entre mis manos, acaricié sus cejas con mis dedos. Iba a besarla cuando noté que se crispaban sus mandíbulas. Me retuve. Le di una bofetada que le hizo girar la cabeza, acto seguido le arranqué la toalla volviendo a quedar completamente desnuda. Volví a atarla como antes, casi colgando del techo y con los brazos en alto, sus pies volvieron a quedar en puntas. Fui por mi correa de cuero. La prefería a los látigos o fustas que vendían en los sex shop. Fui descargando los correazos en la espalda en la parte alta y la lumbar alternativamente. Golpeaba fuerte. La dolorosa hacía gestos de dolor, cerrando los ojos y poniendo la boca apretada, pero no emitía sonidos mayores. No sé cuantos les di. Cuando terminé aprisioné sus ubérrimas nalgas con mis dedos, los que se hundieron como en una esponja; apreté bárbaramente y sacudí a fin de que bailara toda esa carne preciosa
"aaaay" se quejó.
"te voy a dar en tu grupa yegua".
Claudia me había confesado un día que sus azotaínas preferidas eran las nalgadas, eran la causa de calenturas infernales, según sus propias palabras. Le di 20 cachetazos con la palma en cada pompa. Me gustaba como se estremecían sus glúteos con cada golpe de mi mano. Ella se lamentaba con diversos "ssssss" o "aaaaah”, manifestaciones que, estaba seguro, eran de placer y dolor a la vez como una bebida agridulce. Al terminar exploré el interior de la concha con el índice; estaba viscoso a más no poder como imaginaba; era buena señal. Seguí con los golpes en los glúteos pero esta vez con la correa. Los "sss" y "aaaaah" aumentaron de volumen lo mismo el enrojecimiento del trasero. Paré un instante y palpé las nalgas; estaban afiebradas. Seguí dándole duro. Sus quejidos eran cada vez más altos y lastimeros. Calculaba que le había dado más de 20 correazos en las nalgas. 20 Era para mi un número indicador de "suficiente”, pero seguiría hasta 10 más. Me detuve a fin de que descansara. Claudia resoplaba y su frente se había llenado nuevamente de sudor. Fui por un vaso de agua y le di de beber; tragaba el líquido como una sedienta en el desierto.
Vi el refrigerador y comprobé que había hielo. Saqué un cubo de gran tamaño. Volví a la sala. A fin de paliar la fiebre comencé a pasar el cubo por las nalgas enrojecidas; ella respondió con "aaaaah" de agradecimiento entornando los ojos hacia arriba y casi poniéndolos blancos. Seguí con ese masaje dejando su po-po muy mojado. Fui pasando el cubo por entremedio de los glúteos y bajé hasta su agujero anal. Empecé a presionar para meterlo dentro. "aaaah, aaay". Los cubos no tienen protuberancias, sólo esas caras cuadradas por lo que no era fácil hacer el acoplamiento, por lo demás era muy grande. Presioné más pero no entraba. Me ayudé con la botella de vino y empujé el hielo con el gollete. De pronto entró junto con el gollete.
"aaaaaah, aaaaaah, aaaaaaaaaah" Claudia comenzó a gemir desesperada "aaaaah, aaah, sácalo, sácaloooooo”.
Claudia se agitaba como una demente furiosa; se retorcía como una lombriz expuesta fuera de la tierra. Cerraba los ojos, los apretaba, los abría desmesuradamente; bajaba y subía la cabeza; cerraba y abría la boca; todo su cuerpo estaba frenético, haciendo que sus protuberancias se agitasen como el océano tempestuoso. Claudia hacía todo eso y todo era inútil ya que nada podía parar esa sensación extraña y desesperante de ese cubo obstruyendo el recto y helándoselo.
"oh, oh, oh, oh oh oooooooh"
Yo no podía hacer nada al respecto ¿cómo iba a extraerle el cubo? En un arranque de sadismo, le volví enterrar el gollete de la botella muy profundo para que el cubo penetrara aún más. "oh oh oh oh, aaaaaay aaaaah”. Me encantaba verla en su retorcimiento de boa herida y enloquecida, de hembra indefensa y atada. Seguí con los correazos en las nalgas, pero esta vez le pegué con la hebilla de metal; fueron 10 y algo más, pegué duro. Pero sin duda, practicamente fueron ignorados por Claudia que estaba ocupada en sufrir el agobio de ese enorme cubo de hielo en sus entrañas. Estaría ahí hasta que se derritiera o ella lo expulsara con una perístasis, lo que se veía muy difícil debido a la forma recta del objeto. "mmmmmmmmm" La dolorosa comenzó a enrojecer, las venas del cuello se hincharon. Estaba pujando para que el cubo saliera, pero este estaba atorado. Yo debía continuar con los azotes.
