albertinobonito
01-08 2006, 11:15 AM
...Me acerqué cuidadosamente a la ventana y fui sorprendido. No pude evitarlo. El hombre abrió las persianas y me pregunto.
-Que haces acá? Que buscas? -agarrado de sorpresa solo pude contestar:
-Estaba viendo la película.
-Te gusto?
-Si, me encantó
-Entra para que la veamos juntos. Entra por la puerta de atrás.
El salió y me abrió la puerta y entramos sigilosamente. Sus hijas estaban viendo televisión en la sala. Cerró la puerta y me hizo sentar a su lado en la cama mientras la película empezaba a girar. La habitación estaba a oscuras y solo con la luz que despedía la pantalla. Él estaba con un pijama y me puso la mano en su órgano. Estaba blando. Me dijo:
-arrodíllate en el piso y mámalo con fuerza.
Yo me agache en el suelo y me lo introduje. Todavía había semen en el conducto. Lo chupé con fuerza y lo tragué. Se empezó a poner duro. Él me agarraba la cabeza con sus manos y me hacia tragar ese animal completo. A veces lo introducía hasta adentro de mi garganta. Era un animal grueso, corto, pero muy fuerte. Se sentía membrudo lleno de nervio y carne. Estaba muy caliente y casi me quemaba la boca.
-Con los labios- me decía.
Agarré la cabeza y la empecé a besar con mucha delicadeza y de pronto el me agarraba la cabeza y me lo hundía en la garganta con violencia. Y lo dejaba metido ahí por un buen rato. Así estuve como media hora. Luego sin decir palabra me acostó boca abajo con mis caderas al borde de la cama y me coloco dos almohadas levantando mis caderas muy arriba. Escupió en mi ano y lo lleno de saliva, y yo la sentía correr por mis pelotas.
-Ahora vas ser mío, mi putito y para nadie mas -me dijo al oído jadeando.
Trato de introducir la cabezota en mi pequeño orificio, pero no entraba. Yo me retorcía del dolor y dije que no. él trato varias veces, pero el orificio se negaba a aceptar a ese intruso enorme. Así estuvo luchando por largo rato, mientras me untaba más y mas saliva. Al final desesperado, mientras yo lloraba del dolor, me dijo al oído:
-Te van a escuchar, cállate, que mis hijas están en la sala y no se pueden enterar de esto
Con su mano izquierda me tapo la boca totalmente y con la otra mano me agarro las manos en mi espalda y no me dejaba moverme. Yo sentía todo el peso de ese hombre sobre mi espalda y no podía moverme. A duras penas podía respirar porque la mano en su boca casi tapaba mi nariz. Estaba completamente inmovilizado. Y ahí empezó la verdadera acción: Sin poderme mover ni gritar, y él sin lastima alguna, empezó la penetración forcejeando y a empujones. El trataba de abrir esa pequeña puerta cerrada. Así estuvo por largo tiempo. Casi con locura al final la cabeza entro mientras yo solo podía retorcerme y convulsionarme. Cuando la cabezota estuvo adentro, el se detuvo unos instantes, pujo fuerte y de repente de un empujón deslizo ese enorme animal dentro de mi. Yo lo sentí hasta el alma, como si me partieran en dos. Unas lágrimas cayeron de mis ojos. Él se quedo unos momentos así y luego empieza a darme con brutalidad con su enorme martillo. Lo sacaba totalmente y luego lo volvía a meter sin parar causándome ese gran dolor una y otra vez. Y luego lo metía hasta el fondo. Así estuvo por mucho rato. Yo perdí la noción del tiempo solo sintiendo como me abrían mi año y me rompían las entrañas a sangre fría y sin poder gritar mi gemir. De un momento a otro, me soltó y me voltio boca arriba como un trapo sucio y se monto en mi pecho.
-Métetelo a tu boquita y límpialo—me ordeno.
Lo limpie completamente. Lo deje limpio y reluciente. Cuando termine, empezó a meterlo otra vez sin parar hasta que un chorro de semen exploto en mi boca.
-trágatelo todo—me dijo al oído con furia contenida mientras gotas de semen grueso y caliente salían por las comisuras de mis labios.
Como no alcanzaba a tragar toda esa descarga, me abofeteo varias veces y recogió con sus dedos las gotas que habían caído en las sabanas y me hizo chuparle sus dedos gruesos llenos de semen. Luego agarro mi cabeza y me hizo lamer la almohada que todavía tenia semen en goterones.
-Esta bueno ya, pero tienes que volver para enseñarte otras cositas y otras posiciones -me dijo al oído suavemente- Desde ahora eres mi putito y yo voy a ser tu marido, vas a obedecerme en todo y sin rezongar. Y para que no se te olvide, quien es tu dueño desde ahora adelante te lo voy a recordar…
Me coloco boca abajo en sus rodillas y me dio varias palmadas con tanta fuerza, que la manos rebotaban. Mis nalgas quedaron calientes. Antes de irme, me hizo arrodillar frente a el y pedirle perdón y jurarle que volvería al día siguiente. Llegué a casa adolorido, mis caderas sufrieron excesivamente de sostener su peso y de los embates bestiales. Finalmente me dormí, adolorido pero muy feliz.
