Venusazul
03-07 2006, 02:23 PM
“La bendición de haberte conocido compensa con creces el dolor por todo lo que nunca podrá ser....” (Jessie)
El día de mi cumpleaños pasado fue definitivamente muy especial, no solo por todo aquello que la edad implica en una mujer, sino porque por primera vez me cuestionaba acerca de ese rincón en mi alma que siempre había estado vacío. Tengo una linda familia, una buena casa, un buen marido y dos adorables hijos. Mi vida entera la había dedicado a ellos, postergando siempre por amor, todo mi desarrollo profesional y emocional. A pesar de estar permanentemente muy enamorada de mi marido siempre en mi corazón y en mi mente primaban los deseos de estar con una mujer, las fantasías con ellas eran frecuentes, me gustaban y siempre me van a gustar las mujeres, pero mi lucha contra los prejuicios sociales y una sociedad castigadora y represiva siempre me impedían hacer el menor intento por darle espacio a mis sentimientos y deseos. Desde ese contexto podría decirse que estoy en la categoría de bisexual más que de lesbiana, pero mi opinión personal es que los sentimientos no tienen género ni se clasifican... solo se sienten.
Pero volviendo al día de mi cumpleaños, recuerdo que no tenía nada preparado, no era mi intensión celebrarlo, sin embargo me llevé una linda sorpresa en la noche cuando de a poco comenzaron a llegar muchos familiares y amigos, era una fiesta que me habían preparado. Esa noche estaba particularmente feliz, rodeada del cariño de todos mis seres queridos y como todo buen cumpleaños que se precie de tal, debía tener una torta. Grande fue mi sorpresa y descomunal mi carcajada cuando a las doce de la noche apagaron las luces y de la nada apareció una de mis primas con una gigantesca torta que llevaba encendidas 40 velitas.... que ternura, parecía una verdadera antorcha olímpica a punto de quemar mi casa. Las risas y las bromas no se hicieron esperar, y entonces en un instante de silencio alguien dijo:
_ ¡debes pedir un deseo especial por tus cuarenta años!
Todos enmudecieron y yo solo atiné a cerrar los ojos y en un acto absolutamente inconciente y sin premeditación pensé “una mujer... quiero una mujer en mi vida” Y así transcurrió la fiesta toda la noche sin que yo le diera mayor importancia a mi pedido puesto que generalmente los deseos jamás se cumplen al pie de la letra. Pasaron los meses y me olvidé del asunto dedicándome por completo a mis labores domésticas y a veces ingresaba a Internet para buscar alguna información para mis hijos y nada más. Pero un día ingresé a una página de mi ciudad y en ella salían avisos acerca de personas buscando contactos con otras, eran de todo tipo, entonces sentí la curiosidad y decidí poner un aviso propio buscando conocer chicas, pensé que tal vez sería entretenido jugar un poco. A los pocos días comencé a recibir correos de todos lados de la región y con todo tipo de proposiciones lo que me divertía mucho por lo tanto acepté jugar con la firme convicción que no pasaría de eso.
Pero hubo un email que desde el primer día que lo recibí cambió el destino de mis juegos y de mi vida también, era una chica mucho menor que yo, con algo indescriptible en su forma de expresarse, dejaba muchos mensajes subliminales, entre líneas... Me seducía descubrir el enigma que había tras esos correos, no había sexo explícito en sus palabras sin embargo una sola frase podía estar llena de contenido erótico que yo sabía percibir perfectamente y ella también. Al poco tiempo comenzamos a chatear por Messenger y sin mucho preámbulo pasamos al sexo virtual con todo..., mi obsesión por ella comenzó a crecer, quise conocerla personalmente un día y se lo plantee, a lo cual ella afortunadamente respondió bien, claro que no sin antes hacerse de rogar un poco... cosa que le fascina para provocarme.
Para conocerla fui hasta su lugar de trabajo, cuando la vi bajar por unas escaleras hasta la mitad y llamarme con esa sonrisa pícara que tiene, me quedé parada como una idiota mirándola, directo a los ojos, fue ahí donde me extravié... en su mirada... y ahora no encuentro el camino de regreso.
_ ¡Vamos a mi oficina! Dijo: y seguía sonriendo.