"te quedarás así Claudia, debo continuar, lo siento jajajaja"
La descarga de golpes fue ahora, adelante. Le di en su vientre, pelvis, muslos, costillas; en forma desordenada. Sin embargo, y a pesar de lo salvaje de los correazos ella parecía indiferente a ellos y seguía ocupada de las desagradables sensaciones del pequeño témpano en el culo. Azoté fuerte también las tetas que, después de 6 golpes, enrojecieron; mas también fue inútil, la dolorosa parecía presa de un ataque de epilepsia. La dejé ahí y me vestí. La amordacé y puse una pinza en cada pezón,
"saldré a dar un paseo claudia"
"mmmmmm , mmm"
Sin duda quería decirme algo pero la dejé ahí casi colgada y con su culo helado .Continuó la estufa encendida, apagué las luces y salí de la cabaña. Eran las 10 de la noche y corría una brisa. Caminé por la oscuridad hacia la playa. Cuando llegué a la costa me dirigí a la casa del poeta Pablo Neruda; nunca había estado ahí; caminé por su alrededor. Se me antojó que si Neruda hubiera conocido a la Dolorosa, con seguridad le habría inspirado un poema; "Oda a la Dolorosa" o algo así. Es más, cualquier artista lo habría hecho. Seguí caminando y descubrí un bar, entré. Estaba lleno de gente, muchos de ellos extranjeros. Pedí una cerveza. Se me acercó una gringa bonita que entró a dialogar. La cerveza fue borrando mi timidez y aumentando la locuacidad de ella y la mía. Ya más tarde comenzó a cantar una chica acompañada de guitarra. Mientras escuchábamos tomé la mano de la gringa sin temor al rechazo; ella puso su cabeza en mi hombro por respuesta. Seguimos bebiendo, pasaron las horas. El bar fue cerrado y prácticamente fuimos expulsados del lugar.
Fuimos a la playa y nos tiramos en la arena contemplando el cielo estrellado completamente ebrios. En medio de la somnolencia alcohólica apareció la Dolorosa. La había dejado sola, colgando y con el culo taponado. Dios mío ¿qué hice? , miré a la gringa; estaba durmiendo su mona. Ya casi iba a amanecer. Corrí hacia la cabaña. No paré de correr. Esta vez el maratón era para rescatar a la Dolorosa, mi princesa Dolorosa. Mientras corría pensaba en lo estúpido que era en todos los sentidos: en seguir el juego de Claudia, en dejarme manipular por ella, en pretender estar enamorado de esa impúdica, en querer darle una lección y en dejarla sola con ese cubo en el cuerpo. Aceleré el paso. Me sentía lleno de energía, era extraño y más aún sin haber dormido y con todo ese alcohol en mi sangre.
Llegué a la cabaña y ahí estaba, colgando y hermosa como siempre. Sus ojos cerrados, desmayada. Había algo que le chorreaba por los muslos; ¡Dios mio¡ se había cagado. Tal vez intentó expulsar el cubo o fue producto de un desajuste intestinal causado por enfriamiento debido al hielo. La solté, le saqué las pinzas de los pechos. Le hablé, apenas abrió lo ojos,
"me dejaste sola" dijo, desfalleciente. La llevé al baño y la puse debajo de la ducha tibia para que calentara su cuerpo. Le limpié las heces
"ya pasó claudia"- le decía, mientras la jabonaba.
Luego la sequé y la arropé. La llevé a la cocina y le di de beber leche caliente, luego la acosté en la cama, muy tapada y le di un beso. Volví a la sala y limpié la suciedad. Me senté en el sillón y me dormí. Cuando desperté eran aproximadamente las 12 hrs del día siguiente. Fui al dormitorio, pero la Dolorosa ya no estaba, se había marchado. Dejó una nota que es el único rastro físico que tengo de ella.
"ADIOS. Tú también me gustas y gocé cada uno de los momentos que estuve contigo, incluido el de anoche, creo que fue genial. Pero no respetaste el trato. No lo comprendes; ya no quiero estar sola con mi soledad, es algo de lo que quiero escapar y que me persigue. Pensé que lo habías comprendido.
ADIOS, besos, te voy a recordar siempre.
CLAUDIA, "LA DOLOROSA"."
FIN
Por favor escribe tus impresiones, críticas, comentarios o lo que quieras decirme a
triatletaxx@yahoo.com.ar c_barraza_rios@hotmail.com
TE LO AGRADECERÉ
"desnúdate"- Le ordené.
Claudia se sacó el vestido. Llevaba cuadros y un sostén de color blanco como ropa interior. Siempre me complacía contemplar la escena de ella quitándose la ropa íntima. La liberación de sus enormes pechos de la prisión de su también enorme sostén era un espectáculo alucinante; el sólo pensar en el tamaño extraordinario de esa prenda hacía que el pene se me endureciera al instante; y ahí estaba ese par de volúmenes, blancos y húmedos por el sudor. Se quitó los cuadros. Quedaron al descubierto sus gorduras, estrías y piel de naranja que tanto le acomplejaban. ¡Que enorme culo, por Dios! Los muslos de sus piernas eran gordos pero con las carnes apretadas. No puedo decir lo mismo de su vientre y nalgas que al más mínimo movimiento temblaban como una gelatina. Toda esa piel blanca, rellena de lípidos en sus partes más deseables hacía resaltar el bosque negro y tupido de su pubis. Una vez desnuda le extendí alcohol desnaturalizado y dije
"ve al baño y aplícatelo en las heridas de los pies después de lavártelos"
Se dirigió al baño cojeando del pie izquierdo y bamboleando involuntariamente sus gigantescas nalgas. Yo terminé mi jugo de frutas y encendí el televisor. Estaban dando un documental sobre la vida de los animales salvajes. Me entretuve unos minutos y luego me fui al baño. La Dolorosa estaba sentada en la taza del WC aseándose los pies y aplicándose el alcohol con un algodón, como le había ordenado
"vete de aquí perra, me voy a dar una ducha"
Se puso de pie pero antes de que saliera la tomé del cabello y la obligué a ponerse en 4 patas. Sus blancas ubres quedaron colgando y casi rozaban el suelo. Su trasero, en esa posición, no sólo se veía enorme sino groseramente redondo. Extraje un condón del bolsillo de mi pantalón y le ordené que me lo ajustara al pene. A estas alturas el miembro estaba duro y erguido y no era necesario ningún masaje previo, como siempre ella me hacía. Una vez puesto, y de nuevo la Dolorosa en 4 patas, se lo metí por el ano con fuerza
"aaaaay"- se quejó.