Si quieres leer la próxima parte, por favor escríbeme.
-Que haces acá? Que buscas? -agarrado de sorpresa solo pude contestar:
-Estaba viendo la película.
-Te gusto?
-Si, me encantó
-Entra para que la veamos juntos. Entra por la puerta de atrás.
El salió y me abrió la puerta y entramos sigilosamente. Sus hijas estaban viendo televisión en la sala. Cerró la puerta y me hizo sentar a su lado en la cama mientras la película empezaba a girar. La habitación estaba a oscuras y solo con la luz que despedía la pantalla. Él estaba con un pijama y me puso la mano en su órgano. Estaba blando. Me dijo:
-arrodíllate en el piso y mámalo con fuerza.
Yo me agache en el suelo y me lo introduje. Todavía había semen en el conducto. Lo chupé con fuerza y lo tragué. Se empezó a poner duro. Él me agarraba la cabeza con sus manos y me hacia tragar ese animal completo. A veces lo introducía hasta adentro de mi garganta. Era un animal grueso, corto, pero muy fuerte. Se sentía membrudo lleno de nervio y carne. Estaba muy caliente y casi me quemaba la boca.
-Con los labios- me decía.
Agarré la cabeza y la empecé a besar con mucha delicadeza y de pronto el me agarraba la cabeza y me lo hundía en la garganta con violencia. Y lo dejaba metido ahí por un buen rato. Así estuve como media hora. Luego sin decir palabra me acostó boca abajo con mis caderas al borde de la cama y me coloco dos almohadas levantando mis caderas muy arriba. Escupió en mi ano y lo lleno de saliva, y yo la sentía correr por mis pelotas.
-Ahora vas ser mío, mi putito y para nadie mas -me dijo al oído jadeando.
Trato de introducir la cabezota en mi pequeño orificio, pero no entraba. Yo me retorcía del dolor y dije que no. él trato varias veces, pero el orificio se negaba a aceptar a ese intruso enorme. Así estuvo luchando por largo rato, mientras me untaba más y mas saliva. Al final desesperado, mientras yo lloraba del dolor, me dijo al oído:
-Te van a escuchar, cállate, que mis hijas están en la sala y no se pueden enterar de esto
Con su mano izquierda me tapo la boca totalmente y con la otra mano me agarro las manos en mi espalda y no me dejaba moverme. Yo sentía todo el peso de ese hombre sobre mi espalda y no podía moverme. A duras penas podía respirar porque la mano en su boca casi tapaba mi nariz. Estaba completamente inmovilizado. Y ahí empezó la verdadera acción: Sin poderme mover ni gritar, y él sin lastima alguna, empezó la penetración forcejeando y a empujones. El trataba de abrir esa pequeña puerta cerrada. Así estuvo por largo tiempo. Casi con locura al final la cabeza entro mientras yo solo podía retorcerme y convulsionarme. Cuando la cabezota estuvo adentro, el se detuvo unos instantes, pujo fuerte y de repente de un empujón deslizo ese enorme animal dentro de mi. Yo lo sentí hasta el alma, como si me partieran en dos. Unas lágrimas cayeron de mis ojos. Él se quedo unos momentos así y luego empieza a darme con brutalidad con su enorme martillo. Lo sacaba totalmente y luego lo volvía a meter sin parar causándome ese gran dolor una y otra vez. Y luego lo metía hasta el fondo. Así estuvo por mucho rato. Yo perdí la noción del tiempo solo sintiendo como me abrían mi año y me rompían las entrañas a sangre fría y sin poder gritar mi gemir. De un momento a otro, me soltó y me voltio boca arriba como un trapo sucio y se monto en mi pecho.
-Métetelo a tu boquita y límpialo—me ordeno.
Lo limpie completamente. Lo deje limpio y reluciente. Cuando termine, empezó a meterlo otra vez sin parar hasta que un chorro de semen exploto en mi boca.
-trágatelo todo—me dijo al oído con furia contenida mientras gotas de semen grueso y caliente salían por las comisuras de mis labios.
Como no alcanzaba a tragar toda esa descarga, me abofeteo varias veces y recogió con sus dedos las gotas que habían caído en las sabanas y me hizo chuparle sus dedos gruesos llenos de semen. Luego agarro mi cabeza y me hizo lamer la almohada que todavía tenia semen en goterones.
-Esta bueno ya, pero tienes que volver para enseñarte otras cositas y otras posiciones -me dijo al oído suavemente- Desde ahora eres mi putito y yo voy a ser tu marido, vas a obedecerme en todo y sin rezongar. Y para que no se te olvide, quien es tu dueño desde ahora adelante te lo voy a recordar…
Me coloco boca abajo en sus rodillas y me dio varias palmadas con tanta fuerza, que la manos rebotaban. Mis nalgas quedaron calientes. Antes de irme, me hizo arrodillar frente a el y pedirle perdón y jurarle que volvería al día siguiente. Llegué a casa adolorido, mis caderas sufrieron excesivamente de sostener su peso y de los embates bestiales. Finalmente me dormí, adolorido pero muy feliz.
Si quieres leer la próxima parte, por favor escríbeme.