Mientras yo intentaba darle órdenes a mis piernas para que caminaran. Entramos en ella y ahí desperté de un porrazo... me trató de una manera odiosamente formal, muy seria, muy circunspecta, como quien está dando una entrevista personal. “¡que fastidio!” pensé en ese instante “que tipa más desagradable y pesada”. No alcancé a estar 15 minutos en aquella oficina y decidí irme... sentía que me había equivocado de persona y salí muy frustrada del lugar. Con el tiempo después nos reiríamos de aquella situación, su reacción había sido la correcta porque estábamos en un lugar público, era su trabajo pero yo no lo entendí en el momento. Pero bueno, con el tiempo nos seguimos comunicando por Internet y la amistad fue creciendo junto con los deseos, me gustaba mucho seducirla y dejarme seducir, las conversaciones por Messenger estaban llenas de risas, bromas, chistes y sexo. Hasta que llegó el día de concertar una cita, debo reconocer que nació de ella invitarme a su depto, cosa que yo deseaba con toda el alma pero no quería demostrárselo abiertamente.
Nuestro día de encuentro fue un martes, después de salir de su trabajo pasó a buscarme en un lugar que habíamos concertado, no sin antes andar perdidas por casi media hora, yo buscándola por todos lados y ella metida en un estacionamiento esperándome. Fue una mezcla de risa y desagrado cuando finalmente la ubiqué, me abrió la puerta del auto y me invitó a subir, accedí de inmediato pero comenzamos a recriminarnos mutuamente por la equivocación acerca del lugar de encuentro.
_ ¡Comenzamos mal parece!, le dije.
Ella respondió con su habitual sonrisa con la cual sabe provocarme y tomamos camino a su hogar no sin antes dedicarse a coquetearme todo el trayecto. Me traía loca esta mujer... y me fascinaba, al mismo tiempo que crecía mi angustia y nerviosismo porque tenía claro lo que se vendría después. Al llegar bajó de su auto, segura, sonriente, seductora pues a pesar de ser muchos años menor que yo, ella tenía más experiencia con mujeres, en cambio yo a mis 40 solo había tenido un desastre de relación lésbica en mi adolescencia. Y ahora estaba ahí, cagada de miedo, nerviosa, ansiosa, con todas las ganas de hacerle el amor a esta linda mujer pero sin saber como diablos comenzar. (Moraleja: no siempre la edad es sinónimo de experiencia) Comenzaba entonces a conocer a este ángel que se ha metido en mi vida ... sin que yo la autorice.
Nos sentamos en su living a conversar, ella fumaba, hacía bromas y jugueteaba con gestos de niñita de cinco años que hasta el día de hoy me perturban y me fascinan. Y de pronto, sin mediar palabras, sin preámbulos, sin protocolo, se acerca a mí robándome un beso dulce, sensual, cálido y coqueto. La miré a los ojos, mi respiración entrecortada, me encomendé a todos los dioses de universo y me acerqué a responder su beso, pero sin robarle ninguno, solo a regalarle el mío, a entregarle en unos segundos mis sentimientos, mi vida, mis sueños, mis anhelos, mis fantasías, todo...todo...todo se lo di en ese beso. Mis oídos entonces se bloquearon al ruido ambiente, solo sentía su respiración y la mía, el tiempo se hacía eterno, se borraba el mundo entero, con sus represiones y sus prejuicios. Podía entonces sentir el sabor de sus labios, comenzaba a jugar con su lengua, a embriagarme de su mezcla a dulzura y tabaco y mis manos se iban enredando en sus cabellos, acariciaban su rostro, besaba su cuello, llegaba hasta el lóbulo de sus orejitas, sentía su perfume penetrando mis sentidos, su excitación se hacía evidente y la mía también.
Apagó las luces, siempre es bueno para ayudarse la primera vez y dimos rienda suelta a las caricias, sus manos descubrían la humedad de mi sexo y yo disfrutaba al descubrir sus senos, de los que soy esclava hasta el día de hoy. Perfectos, simplemente perfectos, hermosos, hechos a mano, sin aditivos, bellos por naturaleza, grandes, sensuales y duritos, a la medida justa para abarcar toda mi mano y con la sensibilidad de unos pezones que te invitan a morderlos suavecito. Tan bellamente mujer, tanto, tanto que estoy segura que si el cielo se pudiera tocar no me cabe duda que será la misma sensación que en mis manos provocan los senos de mi mujer...