Comencé mi ataque a un ritmo suave. Llevé mi mano a su vagina y palpé con el índice su interior para ver si estaba húmeda. Ciertamente la Dolorosa no estaba excitada: el ejercicio y las heridas en los pies habían sido demasiado para ella. Su cara le hacía honor a su apodo y reflejaba angustia y desánimo.
En sesiones anteriores yo había sodomizado a Claudia. Siempre su culo estaba apretado para mi placer y su dolor, mas ella gozaba y se provocaba los más bullados orgasmos masajeándose el clítoris paralelamente a mis ataques. Según su testimonio las sodomizaciones le proporcionaban los más grandes placeres; pero ahora era distinto, ella no estaba gozando y la enculada le dejaba tan sólo dolor. Continué con la cabalgata acompañándola con groserías e insultos. A cada embestida le agregaba un fuerte cachetazo en las nalgas.
"que culo de yegua tienes"- le decía.
Por la ausencia de gozo de Claudia, diría que técnicamente eso era casi una violación. Tiré de sus cabellos para que hicieran las veces de riendas "aaaah…" por el espejo de la pared notaba como se balanceaban las tetas: Innumerables veces había tenido esa visión y nunca me dejaba de impresionar. Cuando me vino la corrida, enterré brutalmente los dedos en sus gelatinosos glúteos respondiendo ella con un grito ronco y ahogado. Fue placentero para mí pero no estuve satisfecho. Sabía que ella no había gozado y siempre esperé el STOP que no llegó. Mandé que se pusiera de pie, me sacara el condón y vaciara el semen en un vaso de vidrio que estaba sobre la mesa del living.
"bébetelo"- le ordené. Ella cerró los ojos y tragó el esperma. "Para que te calme la sed, ese es tu refresco puta asquerosa”.
Acto seguido la dejé atada de las muñecas, con los brazos en alto como ya dije. Me fui a tomar una ducha para sacarme la transpiración que me había provocado el pequeño maratón. Mientras caía el agua sobre mi cabeza me preguntaba que seguiría después. La Dolorosa no se rendía; es más, yo estaba a punto de hacerlo. Con lo que ya le había propinado sólo deseaba consolarla, curarle sus heridas, arrumarla y hacerle el amor; pero sabía que mi rendición provocaría su desprecio y ya nunca más la vería. Debía resistir y aumentar mi sadismo.
Volví a la sala desnudo y descalzo, secándome con una toalla. La dolorosa continuaba atada, con los brazos en alto; aún no comenzaba a dar muestras de incomodidad, se veía serena. Encendí la estufa para entibiar el ambiente. Ambos estábamos desnudos y no queríamos resfriarnos. No obstante estar en primavera, el clima costero sin ser excesivamente frío era muy húmedo por lo que puse la calefacción a su máxima capacidad. La cabaña era de madera y no tardaría en subir la temperatura.
"Te voy a revisar el cuerpo Claudia"
Con la mano le apreté las mejillas a fin de que abriera la boca como un pez, le metí los dedos por sus encías, dientes, paladar y lengua. Apreté su nariz, le metí los dedos en las fosas nasales. Di 2 fuertes tirones a sus orejas a los que respondió con un "aay" tembloroso. Traté de introducir los dedos en sus oídos, sin éxito. Apreté de su cuello, presionando hasta que empezó a dar muestras de sofoco, luego jalé del cabello, lo sacudí 1, 2, 3 veces, lanzó un "aaay" y los ojos se le llenaron de lágrimas. "Plaf" le di un cachetazo en la cara
"ya deja de quejarte puta".
Seguí con su parte trasera, pasé mi palma por su espalda, di un cachetazo a cada una de sus nalgas y seguí bajando, pero antes me puse un guante de goma en la mano derecha y le dije
"no quiero ensuciarme con tu mierda de puerca"
Metí el dedo medio y luego el índice en su ano. Lo metí y lo saqué alternativamente; luego escarbé con brutalidad como si tratara de encontrar algo. Ella volvió a quejarse. Me saqué el guante y continué pasando la mano por sus muslos. No se trataba de caricias sino de un símil de revista, una búsqueda de alguna imperfección que en realidad no existía. Me puse frente a ella para revisar la delantera, pasé por sus sobacos perfectamente afeitados, por su pecho, bajé a sus ubres de vaca que tanto me gustaban
"eres una vaca, que horribles son tus ubres"
Cuando dije eso, ella me miró fijo a los ojos. Sabía que mentía, sabía que yo valoraba esas tetas, que me maravillaba con ellas. Di tres cachetazos en sus melones, los que se movieron de manera enloquecedora como si tuvieran una vida propia e independiente del resto del cuerpo; ahogó un quejido. Eras delicada de tetas, Dolorosa mía, como una buena y dulce hembra. Atenacé sus carnosos pezones y se los torcí, giré los dedos y casi doy 3 vueltas
"aaaaah, aaay"- cerró los ojos de dolor y corrieron 2 lágrimas por su cara
"ahorra los quejidos para después"- le espeté.
Sin soltar los pezones, tiré de ellos, de a poco, muy de a poco; tiré, tiré; me retiraba hacía atrás y ella avanzaba hacia adelante tratando inútilmente de neutralizar la tensión; seguí tirando, tiré tanto que ella dejó de pisar en los libros que yo le había puesto como promontorio y puso la punta de sus pies en el suelo. Seguí tirando "aaaaaaaah" Sus tetas abundantes se estiraron y perdieron volumen para ganar longitud. ¡Que elástica puede llegar a ser la piel cuando la tensión es mucha¡ los que no lo han visto no lo creerían . Le di unas buenas y brutales sacudidas como si se tratara de ropa mojada
"aaaaah, por Dios aaaah"- su grito fue feo y parecía estar siendo desgarrada, la solté, su respiración se agitó y estaba derechamente sollozando, volví a abofetearle la cara,
"¿no tienes suficiente, depende de ti seguir?"
Como lo suponía no respondió nada. Seguí con la revisión. Pasé por su barriga y caderas, por la parte baja del abdomen, metí el índice en su ombligo de gorda y escarbé como si tratara de apuñalarla con mi dedo. Yo no encontraba feo el cuerpo de la Dolorosa. No me importaba que estuviera rellenita, eso le daba un especial encanto. Tal vez si hubiera sido otra mujer no habría ocurrido lo mismo. Es que como ya lo he dicho, el cuerpo de Claudia era naturalmente un 8, lleno de curvas que habría seguido existiendo si el tejido adiposo se hubiera acabado. No obstante ello, quise atormentarla psicológicamente aprovechándome de su complejo. Ella sabía que su cuerpo me enloquecía pero su complejo era tan grande que mis palabras, de todas formas resultarían peor que los azotes. Hundí mis dedos en las gorduras de sus caderas y tiré de ellas,
"mira que chancha estás, cerda asquerosa, mírate, eres un asco. Debes mirar lo fea que eres"
Fui a buscar el espejo de cuerpo entero que había en el baño y lo instalé en la pared frente a Claudia de manera que ella misma se mirara. Luego volví a enterrar los dedos, esta vez en la gordura de debajo del ombligo y dije
"mira este neumático, veo que llevas repuestos para auto, que prevenida eres, jajaja" Apreté muy fuerte y ella lanzó un
"aaaaay" luego dijo "por Dios". Yo lancé una carcajada y comencé a sacudirle todas las gorduras de su abdomen.
"Mira Claudia, mírate, eres una gelatina" le lancé cachetazos a cada una de las gorduras de su vientre el que se remecía como el agua dentro de una olla llenada al tope. Di 1, 2, 3, 4, 5 cachetadas en su barriga
"aaaaah, por Dios, no, no por favor" y estalló en fuertes sollozos
"jajajaja"
Mi risa era falsa, en realidad no quería seguir. Sin embargo la dolorosa no cedía ante el asalto de mi crueldad. Continué con el periplo de mi mano. Pasé por los pelos sedosos de su pubis, metí los dedos dentro de su agujero vaginal, jalé de sus labios, acaricié su clítoris. Tomé una mata de su matorral y tiré como si pretendiera arrancarlo pero sin esa intención sino sólo para causar dolor; dio un grito, quedé con unos pocos pelos en mi mano. Volví a escarbar con los dedos, su vagina. Se había calentado. Me gustaba la humedad que había encontrado ya que era señal de que empezaba a disfrutar. Estuve masturbándola unos minutos. Luego llevé los dedos a su boca y le ordené que los chupara
"cómete tus jugos de ramera"
Comenzó a lamer con avidez; estuvo así un rato, tal vez 5 minutos. Miré el reloj: eran ya las 7 de la tarde y tenía hambre. Calenté agua en la cocina a fin de preparar un café. Me hice un sándwich de mantequilla y jamón de pavo y luego encendí de nuevo la TV. Me dispuse a comer. En la tele pasaban una película de wester, algo aburrida pero la estuve viendo mientras comía. Demás está decir que la dolorosa seguía atada, casi colgando y no debía comer (y seguramente tenía un hambre mayor que la mía), sólo mirarme a mí hacerlo. Una vez terminada mi merienda decidí estirar las piernas y dar un paseo por alrededor de la cabaña. Cuando estaba abriendo la puerta, de pronto escuché el ¡STOP¡ Miré a la Dolorosa, la palabra mágica que había estado esperando. Mi corazón se alegró y sonreí; pero ella continuaba con la cara seria, me miraba fijo.
"¿te vas?, recuerda el límite que prometiste respetar, no debes dejarme sola" era eso, mi alegría había sido prematura.
"No te preocupes claudia, sólo me fumaré un cigarro aquí afuera"
"quédate"
"son tan sólo unos minutos"- y salí de la cabaña.