Después de excitarme un buen rato, tomaste mi mano y me llevaste a tu dormitorio, sentía placer y pánico al mismo tiempo, pero tu dulzura y delicadeza le ganaron a mis miedos. Un poco me desnudabas y un poco me acariciabas, me tiraste con fuerza sobre tu cama, quitaste mis ropas y yo las tuyas y las regamos por todos lados, a oscuras dijiste, es más entretenido después buscarlas y seguías riendo con la simpleza de quien hace las cosas libremente, sin complejos.
Y esa noche te hice el amor... quizás no de la manera más espectacular que uno quisiera, pero sí con todo el corazón amor mío, con todo el corazón... esa noche aprendí a amar cada centímetro de tu piel, te entregué mi inexperiencia y a cambio recibí tu ternura, tu sensualidad, tus manos expertas que me enseñaron el recorrido, la maestría de tus labios y lengua que me provocaron un placer increíble. Y a todo ello le agregaste la pasión de tu sexo y el mío, abrazándose, amándose, sintiendo el calor... la humedad...el sudor...los fluidos...los latidos... el deseo convirtiéndose en gemidos y entrega. Puse mis cinco sentidos a tu disposición, pude mirarte excitada, moviendo tus caderas, pidiendo más... tu cuerpo erotizado anhelando ser poseído, pude oler tu perfume de mujer y el éxtasis de tus aromas a hembra sexy, pude escuchar lo que me pedías al oído y como te quejabas de placer, pude saborearte entera de los pies a la cabeza y dar inicio a mi adicción a tus senos imponentes... si, aquellos mismo que como dos fortalezas impiden infranqueables mi ingreso a tu corazón y la fantasía le ganó a la razón al llegar a tu sexo salvaje, indomable, insaciable, exquisito y pude palparte a través de toda mi piel y te sentí entera dulce princesa con todo tu cuerpo calzando perfecto con mis brazos alrededor tuyo.
Después de toda esa magia envuelta en nosotras, mi cansancio reposado sobre ti ha sido la bendición más grande que la vida me ha entregado... y solo ahora que te he perdido puedo darme cuenta de ello... pero mi amor por ti es tan grande...tan grande...tan grande, que te dejo volar libre y pido al mismo cielo que te trajo hasta mí que se encargue de brindarte toda la felicidad que yo no podré...
El dolor en mi alma me desgarra.... pero jamás podré arrepentirme de mi capacidad de amarte y tu recuerdo se fijará en mi mente hasta el último de mis días.... mi odiosa princesa!
El día de mi cumpleaños pasado fue definitivamente muy especial, no solo por todo aquello que la edad implica en una mujer, sino porque por primera vez me cuestionaba acerca de ese rincón en mi alma que siempre había estado vacío. Tengo una linda familia, una buena casa, un buen marido y dos adorables hijos. Mi vida entera la había dedicado a ellos, postergando siempre por amor, todo mi desarrollo profesional y emocional. A pesar de estar permanentemente muy enamorada de mi marido siempre en mi corazón y en mi mente primaban los deseos de estar con una mujer, las fantasías con ellas eran frecuentes, me gustaban y siempre me van a gustar las mujeres, pero mi lucha contra los prejuicios sociales y una sociedad castigadora y represiva siempre me impedían hacer el menor intento por darle espacio a mis sentimientos y deseos. Desde ese contexto podría decirse que estoy en la categoría de bisexual más que de lesbiana, pero mi opinión personal es que los sentimientos no tienen género ni se clasifican... solo se sienten.
Pero volviendo al día de mi cumpleaños, recuerdo que no tenía nada preparado, no era mi intensión celebrarlo, sin embargo me llevé una linda sorpresa en la noche cuando de a poco comenzaron a llegar muchos familiares y amigos, era una fiesta que me habían preparado. Esa noche estaba particularmente feliz, rodeada del cariño de todos mis seres queridos y como todo buen cumpleaños que se precie de tal, debía tener una torta. Grande fue mi sorpresa y descomunal mi carcajada cuando a las doce de la noche apagaron las luces y de la nada apareció una de mis primas con una gigantesca torta que llevaba encendidas 40 velitas.... que ternura, parecía una verdadera antorcha olímpica a punto de quemar mi casa. Las risas y las bromas no se hicieron esperar, y entonces en un instante de silencio alguien dijo:
_ ¡debes pedir un deseo especial por tus cuarenta años!