Ya había anochecido, hacía brisa y ese olor de pinos mezclado con el aroma típico de la costa de Isla Negra me invitó a respirar hondo. Caminé hacia unos arbustos para encontrar el objeto que tenía pensado. Fue fácil hallarla, una varilla. La corté de una rama. Era dura, larga, flexible y fina; excelente combinación. La probé jugando con ella como si se tratara de un florete. Estaba perfecta. Luego entré.
"¿ves claudia? ya llegué, tomó sólo unos minutos”.
Ya dije que la Dolorosa estaba casi colgando (sólo casi) atada de manos desde la viga del techo. Me propuse ensayar otra postura para darle una azotaina diferente. En la cabaña había una gran mesa que moví hacia donde estaba Claudia. La tomé en brazos (en verdad pesaba) y la puse sobre la mesa. Debo decir que continuaba atada de las muñecas y con los brazos en alto hacia el techo, lo mismo sus tobillos; de tal manera que quedó sentada sobre el mueble con las piernas juntas y extendidas, es decir tan sólo apoyaba en la mesa su trasero y piernas. La gordura de su bajo vientre se apelotonó sobresaliendo hacia arriba al quedar su cuerpo en ángulo recto. Si duda esta posición era más cómoda que la anterior, sin embargo estaba destinada a la próxima tortura.
La planta de sus pies quedó expuesta a mi vista; estaban muy heridas, las toqué levemente con la varilla y percibí un pequeño gesto de dolor. En sesiones pasadas yo había torturado a la dolorosa haciéndole cosquillas en esa parte. Soy ignaro en esos temas pero creo que existen en la planta algunas terminales nerviosas que despiertan de forma especial la sensibilidad. Las cosquillas aunque tortura enloquecedora eran una humorada, un instante en que lo lúdico de la sesión se potenciaba al máximo. Mas ahora esa no era mi intención. Sus plantas estaban muy lastimadas y yo iba a comenzar a golpear despiadadamente sobre tan delicada superficie. Agité la varilla en el aire y le dije
"esto va a doler mi chancha”.
El primer impacto hizo que la dolorosa doblara las piernas intentando recoger su cuerpo. Di un segundo golpe y la Dolorosa volvió a hacer lo mismo. Me obligó a atarle sus pies a la mesa de manera que quedaran fijas las piernas a ella y no pudiera moverse. La varilla es fina y cada golpe de ella afecta la primera capa de la piel, sin embargo causa un profundo dolor, máxime si golpeamos sobre una superficie herida. Lancé un tercer golpe
"sssss, oooh" le descargué un varillazo en los pechos y le dije
"deja de chillar. Mira puerca, te voy a dar sólo 10 varillazos en lo pies, pero por cada grito y quejido te ganarás 2 más"
La ataqué con una descarga de golpes propinados con toda la fuerza de mi brazo. Al golpe 1 apretó los ojos, ahogó el lamento; como no pudo recoger las piernas por estar fijas a la mesa entonces acercó su tronco a los pies haciendo bailar sus tetas.
"jajajajaja, ¿dolió? y es sólo el comienzo, te faltan 9 aún". Le di otro, y otro y otro; al quinto golpe no pudo aguantarse
"ggrrrr, aaay" gritó, abrió desmesuradamente los ojos y empezó a bufar "uf, uf, uf, uf”.
Le di el sexto, "aaaah" volvió a agigantar los ojos y su cara tembló como en un ataque epiléptico. Al número 7 descargó un "mmmmmm" contenido. Llegó el 8, el 9 y finalmente el 10, en todos ellos también conteniendo los lamentos, con los ojos cerrados y apretados, crispando mandíbulas y labios.
"Ahí están los 10 pero te quejaste 3 veces y 3x2= 6, jajaja, te faltan 6 más"
"no sigas por favor"
"tu sabes cómo debes pedírmelo, claudia"
"no, no" su lamento era entrecortado y con hipos.
"Sólo 6 más" De pronto e intempestivamente descargué un golpe,
"aaaay" luego otro, y otro hasta completar los 6. En todos ellos gritó sin dejar de llorar. "las 6 veces te quejaste Claudia, en consecuencia tu multa a pagar asciende a 12 varillazos"
"no, no por favor "- agrandó sus ojos y me miraba fijo como una loca, -"por favor, es insoportable"
"si es insoportable dime que pare"
"paraaaaa, no sigaaaas"
"así no claudia, tú sabes cómo debes pedirlo"
A estas alturas yo no sabía qué pensar. Realmente era un suplicio atroz el que sufría mas no se rendía, ¿que debía hacer? miré sus pies; estaban al rojo e hinchados ¿debía continuar con 12 varillazos más?, sus lágrimas no podían ser fingidas.
"Eres una enferma perturbada claudia, tan sólo debes pronunciar la palabra y todo acaba". Ladeó la cabeza y descansó su frente en un brazo. Paró de llorar y quedó en silencio, luego dijo en un susurro,
"aun no, todavía no es tiempo"
lo dijo sin mirarme a la cara. Ya no podía más, bastaba con decidirlo, la desataba y nos devolveríamos a la ciudad; pero nunca más vería a la Dolorosa, de eso estaba seguro ; ella no diría STOP en toda la noche , era una masoquista suicida .
"Eres una perturbada".
"Lo sé, podemos dejarlo hasta aquí"
Su voz sonó fría y lejana. En ese instante pensé en la dolorosa como el ser humano más solo del mundo; me superaba a mi en soledad, su trastorno era extremo, ¿cuál era la necesidad de sentir dolor a ese nivel?
"¿qué quieres demostrar? ¿Cual es el fin de todo esto? "
"ya déjalo, me voy, no eres el que busco, me equivoqué contigo"dijo con voz y mirada acerada.
Me llené de ira y descargué un varillazo. Recogió su cuerpo y movió los deditos de sus pies como saludando el golpe: Había cerrado los ojos y pudo contener el grito; sin duda lo estaba esperando y me había provocado. Le di 11 varillazos seguidos, sin ninguna tregua; se contuvo en todos pero al número 12 soltó un "aaaaaay" desesperado. Me dijo
"debes multarme con 2 golpes" hundí mis dedos en su teta derecha salvajemente y dije
"El que castiga soy yo, ¿entendido?"
Fui a la cocina en busca de una botella de vino vacía, era de vidrio; puse el envase en la mesa al lado de la dolorosa. Le dije
"aquí te sentarás, encima de esta botella".
La tomé del trasero y piernas, la levanté y la senté sobre la punta de la botella ensartando el gollete en el ano. Su propio peso hizo que la punta del objeto se hundiera, penetrando en su recto. La gran grupa fue bajando hasta la superficie de la mesa como si se tragara la botella. El envase de vino, desde el gollete hacia abajo va agrandando su diámetro, se va haciendo más ancho hasta llegar a la base. Ella no tenía apoyo para detener el avance del objeto invasor en sus entrañas. Sus piernas estaban extendidas en la mesa y sus brazos atados. La anchura de la botella y el sobrepeso de la dolorosa fueron forzando el esfínter al límite de su capacidad. La angustia y el dolor se apoderaron de su ser. Desesperada trató de flexionar sus brazos atados, procurando subir su cuerpo. Tuvo éxito ya que detuvo el avance pero sus brazos quedaron tensos, ya no extendidos sino en un ángulo de 140 grados. Se notaba el esfuerzo máximo en su rostro el que comenzaba a enrojecer. Sus muñecas atadas fueron lastimándose y sus manos a amoratarse. Pasó un minuto en esa posición; decidí descargarle los 2 varillazos que faltaban,
"aaaah , aaay"- volvió a abrir los ojos , otra vez grandes y desesperados .
"como gritaste, debo darte 4 varillazos más y conste que no te sacaré la botella hasta que haya terminado con tus plantas". Le di el primero y volvió a gritar
"oh, otra multa de 2 varillazos"
"uf, uf, f, uf, no puedo soportarlo"
"como veo que no te gusta esto de los varillazos, te propongo algo: Te doy a elegir entre los 3 varillazos que restan o una sorpresa que tengo preparada y que no incluye este tipo de golpes"
"la sorpresaaaaaaaa"- Los brazos, el cuello y la cara de claudia estaban extremadamente tensos.
"tú lo has pedido, no hay varillas pero... jajaja"
Entonces le quité las ataduras que fijaban sus pies a la mesa, mas los tobillos continuaron amarrados y juntitos. Tomé sus piernas y las levanté en el aire. El peso se volvió a concentrar en el ano y ella hubo de tensar aun más los brazos para no desgarrarse. El peso de su cuerpo era sostenido por los brazos que por cierto no eran de los más fuertes.
"Deberás estar 3 minutos exactos en esta posición a partir de ahora, con eso pagarás tu multa"- le dije. Lo cierto es que claudia estaba al límite de sus fuerzas y para ella 3 minutos sonaban como 3 horas en sus oidos.
"no, no por favor, no resistiré”. Sus brazos, cara y cuello temblaban y su frente comenzó a sudar.
"Si no fueras tan gorda te sería más fácil, jajaja". Sus brazos comenzaron a bajar la flexión y por ende el trasero también bajó un poco más
"aaaay"
"jajajaja, quedarás abierta y la mierda pasará de largo Claudia" Otra vez volvió a hundirse la botella.
"aaaaah, uf, uf, uf, uf por favor"
"debes esforzarte claudia" Se completaron 2 minutos y volvió a penetrar un poco más la botella
"aaaaaaaah, mi culoooo, Dios miooo, se rompe mi culooooo"
Apenas se completó el tiempo tomé a Claudia y le saqué la botella. Su pecho estaba mojado de sudor y su cara desfalleciente. ¡Que exhausta se veía¡ Su vientre se movía acompasadamente con la respiración. La tomé del cabello y la miré al rostro, parecía una muñeca de trapo. Busqué agua en el vaso y le di de beber; estaba a punto de acariciarla y darle un beso. Sus manos estaban violáceas y decidí desatarla por completo. La hice bajar de la mesa.