Todos enmudecieron y yo solo atiné a cerrar los ojos y en un acto absolutamente inconciente y sin premeditación pensé “una mujer... quiero una mujer en mi vida” Y así transcurrió la fiesta toda la noche sin que yo le diera mayor importancia a mi pedido puesto que generalmente los deseos jamás se cumplen al pie de la letra. Pasaron los meses y me olvidé del asunto dedicándome por completo a mis labores domésticas y a veces ingresaba a Internet para buscar alguna información para mis hijos y nada más. Pero un día ingresé a una página de mi ciudad y en ella salían avisos acerca de personas buscando contactos con otras, eran de todo tipo, entonces sentí la curiosidad y decidí poner un aviso propio buscando conocer chicas, pensé que tal vez sería entretenido jugar un poco. A los pocos días comencé a recibir correos de todos lados de la región y con todo tipo de proposiciones lo que me divertía mucho por lo tanto acepté jugar con la firme convicción que no pasaría de eso.
Pero hubo un email que desde el primer día que lo recibí cambió el destino de mis juegos y de mi vida también, era una chica mucho menor que yo, con algo indescriptible en su forma de expresarse, dejaba muchos mensajes subliminales, entre líneas... Me seducía descubrir el enigma que había tras esos correos, no había sexo explícito en sus palabras sin embargo una sola frase podía estar llena de contenido erótico que yo sabía percibir perfectamente y ella también. Al poco tiempo comenzamos a chatear por Messenger y sin mucho preámbulo pasamos al sexo virtual con todo..., mi obsesión por ella comenzó a crecer, quise conocerla personalmente un día y se lo plantee, a lo cual ella afortunadamente respondió bien, claro que no sin antes hacerse de rogar un poco... cosa que le fascina para provocarme.
Para conocerla fui hasta su lugar de trabajo, cuando la vi bajar por unas escaleras hasta la mitad y llamarme con esa sonrisa pícara que tiene, me quedé parada como una idiota mirándola, directo a los ojos, fue ahí donde me extravié... en su mirada... y ahora no encuentro el camino de regreso.
_ ¡Vamos a mi oficina! Dijo: y seguía sonriendo.
Mientras yo intentaba darle órdenes a mis piernas para que caminaran. Entramos en ella y ahí desperté de un porrazo... me trató de una manera odiosamente formal, muy seria, muy circunspecta, como quien está dando una entrevista personal. “¡que fastidio!” pensé en ese instante “que tipa más desagradable y pesada”. No alcancé a estar 15 minutos en aquella oficina y decidí irme... sentía que me había equivocado de persona y salí muy frustrada del lugar. Con el tiempo después nos reiríamos de aquella situación, su reacción había sido la correcta porque estábamos en un lugar público, era su trabajo pero yo no lo entendí en el momento. Pero bueno, con el tiempo nos seguimos comunicando por Internet y la amistad fue creciendo junto con los deseos, me gustaba mucho seducirla y dejarme seducir, las conversaciones por Messenger estaban llenas de risas, bromas, chistes y sexo. Hasta que llegó el día de concertar una cita, debo reconocer que nació de ella invitarme a su depto, cosa que yo deseaba con toda el alma pero no quería demostrárselo abiertamente.
Nuestro día de encuentro fue un martes, después de salir de su trabajo pasó a buscarme en un lugar que habíamos concertado, no sin antes andar perdidas por casi media hora, yo buscándola por todos lados y ella metida en un estacionamiento esperándome. Fue una mezcla de risa y desagrado cuando finalmente la ubiqué, me abrió la puerta del auto y me invitó a subir, accedí de inmediato pero comenzamos a recriminarnos mutuamente por la equivocación acerca del lugar de encuentro.
_ ¡Comenzamos mal parece!, le dije.
Ella respondió con su habitual sonrisa con la cual sabe provocarme y tomamos camino a su hogar no sin antes dedicarse a coquetearme todo el trayecto. Me traía loca esta mujer... y me fascinaba, al mismo tiempo que crecía mi angustia y nerviosismo porque tenía claro lo que se vendría después. Al llegar bajó de su auto, segura, sonriente, seductora pues a pesar de ser muchos años menor que yo, ella tenía más experiencia con mujeres, en cambio yo a mis 40 solo había tenido un desastre de relación lésbica en mi adolescencia. Y ahora estaba ahí, cagada de miedo, nerviosa, ansiosa, con todas las ganas de hacerle el amor a esta linda mujer pero sin saber como diablos comenzar. (Moraleja: no siempre la edad es sinónimo de experiencia) Comenzaba entonces a conocer a este ángel que se ha metido en mi vida ... sin que yo la autorice.