"acuéstate en el suelo de espaldas" le ordené. "pon los brazos en cruz"
Sus enormes senos se derramaron cada uno a un lado. Estaba indefensa, cansada, con el culo adolorido. ¡Que bonita era en esa posición de reposo¡ me gustaba en esa posición de gatita panza arriba. La tomé del cabello y la arrastré por el piso. La llevé al baño y la metí en la tina (bañera). Le ordené que se bañara. Yo fui a la cocina a prepararme unos huevos revueltos. Era necesario que Claudia descansara un poco y yo también; aunque no sea creíble yo estaba ahíto de fuerzas, había sido desgastante disparar toda esa artillería de violencia sobre ella ¿Era la lujuria lo que me estimulaba a seguir el juego mórbido de claudia? No me estaba gustando el sadismo que a mi pesar estaba demostrando; yo no era así ¿o lo era? Pero si no era así, y si no me gustaba la morbosidad de la Dolorosa ¿por qué no dejaba el asunto hasta aquí? Si se trataba de lujuria, de pura y simple lujuria ¿no habría bastado con buscarme otra mujer? De hecho estaba "Pepita Loca”, una chica que también conocí en el chat bdsm. Tenía su mail, pero nunca le escribí porque en el ínterin conocí a la Dolorosa. ¿Y si estaba enamorándome? ¿Enamorándome de esta loca masoca? Es claro que también debo estar chiflado para enamorarme de semejante degenerada ya que lo que me estimulaba a hacerlo era precisamente esa extravagancia demencial, lo excepcional de su personalidad.
Volví a poner la TV. Era hora de noticias. Ninguna novedad, siempre las mismas estupideces. El peregrinaje por los distintos canales se me hizo monótono .De pronto me llegó una ola de aromas perfumados, mezcla de champú y colonias. Aparecía en la sala la dolorosa bañadita y con la cara rejuvenecida. Su cabello estaba mojado por lo que se veía más oscuro lo que hacía contraste con su piel blanca, ¡que bonita estaba¡ Se cubría con la toalla , quedé un instante mirándola. Salí disparado del sofá donde me encontraba sentado. Tomé su cara entre mis manos, acaricié sus cejas con mis dedos. Iba a besarla cuando noté que se crispaban sus mandíbulas. Me retuve. Le di una bofetada que le hizo girar la cabeza, acto seguido le arranqué la toalla volviendo a quedar completamente desnuda. Volví a atarla como antes, casi colgando del techo y con los brazos en alto, sus pies volvieron a quedar en puntas. Fui por mi correa de cuero. La prefería a los látigos o fustas que vendían en los sex shop. Fui descargando los correazos en la espalda en la parte alta y la lumbar alternativamente. Golpeaba fuerte. La dolorosa hacía gestos de dolor, cerrando los ojos y poniendo la boca apretada, pero no emitía sonidos mayores. No sé cuantos les di. Cuando terminé aprisioné sus ubérrimas nalgas con mis dedos, los que se hundieron como en una esponja; apreté bárbaramente y sacudí a fin de que bailara toda esa carne preciosa
"aaaay" se quejó.
"te voy a dar en tu grupa yegua".
Claudia me había confesado un día que sus azotaínas preferidas eran las nalgadas, eran la causa de calenturas infernales, según sus propias palabras. Le di 20 cachetazos con la palma en cada pompa. Me gustaba como se estremecían sus glúteos con cada golpe de mi mano. Ella se lamentaba con diversos "ssssss" o "aaaaah”, manifestaciones que, estaba seguro, eran de placer y dolor a la vez como una bebida agridulce. Al terminar exploré el interior de la concha con el índice; estaba viscoso a más no poder como imaginaba; era buena señal. Seguí con los golpes en los glúteos pero esta vez con la correa. Los "sss" y "aaaaah" aumentaron de volumen lo mismo el enrojecimiento del trasero. Paré un instante y palpé las nalgas; estaban afiebradas. Seguí dándole duro. Sus quejidos eran cada vez más altos y lastimeros. Calculaba que le había dado más de 20 correazos en las nalgas. 20 Era para mi un número indicador de "suficiente”, pero seguiría hasta 10 más. Me detuve a fin de que descansara. Claudia resoplaba y su frente se había llenado nuevamente de sudor. Fui por un vaso de agua y le di de beber; tragaba el líquido como una sedienta en el desierto.
Vi el refrigerador y comprobé que había hielo. Saqué un cubo de gran tamaño. Volví a la sala. A fin de paliar la fiebre comencé a pasar el cubo por las nalgas enrojecidas; ella respondió con "aaaaah" de agradecimiento entornando los ojos hacia arriba y casi poniéndolos blancos. Seguí con ese masaje dejando su po-po muy mojado. Fui pasando el cubo por entremedio de los glúteos y bajé hasta su agujero anal. Empecé a presionar para meterlo dentro. "aaaah, aaay". Los cubos no tienen protuberancias, sólo esas caras cuadradas por lo que no era fácil hacer el acoplamiento, por lo demás era muy grande. Presioné más pero no entraba. Me ayudé con la botella de vino y empujé el hielo con el gollete. De pronto entró junto con el gollete.
"aaaaaah, aaaaaah, aaaaaaaaaah" Claudia comenzó a gemir desesperada "aaaaah, aaah, sácalo, sácaloooooo”.
Claudia se agitaba como una demente furiosa; se retorcía como una lombriz expuesta fuera de la tierra. Cerraba los ojos, los apretaba, los abría desmesuradamente; bajaba y subía la cabeza; cerraba y abría la boca; todo su cuerpo estaba frenético, haciendo que sus protuberancias se agitasen como el océano tempestuoso. Claudia hacía todo eso y todo era inútil ya que nada podía parar esa sensación extraña y desesperante de ese cubo obstruyendo el recto y helándoselo.
"oh, oh, oh, oh oh oooooooh"
Yo no podía hacer nada al respecto ¿cómo iba a extraerle el cubo? En un arranque de sadismo, le volví enterrar el gollete de la botella muy profundo para que el cubo penetrara aún más. "oh oh oh oh, aaaaaay aaaaah”. Me encantaba verla en su retorcimiento de boa herida y enloquecida, de hembra indefensa y atada. Seguí con los correazos en las nalgas, pero esta vez le pegué con la hebilla de metal; fueron 10 y algo más, pegué duro. Pero sin duda, practicamente fueron ignorados por Claudia que estaba ocupada en sufrir el agobio de ese enorme cubo de hielo en sus entrañas. Estaría ahí hasta que se derritiera o ella lo expulsara con una perístasis, lo que se veía muy difícil debido a la forma recta del objeto. "mmmmmmmmm" La dolorosa comenzó a enrojecer, las venas del cuello se hincharon. Estaba pujando para que el cubo saliera, pero este estaba atorado. Yo debía continuar con los azotes.
"te quedarás así Claudia, debo continuar, lo siento jajajaja"
La descarga de golpes fue ahora, adelante. Le di en su vientre, pelvis, muslos, costillas; en forma desordenada. Sin embargo, y a pesar de lo salvaje de los correazos ella parecía indiferente a ellos y seguía ocupada de las desagradables sensaciones del pequeño témpano en el culo. Azoté fuerte también las tetas que, después de 6 golpes, enrojecieron; mas también fue inútil, la dolorosa parecía presa de un ataque de epilepsia. La dejé ahí y me vestí. La amordacé y puse una pinza en cada pezón,
"saldré a dar un paseo claudia"
"mmmmmm , mmm"
Sin duda quería decirme algo pero la dejé ahí casi colgada y con su culo helado .Continuó la estufa encendida, apagué las luces y salí de la cabaña. Eran las 10 de la noche y corría una brisa. Caminé por la oscuridad hacia la playa. Cuando llegué a la costa me dirigí a la casa del poeta Pablo Neruda; nunca había estado ahí; caminé por su alrededor. Se me antojó que si Neruda hubiera conocido a la Dolorosa, con seguridad le habría inspirado un poema; "Oda a la Dolorosa" o algo así. Es más, cualquier artista lo habría hecho. Seguí caminando y descubrí un bar, entré. Estaba lleno de gente, muchos de ellos extranjeros. Pedí una cerveza. Se me acercó una gringa bonita que entró a dialogar. La cerveza fue borrando mi timidez y aumentando la locuacidad de ella y la mía. Ya más tarde comenzó a cantar una chica acompañada de guitarra. Mientras escuchábamos tomé la mano de la gringa sin temor al rechazo; ella puso su cabeza en mi hombro por respuesta. Seguimos bebiendo, pasaron las horas. El bar fue cerrado y prácticamente fuimos expulsados del lugar.
Fuimos a la playa y nos tiramos en la arena contemplando el cielo estrellado completamente ebrios. En medio de la somnolencia alcohólica apareció la Dolorosa. La había dejado sola, colgando y con el culo taponado. Dios mío ¿qué hice? , miré a la gringa; estaba durmiendo su mona. Ya casi iba a amanecer. Corrí hacia la cabaña. No paré de correr. Esta vez el maratón era para rescatar a la Dolorosa, mi princesa Dolorosa. Mientras corría pensaba en lo estúpido que era en todos los sentidos: en seguir el juego de Claudia, en dejarme manipular por ella, en pretender estar enamorado de esa impúdica, en querer darle una lección y en dejarla sola con ese cubo en el cuerpo. Aceleré el paso. Me sentía lleno de energía, era extraño y más aún sin haber dormido y con todo ese alcohol en mi sangre.
Llegué a la cabaña y ahí estaba, colgando y hermosa como siempre. Sus ojos cerrados, desmayada. Había algo que le chorreaba por los muslos; ¡Dios mio¡ se había cagado. Tal vez intentó expulsar el cubo o fue producto de un desajuste intestinal causado por enfriamiento debido al hielo. La solté, le saqué las pinzas de los pechos. Le hablé, apenas abrió lo ojos,
"me dejaste sola" dijo, desfalleciente. La llevé al baño y la puse debajo de la ducha tibia para que calentara su cuerpo. Le limpié las heces
"ya pasó claudia"- le decía, mientras la jabonaba.
Luego la sequé y la arropé. La llevé a la cocina y le di de beber leche caliente, luego la acosté en la cama, muy tapada y le di un beso. Volví a la sala y limpié la suciedad. Me senté en el sillón y me dormí. Cuando desperté eran aproximadamente las 12 hrs del día siguiente. Fui al dormitorio, pero la Dolorosa ya no estaba, se había marchado. Dejó una nota que es el único rastro físico que tengo de ella.
"ADIOS. Tú también me gustas y gocé cada uno de los momentos que estuve contigo, incluido el de anoche, creo que fue genial. Pero no respetaste el trato. No lo comprendes; ya no quiero estar sola con mi soledad, es algo de lo que quiero escapar y que me persigue. Pensé que lo habías comprendido.
ADIOS, besos, te voy a recordar siempre.
CLAUDIA, "LA DOLOROSA"."
FIN
Por favor escribe tus impresiones, críticas, comentarios o lo que quieras decirme a
triatletaxx@yahoo.com.ar c_barraza_rios@hotmail.com
TE LO AGRADECERÉ