Nos sentamos en su living a conversar, ella fumaba, hacía bromas y jugueteaba con gestos de niñita de cinco años que hasta el día de hoy me perturban y me fascinan. Y de pronto, sin mediar palabras, sin preámbulos, sin protocolo, se acerca a mí robándome un beso dulce, sensual, cálido y coqueto. La miré a los ojos, mi respiración entrecortada, me encomendé a todos los dioses de universo y me acerqué a responder su beso, pero sin robarle ninguno, solo a regalarle el mío, a entregarle en unos segundos mis sentimientos, mi vida, mis sueños, mis anhelos, mis fantasías, todo...todo...todo se lo di en ese beso. Mis oídos entonces se bloquearon al ruido ambiente, solo sentía su respiración y la mía, el tiempo se hacía eterno, se borraba el mundo entero, con sus represiones y sus prejuicios. Podía entonces sentir el sabor de sus labios, comenzaba a jugar con su lengua, a embriagarme de su mezcla a dulzura y tabaco y mis manos se iban enredando en sus cabellos, acariciaban su rostro, besaba su cuello, llegaba hasta el lóbulo de sus orejitas, sentía su perfume penetrando mis sentidos, su excitación se hacía evidente y la mía también.
Apagó las luces, siempre es bueno para ayudarse la primera vez y dimos rienda suelta a las caricias, sus manos descubrían la humedad de mi sexo y yo disfrutaba al descubrir sus senos, de los que soy esclava hasta el día de hoy. Perfectos, simplemente perfectos, hermosos, hechos a mano, sin aditivos, bellos por naturaleza, grandes, sensuales y duritos, a la medida justa para abarcar toda mi mano y con la sensibilidad de unos pezones que te invitan a morderlos suavecito. Tan bellamente mujer, tanto, tanto que estoy segura que si el cielo se pudiera tocar no me cabe duda que será la misma sensación que en mis manos provocan los senos de mi mujer...
Después de excitarme un buen rato, tomaste mi mano y me llevaste a tu dormitorio, sentía placer y pánico al mismo tiempo, pero tu dulzura y delicadeza le ganaron a mis miedos. Un poco me desnudabas y un poco me acariciabas, me tiraste con fuerza sobre tu cama, quitaste mis ropas y yo las tuyas y las regamos por todos lados, a oscuras dijiste, es más entretenido después buscarlas y seguías riendo con la simpleza de quien hace las cosas libremente, sin complejos.
Y esa noche te hice el amor... quizás no de la manera más espectacular que uno quisiera, pero sí con todo el corazón amor mío, con todo el corazón... esa noche aprendí a amar cada centímetro de tu piel, te entregué mi inexperiencia y a cambio recibí tu ternura, tu sensualidad, tus manos expertas que me enseñaron el recorrido, la maestría de tus labios y lengua que me provocaron un placer increíble. Y a todo ello le agregaste la pasión de tu sexo y el mío, abrazándose, amándose, sintiendo el calor... la humedad...el sudor...los fluidos...los latidos... el deseo convirtiéndose en gemidos y entrega. Puse mis cinco sentidos a tu disposición, pude mirarte excitada, moviendo tus caderas, pidiendo más... tu cuerpo erotizado anhelando ser poseído, pude oler tu perfume de mujer y el éxtasis de tus aromas a hembra sexy, pude escuchar lo que me pedías al oído y como te quejabas de placer, pude saborearte entera de los pies a la cabeza y dar inicio a mi adicción a tus senos imponentes... si, aquellos mismo que como dos fortalezas impiden infranqueables mi ingreso a tu corazón y la fantasía le ganó a la razón al llegar a tu sexo salvaje, indomable, insaciable, exquisito y pude palparte a través de toda mi piel y te sentí entera dulce princesa con todo tu cuerpo calzando perfecto con mis brazos alrededor tuyo.
Después de toda esa magia envuelta en nosotras, mi cansancio reposado sobre ti ha sido la bendición más grande que la vida me ha entregado... y solo ahora que te he perdido puedo darme cuenta de ello... pero mi amor por ti es tan grande...tan grande...tan grande, que te dejo volar libre y pido al mismo cielo que te trajo hasta mí que se encargue de brindarte toda la felicidad que yo no podré...
El dolor en mi alma me desgarra.... pero jamás podré arrepentirme de mi capacidad de amarte y tu recuerdo se fijará en mi mente hasta el último de mis días.... mi odiosa princesa!